lunes, 20 de agosto de 2012

Hopper en el Thyssen

Mañana de domingo, tórrida y nublada en Madrid. Visita a la exposición de Edward Hopper en el Thyssen. Este tipo de exposiciones, tanto en el Thyssen como en el Prado, tienen tal presencia mediática que siente uno que tiene que verlas. Y no me parece mal. Descubren de primera mano a la masa -eso somos, y no intelectualillos de salón, cuando paseamos por esas superpobladas salas- artistas que posiblemente no conocíamos o nos sonaban vagamente.

El tema museos me da pereza de entrada, qué queréis que os cuente. Templos modernos -y cuando aquí digo "moderno" me refiero a "ilustrado"-, poderosa herramienta de instrucción y de contemplación para todos los "ciudadanos" como las catedrales románicas lo fueron para las gentes del Medievo. Reunión en un lugar físico de todo el conocimiento sobre algo para así poder verlo de un tirón. Saber enciclopédico... No sé, que me da pereza. Period. He visitado unos cuantos, pero no soy fan. (No hablo de algunos de los pintores que hay en su interior.)

La cosa y el caso es que no es raro que de ellos me lleve una emoción estética, una reflexión sobre la propia vida del artista, un descubrimiento. Algo. No suelo lamentar un rato en un museo. Tampoco ayer, aunque Hopper no me deja mucha impresión. Está bien. Sin más. Lo encuentro interesante más que emocionante. Me quedo con un par de salas y sus grabados.

He llegado a un punto, después de muchas pinturas contempladas, que al pisar un museo exijo grandes obras. Enormes. Y mi criterio para considerar grande una obra es cada vez más simple: amor a primera vista. Doblar un recodo, entrar a una sala, girarse repentinamente, y encontrarla. Esa pintura que nos fascina. Que hace caer una mandíbula interior y enciende filamentos en el iris. Esa pintura por la que variaríamos nuestro recorrido, saltando las otras cinco obras que se interponen entre ella y nosotros, pero a la que aguardamos impaciente, como disimulando los sentimientos, para al final descubrir que de cerca es más impresionante si cabe.

De la expo del Thyssen, selecciono tres pinturas que cumplen este requisito. Y tres grandes pinturas -por lo menos-, lo reconozco, merecen sin duda una expo a bombo y platillo. Quién creara tres obras dignas de ser conservadas.


Os dejo, además, un recomendable reportaje de Días de cine sobre el diálogo entre la obra de Hopper y el cine.

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