sábado, 3 de noviembre de 2012

Los yos moribundos

Me escribes desde el frío norte de Europa:
"Creo que este año va a ser un año decisivo y de grandes cambios en mi vida y lo veré a largo plazo, cuando mire atrás veré este 2012 como ese año extraño y difícil. Pero al final será a mejor, supongo y espero. Según mi querido Proust (esta semana he sentido la necesidad imperiosa de volver a él, pero no a pequeños escritos o ensayos sobre él, sino a los siete tomos del tiempo perdido again para llegar al último, a ese Tiempo Recobrado), los cambios son la convivencia del yo viejo que muere y del yo nuevo que nace. Y duelen porque sentimos pena del yo moribundo, hasta que muere del todo y ya no sentimos más pena porque somos el yo nuevo... Creo que no estoy del todo de acuerdo, no me gusta matar del todo a mis yos viejos, ¡pobres! Pero en fin, en este caso supongo que se une la incertidumbre y que el yo nuevo no termina de cobrar forma definida..."
A pesar del correo electrónico, el género epistolar no ha muerto del todo. Laus Deo!