martes, 19 de junio de 2012

En Etiopia con Kapuscinski

"No estaba en absoluto preparado para aquel viaje. Mi agenda no contenia nombres ni direcciones. Mi ingles dejaba mucho que desear. y todo porque en su dia habia acariciado el suenyo de alcanzar lo inalcanzable, es decir, cruzar la frontera. En verdad, era lo unico que habia anhelado. No queria nada mas. Pero una vez puesta en marcha, la sucesion de los acontecimientos me habia arrojado a aquel remoto fin del mundo" (p.25; Ryszard Kapuscinski, Viajes con Herodoto, Ed. Anagrama. Trad. de Agata Orzeszek)
"El viaje no empieza cuando nos ponemos en ruta ni acaba cuando alcanzamos el destino. En realidad empieza mucho antes y practicamente no se acaba nunca porque la cinta de la memoria no deja de girar en nuestro interior por mas tiempo que lleve nuestro cuerpo sin moverse de sitio. A fin de cuentas, lo que podriamos llamar "contagio de viaje" existe, y es, en el fondo, una enfermedad incurable" (p.94)

Antes de salir de Madrid, hace dos semanas, me hice el proposito de tratar de explicar en este rincon por que habia decidido ir de vacaciones a Etiopia, a vivir en una mision catolica en una ciudad perdida de la inhospita region del Tigray. Es una explicacion que para empezar me debo a mi mismo. El hecho de que hasta ahora no haya escrito nada, ademas de por mi reducido acceso a internet aqui, creo que es porque todavia no se con exactitud que me ha impulsado a venir.

De momento voy recogiendo impresiones, emociones, hechos, detalles casuales, azarosos, para mas tarde, dentro de un tiempo, a la vuelta, recomponer las causas y quiza descubrir algo sobre mi mismo. Construir el puzzle. Quien sabe.

Prometo contar proximamente la impresion que me causa el trabajo entregado y sin pausa de Angel Olaran, que dirige la mision de Saint Mary, un foco de luz y amor que mereceria musica de Ennio Morricone. Mientras tanto, sigo mi viaje.

2 comentarios:

Un tipo dijo...

Espero que encuentres lo que andas buscando, aunque no sepas aún lo que es.

2CV6-CT 1976 dijo...

Un viaje a Etiopía en general y a Wukro en particular, compartiendo y departiendo con el Abba Malaku, es definitivamente una enfermedad incurable. Al menos yo no he encontrado remedio, ni quiero encontrarlo