martes, 28 de agosto de 2012

Honrarás a tu padre, de Gay Talese (II)

"Los Bonanno y los Magaddino eran, las dos, familias grandes con muchas ramas y llevaban varias generaciones ejerciendo influencia sobre el orden que regía la vida de la gente en esa región. Se mantenían con el producto de sus granjas, a saber, granos, aceitunas, tomates y otros vegetales, y criaban ovejas y ganado para carne o para venta. Controlaban empleos para los cuales el gobierno destinaba pequeños fondos y tenían influencia en el puerto y entre los comerciantes, de los cuales percibían un tributo en pago por la protección que les ofrecían. Literalmente controlaban los pueblos de esa zona con tanta efectividad como solían hacerlo los antiguos príncipes y virreyes antes que ellos, imponiendo impuestos sobre sus súbditos por los servicios prestados, servicios que incluían el arbitraje en las disputas entre vecinos, la recuperación de bienes robados, la asistencia en todos los problemas familiares y la reparación personal de delitos cometidos contra el honor de un individuo o su esposa. Intercedían ante el juez en los juicios de sus paisanos y recibían favores de los políticos de Palermo a cambio de su apoyo sólido en las colinas. A menudo cometían actos ilegales, pero básicamente seguían sus propias leyes. Durante siglos, la pobreza y las desgracias de su región fueron ignoradas por el gobierno de Sicilia, por el parlamento de Roma y por docenas de gobernantes extranjeros anteriores, así que finalmente tomaron la ley en sus propias manos y la acomodaron a sus intereses, tal como habían visto que hacían los aristócratas.

No creían en la igualdad ante la ley; las leyes las redactaban los conquistadores. A lo largo de la tumultuosa historia de Sicilia, que se remontaba más de dos mil años atrás, la isla había sido gobernada por la ley griega, la ley romana la ley musulmana, las leyes de los godos, los normandos, la Casa de Anjou, la Corona de Aragón; cada nueva flota de conquistadores traía nuevas leyes a la tierra, pero, sin importar quién fuera el autor de esa ley, ésta siempre parecía favorecer al rico por encima del pobre, al poderoso sobre el débil. Aunque la ley se oponía a las vendettas entre los aldeanos, permitía la brutalidad organizada y el asesinato a manos de los guardias de gobierno o los ejércitos del rey -las guerras estaban permitidas, pero las contiendas no- y los primeros reclutados para formar los ejércitos eran los hijos del lugar. Las leyes que regulaban la comida, la bebida, la indumentaria, las drogas, la literatura o el comportamiento sexual solían ser extensiones del estilo de vida que se hallara en el poder. (...)

El gobierno oficial era con frecuencia el enemigo, los criminales solían ser héroes y los clanes familiares como el de los Bonanno, los Magaddino y otras varias familias grandes de las aldeas costeras vecinas o los pueblos de interior eran reverenciados por sus conciudadanos. Aunque algunos de estos líderes eran vengativos y corruptos, se identificaban con la difícil situación de los pobres y a menudo compartían lo que les habían robado a los ricos. Su palabra casi siempre era de fiar y no traicionaban la confianza puesta en ellos. Por lo general desempeñaban sus labores discretamente, caminaban del brazo del cura de la aldea a través de la plaza o se sentaban a la sombra de los cafés, mientras sus inferiores se detenían para saludarlos y tal vez pedirles un favor. Aunque se comportaban con la misma humildad de otros hombres del pueblo, proyectaban seguridad en sí mismos, una cierta fuerza de carácter. Eran más ambiciosos, más astutos, más osados, tal vez más escépticos frente a la vida que sus resignados paesani, que confiaban principalmente en Dios. Otros hombres solían hablar de ellos en susurros, pero nunca los llamaban mafiosi, Por lo general se referían a ellos como los amici, amigos, o les decían uomini rispettati, hombres respetables" (Honrarás a tu padre, Gay Talese; pp.215-217; , Ed. de Alfaguara, Trad. de Patricia Torres Londoño, 2010)

No hay comentarios: