viernes, 9 de marzo de 2012

Fresy Cool, de A.J.Rodríguez: una crítica fragmentaria

Antonio J.Rodríguez nació en 1987. Digo esto porque hay quien piensa que la edad de un escritor no importa. Que solo hay buena y mala literatura. Y yo disiento. Los guardianes del Parnaso quizá crean elevar el nivel del páramo literario español zurrando la badana a los jóvenes escritores con pretensiones (y por lo tanto, pretenciosos a ratos). Es lo fácil, y no estoy seguro de que sea lo necesario, lo útil.

Digo esto porque Fresy Cool no me ha gustado, pero creo que su autor es un tipo con mucho talento. Porque me he enfrentado al libro de Mondadori con toda mi honradez (empezando por pagar los 20 eurazos que me costó) y con el lápiz en la mano, no con las ganas de destrozar un concepto de la literatura que no comparto. Con la intuición de que no me gustaría y el deseo de que me gustase.

Lo digo porque si este no fuese el primer libro de J., sería menos amable con él, pero confío en que transite otras vías en el futuro. Vías que, con su talento, quién sabe, podrían derivar en grandes novelas.

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Necesitamos volver a los rusos y relatar durante cientos de páginas la evolución psicológica de sus personajes sin sucumbir al miedo que provoca pensar en la de historias que estamos perdiéndonos por centrar nuestra atención en una sola. Pero tú ya lo sabes: una vez que has irrumpido en el terreno de la metanarrativa, escribir novelas que superen el millar de páginas es solo cuestión de disciplina. Lo difícil siempre es el comienzo, ya sabes, tener quince o veinte personajes definidos.

El resto es como jugar a Los Sims, pero mucho más divertido. (p.78)


Lo dice un personaje de la novela en una de las numerosas referencias autoparódicas, como de poner en duda el propio discurso narrativo de la obra, que pueblan la primera de sus dos partes. Uno, rancio lector de raigambre decimonónica, animaría a J. a, en efecto, volver a los rusos en lugar de regodearse en el lodo de referentes efímeros y excesivamente sofisticados.

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Citábamos antesdeayer a Vila-Matas, que lamentaba las consecuencias que siglo y medio después había traído la proclama de Rimbaud promoviendo no tanto la modernidad, como los modernos.

Malditos, bohemios, beatniks, hippies, hipsters... No puedo con la pose malditista que conocí en aquellos estudiantes de filología con los que compartí aulas. Todos esos aspirantes a Kerouac, a portada de Rolling Stone con Yoko Ono.

J. es en Fresy Cool precisamente un intento de Lennon, con su Yoko particular.

Lola Font bailando en decúbito supino Depeche Mode (p.74)

Y yo, lo siento, no soporto ya esas ganas de epatar. Creo que es esnobismo culturetil trasnochado. Lo dicho por Vila-Matas: llevamos siglo y medio con la matraca y el tema está un poquito desgastado. No quiero más eruditismo chungo, referencias pop para iniciados. Parece que hay que declarar el avance de la narrativa mediante batería de referencias contemporáneas, alta y baja cultura. Tableteo de metralleta. Papapapapá. Pentium. Tratatatatá. Powerpoint. Tracatacatá. Roland Barthes, Levinas, incluso Don Draper, subwoofer...

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La primera parte del libro me gustó. Tiene muchos de los defectos que le encuentro a toda la novela, pero también fuerza narrativa, pulso, se lee rápido, con facilidad a pesar de las abundantes referencias culturalistas. Es excesiva pero subyugante. Fascina ver a un jovencísimo escritor con tantas lecturas, con tan buena pluma. No es tan sencillo escribir cientos de páginas con orden, coherencia e intención sin que se te caiga de las manos.

Sería genial -genialón-, insisto, si J.Rodríguez evolucionase hacia terrenos más convencionales (o aparentemente más convencionales, diría)... Más narrativos. Quizá el género de la novela ya ha evolucionado todo lo que podía evolucionar y ahora basta con manejar esas herramientas, con el lenguaje de la época, jugando con la arquitectura. Creo que tiene talento para ser un gran novelista. Ahora falta que domestique su desmesura. Pienso.

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Uno de los grandes males de la literatura contemporánea, al menos en España, es el abuso del yo narrativo. Lo fácil es hablar de uno mismo. Lo difícil es escuchar, observar, conocer a otras gentes. A la cajera del Condis, al padre de familia conservador, al director de periódico, a la señora que ve Sálvame. Y escribirse decenas de páginas construyendo un personaje a través de sus acciones y sus pensamientos. Todo eso, pasado por el filtro de la visión personal de un autor, sí es interesante. Sí puede ser narrativa de primer orden.

Eso me lleva a sospechar por qué el divorcio entre la sociedad española y su mundo literario, un mundo enclaustrado en esos suplementos culturales que leen cuatro interesados, enredado en vendetas y cuchilladas mezquinas (suponemos que por el deseo de no tener que repartir un pastel menguante entre demasiados), mirándose el ombligo del yo narrativo en lugar de contar la vida normal o la extraordinaria, pero la del resto del mundo. Basta ya de metaficción. Volvamos a los rusos.

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A la mierda el espectador medio, dicen que dijo el creador de una de las recientes series de éxito en la televisión norteamericana (no recuerdo si Los Soprano o The Wire). Algunos creen que eso significa que hay que ser hermético hablando de cosas que solo entienden los listos. Pero no se dan cuenta de que es charleta de grupo de amigotes. Todos tenemos nuestros léxicos familiares, de pandilla... y podemos hablar en claves que solo nosotros entendemos, sintiéndonos superiores. Mi pregunta es si una novela debe ser eso. Joyces solo hay uno.

De verdad, que ya no puedo con la posmodernidad literaria. A ver si pasamos al siguiente post-

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[La crítica literaria en España: eso daría para reflexionar mucho. O es complaciente, o es brutal, y ésta casi siempre desde el anonimato. De ello se habló en el Encuentro de blogs literarios que se organizó en el Medialab Prado hace una semana, del que quizá hable]

2 comentarios:

LauLCH dijo...

http://www.elcultural.es/noticias/LETRAS/2629/Juan_Soto_Ivars-_Quiero_contar_historias_no_abrumar_al_lector

Agus Alonso-G. dijo...

Interesante, aunque esto de los "movimientos literarios" en la España actual daría para más de una parodia...