martes, 29 de mayo de 2012

Un poco de demagogia mitinera, por favor



Algo me cruje cuando El País organiza una mesa redonda sobre literatura y activismo en la Feria del Libro. No solo porque la misma idea de mezclar literatura y activismo me da ganas de vomitar (el único compromiso que le pido a un artista en cuanto artista es con el arte; en cuanto persona, con la dignidad humana, como a todo hijo de vecino). Me crujen las entrañas sobre todo, en estos tiempos de Bankias, corrupción política y recortes a lo loco en servicios públicos, porque PRISA es una de las grandes corporaciones que dominan y componen el establishment de este sistema que hace aguas cual Titanic. Supongo que también RTVE, donde yo trabajo, no os voy engañar. Aunque mi empresa no busca el lucro y eso, para bien y para mal, se nota.

Toda joven generación tiene, ya no el derecho, sino el deber, de contestar de algún modo los valores y el sistema heredado. Y no hablo de una rebeldía adolescente, sin discernimiento. El ser humano, cada ser humano, y por lo tanto las estructuras que crea y sostiene, necesitan una reforma constante. Y quienes quizá fueron reformistas en su momento -o incluso revolucionarios- y ahora ocupan el poder, prolongarán inevitablemente las carencias y anomalías que no pudieron cambiar del sistema o las que añadieron a este incluso con la buena intención de hacerlo mejor.

Este sistema -es más justo decir quienes lo gobiernan- está podrido. No sé si más o menos que en otros tiempos, pero está muy podrido. Estamos en un fin de ciclo, y lo peor es la sensación de opresión que puede tener el joven que desee que las cosas cambien. Los políticos y lo político lo han permeado todo y eso hace que alguien al margen del establishment sienta una impotencia atroz a la hora de buscar resquicios para cambiarlo.

La política no solo está en las cámaras legislativas, sino en la justicia, en los medios de comunicación, que trabajan en favor de partidos y cuyos dirigentes no son sino tuercas y palancas de sus respectivas trincheras políticas, en las cajas de ahorro y los bancos, en la cultura, en la mayoría de organizaciones civiles... Y lo peor es que la política se ha llenado de políticos profesionales, de mediocres, de advenedizos. Como siempre, pero más.

Me molestan mucho los llantos generacionales, especialmente cuando son artificiales, o cuando llevan a la inacción. Pero está haciendo falta una revolución, una vuelta a la tortilla protagonizada por una joven generación, ¿por quién si no sino por quien se juega al menos dos tercios de su vida, un futuro con ilusión o sin ella?

Pero, insisto, no espero que esas reformas vengan del núcleo del sistema. No digo que vendrán de fuera del sistema porque todos formamos parte de la sociedad que se organiza en sistemas, pero sí que hay que buscar nuevas formas que no se dejen fagocitar por Cebrianes, Pedrojotas, gurús del nuevo empresariado, partidos políticos, Juanescruces, etc.

¿De que solución estoy hablando? No me lo preguntéis, pero hace falta un mayo del 68 que agite esto, que se acabe convirtiendo en establishment al que dentro de 40 años otros desbanquen a golpe de lo que sea que en aquel momento se maneje.

martes, 8 de mayo de 2012

La disciplina del artista

He de leer de nuevo La vida intelectual de Sertyllanges, me temo (poco lo he citado, aunque qué hermosa estas palabras sobre vida intelectual y amistad). O volver a ver El tormento y el éxtasis. Reflexionar de nuevo sobre la necesidad de la contemplación para el proceso creativo e intelectual. La contemplación y la disciplina. Ay.

Vila-Matas catalogó en su brillante Bartleby y compañía a buena parte de la fauna procrastinadora de la literatura, gentes de talento que han escrito una o ninguna obra; que, no se sabe bien por qué, han legado obras breves, han derramado su talento con pipeta, gota a gota. Una, dos, tres piececillas a lo sumo, y basta. Alguna genial.

Hace unas pocas semanas escuchaba a Jiménez Lozano -prolífico, aunque no publique: que mis ojitos han visto sus cuadernos de espiral garabateados, con una letra seguro que apretada y enjuta como él mismo, cuadernos que asegura hará quemar a su muerte- criticar la holgazanería de Ferlosio desde la admiración. Algo así como “tanto talento literario y tan pocas ganas de trabajar” (no es textual, no, periodista de pacotilla y titular sensacionalista).

Hoy me siento así, con tiempo por delante, ganas de hacer literatura, y el pozo de la creatividad secorro. Mojama. Meto el cubo en este blog para, al menos, sacar algo de músculo escriturístico. Supongo que la indisciplina literaria se paga, que el trabajo de gestor de naderías y cosas que a uno le importan poco tiene sus consecuencias. Kafka era oficinista, se supone. Lo mío no debería ser una excusa.

No quiero que esto suene a excusa, si acaso como petición de perdón. Si uno cree que tiene talento para escribir y decir cosas interesantes y no lo hace, debe pedir perdón. (También debe pedirse perdón si uno cree que tiene talento para ello, no es verdad, y escribe sandeces como las que muchos escriben, todo sea dicho.)