lunes, 9 de enero de 2012

Recomponerse

Trataba de volver con una pirueta espectacular, con un gol de rabona, a este blog. Tantos meses de ausencia, tanta carencia de talento desde hace tiempo, lo exigían.

Pero uno hace rato que no escribe largo y tendido, más allá de tuits y estados facebookianos; no lee mucho últimamente (las series de televisión, ese vicio); no se dedica a la contemplación lo que debiera. Y eso se paga.

Venía escuchando por la Gran Vía a Bon Iver, banda sonora para caminar en solitario a través de una ciudad superpoblada de soledades coincidentes. Siento que su voz metálica y de apariencia gélida -y paradójicamente, cálida y cercana-, retrata lo que puedo esperar hoy de mi propio extrañamiento, lejano -creo, ni eso sé- de ser pose.

Necesitado de recomposición, me afano en buscar mis piezas debajo de la mesita blanca y simple de Ikea. Venía, por eso, hilvanando un post así, tristón, posmodernusco. Tiznado del esnobismo de la melancolía.

Y pensando en enajenaciones me he lanzado a buscar El extranjero de Camus (ed. de bolsillo Alianza Editorial, 2006, trad. de José Ángel Valente) en la biblioteca, a ver qué subrayé cuando lo leí, en 2007:

Respondí que no me parecía nada, pero que era interesante" (p.36)

Musitó que yo era raro, que sin duda me quería por eso, pero que tal vez un día yo le repugnaría por las mismas razones" (p.46)

Por primera vez, comprendí que era culpable" (p.93)

Incluso en un banquillo de acusado es interesante oír hablar de uno mismo" (p.100)

Qué me importaban la muerte de los otros, el amor de una madre, qué me importaba su Dios, las vidas que uno escoge, los destinos que uno elige, puesto que un solo destino debía elegirme a mí y conmigo a miles de millones de privilegiados que, como él, se decían mis hermanos" (p.123)

Luego he rebuscado entre los archivos de este blog -ya más de cinco años- para recordar cuál fue mi experiencia de lectura del libro de Camus y del artículo crítico de Vargas Llosa sobre la novela, que casi me gustó más que esta.

Trato de recomponerme y necesito rastrear el yo que he sido, el yo que soy, el que seré. Y de pronto descubre uno que este blog es testimonio de una continuidad, de ese carácter lineal de la Historia que muchos quieren aniquilar. Esta tuerca de vuelta es de algún modo medicación contra el alzheimer emocional.

En estos tiempos de hiperenlaces y vídeo on demand podríamos pensar que ya no es ni siquiera una circularidad nietzscheana la alternativa, sino un zigzagueo loco, el viaje de un neutrino por varios universos paralelos lo que se aproxima más a esta realidad que nos ocupa.

Y sin embargo, me leo, escribiendo un 4 de octubre de 2007, y me reconozco en ese yo mismo que ya no soy del todo, que ya es muy diferente. Me enorgullezco de la coherencia que encuentro en estas páginas. Siempre los mismos temas, las mismas obsesiones, una de ellas, por encima, ese temor a que falten las columnas vertebrales que nos explican.

Ahora que vuelvo a este testaferro de mi experiencia, ahora que empieza un nuevo año, más que recomponerme, me reanudo.

"En el fondo de todos nosotros hay un esclavo nostálgico, un prisionero que quisiera ser tan espontáneo, franco y antisocial como es él", dice Vargas Llosa de Mersault. La tentación del cinismo es poderosa, por las heridas nuestras y las que hemos infligido. Pero gritamos con esperanza: Non praevalebunt.