martes, 9 de octubre de 2012

95%


La odiaba, ancha, con aquel montículo en el tabique que las fotos de perfil subrayaban. Y al odiar su nariz, se odiaba un poco a sí misma.

No comprendía que esa nariz imperfecta era el martillazo que Miguel Ángel le asestó al Moisés -"parla!"-, de tanta insultante belleza.

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