jueves, 1 de diciembre de 2016

Esterilidad

Me dice usted -y cito textualmente-  que "su necesidad de hacer literatura se puede medir por la ansiedad que le genera la incapacidad para satisfacerla. Ansiedad real. Ahogos que derivan en impulsos de llorar sin lágrimas. Una obturación parcial en el pecho, a la altura del esternón, pequeñas apreturas internas como las que provoca un niño juguetón que pisa la manguera para divertirse viendo las intermitencias del agua que surge por el extremo, intermitencias del aire que entra y sale de los pulmones a través de la tráquea. Agua/aire que debiera regar el campo creativo haciéndolo fértil. Hay en esta ansiedad, doctora, un deseo furioso de escribir una novela, una novela que le satisfaga. Pero eso es imposible. De ahí la ansiedad. Desea un imposible. Está llamado a la impotencia. Tiene un ideal tan elevado que sólo puede fracasar. Lleva así toda la vida".

Se me ocurre sugerirle que quizá su amigo debiera ver la necesidad de escribir como una travesura. Ser el niño que juega con las intermitencias de la vida en lugar de la manguera que pretende fecundar el mundo entero. Ser payaso, no profeta.