martes, 21 de agosto de 2012

Un mundo feliz, de Aldous Huxley

"En serio, creo que deberías andar con cuidado. Está muy mal eso de mantener una relación tan larga con el mismo hombre. A los cuarenta o cuarenta y cinco años, todavía... Pero, ¡a tu edad, Lenina! No, no puede ser. Y sabes muy bien que el DIC se opone firmemente a todo lo que sea demasiado intenso o prolongado" (Un mundo feliz,  Aldous Huxley. Ediciones Debolsillo. Trad. de Ramón Hernández, pág. 55)

Entiendo que en 1932 la utopía de Huxley supuso un hito. Ochenta años después, atiborrado el imaginario de referentes de ciencia-ficción, esta lectura aplazada durante años no me supone ningún impacto. Si acaso, un check en la lista de clásicos. La narración, de hecho, me ha resultado aburrida a ratos. La historia que cuenta no me atrapa. Su estilo no me seduce.
"Bernard les dio las órdenes pertinentes en el tono áspero, arrogante y hasta ofensivo de quien no se siente demasiado seguro de su superioridad" (p.79)
"-Adultos intelectualmente y en el trabajo -prosiguió- y niños en lo que se refiere a los sentimientos y los deseos.
-Nuestro Ford amaba a los niños.
Sin hacer caso de la interrupción, Bernard prosiguió:
-El otro día se me ocurrió la idea de que es posible ser adulto en todo momento.
-Lo comprendo -el tono de Lenina había sido firme.
-Ya lo sé; por este motivo nos acostamos ayer, como niños, en lugar de obrar como adultos, y esperar.
-Pero fue divertido -insistió Lenina-. ¿No es verdad?
-¡Oh sí, divertidísimo" -contestó Bernard." (p.106)
"Una de las principales funciones de nuestros amigos estriba en sufrir (aunque de una forma simbólica) los castigos que nos gustaría infligir, y no podemos, a nuestros enemigos" (p.181)
"¿De qué sirven la verdad, la belleza o el conocimiento cuando las bombas de ántrax llueven del cielo?" (p.227)
"-Es que a mí me gustan los inconvenientes.
-A nosotros no -dijo el interventor-. Preferimos hacer las cosas con comodidad.
-Pues yo no quiero comodidad. Yo quiero a Dios, quiero poesía, quiero peligro real, libertad, bondad, pecado.
-En suma -dijo Mustafá Mond-, usted reclama el derecho a ser desgraciado.
-Muy bien, de acuerdo -dijo el salvaje, en tono de reto-. Reclamo el derecho a ser desgraciado." (p.238)

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