domingo, 29 de junio de 2014

'Amour' sin alambiques

Hoy he estado en un tanatorio y me he acordado de Haneke, de ciertos dramas de laboratorio suyos.

Ha muerto la hermana de mi cuñada. Nacida con daños cerebrales y diagnosticada años después con una enfermedad degenerativa que, a pesar del esfuerzo y el cariño que su madre empleó por mantenerla en la mejor forma posible, la postraron en una silla de ruedas. No articulaba palabra comprensible y difícilmente sus miembros. Hablo un poco a la ligera, me faltan datos: la enfermedad concreta, el proceso de degradación. No es de lo que quiero hablar.

Cuando nos encontrábamos, poco, en los bautizos y cumpleaños de nuestros sobrinos comunes, la recuerdo babeando y sonriente y cariñosa.

Ayer se ahogó. Sola. Mientras dormía la siesta. 22 años.

Hoy, Conchi, su madre me dice, mientras la aprieto entre mis brazos y la beso y la acaricio, dándole lo único que puedo darle en estos momentos, mi carnalidad, que es apenas nada, me dice que no sabe qué va a hacer a partir de ahora, que ella y su marido vivían -resumiendo- para ella.

Me tranquiliza. No. Me conmueve que haya quien a mi nihilismo rampante oponga esa forma de loca entrega, que sufre porque ya no podrá llevar lo que otros llamarían, llamamos, carga.

Y me acuerdo de Haneke.

Eso sí que es Amour.

2 comentarios:

Rosie the Riveter dijo...

Así es...

kañaman dijo...

Oye chaval que bien volver a verte por aquí, yo que seguía visitándote de vez en cuando por si resucitabas.
Echaba de menos tus entradas.