lunes, 9 de abril de 2012

Al mal tiempo, corte de manga

El buen depresivo sabe encontrar motivos de tristeza y frustración en cualquier condición meteorológica ("mete-o-ro-lógica" o "mete-o-ro-lógico" es una de esas palabras miga-de-pan que se me atragantan y me hacen dudar por muchas veces que me haya repetido que es "meteoro" y no "metereo"); lo dicho, en cualquier condición meteorológica.

El frío y la lluvia imponen su oscuridad al ánimo ciclotímico, con naturalidad. Pero un sol flamígero y casi restallante le puede hacer entender al depre que su estado interior no está a la altura de semejante despliegue de vida, y su sensibilidad se resiente.

Dirá algun@: este habla de su propia experiencia. Hoy. Sol en Madrid. Digo yo: De un zarpazo, un esbozo, apenas una pincelada de emoción, se pueden sacar jugosas reflexiones, elaborados sistemas de sentimiento. Ea.

sábado, 7 de abril de 2012

Los ejércitos de la noche, de Norman Mailer

En mi peregrinar literario por el Nuevo Periodismo, y tras Honrarás a tu padre, de Gay Talese, me encuentro con Los ejércitos de la noche, de Norman Mailer, un relato entre literario y pretendidamente histórico de la Marcha sobre el Pentágono contra la Guerra de Vietnam, en octubre de 1967.

A ratos divertidísima, a ratos lúcida, a ratos -los menos- un poco plomo, me deja un regusto agradable y denso. Quedo pensativo. Me han acompañado en este viaje The Doors y Bob Dylan, entre otros, aunque es una lectura que exige mucha concentración a ratos.

Termino la novela con la sensación de que las cosas importantes de la Historia no las cuentan los periódicos, y menos los actuales.

Os dejo mi cuaderno de citas del libro, en la edición de Compactos Anagrama de 2007, con traducción de Jaime Zulaika. El original de Mailer es de 1968.

"Mailer era un snob de la peor especie. Nueva York no lo había aniquilado -porque no le había venido en gana hacerlo-, pero lo que ciertamente hizo fue destruirle toda su tolerancia a cualquier fiesta que no fuese realmente espléndida. Como la mayoría de los snobs, hacía profesión de fe en la aristocracia del logro personal ("Dadme un cuchitirl con un puñado de jóvenes artistas, con ojo vivo y audaces"), y de hecho una fiesta se le antojaba insulsa si no acudía a ella alguien muy rico o muy celebrado socialmente. Una velada sin ninguna dama perversa en el salón era como una compañía de ópera sin una gran voz entre sus filas" (p.23)

"No es nada fácil evitar que la gente se ponga a hacer discursos" (p.30)

Foto de Mailer y su madre en 1968

"Mailer justifica su elección del narrador -él-: "Escribir la historia íntima de un acontecimiento en la que se hace recaer el protagonismo sobre una figura no central en tal acontecimiento, es dar lugar de inmediato a interrogantes acerca de la competencia del historiador. O, ciertamente, de la honestidad de sus motivaciones. La figura elegida resultará quizá más conveniente a sus intereses que crucial para la historia. Es lógico que tales observaciones escépticas surjan espontáneamente ante la elección de nuestro particular protagonista. Pero podría alegarse que a este historiador no le cupo otra alternativa. Aun cuando tal alegato quizá no sea necesariamente inexacto, será no obstante preferible que el historiador exponga sus buenos motivos" (p.69)

‎"Fiebre neoyorquina, esa feroz inflamación que Nueva York parece siempre estimular: envidia, codicia, claustrofobia, excitación, bourbon, mujeres, acción, ego, justas, crueldad y manjares exquisitos en odiosos y caros restaurantes" (p.75)

"Desde luego, había un modo de lidiar con los periódicos. Si los oídos de los reporteros estaban programados para captar con precisión mediocres comentarios de hombres mediocres, lo que uno debía hacer era buscar declaraciones simples y llamativas, tan poéticamente vacías y tan irreductibles que acabaran clavadas en la mente del reportero como espinas. Era la única manera de hablar con un periodista. Si uno no lograba aprender a hacerlo, la única alternativa era huir de cualquier situación en la que pudiera estar presente un periodista. Con los reporteros la brillantez debía evitarse. Obviedades llamativas, no brillantez, se dijo a sí mismo Mailer" (p.83)

"Este era el precio exacto de las resacas: lo reducían a uno al lado más mezquino de sí mismo, aquel donde las viejas heridas no han acabado de sanar. Esto era obvio, y lo que todo bebedor juicioso ha de saber es que las horas dedicadas a curar una resaca han de pasarse en compañías innobles y no de aquella viva personificación de de todo lo que hay de austero y con principios en el carácter norteamericano" (p.86)

"La atención solícita, amigable e íntima que los periodistas ponen en la dramática tarea de conseguir una cita textual; cuando el periodista pone pericia en tal tarea, el entrevistado tiende a creerse importante hasta el punto de creer que sus iniciales están grabándose en la nalga de la Historia" (p.162)

"La hamburguesa representaba tres siglos desde la llegada del Mayflower" (p.201)

"El país [Estados Unidos] había estado viviendo en una controlada -incluso ferozmente controlada- esquizofrenia que con los años se había agudizado. Quizá la línea ya había sido rebasada. Todo hombre o mujer que fuera devotamente cristiano y trabajara para las sociedades anónimas norteamericanas, se hallaba aherrojado por grillos invisibles cuya presión podía desgajar su mente de su alma. Porque el núcleo de la cristiandad era un Misterio -un Hijo de Dios-, y el núcleo de las sociedades anónimas era el aborrecimiento del Misterio, el culto a la tecnología. Nada había más opuesto a la tecnología que el corazón sangrante de Cristo. El norteamericano medio, en su esfuerzo por cumplir con su deber, procuraba trabajar más y más por Cristo, y al tiempo se adentraba más y más en la dirección opuesta, pues trabajaba para la computadora absoluta de las sociedades anónimas. Sí y no, uno y cero. El americano medio se sumía cada día más en la esquizofrenia. El norteamericano medio creía en dos opuestos más radicalmente separados que aquellos que dieron lugar a cualquiera de los antiguos cismas de la cristiandad. Los cristianos habían conseguido conservar cierto grado de salud mental durante siglos gracias a la dialéctica entre amor y honor, deseo y deber, e incluso -y enfrentados dentro de un mismo corazón- caridad y apetito de poder. Un equilibrio difícil, pero no imposible. El amor por el Misterio de Cristo y el amor por la ausencia de todo Misterio, sin embargo, habían llevado al país a un estado de esquizofrenia enmascarada, a una dolencia de tal hondura que las infames brutalidades de la guerra del Vietnam constituían la única cura temporal posible, ya que la expresión de la brutalidad produce un alivio claro -aunque temporal- de la esquizofrenia. Así, el buen cristiano medio amaba en secreto la guerra del Vietnam. Proporcionaba una salida a sus emociones. Sentía compasión por las penalidades y sufrimientos de los muchachos norteamericanos en el Vietnam, e incluso por los huérfanos vietnamitas. Y su juicio sobre la guerra quizá cambiaba un poco día a día cuando leía el periódico; la guerra lo vinculaba de nuevo a su periódico habitual. Tal vinculación al mundo exterior y tal modesto cambio en sus opiniones día a día constituían las dos panaceas de la botica donde se trataba su esquizofrenia. Norteamérica necesitaba la guerra. Necesitaría una guerra mientras la tecnología siguiera avanzando por toda vía de comunicación, y las ciudades y sociedades anónimas siguieran multiplicándose como un cáncer. Los buenos cristianos norteamericanos necesitaban la guerra, porque de otro modo perderían a Cristo" (p.219)

"-Creemos -afirmó el portavoz [del Pentágono]- que nuestra actuación ha sido consecuente con los objetivos de seguridad y control frente a los diversos niveles de disensión.

(...)

El portavoz habla en totalitarianés, es decir en tecnologués, es decir, en cualquier lengua que acierte a vaciarse de todo contenido moral. (...)

También existen ritmos de tránsito negativos. En los ritos de tránsito negativos, el ser humano aprende a desprenderse de lo mejor que posee por nacimiento, y para siempre. ¿Cuánto debe padecer un portavoz en un rito negativo para llegar a aprender a hablar así?" (p.327)

viernes, 6 de abril de 2012

Misterio con mayúsc

El país [Estados Unidos] había estado viviendo en una controlada -incluso ferozmente controlada- esquizofrenia que con los años se había agudizado. Quizá la línea ya había sido rebasada. Todo hombre o mujer que fuera devotamente cristiano y trabajara para las sociedades anónimas norteamericanas, se hallaba aherrojado por grillos invisibles cuya presión podía desgajar su mente de su alma. Porque el núcleo de la cristiandad era un Misterio -un Hijo de Dios-, y el núcleo de las sociedades anónimas era el aborrecimiento del Misterio, el culto a la tecnología. Nada había más opuesto a la tecnología que el corazón sangrante de Cristo"

(Los ejércitos de la noche, Norman Mailer, Ed.Compactos Anagrama, trad. de Jaime Zulaika / original de 1968)