viernes, 17 de agosto de 2012

Gimnasia intelectual

Sorprende la facilidad con que se pierde el volumen de la musculatura cuando no se ejercita. Da uno por sentado que el cuerpo es una máquina que anda sola, y no. Recuerdo la pata de pollo que me quedó por muslo cuando me operaron de la rodilla derecha y estuve diez días sin usar la pierna, inmovilizada y en cama. El cuádriceps era una masa exangüe y desproporcionada respecto al resto del cuerpo, una musculatura que me costó meses de rehabilitación recuperar.

Como entonces acudía al gimnasio, tres veces por semana, acudo ahora a este blog. La creatividad tiene algo de músculo intelectual e incluso físico (por aquello de que la cretividad se expresa a través de una técnica que ha de ser practicada), y si no se ejercita, va anquilosándose. Como quizá le pasa a la mía, me duele reconocer.

Este sitio querido ha ido languideciendo. En parte por falta de contemplación, que es la que hace que germinen ideas agudas que desean ser comunicadas y que permite desarrollarlas. En parte por mi vitalismo con ribetes de gula; desearía uno tener más inclinación hacia cierto eremitismo urbano; no hablo de huir de la ciudad, hábitat natural y querido, sino de que la pasión por esa vida de ajetreo, por estar con la gente, se atemperase de rato en rato. En parte por encaminar la labor profesional hacia la gestión más que la creación, pragmatismo que atrofia si uno no sabe hacerse un hueco fuera de las horas de trabajo para fortalecer la chicha creativa. En parte por las condenadas redes sociales y la pereza: es más fácil lanzar una idea feliz en Facebook o Twitter, con sus "me gusta" y sus retuiteos rápidos y efímeros, que desarrollarla en este rincón, que nos llevará más tiempo y supone menos interacción con el lector.

La literatura -más, la escritura- es como una amante o una antigua novia a la que vuelvo con pasión de cuando en cuando. Esta idea ya la he escrito antes en algún rincón de este sitio ya ingobernable y que sin que apenas me dé cuenta sospecho va levantando acta de lo que soy. Estos días de verano, y tras una temporada intempestiva, me hago el propósito de volver a la literatura. Vuelve así esta tuerca al regazo que para mí es este lugar nada virtual. Este acto de contrición imperfecta -temo que volveré a traicionar este propósito- viene siempre acompañado por la voracidad lectora. He aprovechado las últimas semanas para leer, para cubrir algunas lagunas. El club de la lucha, El gran Gatsby, Tallo de hierro, Un mundo feliz y El nombre de la rosa han sido las presas. Estoy ahora con El cero y el infinito. He tomado notas de todos ellos que espero traer aquí como huesos del cocido, para compartir enjundiosas reflexiones.

Espero también que seais indulgentes con este ahora lisiado temporal, valga el oxímoron. Harán faltas muchas horas y mucha escritura para recuperar toque, para que mi creatividad -si alguna vez ha estado afinada- vuelva a dar frutos medianamente dignos. Os aseguro que me emplearé en ello, aunque sea con el caos y la inconstancia que me caracterizan.

2 comentarios:

Rosie the Riveter dijo...

Aquí tienes una lectora que vigilará de cerca tu puesta a punto. Interesantísimas las reflexiones de Eco sobre el posmodernismo

Agus Alonso-G. dijo...

Ooohh, nada me puede hacer más ilusión que esta vigilancia de una de mis lectoras más fieles y visibles. :)