lunes, 29 de abril de 2013

Y si encima llueve

Llevaba el sol atizando toda la semana Buenos Aires y provocando un calor estival que solo podía derivar en lluvia y bochorno. La tormenta ha descargado hoy. Es ahora una lluvia apacible pero persistente, de esas que acaban sacándonos de quicio por mucha cordialidad que derrochen. Que te acaban calando aunque lleves paraguas, aunque trates de no pisar los charcos y las junturas entre las baldosas.

La contemplo ahora desde un pequeño café, el Porota, en la calle José Ignacio Gorriti, sita en Palermo Hollywood. Me gusta esa sonoridad del vocabulario argentino. Sus apellidos que explotan o se enredan en la boca, los adjetivos sólidos, sus expresiones abombadas, su expresividad de raigambre italiana.

Este baño ha dejado mi ánimo achatado por los polos. Maldita química. De repente, todo es oscuro. Pasear por esta ciudad me parece estúpido. O simplemente anodino. La realidad ha perdido sus aristas. No hay materia literaria en las calles de Palermo, que ayer mismo me parecían una Arcadia en la que perderse. Como uno se demuestra a sí mismo la madurez emocional de un niño a veces, la primera reacción es la desesperación, la pataleta interior. Hay en mí algo del ansioso Calígula camusiano que pedía la luna. Lo quiero todo y lo quiero ya. Un buen atajo hacia la frustración.

Luego ya me río de mí mismo. En estos instantes de acedia psicosomática, si uno se descuida y tuviese al alcance un kit de eutanasia, podría hasta darse boleto. Venga, chaval, no todos los días van a ser fiesta.

Miedo me da el día que tenga que ajustarme a una rutina marcada por otros. El baño de los niños, la compra con la mujer en Carreful, la comida en casa de los suegros. Y si encima llueve…

2 comentarios:

Nicolás Fabelo dijo...

Agus, vete reservándote el mejor chandal para las compras de los sábados en el Carreful...

Agus Alonso-G. dijo...

Jajaja, el del Atleti o el del Rayo.