viernes, 24 de agosto de 2012

Oda a la amistad y a la vida, de Pennac

Hace un mes, perdí a un amigo, que era como un hermano, lo conocía desde 1969. Y mi mujer y yo lo habíamos acogido en casa durante los últimos meses de su vida. Casi hasta el final, porque los últimos días, a pesar de haber medicalizado una habitación, tuvo que trasladarse al hospital. Pues cuando lo trasladamos a casa, todo el mundo nos decía, "pero cómo es posible, no os dais cuenta de lo que estáis haciendo…". Pero es muy extraño porque está casi dentro del campo de los prejuicios, es como si prejuzgáramos la incapacidad de los demás de curarse los unos a los otros. Es un prejuicio absoluto. Cuando tienes en casa a alguien muy enfermo, después de tres días, sigues siendo consciente de que es alguien grave, muy enfermo, pero es una compañía como cualquier otra. Es mi viejo amigo, al cual conozco desde hace cuarenta años, él no ha cambiado, la enfermedad no ha modificado su naturaleza. Los cuatro o cinco cánceres que lo invaden no lo han modificado, es el mismo amigo con el cual he pasado cuarenta años de complicidad intelectual, de diversión, de lecturas, de enfados por razones políticas… es mi amigo, mi amigo del alma, y es normal que, si me ha abierto en tantas ocasiones las puertas de su casa, yo le acompañe a la puerta en el momento en que se va. Y esto se aplica a él como se aplica para mis padres, para otros amigos... Si no, es como si sólo pudiéramos vivir la vida con aquellos con quienes es agradable. Es como si me invitaras a cenar y sólo tomara el vino, o el postre. Y quiero añadir algo más.

Dígame.

Hay algo que detesto en esta actitud. Nos condena a todos a la soledad. Morimos totalmente solos porque tenemos amigos demasiado delicados. Es increíble. Es algo que oigo muy a menudo: "Prefiero guardar un recuerdo de él cuando era…". Vaya una mierda…, con perdón. 

Son palabras de Daniel Pennac, cuyo Como una novela fue para mí una lectura memorable, aquel libro del que recuerdo esta frase quizá reformulada por la (mala) memoria: "Hay tiempo para leer como hay tiempo para amar". Las negritas son mías. Y la fenomenal entrevista, de Pedro Vallín en La Vanguardia. Curioso, por cierto, que solo un medio nacional le dedique una entrevista a este escritor, en España con ocasión de presentar la edición en español de su último libro.

[Corrección: Pennac estuvo en junio en España y otros medios lo entrevistaron, entre ellos El País en París.]

3 comentarios:

siar dijo...

simplemente me gusta lo que dices, es verdad, es deseable, o simplemente, escuetamente: bueno

Agus Alonso-G. dijo...

Muchas gracias...

chatroulette dijo...

Hola, es una noticia muy triste que usted perdió su amigo más querido. Un amigo debe ser uno en el que la comprensión y la virtud que igualmente se puede confiar, y cuya opinión pueda valorar a la vez por su justicia y su sinceridad. Gracias y seguir su escritura. Atentamente, Isabel :)