domingo, 30 de septiembre de 2012

Edna O'Brien, sobre amor y sexo

"Sí, hay cosas que han cambiado para mejor: las mujeres no son ganado, expresan su derecho a que se les pague lo mismo que a los hombres, a ser respetadas, a no ser 'el segundo sexo'; pero en la cuestión del emparejamiento las cosas no han cambiado nada. La atracción y el amor sexual no son un impulso de la conciencia, sino del instinto y la pasión, y en este aspecto los hombres y las mujeres son radicalmente distintos. El hombre aún sigue teniendo mayor autoridad y mayor autonomía. Es algo biológico. El destino de la mujer es recibir el esperma y retenerlo, y el del hombre, en cambio, consiste en darlo, y en esa entrega se agota, de ahí que a continuación se retire. Mientras ella, en cierto sentido, está siendo alimentada, él, por el contrario, está siendo vaciado, y, para resucitarse a sí mismo, procede a una huida temporal. Como consecuencia de todo ello, tenemos el resentimiento de la mujer, al verse abandonada, aunque sea por poco tiempo, y el sentimiento de culpabilidad de él, porque se aparta; y, sobre todo, su sentido innato de la autoprotección, por el que tiene que volver a encontrarse, para una nueva afirmación de sí mismo. La unión, pues, nunca pasa de relativa. El hombre puede ayudar a fregar los platos, etcétera, pero siempre anda con la mirada en otro sitio, y su compromiso es más ambiguo. 
ROTH: ¿No hay mujeres igualmente promiscuas? 
O´BRIEN: A veces las hay, pero no tienen la misma sensación de haber conseguido algo. Me atrevo a decir que la mujer es capaz de un amor más profundo y más duradero. A lo cual añado que la mujer siempre tiene más miedo de que la dejen. Eso sigue siendo así. Vaya usted a cualquier cantina de mujeres, a la sección de ropa de mujer, a la peluquería, al gimnasio, y encontrará muchísima desesperación y muchísima competencia. La gente se desgañita gritando eslóganes, que se quedan en eso, en meros eslóganes: lo que de veras nos determina es lo que sentimos y hacemos. Las mujeres no están más seguras en sus emociones de lo que estaban antes. Lo que pasa es que ahora se las arreglan mejor con ellas. La única verdadera seguridad consistiría en apartarse de los hombres, desprenderse de ellos, pero eso equivaldría a una pequeña muerte... Al menos para mí." (Conversación de 1984 incluida en El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras, de Philip Roth, Ed.Seix Barral, 2008, trad. de Ramón Buenaventura, pp.150-151)

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