domingo, 30 de septiembre de 2012

Edna O'Brien, sobre amor y sexo

"Sí, hay cosas que han cambiado para mejor: las mujeres no son ganado, expresan su derecho a que se les pague lo mismo que a los hombres, a ser respetadas, a no ser 'el segundo sexo'; pero en la cuestión del emparejamiento las cosas no han cambiado nada. La atracción y el amor sexual no son un impulso de la conciencia, sino del instinto y la pasión, y en este aspecto los hombres y las mujeres son radicalmente distintos. El hombre aún sigue teniendo mayor autoridad y mayor autonomía. Es algo biológico. El destino de la mujer es recibir el esperma y retenerlo, y el del hombre, en cambio, consiste en darlo, y en esa entrega se agota, de ahí que a continuación se retire. Mientras ella, en cierto sentido, está siendo alimentada, él, por el contrario, está siendo vaciado, y, para resucitarse a sí mismo, procede a una huida temporal. Como consecuencia de todo ello, tenemos el resentimiento de la mujer, al verse abandonada, aunque sea por poco tiempo, y el sentimiento de culpabilidad de él, porque se aparta; y, sobre todo, su sentido innato de la autoprotección, por el que tiene que volver a encontrarse, para una nueva afirmación de sí mismo. La unión, pues, nunca pasa de relativa. El hombre puede ayudar a fregar los platos, etcétera, pero siempre anda con la mirada en otro sitio, y su compromiso es más ambiguo. 
ROTH: ¿No hay mujeres igualmente promiscuas? 
O´BRIEN: A veces las hay, pero no tienen la misma sensación de haber conseguido algo. Me atrevo a decir que la mujer es capaz de un amor más profundo y más duradero. A lo cual añado que la mujer siempre tiene más miedo de que la dejen. Eso sigue siendo así. Vaya usted a cualquier cantina de mujeres, a la sección de ropa de mujer, a la peluquería, al gimnasio, y encontrará muchísima desesperación y muchísima competencia. La gente se desgañita gritando eslóganes, que se quedan en eso, en meros eslóganes: lo que de veras nos determina es lo que sentimos y hacemos. Las mujeres no están más seguras en sus emociones de lo que estaban antes. Lo que pasa es que ahora se las arreglan mejor con ellas. La única verdadera seguridad consistiría en apartarse de los hombres, desprenderse de ellos, pero eso equivaldría a una pequeña muerte... Al menos para mí." (Conversación de 1984 incluida en El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras, de Philip Roth, Ed.Seix Barral, 2008, trad. de Ramón Buenaventura, pp.150-151)

sábado, 29 de septiembre de 2012

Aforismos

Garabateo aquí un par de aforismos que corren el riesgo de perderse en el torrente de las redes sociales. (Y curioso cómo el blog, que ya nos parecía algo efímero con respecto a los libros, nos parece un soporte con más voluntad de permanencia que Facebook o Twitter; ¡este torbellino de aceleración en el que nos encontramos!)

  • La ciudad se disfraza de renacimiento italiano con todos esas cupulillas danzantes en forma de paraguas


  • La literatura es usar más palabras de las necesarias y que parezca que son solo las justas

jueves, 27 de septiembre de 2012

El comienzo de una novela

You, you still have all the answers / and you, you still have them too / and we, we live half in the day time / and we, we live half at night
 
"Hay noches en blanco como hay papeles en blanco. Preñadas de promesas de aventura, de historias y de éxitos. 
En Madrid, como en cualquier gran ciudad, hay noches en blanco que terminan en un blanco insoportable, casi de taquicardia; noches que frustran a cualquiera con su inanidad, que nos hacen sentir los más miserables y patéticos del mundo. Noches que invitan a la eutanasia, al menos social.
Pero también hay noches historiadas como incunables de Liébana, noches miniadas con sus episodios literaturizables, con sus meandros y recovecos, llenos de inteligencia y sorpresa, de matices y risas, noches plagadas de acontecimientos más o menos extraordinarios, y también, claro, con sus momentos tristes o incluso devastadores. Noches de novela.
Queremos suponer, pues, que esta era una de ellas." (Julio Penabaz, El día [en] que murió Steve Jobs, Ed.Melifluas, 2013, p.1)

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Sobre todo cuando se es gerente



"Me he pasado casi treinta años trabajando en una fábrica, y debo reconocer que no hay incompatibilidad entre ser químico y ser escritor; de hecho, hay una especie de mutuo refuerzo. Pero la vida en una fábrica, sobre todo cuando se es gerente, abarca otras muchas cuestiones, muy alejadas de la química: contratar y despedir obreros, pelearse con el jefe, los clientes, los proveedores; ocuparse de los accidentes; que lo llamen a uno por teléfono, incluso en plena noche, o en mitad de cualquier celebración; lidiar con la burocracia; y muchas otras tareas de esas que le destruyen a uno el alma. Todas esas ocupaciones, en conjunto, son brutalmente incompatibles con la práctica de la literatura, que requiere una cierta tranquilidad de ánimo. De modo que para mí fue un inmenso alivio cuando alcancé la edad de la jubilación y pude dejar el trabajo, renunciando a mi alma número uno" (Primo Levi, en su conversación con Philip Roth en El oficio: un escritor, sus colegas y su obra, Ed.Seix Barral, 2008, Trad. de Ramón Buenaventura, p.20)
De esas que destruyen a uno el alma. O, como mínimo, la energía. Como dementores. Brutalmente incompatibles con la práctica de la literatura. Y es, precisamente ahí, cuando surge la admiración ante este gerente capaz de escribir las que parece son algunas de las mejores obras del siglo XX. Bravo.

Me ha llamado la atención, por cierto que, en una pregunta, Roth comenta algo que el propio Levi cuenta en El sistema periódico. Sus "antepasados judíos, que llegaron del Piamonte, procedentes de España, pasando por Provenza, en 1500". Los supongo judíos expulsados. Y me surgía inmediata la consideración: "Cuánto talento a lo largo de los siglos que quedaban por venir expulsado con los judíos en 1492".

martes, 25 de septiembre de 2012

Momentos memorables desde el 1 de julio de 2011

Llevo queriendo escribir este post desde el 1 de julio de 2012. Se cumplían entonces doce meses de mi partida hacia el otro lado del charco. Nueva York. Acababa -en ese verano de 2011- de dejarlo con mi novia. Mi primera novia. No era necesario ser muy avispado para sospechar que un ciclo se abría en mi vida.

He tardado casi otros tres meses en escribir el post y pierde así su carácter de balance al hilo de una fecha redonda. Quería ser un a modo de listado infantil, de cuaderno de espiral y hojas cuadriculadas, o de moleskine. Un apunte coixetero. "Experiencias memorables". Un diario pueril para que, después de destilarlas, las gotas más intensas al menos no se pierdan. Perdonadme la hoja de diario en código, el exhibicionismo sin poesía de estos, para mí, sublimes ratos. O conceptos. O emociones.

Cosas como descubrir a los Fleet Foxes, gracias a Edu. Y eso aunque su concierto en La Riviera me resultó musicalmente anodino.

Como rezar a solas el rosario en Santa María la Mayor después de un fin de semana de sentimientos evanescentes y peliculeros a lo Antes del amanecer en Roma. Y subir en bici la Tercera Avenida de Nueva York desde el puente de Brooklyn bajo una torrencial lluvia de agosto. Y ser stendhalianamente abofeteado por el renacimiento italiano en la galería de los Uffizi. O charlar hasta las tres de la mañana sentados a la orilla de un canal de Amsterdam con su pierna sobre mi muslo antes de volverme a oscuras sorteando bicicletas.


Como una Semana Santa tranquila en Madrid, con sus oficios en el convento de la Encarnación y su pacífica soledad. Y una Nochevieja trimembre que terminó acompañada por trufas que resultaron ser de marihuana.

Y tomar anís etíope en el comedor de la misión de Saint Mary después de cenar tras un día lleno de actividades. E incluso cantar canciones populares en euskera.

Como llevarla dormida en brazos a la cama y arroparla antes de abandonar la casa de puntillas. Quizá nunca volvió a ser tan cariñosa y por eso lo propio y caballeroso es recordarla así. Inocente y feliz.

Como escuchar música de Perales en un deli del East Side de Nueva York a las dos de la madrugada y cantarla a grito pelado con la dependienta hondureña.

Y sentir la cabeza de Eleanor Friedberger sobre el pecho después de un concierto memorable en la Sala Sol del que no esperaba nada.

Como la boda en Denia de un amigo que es un hermano. Y descubrir que sí, que leer novelas y ver cine acaban haciendo que la vida nos sorprenda con puntos de giro muy de Hollywood.

Y toda esa maraña de tardes y noches, de comidas, cenas, cafés, copas y noches, y conversaciones de Whatsapp, que se acumulan para formar la pelusa enofestivalera que ha sido el esqueleto, quizá endeble como la pelusa -no lo creo-, pero real, de estos doce, ya quince meses. Madre mía, qué quince meses.

Y ya me perdonaréis el jeroglífico. Las palabras a medias. El pellizco de monja a vuestra curiosidad. Pero esta vez, por una vez, creo que el 94% del post está escrito para mí. Solo para mí.

lunes, 24 de septiembre de 2012

El trabajo bien hecho y la dignidad humana


"En Auschwitz tuve ocasión de observar con alguna frecuencia un curioso fenómeno. La necesidad del lavoro ben fatto -el trabajo bien hecho- es tan fuerte, que empuja a gente a cumplir su cometido incluso en situaciones de esclavitud. El albañil italiano que me salvó la vida dándome de comer durante seis meses, de tapadillo, odiaba a los alemanes, su comida, su lengua, su guerra; pero cuando lo pusieron a levantar paredes, las levantó rectas y sólidas, no por pura obediencia, sino por dignidad profesional" (Primo Levi, en su conversación con Philip Roth en El oficio: un escritor, sus colegas y su obra, Ed.Seix Barral, 2008, Trad. de Ramón Buenaventura, p.16)

sábado, 22 de septiembre de 2012

Equinoccial

"La noche tenía esa emoción misteriosa que se siente en los cambios de estación" (Francis Scott Fitzgerald, El gran Gatsby, ed. Anagrama, col.Compactos, trad. de Justo Navarro, 2012, p. 121)

Panfleto anarquista: por el colapso



"All the way from where we came / Built a mansion in a day / Distant lightning, thunder claps / Watch our neighbor's house collapse / Looked the other way / And then the storm was overhead / All the oceans boiled and rivers bled / We auctioned off our memories / In the absence of a breeze / Scatter what remains, / Scatter what remains!"
Desparrama lo que queda. Sí. Desparrama lo que queda.

Se habla mucho estos días, estos meses, esta era, esta glaciación, de rescates. Rescate a los bancos y rescate al sistema financiero, básicamente. Desde mi ignorancia, desde mi simpleza de profano -no hay falsa modestia aquí-, me pregunto por qué. Me pregunto si ese sistema tiene que ser salvado. Si, dentro de lo pésimo, no es mejor tocar fondo.

Me he hartado de escuchar a nuestros gobernantes un argumento que se compra fácil. Comparando el estado con una familia, repiten que "no se puede gastar más de lo que se ingresa". Suena obvio. Sencillo de captar.

Luego, eso sí, las cajas de ahorro quiebran por la irresponsabilidad y en ocasiones el fraude a sabiendas de quienes las pilotaban y en lugar decir ese Papá Estado: hijo mío, has dilapidado la herencia y encima has engañado, toca pagar, depurar, pasar hambre, quizá ir a la cárcel, asumir que todos esos fondos que invertiste en el casino se han ido por el sumidero, en lugar de eso, rompen el cerdito con los ahorros de toda la familia para salvar el culo de las inversiones que durante un tiempo tan buenos dividendos le había dado.

Claro que cuando de dirigentes de cajas (políticos y sindicatos, valga la redundancia) se trata, entonces la familia se convierte en famiglia. Para proteger a su ganado de incompetentes, hay que aplicar la evangélica parábola del hijo pródigo, aunque sea a costa de expoliar lo ahorrado por el conjunto.

No es la primera vez que muestro mi desaliento de corte existencial en este rincón. Lo que siento ahora lo considero casi anarquismo indiferente. Que no lo es. Pero empiezo a sospechar que el camino es el colapso, e incluso que hay que acelerar el proceso de esa caída.

Tienen estas palabras aromas rancios de revolución ya fracasada. De peligrosas utopías. Lo sé. Y quizás sean frívolas. Lo que resulta frustrante, no al nivel de un campesino ruso que muere de hambre mientras el zar se lo pasa pipa, vale, pero frustrante al fin y al cabo para nuestro umbral de hartazgo, es el abofeteamiento al que los miembros de esta sociedad (anestesiada durante mucho tiempo, no hay que negarlo) estamos siendo sometidos por los poderosos. Por los pecados individuales de muchas personas, sí. Pero también por una estructura en la que lo que cuenta es crecer, cuando crecer es consumir y producir más.

Ante eso, el conservadurismo en la respuesta es parte del problema. (¡Nada de revoluciones! ¡Pancarteros! ¡Melenudos y ruidosos!: a veces las estructuras de orden pueden convertirse en el abuso por parte de los débiles, que no sé si lo dijo Nietzsche, pero le pega.)

Lo triste, por otra parte, es que las propuestas alternativas que más eco tienen son fantasmas del pasado, castillos en el aire ya ruinosos después de todo un siglo. Como si toda la crisis de estructuras no fuese efecto del cóctel perfecto entre la socialdemocracia más bienestarizada y el capitalismo más liberal.

No creo en las utopías. Creo en la responsabilidad personal y en la falibilidad del ser humano y de todas las estructuras que crea. Creo en el adagio que los teólogos enunciaban de la Iglesia: semper reformanda. Y eso aplicado a personas y estructuras. Pero creo que a veces las reformas requieren amputaciones o incluso el derrumbe de un puñado de tabiques.

Me voy a dormir, que estoy empezando a confundir cansancio con tristeza.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Libro de citas: El nombre de la rosa

Umberto Eco, El nombre de la rosa, Futura (Lumen), edición digital Kindle:
"Transcribo sin preocuparme por los problemas de la actualidad. En los años en que descubrí el texto del abate Vallet existía el convencimiento de que sólo debía escribirse comprometiéndose con el presente, o para cambiar el mundo. Ahora, a más de diez años de distancia, el hombre de letras (restituido a su altísima dignidad) puede consolarse considerando que también es posible escribir por el puro deleite de escribir. Así, pues, me siento libre de contar, por el mero placer de fabular, la historia de Adso de Melk, y me reconforta y me consuela el verla tan inconmensurablemente lejana en el tiempo (ahora que la vigilia de la razón ha ahuyentado todos los monstruos que su sueño había engendrado), tan gloriosamente desvinculada de nuestra época; intemporalmente ajena a nuestras esperanzas y a nuestras certezas" (Subrayado Pos. 172-78  | Añadido el viernes 10 de agosto de 2012 08H24' GMT)
"Hasta entonces había creído que todo libro hablaba de las cosas, humanas o divinas, que están fuera de los libros. De pronto comprendí que a menudo los libros hablan de libros, o sea que es casi como si hablasen entre sí. A la luz de esa reflexión, la biblioteca me pareció aún más inquietante. Así que era el ámbito de un largo y secular murmullo, de un diálogo imperceptible entre pergaminos, una cosa viva, un receptáculo de poderes que una mente humana era incapaz de dominar, un tesoro de secretos emanados de innumerables mentes, que habían sobrevivido a la muerte de quienes los habían producido, o de quienes los habían ido transmitiendo" (Subrayado Pos. 5761-66  | Añadido el miércoles 15 de agosto de 2012 14H11' GMT )
"—¿O sea que no tenéis una única respuesta para vuestras preguntas?
—Si la tuviera, Adso, enseñaría teología en París.
—¿En París siempre tienen la respuesta verdadera?
—Nunca, pero están muy seguros de sus errores.
—¿Y vos? —dije con infantil impertinencia—. ¿Nunca cometéis errores?
—A menudo —respondió—. Pero en lugar de concebir uno solo, imagino muchos, para no convertirme en el esclavo de ninguno."  (Subrayado Pos. 6156-62  | Añadido el miércoles 15 de agosto de 2012 14H34' GMT)
"Para poder inventar libremente hay que ponerse límites. En poesía, los límites pueden proceder del pie, del verso, de la rima, de lo que los contemporáneos han llamado respirar con el oído… En narrativa, los límites proceden del mundo subyacente. Y esto no tiene nada que ver con el realismo (aunque explique también el realismo). Puede construirse un mundo totalmente irreal, donde los asnos vuelen y las princesas resuciten con un beso: pero ese mundo puramente posible e irreal debe existir según unas estructuras previamente definidas (hay que saber si es un mundo en el que una princesa puede resucitar sólo con el beso de un príncipe o también con el de una hechicera, o si el beso de una princesa sólo vuelve a transformar en príncipes a los sapos o, por ejemplo, también a los armadillos)" (Apostillas a El nombre de la rosa, subrayado Pos. 10184-90  | Añadido el jueves 16 de agosto de 2012 23H55' GMT)
"Después de haber leído el manuscrito, los amigos de la editorial me sugirieron que acortase las primeras cien páginas, porque les parecía que exigían demasiado esfuerzo y se leían con dificultad. No vacilé en negarme, porque, sostuve, si alguien quería entrar en la abadía y vivir en ella siete días, tenía que aceptar su ritmo. Si no lo lograba, nunca lograría leer todo el libro. De allí la función de penitencia, de iniciación, que tienen las primeras cien páginas; y si a alguien no le gusta, peor para él: se queda en la falda de la colina. Entrar en una novela es como hacer una excursión a la montaña: hay que aprender a respirar, coger un ritmo de marcha, si no todo acaba enseguida. En poesía sucede lo mismo. Piensen en lo insoportables que resultan los poetas recitados por actores que, para «interpretar», no respetan la medida del verso, hacen enjambements recitativos como si hablasen en prosa, siguen el contenido en lugar del ritmo. Para leer una poesía escrita en endecasílabos y tercetos hay que adoptar el ritmo cantado que quería el poeta" (Apostillas a El nombre de la rosa, subrayado Pos. 10327-35  | Añadido el viernes 17 de agosto de 2012 00H03' GMT)

sábado, 15 de septiembre de 2012

De El cero y el infinito

"En su autobiografía dijo, con justicia: "Arruiné la mayor parte de mis novelas por mi manía de defender en ellas una causa; sabía que un artista no debe exhortar ni pronunciar sermones, y seguía exhortando y pronunciando sermones" (Mario Vargas Llosa en el prólogo a El cero y el infinito, de Arthur Koestler, p.9;  Ed. Debolsillo, julio de 2011, trad. de Eugenia Serrano Balanyà)
"Obrando lógicamente por el interés de generaciones venideras, hemos impuesto tan terribles privaciones a la generación presente que la duración media de su existencia ha disminuido en una cuarta parte. Con el fin de defender la existencia del país, debemos tomar medidas excepcionales y hacer leyes de transición, contrarias por completo a los fines de la Revolución. El nivel de vida del pueblo es inferior al que tenía antes de la Revolución; sus condiciones de trabajo son más duras, la disciplina es más inhumana, la jornada y exigencias peores que en las colonias donde se emplean culíes indígenas; hemos hecho llegar hasta los niños de doce años la pena capital; nuestras leyes sexuales son más mezquinas que las de Inglaterra; nuestro culto al Jefe, más bizantino que en las dictaduras reaccionarias. Nuestra Prensa y nuestras escuelas cultivan el patriotismo de campanario, el militarismo, el dogmatismo, el conformismo y la ignorancia. El poder arbitrario del Gobierno es ilimitado y no tiene ejemplo en la Historia; las libertades de Prensa, opinión y movimiento han desaparecido completamente entre nosotros, como si la Declaración de los Derechos del Hombre no hubiera existido jamás. Hemos montado el más gigantesco aparato político, en el que los confidentes han venido a ser una institución nacional, y lo hemos dotado con el sistema más refinado y científico de torturas mentales y físicas. Conducimos a las gimientes masas a latigazos hacia una felicidad teórica y futura que nosotros somos lo únicos en entrever. La energía de esta generación está agotada, se ha disipado en la Revolución; pues esta generación está completamente desangrada y ya no queda de ella más que un pingajo de carne de sacrificio que yace en su torpor... Éstas son las consecuencias de nuestra lógica. Tú has llamado a esto moral viviseccionista. A mí me parece que los investigadores han desollado viva a la víctima y la han dejado de pie, con sus tejidos, sus músculos y sus nervios al aire..." (p.191, El cero y el infinito, etc.)
Arthur Koestler era un comunista convencido en los años 1930. Su gran novela de tesis en contra del régimen soviético fue publicada en 1941. Su mensaje sigue siendo un aviso para navegantes.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Dos citas y un zasca! de Rilke

El arte como fruto de la necesidad:
"Si de ese volverse hacia su interior, de esa inmersión en el mundo propio surgen versos, entonces no pensará usted en preguntar a alguien si son buenos versos. Tampoco intentará usted que las revistas se interesen por esos trabajos, pues verá usted en ellos su más querida y natural propiedad, un fragmento y una voz de su vida. Una obra de arte es buena cuando nace de la necesidad" (Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta; p.25; Ed. Hiperión, 2010, trad. de Jesús Munárriz)
Un canto feminista (y personalista):
"Las mujeres, en las que la vida se demora y habita de una manera más inmediata, más fecunda y más confiada, deben haberse transformado en el fondo en personas más maduras, en personas más humanas que el ligero varón, al que no le obliga a sumergirse bajo la superficie de la vida el peso de ningún fruto de su cuerpo, y que, arrogante y apresurado, menosprecia lo que cree amar. Esta humanidad de la mujer, llevada a término entre dolores y humillaciones, saldrá a la luz cuando haya eliminado los convencionalismos de lo exclusivamente femenino en las transformaciones de su condición externa, y los hombres, que aún no llegan a sentirlo hoy, quedarán sorprendidos e impresionados con ello. (...) Algún día existirá la hembra y la mujer cuyo nombre ya no signifique sólo lo contrario de lo masculino, sino algo en sí mismo, algo que no haga pensar ni en completarlo ni en sus límites, sino sólo en su vida y existencia: la persona femenina." (Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta; p.97, carta de 14 de mayo de 1904; Ed. Hiperión, 2010, trad. de Jesús Munárriz)
Un zas en toda la boca:
"También el arte es sólo una forma de vida, y uno puede prepararse para él, viviendo de cualquier manera, sin saberlo; en cualquier cosa que sea real se está más cerca y se es más vecino de él que en las profesiones semiartísticas e irreales que, aparentando cierta proximidad al arte, en la práctica niegan y combaten la existencia de cualquier arte, como lo hace la totalidad del periodismo, y casi toda la crítica, y tres cuartas partes de lo que se llama y se quiere llamar literatura"  (Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta; p.129; Ed. Hiperión, 2010, trad. de Jesús Munárriz)

martes, 11 de septiembre de 2012

La hora más silenciosa de la noche


"Investigue usted el motivo que le impulsa a escribir; averigüe si extiende sus raíces hasta lo más profundo de su corazón, compruebe si se moriría por fuerza si no le fuera permitido escribir. Y sobre todo, esto: pregúntese a sí mismo en la hora más silenciosa de la noche: ¿debo escribir? Excave en sí mismo en busca de una respuesta profunda. Y si esta resulta ser afirmativa, si tiene usted que salir al encuentro de esta seria pregunta con un fuerte y sencillo "Debo", entonces construya usted su vida conforme a esta necesidad; su vida debe ser, aun en su hora más indiferente e insignificante, señal y testimonio de ese impulso. Después acérquese a la naturaleza. Entonces intente decir, como si fuera el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde. No escriba poemas de amor; rechace usted al principio aquellas formas que son demasiado habituales y corrientes: ésas son las más difíciles, pues se necesita una gran fuerza y madurez para dar algo propio donde existen ya cantidad de buenos y en parte brillantes textos que han llegado hasta nosotros. Por tanto, prefiera usted a los motivos generales los que le ofrece su propia vida cada día; describa sus tristezas y anhelos, los pensamientos fugaces y los anhelos, los pensamientos fugaces y su fe en algún tipo de belleza... describa usted todo eso con una íntima, callada y humilde sinceridad y utilice para expresarse las cosas de su interno, las imágenes de sus sueños y los temas de su recuerdo. Si su vida cotidiana le parece a usted pobre, no le eche la culpa a ella; acúsese a sí mismo, dígase que no es usted suficientemente poeta para convocar a sus riquezas; pues para quien es creador no existe la pobreza ni lugar alguno pobre o indiferente" (Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta; p.23; Ed. Hiperión, 2010, trad. de Jesús Munárriz)
Y siendo impresionante y verdadera la última afirmación, se me ocurre que es también peligrosa. Por cuanto puede ser esgrimida por quienes pretenden en ocasiones negar un estado de cierta infelicidad vital para perpetrar esos estados de Facebook de una exaltación inversamente proporcional a su desazón y carentes de toda verdadera poesía. Lo que yo llamo paulocoelhadas.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Evocación

Como la superficie del agua refleja la realidad en diferentes versiones según la golpee la luz o se agite, me ofrecía hoy el rostro bellísimo de Rachel Weisz desde la pantalla de cine los ecos de mujeres conocidas, bellísimas todas, claro. La película era la recomendable The Deep Blue Sea, de Terence Davies, ahora en cartelera en España.

Dulce ha sido el sobresalto cuando, tras una sonrisa, al fondo de sus tremendos ojos oscuros, aparecías tú, precisamente tú.



sábado, 8 de septiembre de 2012

Emoción poética en el mercado

En sus cartas a Franz Xaver Kappus, Rilke pondera la naturaleza como fuente de inspiración para la poesía. Se ha alejado por enfermedad de París, "donde todo resuena y se extingue de otro modo a causa del estruendo que hace retemblar todas las cosas" y le dice que "si se atiene usted a la naturaleza, a lo que hay en ella de sencillo, a lo pequeño, que casi nadie ve, y que tan imprevisiblemente puede transformarse en grande e inconmensurable; si siente usted este amor por lo pequeño e intenta ganar con toda sencillez, como quien presta un servicio, la confianza de lo que parece pobre, entonces todo se volverá más fácil, más homogéneo y de algún modo más reconciliador, tal vez no en el entendimiento, que se echa hacia atrás asombrado, sino en su más íntima conciencia, vigilia y saber".


Me he acordado esta mañana de Rilke cuando el pollero del mercado de Mostenses me fileteaba un par de pechugas de pollo. No te rías porque no bromeo.

Es verdad que la naturaleza en su pequeñez es hermosísima. A mí me habla de Dios, Eterno Escultor, o Eterno Pollero, también, por qué no. Pero en nuestro esfuerzo prometeico de imitación de la naturaleza, qué narices, mujeres y hombres también logramos altas cotas de perfección a través de la técnica (sea arte o mecánica). Obras que conmueven el ánimo del que observa y le provocan un temblor.

Cuando esa experiencia intuitiva tiene lugar en un entorno tan aparentemente hostil a la belleza como un mercado y mientras se hace la compra en chándal y playeras, se recibe si cabe con mayor alegría, como un don inmerecido. "tan vertical, tan gracia inesperada, tan dádiva caída, que no puedo creer que sea para mí" (Pedro Salinas).

Y ahí estaba yo, mañana de sábado sin resaca, paráfrasis de lo que seguramente sea el Paraíso, cogiendo mi tique [sic RAE dicet] de la carnicería, esa que de tan buenos medallones de solomillo me ha surtido (también daría para tres o cuatro églogas urbanas el buen trabajo del trío que atiende su mostrador), y aprovechando la espera para bajar a la planta sótano y hacerme con algo de pollo. Con prisas.

Qué bien, nadie espera. Finiquitemos esto y a otra cosa mariposa, que el sábado está lleno de promesas. Le pido tres muslos deshuesados. "¿Muslos o contramuslos?", me dice con cierta altanería que un capullo -yo mismo con menos horas de sueño- leería con mala leche racista: estos sudacas. En cambio, veo en la pregunta la guía del maestro que sabe lo que quiero. Yo, neófito del mundo doméstico, comprendo que sí, que lo que quiero son contramuslos. "¿Algo más, hermano?". Coge las pechugas, brillantes, orondas, y las pone sobre el papel plástico de envolver. Las corta cuidadosamente y las despliega como quien prepara el pañal para su hijo, o como quien disecciona una rosa. Llega entonces la epifanía y el día tiene otra pintura. Nos vamos a casa felices y hasta envolver la carne picada para el congelador tiene algo de espectáculo de Circo del Sol, de natación sincronizada.

He titulado esta entrada "Emoción poética en el mercado". Sería más exacto decir "Poesía en el mercado", porque, como decía Chesterton, "enamorarse es más poético que ponerse poético" y el mimo con el que mi pollero fileteaba las pechugas mientras me preguntaba si quería algo más, "hermano" (y realmente lo he percibido así, fraternalmente), es más poético, o más hermoso, que yo emocionándome con ello, aunque alguno diga que todo esto no existe más que en la sensibilidad del que observa. Supongo que con este pequeño homenaje, uno solo quiere eternizar ese bello momento o cantar "que son manos como esa, que es esa mezcla trascendental de belleza ética y estética, lo que sostiene el mundo" (y aquí, Eduardo Laporte, me autocito). También -o sobre todo- al hacer filetes de una pechuga de pollo.

[*La cita de Rilke es de Cartas a un joven poeta; pp.49-50; Ed. Hiperión, 2010, trad. de Jesús Munárriz]

viernes, 7 de septiembre de 2012

Inefabilidades

"Las cosas no son todas tan comprensibles ni tan fáciles de expresar como a menudo se nos quisiera hacer creer, la mayor parte de los acontecimientos no se pueedn enunciar, suceden en un espacio que no ha hollado nunca una palabra, y los más indecibles de todos son las obras de arte, existencias llenas de misterio cuya vida es perdurable, frente a la nuestra, perecedera."  (Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta; p.19; Ed. Hiperión, 2010, trad. de Jesús Munárriz)
Me gusta decir que las cosas más importantes de la vida son las más inexplicables. El acceso a las cosas más nucleares es más intuitivo que empírico.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Madrid, zona de silencio

“¿Queréis hacer una obra intelectual? Empezad por crear dentro de vosotros una zona de silencio, un hábito de recogimiento, una voluntad de desprendimiento, de desapego, que os haga disponibles por entero para la obra; adquirid ese estado de ánimo, libre del peso del deseo y de la propia voluntad, que constituye el estado de gracia del intelectual. Sin ello, no haréis nada o, al menos, nada que valga la pena. 
El intelectual no es hijo de sí mismo; es hijo de la Idea, de la Verdad eterna, del Verbo creador y animador inmanente a su creación. Cuando piensa bien, el pensador sigue de cerca las huellas de Dios, no sigue su propia quimera. Cuando tantea y se bate en el esfuerzo de la búsqueda, se asemeja a Jacob luchando con el ángel y haciéndose ‘fuerte contra Dios’” (p. 6; Prólogo a la segunda edición, La vida intelectual, A.-D. Sertillanges. Ed. Encuentro. Madrid, 2003)
"Y no me da la gana de pensar que nada es para siempre / Si esta canción se acaba que acabe el mundo para todos / Todos somos nada sin las palabras dime qué nos queda" ("Tierra", Xoel López, de Atlántico, 2012)


Subiendo desde la calle Pez por la de la Madera, una de esas cuya fisonomía mejor retrata la geografía de Malasaña, y si no vas leyéndote el futuro en la puntera de los zapatos, te puedes topar con uno de los cartelitos romboidales que van anunciando por los rincones del centro de Madrid que tal o cual personaje más o menos famoso, castizo o histórico vivió allí. El de Madera fue Luigi Boccherini, compositor italiano de finales del XVIII, cuya estancia en las calles de la Villa y Corte le inspiraron su Musica Notturna delle Strade di Madrid (de la que los profanos apenas alcanzamos a pensar: "¡la de Master and commander"). ¿Quizá era entonces la capital un lugar apacible que empujaba a la contemplación y a la creatividad?

No parece. Madrid debía de ser entonces tan bulliciosa y (¿poco?) cosmopolita como lo es hoy en día, y, de hecho, como la entrada de la Wikipedia que enlazo explica, Boccherini se unió al exilio en Ávila del infante Luis Antonio "y tuvo mucho tiempo para la composición, donde completó más de un centenar de piezas".

Todo esto venía (Madre de Dios, cada día me parezco más a mi padre en lo que se refiere a los prólogos de lo que realmente viene al caso) como beatus ille del agosto madrileño. Quería ser esto un menosprecio de masa y alabanza de Corte vaciada, de los períodos vacacionales en los que el pueblo de Madrid huye. Como también Semana Santa. Momentos de solitariedad en los que no hay soledad. Remansos nutritivos para la creatividad y el espíritu. (Y un poco también para la carne, habiendo unas fiestas de la Paloma en pleno mes, tampoco exageremos). Épocas que dejan las calles un poco más limpias y puras.

Porque me pasa no sufrir peor soledad que la de estar acompañado, pero no por la persona amada. No hay peor soledad que la ansiedad de compartir ciudad, fin de semana, azulísimo cielo madrileño, con quienes quieres, y no verles mientras tienes la impresión de que algo gordo está pasando y tú te lo estás perdiendo. Ansiedad que paraliza.

Ese agosto que añoro y que terminó hace unos días ha sido para mí un mes novelesco, lleno de horas de gozosa mismidad, de baños con un buen libro, buena música y una cerveza; ratazos de sofá al amparo del aire acondicionado y de la imaginación. Agosto ha sido un mes de narrativa, de lectura y de fotones. De paseos tranquilos. De planes sin prisas. De dejarse mimar por el tiempo, en lugar de dejar que este te atropelle como ya empieza a pasar en estos primeros días del nuevo curso, de la nueva temporada. Después de este mes de narrativa, y para contradecir al estrés y al tráfago, septiembre, y octubre, y noviembre, ese otoño siempre amenazante para la salud neuronal de este ciclotímico, debiera ser un tiempo de ensayos.

Hay quien cura la depresión y el cansancio comprándose un vestido caro o unos zapatos monísimos y baratos en las antepenúltimas rebajas. Renovando o sobresaturando el fondo de armario. Bravo. Otros acallan la melancolía con alcohol y chuletones. Fenómeno. No digo que yo no sea de estos, pero a mí me hace muy feliz entrar en una librería -la amplia oferta de la Casa del Libro me conquista- y gastarme los euros en libros que quizá nunca lea porque otra compra voraz en la siguiente depre vendrá a reemplazarlos en la cola.

Volvía hoy por la Gran Vía tras un día infernal de trabajo, de esos en los que tienes sensación de no haber parado y de no haber solucionado nada a un tiempo. Me ha dejado el bus de la línea 2 frente a la Casa del Libro, y allí me he hecho rápidamente con el libro que buscaba, las Cartas a un joven poeta, de Rilke. Y en esa captura, en mis redes -o yo en las suyas, me temo- se han venido también otro par de ensayos: De lo espiritual en el arte, de Kandinsky, y El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras, de Philip Roth. Ya os contaré qué sorpresas o decepciones me deparan estos señores, maestros de provecho, espero, para la construcción de la persona que quiero ser.

O el personaje. Pero de eso hablaré, supongo, otro día.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Honrarás a tu padre, de Gay Talese (III)

"-Le dije tres veces esta semana que quería que ordenara este lugar -dijo Bill, mientras se sentaba en una silla del jardín bajo el sol matutino y se ponía los lentes oscuros. Se había quedado despierto hasta altas horas de la noche leyendo el libro que tenía ahora en sus manos, una nueva novela sobre la Mafia titulada El Padrino. Ya iba por la mitad y hasta ahora le gustaba mucho y pensaba que el autor, Mario Puzo, tenía una buena comprensión de la sociedad secreta. Bill creía que la figura central de la novela, don Vito Corleone, era un personaje verosímil y se preguntaba si el nombre estaría parcialmente inspirado en 'don Vito' Genovese y en el pueblo de Corleone, ubicado al interior de Sicilia occidental, al sureste de Castellamare. Bill creía que su propio padre poseía muchas de las cualidades discretamente sofisticadas que el escritor le había atribuido a Vito Corleone y, sin embargo, también había algunos elementos en el personaje que le recordaban al difunto Vito Lucchese. En la vida real, Lucchese, al igual que don Vito Corleone en la novela, tenía amigos en los círculos políticos demócratas de Nueva York durante los años cincuenta, hombres que supuestamente le hacían favores especiales a cambio de generosas contribuciones políticas y, en 1960, Lucchese viajó a Los Ángeles para relacionarse con algunos de esos amigos que estaban asistiendo a la Convención Nacional de los Demócratas. Lucchese estuvo a favor de la nominación de John F. Kennedy, pero otros capos, como Joseph Profaci, influenciados [sic] por la sospecha tradicional que los inmigrantes sicilianos les guardaban a los irlandeses, se opusieron a Kennedy. La mayor parte de los políticos irlandeses, al igual que los sacerdotes y los policías irlandeses, no les hacían favores a los italianos, a quienes, en opinión de Profaci, aborrecían en secreto. Ésta era una visión que Lucchese no compartía, y tampoco Frnak Costello, quien había tenido tratos íntimos con William O'Dwyer. Pero después de que Kennedy llegara a la Presidencia y luego de que la Mafia irlandesa llegara al poder, y cuando el único italiano en obtener fama en Washington fue Valachi, muchos mafiosos juzgaron que Profaci había tenido razón" (Honrarás a tu padre, Gay Talese; pp.349-350;  Ed. Alfaguara, Trad. de Patricia Torres Londoño, 2010)