domingo, 2 de diciembre de 2012

Notas al pie

  • Tus sentimientos no son más sofisticados porque seas consciente de ellos.
  • En el hombre, el desaire amoroso tiene más de desaire que de amoroso.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Los yos moribundos

Me escribes desde el frío norte de Europa:
"Creo que este año va a ser un año decisivo y de grandes cambios en mi vida y lo veré a largo plazo, cuando mire atrás veré este 2012 como ese año extraño y difícil. Pero al final será a mejor, supongo y espero. Según mi querido Proust (esta semana he sentido la necesidad imperiosa de volver a él, pero no a pequeños escritos o ensayos sobre él, sino a los siete tomos del tiempo perdido again para llegar al último, a ese Tiempo Recobrado), los cambios son la convivencia del yo viejo que muere y del yo nuevo que nace. Y duelen porque sentimos pena del yo moribundo, hasta que muere del todo y ya no sentimos más pena porque somos el yo nuevo... Creo que no estoy del todo de acuerdo, no me gusta matar del todo a mis yos viejos, ¡pobres! Pero en fin, en este caso supongo que se une la incertidumbre y que el yo nuevo no termina de cobrar forma definida..."
A pesar del correo electrónico, el género epistolar no ha muerto del todo. Laus Deo!

domingo, 28 de octubre de 2012

Treintena

"Treinta años: la promesa de una década de soledad, una lista menguante de solteros por conocer, una reserva menguante de entusiasmo, pelo menguante. Pero a mi lado estaba Jordan, que, a diferencia de Daisy, era demasiado lista para arrastrar de una época a otra sueños olvidados" (Francis Scott Fitzgerald, El gran Gatsby, ed. Anagrama, col.Compactos, trad. de Justo Navarro, 2012, p. 145)

Cómo cambian los tiempos. Los treinta, amigo Carraway, son ahora una selva de oportunidades que se levanta ante uno, con toda su frondosidad entusiasmante. Lo es para mí, al menos.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Vivir es cambiar (o una de leve morriña)

Aquella visión le abismó en intuiciones sobre la Creación que nunca le había provocado la Capilla Sixtina. Hablamos de un viernes. Doce de octubre. Pero creo que la fecha solo podrá importar ya como una boya en el mar de la memoria. Cuando pasen los años dirá, sí, "recuerdo, qué felicidad, aquel puente de la Hispanidad en Galicia" o "aquella cachondísima conversación sobre horóscopos fue, cómo olvidarlo, un sábado 13 de octubre, cuando la ebria centollada en el bar de Manolo" o "la miré con deseo y algo más al arrimarnos ya al crepúsculo de aquel domingo soleado y la luz del sol, oblicua, se balanceaba en el aire como un botafumeiro, esparciendo a cada lado del crucero de la tarde compostelana su aroma a otoño". Lo dirá, sí, pero ¿acaso una hoja de calendario concreta es capaz de incoar la felicidad que aquel día se produjo?

Hablamos de un viernes 12 de octubre, pero esa fecha será exclusivamente un ancla en el tiempo para un gurruño de emociones a las que volver como una abuelita que teje. ¿O acaso porque era viernes o porque era 12 de octubre recibió la suave bofetada de felicidad que supone sentir la belleza extrema de la naturaleza, contemplando Fisterra y el horizonte desde el mirador de Ézaro? ¿O quizá solo porque era domingo se sintió completamente purificado en un rincón de la catedral por la confesión sacramental, de la que son imagen todas las confesiones de hombre a hombre, también la petición de perdón que dos días antes había balbuceado a altas horas de la noche en La Flor como un vómito de orgullo necesario? No. No era el día de la semana, ni era tampoco el almanaque, los responsables de conectar como nunca con la buena amiga, el gran amigo a los que no le dio ninguna vergüenza abrazar.

Y, sin embargo, hablamos del tiempo porque no hay otra. Nos hacemos la ilusión de que nada cambiará; jugamos a que todo será igual. Pero sabemos que no será así precisamente porque hay días y semanas en el calendario. Porque hay timeline en Facebook, esa imagen contemporánea del tempus fugit, y álbumes de fotos: ahí sales con bigote o con barba o lampiño, o calvo, y ahí más gorda o menos o esbelta o con el pelo corto cortito.

Cuando hacemos este tipo de viajes, y mientras todavía los saboreamos, queda en torno a nuestros labios emocionales la estela blancuzca de la sospecha, la de que tal vez no volvamos a pasar días tan plenos con quienes hemos sentido entonces tan cerca. La de que quizá pasado mañana las puñeteras hormonas, caprichosos astros que se conjuntan al albur de no se sabe qué influencias, nos hundan en la nada. La de que volveremos a caer en los errores por los que nos condenamos a cierto ostracismo de nosotros mismos. La de que quizá no estemos dispuestos otra vez a dar tanto afecto, tanta sonrisa. Y a recibir tantas cosquillas de la vida, de la vida con el resto de personas, valga la redundancia.

Stay the same, don't ever change / 'Cause I’d miss your ways / With your Bette Davis eyes / And your mama's party dress... Hay que hacerse el propósito, pero por mucho que te empeñes no serás la misma, el mismo. Aunque para rescatarnos de esta agridulce melancolía sale a nuestro encuentro el inefable Cardenal Newman: "En un mundo superior puede ser de otra manera, pero aquí abajo, vivir es cambiar y ser perfecto es haber cambiado muchas veces". Y así es más fácil enjugar la lágrima apenas apuntada.



martes, 9 de octubre de 2012

95%


La odiaba, ancha, con aquel montículo en el tabique que las fotos de perfil subrayaban. Y al odiar su nariz, se odiaba un poco a sí misma.

No comprendía que esa nariz imperfecta era el martillazo que Miguel Ángel le asestó al Moisés -"parla!"-, de tanta insultante belleza.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Edna O'Brien, sobre amor y sexo

"Sí, hay cosas que han cambiado para mejor: las mujeres no son ganado, expresan su derecho a que se les pague lo mismo que a los hombres, a ser respetadas, a no ser 'el segundo sexo'; pero en la cuestión del emparejamiento las cosas no han cambiado nada. La atracción y el amor sexual no son un impulso de la conciencia, sino del instinto y la pasión, y en este aspecto los hombres y las mujeres son radicalmente distintos. El hombre aún sigue teniendo mayor autoridad y mayor autonomía. Es algo biológico. El destino de la mujer es recibir el esperma y retenerlo, y el del hombre, en cambio, consiste en darlo, y en esa entrega se agota, de ahí que a continuación se retire. Mientras ella, en cierto sentido, está siendo alimentada, él, por el contrario, está siendo vaciado, y, para resucitarse a sí mismo, procede a una huida temporal. Como consecuencia de todo ello, tenemos el resentimiento de la mujer, al verse abandonada, aunque sea por poco tiempo, y el sentimiento de culpabilidad de él, porque se aparta; y, sobre todo, su sentido innato de la autoprotección, por el que tiene que volver a encontrarse, para una nueva afirmación de sí mismo. La unión, pues, nunca pasa de relativa. El hombre puede ayudar a fregar los platos, etcétera, pero siempre anda con la mirada en otro sitio, y su compromiso es más ambiguo. 
ROTH: ¿No hay mujeres igualmente promiscuas? 
O´BRIEN: A veces las hay, pero no tienen la misma sensación de haber conseguido algo. Me atrevo a decir que la mujer es capaz de un amor más profundo y más duradero. A lo cual añado que la mujer siempre tiene más miedo de que la dejen. Eso sigue siendo así. Vaya usted a cualquier cantina de mujeres, a la sección de ropa de mujer, a la peluquería, al gimnasio, y encontrará muchísima desesperación y muchísima competencia. La gente se desgañita gritando eslóganes, que se quedan en eso, en meros eslóganes: lo que de veras nos determina es lo que sentimos y hacemos. Las mujeres no están más seguras en sus emociones de lo que estaban antes. Lo que pasa es que ahora se las arreglan mejor con ellas. La única verdadera seguridad consistiría en apartarse de los hombres, desprenderse de ellos, pero eso equivaldría a una pequeña muerte... Al menos para mí." (Conversación de 1984 incluida en El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras, de Philip Roth, Ed.Seix Barral, 2008, trad. de Ramón Buenaventura, pp.150-151)

sábado, 29 de septiembre de 2012

Aforismos

Garabateo aquí un par de aforismos que corren el riesgo de perderse en el torrente de las redes sociales. (Y curioso cómo el blog, que ya nos parecía algo efímero con respecto a los libros, nos parece un soporte con más voluntad de permanencia que Facebook o Twitter; ¡este torbellino de aceleración en el que nos encontramos!)

  • La ciudad se disfraza de renacimiento italiano con todos esas cupulillas danzantes en forma de paraguas


  • La literatura es usar más palabras de las necesarias y que parezca que son solo las justas

jueves, 27 de septiembre de 2012

El comienzo de una novela

You, you still have all the answers / and you, you still have them too / and we, we live half in the day time / and we, we live half at night
 
"Hay noches en blanco como hay papeles en blanco. Preñadas de promesas de aventura, de historias y de éxitos. 
En Madrid, como en cualquier gran ciudad, hay noches en blanco que terminan en un blanco insoportable, casi de taquicardia; noches que frustran a cualquiera con su inanidad, que nos hacen sentir los más miserables y patéticos del mundo. Noches que invitan a la eutanasia, al menos social.
Pero también hay noches historiadas como incunables de Liébana, noches miniadas con sus episodios literaturizables, con sus meandros y recovecos, llenos de inteligencia y sorpresa, de matices y risas, noches plagadas de acontecimientos más o menos extraordinarios, y también, claro, con sus momentos tristes o incluso devastadores. Noches de novela.
Queremos suponer, pues, que esta era una de ellas." (Julio Penabaz, El día [en] que murió Steve Jobs, Ed.Melifluas, 2013, p.1)

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Sobre todo cuando se es gerente



"Me he pasado casi treinta años trabajando en una fábrica, y debo reconocer que no hay incompatibilidad entre ser químico y ser escritor; de hecho, hay una especie de mutuo refuerzo. Pero la vida en una fábrica, sobre todo cuando se es gerente, abarca otras muchas cuestiones, muy alejadas de la química: contratar y despedir obreros, pelearse con el jefe, los clientes, los proveedores; ocuparse de los accidentes; que lo llamen a uno por teléfono, incluso en plena noche, o en mitad de cualquier celebración; lidiar con la burocracia; y muchas otras tareas de esas que le destruyen a uno el alma. Todas esas ocupaciones, en conjunto, son brutalmente incompatibles con la práctica de la literatura, que requiere una cierta tranquilidad de ánimo. De modo que para mí fue un inmenso alivio cuando alcancé la edad de la jubilación y pude dejar el trabajo, renunciando a mi alma número uno" (Primo Levi, en su conversación con Philip Roth en El oficio: un escritor, sus colegas y su obra, Ed.Seix Barral, 2008, Trad. de Ramón Buenaventura, p.20)
De esas que destruyen a uno el alma. O, como mínimo, la energía. Como dementores. Brutalmente incompatibles con la práctica de la literatura. Y es, precisamente ahí, cuando surge la admiración ante este gerente capaz de escribir las que parece son algunas de las mejores obras del siglo XX. Bravo.

Me ha llamado la atención, por cierto que, en una pregunta, Roth comenta algo que el propio Levi cuenta en El sistema periódico. Sus "antepasados judíos, que llegaron del Piamonte, procedentes de España, pasando por Provenza, en 1500". Los supongo judíos expulsados. Y me surgía inmediata la consideración: "Cuánto talento a lo largo de los siglos que quedaban por venir expulsado con los judíos en 1492".

martes, 25 de septiembre de 2012

Momentos memorables desde el 1 de julio de 2011

Llevo queriendo escribir este post desde el 1 de julio de 2012. Se cumplían entonces doce meses de mi partida hacia el otro lado del charco. Nueva York. Acababa -en ese verano de 2011- de dejarlo con mi novia. Mi primera novia. No era necesario ser muy avispado para sospechar que un ciclo se abría en mi vida.

He tardado casi otros tres meses en escribir el post y pierde así su carácter de balance al hilo de una fecha redonda. Quería ser un a modo de listado infantil, de cuaderno de espiral y hojas cuadriculadas, o de moleskine. Un apunte coixetero. "Experiencias memorables". Un diario pueril para que, después de destilarlas, las gotas más intensas al menos no se pierdan. Perdonadme la hoja de diario en código, el exhibicionismo sin poesía de estos, para mí, sublimes ratos. O conceptos. O emociones.

Cosas como descubrir a los Fleet Foxes, gracias a Edu. Y eso aunque su concierto en La Riviera me resultó musicalmente anodino.

Como rezar a solas el rosario en Santa María la Mayor después de un fin de semana de sentimientos evanescentes y peliculeros a lo Antes del amanecer en Roma. Y subir en bici la Tercera Avenida de Nueva York desde el puente de Brooklyn bajo una torrencial lluvia de agosto. Y ser stendhalianamente abofeteado por el renacimiento italiano en la galería de los Uffizi. O charlar hasta las tres de la mañana sentados a la orilla de un canal de Amsterdam con su pierna sobre mi muslo antes de volverme a oscuras sorteando bicicletas.


Como una Semana Santa tranquila en Madrid, con sus oficios en el convento de la Encarnación y su pacífica soledad. Y una Nochevieja trimembre que terminó acompañada por trufas que resultaron ser de marihuana.

Y tomar anís etíope en el comedor de la misión de Saint Mary después de cenar tras un día lleno de actividades. E incluso cantar canciones populares en euskera.

Como llevarla dormida en brazos a la cama y arroparla antes de abandonar la casa de puntillas. Quizá nunca volvió a ser tan cariñosa y por eso lo propio y caballeroso es recordarla así. Inocente y feliz.

Como escuchar música de Perales en un deli del East Side de Nueva York a las dos de la madrugada y cantarla a grito pelado con la dependienta hondureña.

Y sentir la cabeza de Eleanor Friedberger sobre el pecho después de un concierto memorable en la Sala Sol del que no esperaba nada.

Como la boda en Denia de un amigo que es un hermano. Y descubrir que sí, que leer novelas y ver cine acaban haciendo que la vida nos sorprenda con puntos de giro muy de Hollywood.

Y toda esa maraña de tardes y noches, de comidas, cenas, cafés, copas y noches, y conversaciones de Whatsapp, que se acumulan para formar la pelusa enofestivalera que ha sido el esqueleto, quizá endeble como la pelusa -no lo creo-, pero real, de estos doce, ya quince meses. Madre mía, qué quince meses.

Y ya me perdonaréis el jeroglífico. Las palabras a medias. El pellizco de monja a vuestra curiosidad. Pero esta vez, por una vez, creo que el 94% del post está escrito para mí. Solo para mí.

lunes, 24 de septiembre de 2012

El trabajo bien hecho y la dignidad humana


"En Auschwitz tuve ocasión de observar con alguna frecuencia un curioso fenómeno. La necesidad del lavoro ben fatto -el trabajo bien hecho- es tan fuerte, que empuja a gente a cumplir su cometido incluso en situaciones de esclavitud. El albañil italiano que me salvó la vida dándome de comer durante seis meses, de tapadillo, odiaba a los alemanes, su comida, su lengua, su guerra; pero cuando lo pusieron a levantar paredes, las levantó rectas y sólidas, no por pura obediencia, sino por dignidad profesional" (Primo Levi, en su conversación con Philip Roth en El oficio: un escritor, sus colegas y su obra, Ed.Seix Barral, 2008, Trad. de Ramón Buenaventura, p.16)

sábado, 22 de septiembre de 2012

Equinoccial

"La noche tenía esa emoción misteriosa que se siente en los cambios de estación" (Francis Scott Fitzgerald, El gran Gatsby, ed. Anagrama, col.Compactos, trad. de Justo Navarro, 2012, p. 121)

Panfleto anarquista: por el colapso



"All the way from where we came / Built a mansion in a day / Distant lightning, thunder claps / Watch our neighbor's house collapse / Looked the other way / And then the storm was overhead / All the oceans boiled and rivers bled / We auctioned off our memories / In the absence of a breeze / Scatter what remains, / Scatter what remains!"
Desparrama lo que queda. Sí. Desparrama lo que queda.

Se habla mucho estos días, estos meses, esta era, esta glaciación, de rescates. Rescate a los bancos y rescate al sistema financiero, básicamente. Desde mi ignorancia, desde mi simpleza de profano -no hay falsa modestia aquí-, me pregunto por qué. Me pregunto si ese sistema tiene que ser salvado. Si, dentro de lo pésimo, no es mejor tocar fondo.

Me he hartado de escuchar a nuestros gobernantes un argumento que se compra fácil. Comparando el estado con una familia, repiten que "no se puede gastar más de lo que se ingresa". Suena obvio. Sencillo de captar.

Luego, eso sí, las cajas de ahorro quiebran por la irresponsabilidad y en ocasiones el fraude a sabiendas de quienes las pilotaban y en lugar decir ese Papá Estado: hijo mío, has dilapidado la herencia y encima has engañado, toca pagar, depurar, pasar hambre, quizá ir a la cárcel, asumir que todos esos fondos que invertiste en el casino se han ido por el sumidero, en lugar de eso, rompen el cerdito con los ahorros de toda la familia para salvar el culo de las inversiones que durante un tiempo tan buenos dividendos le había dado.

Claro que cuando de dirigentes de cajas (políticos y sindicatos, valga la redundancia) se trata, entonces la familia se convierte en famiglia. Para proteger a su ganado de incompetentes, hay que aplicar la evangélica parábola del hijo pródigo, aunque sea a costa de expoliar lo ahorrado por el conjunto.

No es la primera vez que muestro mi desaliento de corte existencial en este rincón. Lo que siento ahora lo considero casi anarquismo indiferente. Que no lo es. Pero empiezo a sospechar que el camino es el colapso, e incluso que hay que acelerar el proceso de esa caída.

Tienen estas palabras aromas rancios de revolución ya fracasada. De peligrosas utopías. Lo sé. Y quizás sean frívolas. Lo que resulta frustrante, no al nivel de un campesino ruso que muere de hambre mientras el zar se lo pasa pipa, vale, pero frustrante al fin y al cabo para nuestro umbral de hartazgo, es el abofeteamiento al que los miembros de esta sociedad (anestesiada durante mucho tiempo, no hay que negarlo) estamos siendo sometidos por los poderosos. Por los pecados individuales de muchas personas, sí. Pero también por una estructura en la que lo que cuenta es crecer, cuando crecer es consumir y producir más.

Ante eso, el conservadurismo en la respuesta es parte del problema. (¡Nada de revoluciones! ¡Pancarteros! ¡Melenudos y ruidosos!: a veces las estructuras de orden pueden convertirse en el abuso por parte de los débiles, que no sé si lo dijo Nietzsche, pero le pega.)

Lo triste, por otra parte, es que las propuestas alternativas que más eco tienen son fantasmas del pasado, castillos en el aire ya ruinosos después de todo un siglo. Como si toda la crisis de estructuras no fuese efecto del cóctel perfecto entre la socialdemocracia más bienestarizada y el capitalismo más liberal.

No creo en las utopías. Creo en la responsabilidad personal y en la falibilidad del ser humano y de todas las estructuras que crea. Creo en el adagio que los teólogos enunciaban de la Iglesia: semper reformanda. Y eso aplicado a personas y estructuras. Pero creo que a veces las reformas requieren amputaciones o incluso el derrumbe de un puñado de tabiques.

Me voy a dormir, que estoy empezando a confundir cansancio con tristeza.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Libro de citas: El nombre de la rosa

Umberto Eco, El nombre de la rosa, Futura (Lumen), edición digital Kindle:
"Transcribo sin preocuparme por los problemas de la actualidad. En los años en que descubrí el texto del abate Vallet existía el convencimiento de que sólo debía escribirse comprometiéndose con el presente, o para cambiar el mundo. Ahora, a más de diez años de distancia, el hombre de letras (restituido a su altísima dignidad) puede consolarse considerando que también es posible escribir por el puro deleite de escribir. Así, pues, me siento libre de contar, por el mero placer de fabular, la historia de Adso de Melk, y me reconforta y me consuela el verla tan inconmensurablemente lejana en el tiempo (ahora que la vigilia de la razón ha ahuyentado todos los monstruos que su sueño había engendrado), tan gloriosamente desvinculada de nuestra época; intemporalmente ajena a nuestras esperanzas y a nuestras certezas" (Subrayado Pos. 172-78  | Añadido el viernes 10 de agosto de 2012 08H24' GMT)
"Hasta entonces había creído que todo libro hablaba de las cosas, humanas o divinas, que están fuera de los libros. De pronto comprendí que a menudo los libros hablan de libros, o sea que es casi como si hablasen entre sí. A la luz de esa reflexión, la biblioteca me pareció aún más inquietante. Así que era el ámbito de un largo y secular murmullo, de un diálogo imperceptible entre pergaminos, una cosa viva, un receptáculo de poderes que una mente humana era incapaz de dominar, un tesoro de secretos emanados de innumerables mentes, que habían sobrevivido a la muerte de quienes los habían producido, o de quienes los habían ido transmitiendo" (Subrayado Pos. 5761-66  | Añadido el miércoles 15 de agosto de 2012 14H11' GMT )
"—¿O sea que no tenéis una única respuesta para vuestras preguntas?
—Si la tuviera, Adso, enseñaría teología en París.
—¿En París siempre tienen la respuesta verdadera?
—Nunca, pero están muy seguros de sus errores.
—¿Y vos? —dije con infantil impertinencia—. ¿Nunca cometéis errores?
—A menudo —respondió—. Pero en lugar de concebir uno solo, imagino muchos, para no convertirme en el esclavo de ninguno."  (Subrayado Pos. 6156-62  | Añadido el miércoles 15 de agosto de 2012 14H34' GMT)
"Para poder inventar libremente hay que ponerse límites. En poesía, los límites pueden proceder del pie, del verso, de la rima, de lo que los contemporáneos han llamado respirar con el oído… En narrativa, los límites proceden del mundo subyacente. Y esto no tiene nada que ver con el realismo (aunque explique también el realismo). Puede construirse un mundo totalmente irreal, donde los asnos vuelen y las princesas resuciten con un beso: pero ese mundo puramente posible e irreal debe existir según unas estructuras previamente definidas (hay que saber si es un mundo en el que una princesa puede resucitar sólo con el beso de un príncipe o también con el de una hechicera, o si el beso de una princesa sólo vuelve a transformar en príncipes a los sapos o, por ejemplo, también a los armadillos)" (Apostillas a El nombre de la rosa, subrayado Pos. 10184-90  | Añadido el jueves 16 de agosto de 2012 23H55' GMT)
"Después de haber leído el manuscrito, los amigos de la editorial me sugirieron que acortase las primeras cien páginas, porque les parecía que exigían demasiado esfuerzo y se leían con dificultad. No vacilé en negarme, porque, sostuve, si alguien quería entrar en la abadía y vivir en ella siete días, tenía que aceptar su ritmo. Si no lo lograba, nunca lograría leer todo el libro. De allí la función de penitencia, de iniciación, que tienen las primeras cien páginas; y si a alguien no le gusta, peor para él: se queda en la falda de la colina. Entrar en una novela es como hacer una excursión a la montaña: hay que aprender a respirar, coger un ritmo de marcha, si no todo acaba enseguida. En poesía sucede lo mismo. Piensen en lo insoportables que resultan los poetas recitados por actores que, para «interpretar», no respetan la medida del verso, hacen enjambements recitativos como si hablasen en prosa, siguen el contenido en lugar del ritmo. Para leer una poesía escrita en endecasílabos y tercetos hay que adoptar el ritmo cantado que quería el poeta" (Apostillas a El nombre de la rosa, subrayado Pos. 10327-35  | Añadido el viernes 17 de agosto de 2012 00H03' GMT)

sábado, 15 de septiembre de 2012

De El cero y el infinito

"En su autobiografía dijo, con justicia: "Arruiné la mayor parte de mis novelas por mi manía de defender en ellas una causa; sabía que un artista no debe exhortar ni pronunciar sermones, y seguía exhortando y pronunciando sermones" (Mario Vargas Llosa en el prólogo a El cero y el infinito, de Arthur Koestler, p.9;  Ed. Debolsillo, julio de 2011, trad. de Eugenia Serrano Balanyà)
"Obrando lógicamente por el interés de generaciones venideras, hemos impuesto tan terribles privaciones a la generación presente que la duración media de su existencia ha disminuido en una cuarta parte. Con el fin de defender la existencia del país, debemos tomar medidas excepcionales y hacer leyes de transición, contrarias por completo a los fines de la Revolución. El nivel de vida del pueblo es inferior al que tenía antes de la Revolución; sus condiciones de trabajo son más duras, la disciplina es más inhumana, la jornada y exigencias peores que en las colonias donde se emplean culíes indígenas; hemos hecho llegar hasta los niños de doce años la pena capital; nuestras leyes sexuales son más mezquinas que las de Inglaterra; nuestro culto al Jefe, más bizantino que en las dictaduras reaccionarias. Nuestra Prensa y nuestras escuelas cultivan el patriotismo de campanario, el militarismo, el dogmatismo, el conformismo y la ignorancia. El poder arbitrario del Gobierno es ilimitado y no tiene ejemplo en la Historia; las libertades de Prensa, opinión y movimiento han desaparecido completamente entre nosotros, como si la Declaración de los Derechos del Hombre no hubiera existido jamás. Hemos montado el más gigantesco aparato político, en el que los confidentes han venido a ser una institución nacional, y lo hemos dotado con el sistema más refinado y científico de torturas mentales y físicas. Conducimos a las gimientes masas a latigazos hacia una felicidad teórica y futura que nosotros somos lo únicos en entrever. La energía de esta generación está agotada, se ha disipado en la Revolución; pues esta generación está completamente desangrada y ya no queda de ella más que un pingajo de carne de sacrificio que yace en su torpor... Éstas son las consecuencias de nuestra lógica. Tú has llamado a esto moral viviseccionista. A mí me parece que los investigadores han desollado viva a la víctima y la han dejado de pie, con sus tejidos, sus músculos y sus nervios al aire..." (p.191, El cero y el infinito, etc.)
Arthur Koestler era un comunista convencido en los años 1930. Su gran novela de tesis en contra del régimen soviético fue publicada en 1941. Su mensaje sigue siendo un aviso para navegantes.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Dos citas y un zasca! de Rilke

El arte como fruto de la necesidad:
"Si de ese volverse hacia su interior, de esa inmersión en el mundo propio surgen versos, entonces no pensará usted en preguntar a alguien si son buenos versos. Tampoco intentará usted que las revistas se interesen por esos trabajos, pues verá usted en ellos su más querida y natural propiedad, un fragmento y una voz de su vida. Una obra de arte es buena cuando nace de la necesidad" (Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta; p.25; Ed. Hiperión, 2010, trad. de Jesús Munárriz)
Un canto feminista (y personalista):
"Las mujeres, en las que la vida se demora y habita de una manera más inmediata, más fecunda y más confiada, deben haberse transformado en el fondo en personas más maduras, en personas más humanas que el ligero varón, al que no le obliga a sumergirse bajo la superficie de la vida el peso de ningún fruto de su cuerpo, y que, arrogante y apresurado, menosprecia lo que cree amar. Esta humanidad de la mujer, llevada a término entre dolores y humillaciones, saldrá a la luz cuando haya eliminado los convencionalismos de lo exclusivamente femenino en las transformaciones de su condición externa, y los hombres, que aún no llegan a sentirlo hoy, quedarán sorprendidos e impresionados con ello. (...) Algún día existirá la hembra y la mujer cuyo nombre ya no signifique sólo lo contrario de lo masculino, sino algo en sí mismo, algo que no haga pensar ni en completarlo ni en sus límites, sino sólo en su vida y existencia: la persona femenina." (Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta; p.97, carta de 14 de mayo de 1904; Ed. Hiperión, 2010, trad. de Jesús Munárriz)
Un zas en toda la boca:
"También el arte es sólo una forma de vida, y uno puede prepararse para él, viviendo de cualquier manera, sin saberlo; en cualquier cosa que sea real se está más cerca y se es más vecino de él que en las profesiones semiartísticas e irreales que, aparentando cierta proximidad al arte, en la práctica niegan y combaten la existencia de cualquier arte, como lo hace la totalidad del periodismo, y casi toda la crítica, y tres cuartas partes de lo que se llama y se quiere llamar literatura"  (Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta; p.129; Ed. Hiperión, 2010, trad. de Jesús Munárriz)

martes, 11 de septiembre de 2012

La hora más silenciosa de la noche


"Investigue usted el motivo que le impulsa a escribir; averigüe si extiende sus raíces hasta lo más profundo de su corazón, compruebe si se moriría por fuerza si no le fuera permitido escribir. Y sobre todo, esto: pregúntese a sí mismo en la hora más silenciosa de la noche: ¿debo escribir? Excave en sí mismo en busca de una respuesta profunda. Y si esta resulta ser afirmativa, si tiene usted que salir al encuentro de esta seria pregunta con un fuerte y sencillo "Debo", entonces construya usted su vida conforme a esta necesidad; su vida debe ser, aun en su hora más indiferente e insignificante, señal y testimonio de ese impulso. Después acérquese a la naturaleza. Entonces intente decir, como si fuera el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde. No escriba poemas de amor; rechace usted al principio aquellas formas que son demasiado habituales y corrientes: ésas son las más difíciles, pues se necesita una gran fuerza y madurez para dar algo propio donde existen ya cantidad de buenos y en parte brillantes textos que han llegado hasta nosotros. Por tanto, prefiera usted a los motivos generales los que le ofrece su propia vida cada día; describa sus tristezas y anhelos, los pensamientos fugaces y los anhelos, los pensamientos fugaces y su fe en algún tipo de belleza... describa usted todo eso con una íntima, callada y humilde sinceridad y utilice para expresarse las cosas de su interno, las imágenes de sus sueños y los temas de su recuerdo. Si su vida cotidiana le parece a usted pobre, no le eche la culpa a ella; acúsese a sí mismo, dígase que no es usted suficientemente poeta para convocar a sus riquezas; pues para quien es creador no existe la pobreza ni lugar alguno pobre o indiferente" (Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta; p.23; Ed. Hiperión, 2010, trad. de Jesús Munárriz)
Y siendo impresionante y verdadera la última afirmación, se me ocurre que es también peligrosa. Por cuanto puede ser esgrimida por quienes pretenden en ocasiones negar un estado de cierta infelicidad vital para perpetrar esos estados de Facebook de una exaltación inversamente proporcional a su desazón y carentes de toda verdadera poesía. Lo que yo llamo paulocoelhadas.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Evocación

Como la superficie del agua refleja la realidad en diferentes versiones según la golpee la luz o se agite, me ofrecía hoy el rostro bellísimo de Rachel Weisz desde la pantalla de cine los ecos de mujeres conocidas, bellísimas todas, claro. La película era la recomendable The Deep Blue Sea, de Terence Davies, ahora en cartelera en España.

Dulce ha sido el sobresalto cuando, tras una sonrisa, al fondo de sus tremendos ojos oscuros, aparecías tú, precisamente tú.



sábado, 8 de septiembre de 2012

Emoción poética en el mercado

En sus cartas a Franz Xaver Kappus, Rilke pondera la naturaleza como fuente de inspiración para la poesía. Se ha alejado por enfermedad de París, "donde todo resuena y se extingue de otro modo a causa del estruendo que hace retemblar todas las cosas" y le dice que "si se atiene usted a la naturaleza, a lo que hay en ella de sencillo, a lo pequeño, que casi nadie ve, y que tan imprevisiblemente puede transformarse en grande e inconmensurable; si siente usted este amor por lo pequeño e intenta ganar con toda sencillez, como quien presta un servicio, la confianza de lo que parece pobre, entonces todo se volverá más fácil, más homogéneo y de algún modo más reconciliador, tal vez no en el entendimiento, que se echa hacia atrás asombrado, sino en su más íntima conciencia, vigilia y saber".


Me he acordado esta mañana de Rilke cuando el pollero del mercado de Mostenses me fileteaba un par de pechugas de pollo. No te rías porque no bromeo.

Es verdad que la naturaleza en su pequeñez es hermosísima. A mí me habla de Dios, Eterno Escultor, o Eterno Pollero, también, por qué no. Pero en nuestro esfuerzo prometeico de imitación de la naturaleza, qué narices, mujeres y hombres también logramos altas cotas de perfección a través de la técnica (sea arte o mecánica). Obras que conmueven el ánimo del que observa y le provocan un temblor.

Cuando esa experiencia intuitiva tiene lugar en un entorno tan aparentemente hostil a la belleza como un mercado y mientras se hace la compra en chándal y playeras, se recibe si cabe con mayor alegría, como un don inmerecido. "tan vertical, tan gracia inesperada, tan dádiva caída, que no puedo creer que sea para mí" (Pedro Salinas).

Y ahí estaba yo, mañana de sábado sin resaca, paráfrasis de lo que seguramente sea el Paraíso, cogiendo mi tique [sic RAE dicet] de la carnicería, esa que de tan buenos medallones de solomillo me ha surtido (también daría para tres o cuatro églogas urbanas el buen trabajo del trío que atiende su mostrador), y aprovechando la espera para bajar a la planta sótano y hacerme con algo de pollo. Con prisas.

Qué bien, nadie espera. Finiquitemos esto y a otra cosa mariposa, que el sábado está lleno de promesas. Le pido tres muslos deshuesados. "¿Muslos o contramuslos?", me dice con cierta altanería que un capullo -yo mismo con menos horas de sueño- leería con mala leche racista: estos sudacas. En cambio, veo en la pregunta la guía del maestro que sabe lo que quiero. Yo, neófito del mundo doméstico, comprendo que sí, que lo que quiero son contramuslos. "¿Algo más, hermano?". Coge las pechugas, brillantes, orondas, y las pone sobre el papel plástico de envolver. Las corta cuidadosamente y las despliega como quien prepara el pañal para su hijo, o como quien disecciona una rosa. Llega entonces la epifanía y el día tiene otra pintura. Nos vamos a casa felices y hasta envolver la carne picada para el congelador tiene algo de espectáculo de Circo del Sol, de natación sincronizada.

He titulado esta entrada "Emoción poética en el mercado". Sería más exacto decir "Poesía en el mercado", porque, como decía Chesterton, "enamorarse es más poético que ponerse poético" y el mimo con el que mi pollero fileteaba las pechugas mientras me preguntaba si quería algo más, "hermano" (y realmente lo he percibido así, fraternalmente), es más poético, o más hermoso, que yo emocionándome con ello, aunque alguno diga que todo esto no existe más que en la sensibilidad del que observa. Supongo que con este pequeño homenaje, uno solo quiere eternizar ese bello momento o cantar "que son manos como esa, que es esa mezcla trascendental de belleza ética y estética, lo que sostiene el mundo" (y aquí, Eduardo Laporte, me autocito). También -o sobre todo- al hacer filetes de una pechuga de pollo.

[*La cita de Rilke es de Cartas a un joven poeta; pp.49-50; Ed. Hiperión, 2010, trad. de Jesús Munárriz]

viernes, 7 de septiembre de 2012

Inefabilidades

"Las cosas no son todas tan comprensibles ni tan fáciles de expresar como a menudo se nos quisiera hacer creer, la mayor parte de los acontecimientos no se pueedn enunciar, suceden en un espacio que no ha hollado nunca una palabra, y los más indecibles de todos son las obras de arte, existencias llenas de misterio cuya vida es perdurable, frente a la nuestra, perecedera."  (Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta; p.19; Ed. Hiperión, 2010, trad. de Jesús Munárriz)
Me gusta decir que las cosas más importantes de la vida son las más inexplicables. El acceso a las cosas más nucleares es más intuitivo que empírico.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Madrid, zona de silencio

“¿Queréis hacer una obra intelectual? Empezad por crear dentro de vosotros una zona de silencio, un hábito de recogimiento, una voluntad de desprendimiento, de desapego, que os haga disponibles por entero para la obra; adquirid ese estado de ánimo, libre del peso del deseo y de la propia voluntad, que constituye el estado de gracia del intelectual. Sin ello, no haréis nada o, al menos, nada que valga la pena. 
El intelectual no es hijo de sí mismo; es hijo de la Idea, de la Verdad eterna, del Verbo creador y animador inmanente a su creación. Cuando piensa bien, el pensador sigue de cerca las huellas de Dios, no sigue su propia quimera. Cuando tantea y se bate en el esfuerzo de la búsqueda, se asemeja a Jacob luchando con el ángel y haciéndose ‘fuerte contra Dios’” (p. 6; Prólogo a la segunda edición, La vida intelectual, A.-D. Sertillanges. Ed. Encuentro. Madrid, 2003)
"Y no me da la gana de pensar que nada es para siempre / Si esta canción se acaba que acabe el mundo para todos / Todos somos nada sin las palabras dime qué nos queda" ("Tierra", Xoel López, de Atlántico, 2012)


Subiendo desde la calle Pez por la de la Madera, una de esas cuya fisonomía mejor retrata la geografía de Malasaña, y si no vas leyéndote el futuro en la puntera de los zapatos, te puedes topar con uno de los cartelitos romboidales que van anunciando por los rincones del centro de Madrid que tal o cual personaje más o menos famoso, castizo o histórico vivió allí. El de Madera fue Luigi Boccherini, compositor italiano de finales del XVIII, cuya estancia en las calles de la Villa y Corte le inspiraron su Musica Notturna delle Strade di Madrid (de la que los profanos apenas alcanzamos a pensar: "¡la de Master and commander"). ¿Quizá era entonces la capital un lugar apacible que empujaba a la contemplación y a la creatividad?

No parece. Madrid debía de ser entonces tan bulliciosa y (¿poco?) cosmopolita como lo es hoy en día, y, de hecho, como la entrada de la Wikipedia que enlazo explica, Boccherini se unió al exilio en Ávila del infante Luis Antonio "y tuvo mucho tiempo para la composición, donde completó más de un centenar de piezas".

Todo esto venía (Madre de Dios, cada día me parezco más a mi padre en lo que se refiere a los prólogos de lo que realmente viene al caso) como beatus ille del agosto madrileño. Quería ser esto un menosprecio de masa y alabanza de Corte vaciada, de los períodos vacacionales en los que el pueblo de Madrid huye. Como también Semana Santa. Momentos de solitariedad en los que no hay soledad. Remansos nutritivos para la creatividad y el espíritu. (Y un poco también para la carne, habiendo unas fiestas de la Paloma en pleno mes, tampoco exageremos). Épocas que dejan las calles un poco más limpias y puras.

Porque me pasa no sufrir peor soledad que la de estar acompañado, pero no por la persona amada. No hay peor soledad que la ansiedad de compartir ciudad, fin de semana, azulísimo cielo madrileño, con quienes quieres, y no verles mientras tienes la impresión de que algo gordo está pasando y tú te lo estás perdiendo. Ansiedad que paraliza.

Ese agosto que añoro y que terminó hace unos días ha sido para mí un mes novelesco, lleno de horas de gozosa mismidad, de baños con un buen libro, buena música y una cerveza; ratazos de sofá al amparo del aire acondicionado y de la imaginación. Agosto ha sido un mes de narrativa, de lectura y de fotones. De paseos tranquilos. De planes sin prisas. De dejarse mimar por el tiempo, en lugar de dejar que este te atropelle como ya empieza a pasar en estos primeros días del nuevo curso, de la nueva temporada. Después de este mes de narrativa, y para contradecir al estrés y al tráfago, septiembre, y octubre, y noviembre, ese otoño siempre amenazante para la salud neuronal de este ciclotímico, debiera ser un tiempo de ensayos.

Hay quien cura la depresión y el cansancio comprándose un vestido caro o unos zapatos monísimos y baratos en las antepenúltimas rebajas. Renovando o sobresaturando el fondo de armario. Bravo. Otros acallan la melancolía con alcohol y chuletones. Fenómeno. No digo que yo no sea de estos, pero a mí me hace muy feliz entrar en una librería -la amplia oferta de la Casa del Libro me conquista- y gastarme los euros en libros que quizá nunca lea porque otra compra voraz en la siguiente depre vendrá a reemplazarlos en la cola.

Volvía hoy por la Gran Vía tras un día infernal de trabajo, de esos en los que tienes sensación de no haber parado y de no haber solucionado nada a un tiempo. Me ha dejado el bus de la línea 2 frente a la Casa del Libro, y allí me he hecho rápidamente con el libro que buscaba, las Cartas a un joven poeta, de Rilke. Y en esa captura, en mis redes -o yo en las suyas, me temo- se han venido también otro par de ensayos: De lo espiritual en el arte, de Kandinsky, y El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras, de Philip Roth. Ya os contaré qué sorpresas o decepciones me deparan estos señores, maestros de provecho, espero, para la construcción de la persona que quiero ser.

O el personaje. Pero de eso hablaré, supongo, otro día.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Honrarás a tu padre, de Gay Talese (III)

"-Le dije tres veces esta semana que quería que ordenara este lugar -dijo Bill, mientras se sentaba en una silla del jardín bajo el sol matutino y se ponía los lentes oscuros. Se había quedado despierto hasta altas horas de la noche leyendo el libro que tenía ahora en sus manos, una nueva novela sobre la Mafia titulada El Padrino. Ya iba por la mitad y hasta ahora le gustaba mucho y pensaba que el autor, Mario Puzo, tenía una buena comprensión de la sociedad secreta. Bill creía que la figura central de la novela, don Vito Corleone, era un personaje verosímil y se preguntaba si el nombre estaría parcialmente inspirado en 'don Vito' Genovese y en el pueblo de Corleone, ubicado al interior de Sicilia occidental, al sureste de Castellamare. Bill creía que su propio padre poseía muchas de las cualidades discretamente sofisticadas que el escritor le había atribuido a Vito Corleone y, sin embargo, también había algunos elementos en el personaje que le recordaban al difunto Vito Lucchese. En la vida real, Lucchese, al igual que don Vito Corleone en la novela, tenía amigos en los círculos políticos demócratas de Nueva York durante los años cincuenta, hombres que supuestamente le hacían favores especiales a cambio de generosas contribuciones políticas y, en 1960, Lucchese viajó a Los Ángeles para relacionarse con algunos de esos amigos que estaban asistiendo a la Convención Nacional de los Demócratas. Lucchese estuvo a favor de la nominación de John F. Kennedy, pero otros capos, como Joseph Profaci, influenciados [sic] por la sospecha tradicional que los inmigrantes sicilianos les guardaban a los irlandeses, se opusieron a Kennedy. La mayor parte de los políticos irlandeses, al igual que los sacerdotes y los policías irlandeses, no les hacían favores a los italianos, a quienes, en opinión de Profaci, aborrecían en secreto. Ésta era una visión que Lucchese no compartía, y tampoco Frnak Costello, quien había tenido tratos íntimos con William O'Dwyer. Pero después de que Kennedy llegara a la Presidencia y luego de que la Mafia irlandesa llegara al poder, y cuando el único italiano en obtener fama en Washington fue Valachi, muchos mafiosos juzgaron que Profaci había tenido razón" (Honrarás a tu padre, Gay Talese; pp.349-350;  Ed. Alfaguara, Trad. de Patricia Torres Londoño, 2010)

martes, 28 de agosto de 2012

Honrarás a tu padre, de Gay Talese (II)

"Los Bonanno y los Magaddino eran, las dos, familias grandes con muchas ramas y llevaban varias generaciones ejerciendo influencia sobre el orden que regía la vida de la gente en esa región. Se mantenían con el producto de sus granjas, a saber, granos, aceitunas, tomates y otros vegetales, y criaban ovejas y ganado para carne o para venta. Controlaban empleos para los cuales el gobierno destinaba pequeños fondos y tenían influencia en el puerto y entre los comerciantes, de los cuales percibían un tributo en pago por la protección que les ofrecían. Literalmente controlaban los pueblos de esa zona con tanta efectividad como solían hacerlo los antiguos príncipes y virreyes antes que ellos, imponiendo impuestos sobre sus súbditos por los servicios prestados, servicios que incluían el arbitraje en las disputas entre vecinos, la recuperación de bienes robados, la asistencia en todos los problemas familiares y la reparación personal de delitos cometidos contra el honor de un individuo o su esposa. Intercedían ante el juez en los juicios de sus paisanos y recibían favores de los políticos de Palermo a cambio de su apoyo sólido en las colinas. A menudo cometían actos ilegales, pero básicamente seguían sus propias leyes. Durante siglos, la pobreza y las desgracias de su región fueron ignoradas por el gobierno de Sicilia, por el parlamento de Roma y por docenas de gobernantes extranjeros anteriores, así que finalmente tomaron la ley en sus propias manos y la acomodaron a sus intereses, tal como habían visto que hacían los aristócratas.

No creían en la igualdad ante la ley; las leyes las redactaban los conquistadores. A lo largo de la tumultuosa historia de Sicilia, que se remontaba más de dos mil años atrás, la isla había sido gobernada por la ley griega, la ley romana la ley musulmana, las leyes de los godos, los normandos, la Casa de Anjou, la Corona de Aragón; cada nueva flota de conquistadores traía nuevas leyes a la tierra, pero, sin importar quién fuera el autor de esa ley, ésta siempre parecía favorecer al rico por encima del pobre, al poderoso sobre el débil. Aunque la ley se oponía a las vendettas entre los aldeanos, permitía la brutalidad organizada y el asesinato a manos de los guardias de gobierno o los ejércitos del rey -las guerras estaban permitidas, pero las contiendas no- y los primeros reclutados para formar los ejércitos eran los hijos del lugar. Las leyes que regulaban la comida, la bebida, la indumentaria, las drogas, la literatura o el comportamiento sexual solían ser extensiones del estilo de vida que se hallara en el poder. (...)

El gobierno oficial era con frecuencia el enemigo, los criminales solían ser héroes y los clanes familiares como el de los Bonanno, los Magaddino y otras varias familias grandes de las aldeas costeras vecinas o los pueblos de interior eran reverenciados por sus conciudadanos. Aunque algunos de estos líderes eran vengativos y corruptos, se identificaban con la difícil situación de los pobres y a menudo compartían lo que les habían robado a los ricos. Su palabra casi siempre era de fiar y no traicionaban la confianza puesta en ellos. Por lo general desempeñaban sus labores discretamente, caminaban del brazo del cura de la aldea a través de la plaza o se sentaban a la sombra de los cafés, mientras sus inferiores se detenían para saludarlos y tal vez pedirles un favor. Aunque se comportaban con la misma humildad de otros hombres del pueblo, proyectaban seguridad en sí mismos, una cierta fuerza de carácter. Eran más ambiciosos, más astutos, más osados, tal vez más escépticos frente a la vida que sus resignados paesani, que confiaban principalmente en Dios. Otros hombres solían hablar de ellos en susurros, pero nunca los llamaban mafiosi, Por lo general se referían a ellos como los amici, amigos, o les decían uomini rispettati, hombres respetables" (Honrarás a tu padre, Gay Talese; pp.215-217; , Ed. de Alfaguara, Trad. de Patricia Torres Londoño, 2010)

lunes, 27 de agosto de 2012

Un macho alfa

Donde Julius es el niño, Susan su madre, Juan Lucas el marido de esta y padrastro de Julius. Y tía Susana, la prima de Susan.
"Lo malo es que Juan Lucas no podría venir este año tampoco a la repartición de premios. Susan le había pedido que la acompañara, pero él tosió tres veces, se arregló el nudo de la corbata y dejó bien establecido que eso no era para él. Además, acababan de llegar golfistas de varios países para un campeonato internacional: tenía que atenderlos y tenía que practicar porque él también iba a formar parte. Que lo dejaran, pues, tranquilo; nada de primeras comuniones otra vez.

Susan sí vino a la repartición de premios y no supo qué decir, ni mucho menos qué cara poner al enterarse de que Julius era el primero de su clase y que por eso le estaban llamando a cada rato para colgarle otra medalla. Le llenaron el uniforme blanco de medallas. Las monjitas le tocaban la cabeza cada vez que venía por una más. Susan pensó que una que la miraba odiándola podría ser la mamá de Lange y deseó que la tía Susana estuviera a su lado para acompañarla en tan difícil trance. Pero estaba sola y todos ahí sabían que era la madre de Julius y la miraban sonrientes, esperando encontrar en ella una mujer llena de orgullo. Por supuesto que no faltó quien pensara, hasta se comentó en voz baja, que no merecía un hijo como Julius, que era frívola y casada dos veces, la segunda con un don Juan que, a lo mejor, hasta la engañaba. Pero la verdad es que muchas ahí hubieran querido ser la esposa de Juan Lucas; Susan miraba a su alrededor y veía esa escenita de repartición de premios llena de mamás bien vestidas y de papás sufriendo con el calor de diciembre; sentía el alivio de no tener a Juan Lucas a su lado: ella nunca hubiera podido querer a un hombre que sabe el día y la hora de una repartición de premios, o que viene un día, a la hora de la siesta o del coñac dormilón en el Golf, a escuchar a un chico tocar un preludio de Chopin. Un hombre que sabe quién es la Zanahoria y se preocupa porque pellizca a su hijo, no es un hombre." (Un mundo para Julius, Alfredo Bryce Echenique, p.199, Ed. Compactos Anagrama, 2011)

viernes, 24 de agosto de 2012

Oda a la amistad y a la vida, de Pennac

Hace un mes, perdí a un amigo, que era como un hermano, lo conocía desde 1969. Y mi mujer y yo lo habíamos acogido en casa durante los últimos meses de su vida. Casi hasta el final, porque los últimos días, a pesar de haber medicalizado una habitación, tuvo que trasladarse al hospital. Pues cuando lo trasladamos a casa, todo el mundo nos decía, "pero cómo es posible, no os dais cuenta de lo que estáis haciendo…". Pero es muy extraño porque está casi dentro del campo de los prejuicios, es como si prejuzgáramos la incapacidad de los demás de curarse los unos a los otros. Es un prejuicio absoluto. Cuando tienes en casa a alguien muy enfermo, después de tres días, sigues siendo consciente de que es alguien grave, muy enfermo, pero es una compañía como cualquier otra. Es mi viejo amigo, al cual conozco desde hace cuarenta años, él no ha cambiado, la enfermedad no ha modificado su naturaleza. Los cuatro o cinco cánceres que lo invaden no lo han modificado, es el mismo amigo con el cual he pasado cuarenta años de complicidad intelectual, de diversión, de lecturas, de enfados por razones políticas… es mi amigo, mi amigo del alma, y es normal que, si me ha abierto en tantas ocasiones las puertas de su casa, yo le acompañe a la puerta en el momento en que se va. Y esto se aplica a él como se aplica para mis padres, para otros amigos... Si no, es como si sólo pudiéramos vivir la vida con aquellos con quienes es agradable. Es como si me invitaras a cenar y sólo tomara el vino, o el postre. Y quiero añadir algo más.

Dígame.

Hay algo que detesto en esta actitud. Nos condena a todos a la soledad. Morimos totalmente solos porque tenemos amigos demasiado delicados. Es increíble. Es algo que oigo muy a menudo: "Prefiero guardar un recuerdo de él cuando era…". Vaya una mierda…, con perdón. 

Son palabras de Daniel Pennac, cuyo Como una novela fue para mí una lectura memorable, aquel libro del que recuerdo esta frase quizá reformulada por la (mala) memoria: "Hay tiempo para leer como hay tiempo para amar". Las negritas son mías. Y la fenomenal entrevista, de Pedro Vallín en La Vanguardia. Curioso, por cierto, que solo un medio nacional le dedique una entrevista a este escritor, en España con ocasión de presentar la edición en español de su último libro.

[Corrección: Pennac estuvo en junio en España y otros medios lo entrevistaron, entre ellos El País en París.]

miércoles, 22 de agosto de 2012

Honrarás a tu padre, de Gay Talese (I)

"Si Bill Bonano había aprendido algo después de leer las memorias de grandes estadistas y generales, era que la frontera entre lo correcto y lo incorrecto, lo moral y lo inmoral, era con frecuencia muy tenue y que el veredicto final siempre lo escribían los triunfadores. Cuando Bill entró al campamento del Cuerpo de Entrenamiento de Oficiales de la Reserva, y más tarde al servicio militar en las Reservas del Ejército, fue entrenado en la técnica de matar legalmente. Aprendió a usar una bayoneta, cómo disparar un rifle M-1, cómo ajustar el telémetro del cañón de un tanque Patton. Aprendió de memoria el código militar de los Estados Unidos, que en principio no era muy distinto del de la Mafia, con su énfasis en el honor, la obediencia y el silencio en caso de ser capturados. Y si hubiera ido a combatir en el frente y hubiera matado a varios norcoreanos o chinos comunistas, se habría convertido en un héroe. Pero si mataba a uno de los enemigos de su padre en una guerra de la Mafia, podía ser acusado de asesinato a pesar de que en el fondo del asunto había la misma mezcla de codicia e ínfulas de superioridad moral que había en todas las guerras de las grandes naciones" (p.71, Ed. de Alfaguara, Trad. de Patricia Torres Londoño, 2010)
"La historia de Sicilia era una letanía de pecados de marineros"
"A veces pensaba que la cárcel era el mejor lugar para Bill. Al menos así sabía dónde estaba su marido por las noches" (p.157)

martes, 21 de agosto de 2012

Un mundo feliz, de Aldous Huxley

"En serio, creo que deberías andar con cuidado. Está muy mal eso de mantener una relación tan larga con el mismo hombre. A los cuarenta o cuarenta y cinco años, todavía... Pero, ¡a tu edad, Lenina! No, no puede ser. Y sabes muy bien que el DIC se opone firmemente a todo lo que sea demasiado intenso o prolongado" (Un mundo feliz,  Aldous Huxley. Ediciones Debolsillo. Trad. de Ramón Hernández, pág. 55)

Entiendo que en 1932 la utopía de Huxley supuso un hito. Ochenta años después, atiborrado el imaginario de referentes de ciencia-ficción, esta lectura aplazada durante años no me supone ningún impacto. Si acaso, un check en la lista de clásicos. La narración, de hecho, me ha resultado aburrida a ratos. La historia que cuenta no me atrapa. Su estilo no me seduce.
"Bernard les dio las órdenes pertinentes en el tono áspero, arrogante y hasta ofensivo de quien no se siente demasiado seguro de su superioridad" (p.79)
"-Adultos intelectualmente y en el trabajo -prosiguió- y niños en lo que se refiere a los sentimientos y los deseos.
-Nuestro Ford amaba a los niños.
Sin hacer caso de la interrupción, Bernard prosiguió:
-El otro día se me ocurrió la idea de que es posible ser adulto en todo momento.
-Lo comprendo -el tono de Lenina había sido firme.
-Ya lo sé; por este motivo nos acostamos ayer, como niños, en lugar de obrar como adultos, y esperar.
-Pero fue divertido -insistió Lenina-. ¿No es verdad?
-¡Oh sí, divertidísimo" -contestó Bernard." (p.106)
"Una de las principales funciones de nuestros amigos estriba en sufrir (aunque de una forma simbólica) los castigos que nos gustaría infligir, y no podemos, a nuestros enemigos" (p.181)
"¿De qué sirven la verdad, la belleza o el conocimiento cuando las bombas de ántrax llueven del cielo?" (p.227)
"-Es que a mí me gustan los inconvenientes.
-A nosotros no -dijo el interventor-. Preferimos hacer las cosas con comodidad.
-Pues yo no quiero comodidad. Yo quiero a Dios, quiero poesía, quiero peligro real, libertad, bondad, pecado.
-En suma -dijo Mustafá Mond-, usted reclama el derecho a ser desgraciado.
-Muy bien, de acuerdo -dijo el salvaje, en tono de reto-. Reclamo el derecho a ser desgraciado." (p.238)

lunes, 20 de agosto de 2012

Hopper en el Thyssen

Mañana de domingo, tórrida y nublada en Madrid. Visita a la exposición de Edward Hopper en el Thyssen. Este tipo de exposiciones, tanto en el Thyssen como en el Prado, tienen tal presencia mediática que siente uno que tiene que verlas. Y no me parece mal. Descubren de primera mano a la masa -eso somos, y no intelectualillos de salón, cuando paseamos por esas superpobladas salas- artistas que posiblemente no conocíamos o nos sonaban vagamente.

El tema museos me da pereza de entrada, qué queréis que os cuente. Templos modernos -y cuando aquí digo "moderno" me refiero a "ilustrado"-, poderosa herramienta de instrucción y de contemplación para todos los "ciudadanos" como las catedrales románicas lo fueron para las gentes del Medievo. Reunión en un lugar físico de todo el conocimiento sobre algo para así poder verlo de un tirón. Saber enciclopédico... No sé, que me da pereza. Period. He visitado unos cuantos, pero no soy fan. (No hablo de algunos de los pintores que hay en su interior.)

La cosa y el caso es que no es raro que de ellos me lleve una emoción estética, una reflexión sobre la propia vida del artista, un descubrimiento. Algo. No suelo lamentar un rato en un museo. Tampoco ayer, aunque Hopper no me deja mucha impresión. Está bien. Sin más. Lo encuentro interesante más que emocionante. Me quedo con un par de salas y sus grabados.

He llegado a un punto, después de muchas pinturas contempladas, que al pisar un museo exijo grandes obras. Enormes. Y mi criterio para considerar grande una obra es cada vez más simple: amor a primera vista. Doblar un recodo, entrar a una sala, girarse repentinamente, y encontrarla. Esa pintura que nos fascina. Que hace caer una mandíbula interior y enciende filamentos en el iris. Esa pintura por la que variaríamos nuestro recorrido, saltando las otras cinco obras que se interponen entre ella y nosotros, pero a la que aguardamos impaciente, como disimulando los sentimientos, para al final descubrir que de cerca es más impresionante si cabe.

De la expo del Thyssen, selecciono tres pinturas que cumplen este requisito. Y tres grandes pinturas -por lo menos-, lo reconozco, merecen sin duda una expo a bombo y platillo. Quién creara tres obras dignas de ser conservadas.


Os dejo, además, un recomendable reportaje de Días de cine sobre el diálogo entre la obra de Hopper y el cine.

sábado, 18 de agosto de 2012

Posmodernismo, según Eco

"Creo que el posmodernismo no es una tendencia que pueda circunscribirse cronológicamente, sino una categoría espiritual, mejor dicho, un Kunstwollen, una manera de hacer. Podríamos decir que cada época tiene su propio posmodernismo, así como cada época tendría su propio manierismo (me pregunto, incluso, si posmodernismo no será el nombre moderno del manierismo, categoría metahistórica)"
"Pienso que la actitud posmoderna es como la del que ama a una mujer muy culta y sabe que no puede decirle «te amo desesperadamente», porque sabe que ella sabe (y que ella sabe que él sabe) que esas frases ya las ha escrito Liala. Podrá decir: «Como diría Liala, te amo desesperadamente». En ese momento, habiendo evitado la falsa inocencia, habiendo dicho claramente que ya no se puede hablar de manera inocente, habrá logrado sin embargo decirle a la mujer lo que quería decirle: que la ama, pero que la ama en una época en que la inocencia se ha perdido. Si la mujer entra en el juego, habrá recibido de todos modos una declaración de amor. Ninguno de los interlocutores se sentirá inocente, ambos habrán aceptado el desafío del pasado, de lo ya dicho que es imposible eliminar; ambos jugarán a conciencia y con placer el juego de la ironía… Pero ambos habrán logrado una vez más hablar de amor"

De las apostillas a El nombre de la rosa, de Umberto eco. Versión Kindle de Futura (Lumen) (Spanish Edition)

viernes, 17 de agosto de 2012

Gimnasia intelectual

Sorprende la facilidad con que se pierde el volumen de la musculatura cuando no se ejercita. Da uno por sentado que el cuerpo es una máquina que anda sola, y no. Recuerdo la pata de pollo que me quedó por muslo cuando me operaron de la rodilla derecha y estuve diez días sin usar la pierna, inmovilizada y en cama. El cuádriceps era una masa exangüe y desproporcionada respecto al resto del cuerpo, una musculatura que me costó meses de rehabilitación recuperar.

Como entonces acudía al gimnasio, tres veces por semana, acudo ahora a este blog. La creatividad tiene algo de músculo intelectual e incluso físico (por aquello de que la cretividad se expresa a través de una técnica que ha de ser practicada), y si no se ejercita, va anquilosándose. Como quizá le pasa a la mía, me duele reconocer.

Este sitio querido ha ido languideciendo. En parte por falta de contemplación, que es la que hace que germinen ideas agudas que desean ser comunicadas y que permite desarrollarlas. En parte por mi vitalismo con ribetes de gula; desearía uno tener más inclinación hacia cierto eremitismo urbano; no hablo de huir de la ciudad, hábitat natural y querido, sino de que la pasión por esa vida de ajetreo, por estar con la gente, se atemperase de rato en rato. En parte por encaminar la labor profesional hacia la gestión más que la creación, pragmatismo que atrofia si uno no sabe hacerse un hueco fuera de las horas de trabajo para fortalecer la chicha creativa. En parte por las condenadas redes sociales y la pereza: es más fácil lanzar una idea feliz en Facebook o Twitter, con sus "me gusta" y sus retuiteos rápidos y efímeros, que desarrollarla en este rincón, que nos llevará más tiempo y supone menos interacción con el lector.

La literatura -más, la escritura- es como una amante o una antigua novia a la que vuelvo con pasión de cuando en cuando. Esta idea ya la he escrito antes en algún rincón de este sitio ya ingobernable y que sin que apenas me dé cuenta sospecho va levantando acta de lo que soy. Estos días de verano, y tras una temporada intempestiva, me hago el propósito de volver a la literatura. Vuelve así esta tuerca al regazo que para mí es este lugar nada virtual. Este acto de contrición imperfecta -temo que volveré a traicionar este propósito- viene siempre acompañado por la voracidad lectora. He aprovechado las últimas semanas para leer, para cubrir algunas lagunas. El club de la lucha, El gran Gatsby, Tallo de hierro, Un mundo feliz y El nombre de la rosa han sido las presas. Estoy ahora con El cero y el infinito. He tomado notas de todos ellos que espero traer aquí como huesos del cocido, para compartir enjundiosas reflexiones.

Espero también que seais indulgentes con este ahora lisiado temporal, valga el oxímoron. Harán faltas muchas horas y mucha escritura para recuperar toque, para que mi creatividad -si alguna vez ha estado afinada- vuelva a dar frutos medianamente dignos. Os aseguro que me emplearé en ello, aunque sea con el caos y la inconstancia que me caracterizan.

jueves, 19 de julio de 2012

Don Draper es nuestro dantesco Virgilio

En la máquina del café, nuestros compañeros de trabajo hablan de la última serie de televisión americana que se han descargado ilegalmente de internet. Nosotros, seres intelectuales, leídos, viajados, les escuchamos, puede que furtivamente -para ni siquiera manchar nuestra reputación- con un punto de superioridad; digámoslo, de desprecio. Porque en nuestra patética cultez no somos conscientes de que hace 150 años esa masa que consideramos lerda leía las novelas por entregas de un tal Charles Dickens, ese monstruo de la literatura, o más, de Alejandro Dumas, un clásico.

Cada vez se leen menos libros. Quizá, sí, sea inevitable, un proceso inexorable debido al predominio de lo audiovisual. Ver una película, una serie de televisión, ya no digamos viciarse con un videojuego, requiere menos esfuerzo que meterse entre occipital y frontal una novela.

Pero quizá ese proceso inexorable se haya visto acelerado por una casta encantada de haberse conocido. Un mundo, el de la narrativa impresa, que se mueve entre la concepción industrial del libro, el puro best-seller, la trama que tiene que enganchar a toda costa, y la masturbación metaliteraria, la escritura intelectual. Oh, Bolaño; oh, Bellow; oh, Vila-Matas. A lo mejor Joyce y su ilegible Ulises tienen la culpa de origen. O no. Tal vez solo es necesario aceptar que la narrativa escrita ha perdido la influencia que tenía y eso no es necesariamente algo malo.

Viene toda esta reflexión a cuenta de un brandy y de verme con sumo placer la quinta temporada de Mad men, esa serie estadounidense sobre una empresa de publicidad en el Manhattan de los 60 y 70 del siglo pasado. La temporada es quizá la más floja de las cinco, pero incluso y con eso está llena de narrativa de primer nivel. De esa narrativa que es tan difícil encontrar en la literatura actual -especialmente en la española-.

Tú, intelectualillo de palo, listillo con algunas lecturas, calculín al que caneaban en el insti, quizá te creas mejor, incluso moralmente mejor, que esa gentecilla que lee poco pero se pasa los fines de semana viendo series. Mad Men, The Wire, Los Soprano, Breaking Bad, The Good Wife, Broadwalk EmpireDexter, Juego de tronos...

Yo no he visto la mayoría de ellas. Y estar al día me aburre por lo que tiene de estar a la última. Pero las que he visto... Ay, las que he visto. Eso es narrativa. Realidad tan bien manufacturada que sin dejar de parecernos pura vida nos toca la fibra en su retocada irrealidad. La verdad de las mentiras, que decía Vargas Llosa.

Los eruditos a la violeta pueden seguir mirando por encima del hombro a la televisión mientras elaboran sus pajillas metaliterarias de dudosa calidad para consumo de cuatro miembros de la tribu literaria o sus best-sellers de pura acción que aburren por la falta de profundidad de sus personajes. Mientras, estas grandes historias construyen iconos y explican nuestro tiempo como los grandes clásicos lo hicieron antes, al tiempo que entretienen al que las consume.

Así, Don Draper es a los hombres lo que Madame Bovary es a las mujeres. Un símbolo de lo mejor y de lo peor que hay en hombres y mujeres. El apetito insatisfecho. "You don't want most of it. You want all of it!", dice Don tratando de convencer a una empresa exitosa de que cambie de agencia de publicidad en el 12º capítulo de la 5ª temporada de Mad Men. Y esa es, me parece a mí, la esencia de lo que la buena narrativa nos ofrece: tenerlo todo. Una realidad recreada que abarque lo que nuestra gris vida de funcionario no abarcará nunca, una explicación compleja de la complejidad que uno mismo es, la compasión con lo que uno no quiere ser. Todas esas vidas, en definitiva, que uno nunca vivirá.

domingo, 15 de julio de 2012

Fragmentos de un diario etíope (II)

(...)

Día V. Domingo 10 de junio de 2012. 16.24

Entender lo que cobra un tipo como Cristiano Ronaldo es más fácil de entender cuando contemplas la fiebre que provoca en las masas de un rincón de Etiopía como Wukro. Ayer, sábado, por la noche, estuve con Jorge viendo el Alemania-Portugal de la Eurocopa en el cine y fui testigo de ello.

El cine es una nave en la que proyectan sobre una pantalla de unos tres por tres metros frente a hileras de bancos corridos sin respaldo. La mayoría, si no todos, iban con Portugal, por Cristiano, no por otra cosa. Y cada vez que este aparecía en alguna jugada, era jaleado efusivamente.

Camisetas del Madrid, eso sí, no he visto ninguna por aquí. Sí del Barcelona. Fue muy divertido ver cómo uno de los que la llevaban negaba insistentemente que le gustasen Messi o Xavi o cualquier jugador culé. “No, no, Cristiano Ronaldo”, y se puso a imitar el gesto que el portugués hizo cuando metió 1-2 en el Camp Nou hace unos meses. Vaya escena.


A las 3.30 de la mañana me han despertado las salmodias de las celebraciones ortodoxas. ¡A las tres y media de la mañana! He cerrado la ventana y aun así seguían colándose esas recitaciones monótonas que me recordaban a la llamada al rezo de un muecín. Cuando me he levantado a las seis para ir a Misa, la matraca continuaba.

La Misa católica a la que he asistido, celebrada por uno de los dos sacerdotes locales que vive en Saint Mary (que, me he enterado, no son Padres Blancos sino sacerdotes diocesanos), también ha sido una salmodia ininterrumpida. Hora y media de recitaciones en tigrinya –lengua local- de las que ha sido imposible espigar algo más que un “Philipos” en la lectura del Evangelio o un “Johannes” en la media hora de homilía. Media hora. Debería la Iglesia prohibir las homilías de más de 20 minutos. Diré en mi favor que, a pesar de la hora, no me he dormido.


(...) No me gusta que, como puedes observar mientras lees esto, a esta recolección diarística le falta literatura por todas partes, me falta frescura, ese análisis agudo y zumbón de estado de Facebook. Estoy como demasiado solemne, ¿no? (...)

[Y aquí os dejo, por cierto, "Agua, el oro líquido de la región etíope del Tigray": un reportaje que he escrito para RTVE.es]

lunes, 25 de junio de 2012

Fragmentos de un diario etíope (I)


Día I. 6 de junio de 2012. 21.00

La jornada de mi aterrizaje en Etiopía llega a su fin. Trato de esbozar un germen de diario, a solas, en mi habitación. Hacer balance del día desde una mirada literaria. Hay que levantar acta de esta experiencia que a mi alrededor muchos –sobre todo muchas- dicen envidiar.

Pero después de un rato intentando encontrar frases, desisto. Estoy convencido de que lo que ahora soy capaz de relatar no haría justicia a este lugar ni al sitio que me acoge. Si uno trata de escribir después de haber dormido poco, tras un viaje de 18 horas con tres vuelos diferentes, y con el disgusto de que le hayan robado la cartera con todo el dinero y la tarjeta de crédito, la mirada solo puede ser turbia.

Y me niego a comenzar mis dieciocho días aquí con lamentos y amarrado a la nostalgia. Eso solo haría de la experiencia algo parecido a un infierno. Pido a Dios, de hecho, que el sueño sea reparador y mañana sepa afrontar la vida aquí con el mejor de los ánimos.


Día II. 7 de junio de 2012. 22.15

En la misión de Saint Mary, antes y después de cada comida le toca a alguien improvisar una bendición y una acción de gracias. Religiosa, laica, mediopensionista... dependiendo de las convicciones de cada uno.

A mi llegada, además de Abba Melaku (así se le conoce aquí al padre Ángel Olarán) y otros dos Padres Blancos negros, valga el oxímoron graciosoide, hay otras nueve personas. Somos trece en total. Apretados cabemos en una de las dos mesas rectangulares que ocupan el comedor.

Digo que en cada comida le toca a uno improvisar. Si yo tuviese que improvisar ahora una acción de gracias de final del día, sería algo así como “gracias, Dios mío, por la fortuna de haber descubierto otro mundo, en muchos aspectos no tan diferente del nuestro, y en tantos otros completamente distantes, pero gracias, sobre todo, por haber vivido una jornada rodeado de amor”.

Porque si hace apenas 24 horas estaba depresivo y aferrado a la nostalgia, esa ansia de lo no presente, ahora me encuentro feliz. En efecto, mi muy cínico lector, yo también me digo “sí, muy bien, pero y mañana, ¿qué?”.

El día empezó con una ducha a base de jarrazos, si entendemos por jarra media botella de plástico, debidamente mutilada previamente con la tijera para las uñas de los pies. Raramente hay agua corriente en la misión, así que esta se acumula en varios depósitos y bidones de los que uno hace acopio con cubos y botellas. De esa agua hay que tirar para la higiene personal.

Así que, de buena mañana, bien servido de horas de sueño, me duché en chancletas sobre un plato lleno de mugre y, luego descubrí, atascado. Un jabón de manos que había en el baño y mi HyS hicieron su labor.

Aquí toca decir que el deprimente expolio que sufrí en Makele algo de vía purgativa ha tenido hacia el despojamiento necesario aquí. Cuando ayer llegué a mi habitación y empecé a deshacer la maleta, vergüenza me dio la cantidad de ropa, calzado y aparatitos electrónicos con sus correspondientes cargadores que me había traído. Tener que ducharme en las circunstancias que relato no ha hecho sino subrayar la rídícula exuberancia de mi equipaje.

La mañana comenzó con el desayuno. Y es precisamente eso, la convivencia con las maravillosas gentes con las que me ha tocado compartir estos días, lo que ha insuflado a todo mi día como un aliento de gozo. Me dice Lierni, una joven y chiquitilla –pero muy mona- ingeniera que lleva aquí diez meses trabajando en la construcción de una presa, que he llegado en un buen momento porque somos pocos y todos gentes, digamos, que aportan, o que al menos no restan. Y es cierto.

En el desayuno mi atención se centró en el abba Malaku, al que escucharle contar historias de sus más de veinte años aquí es conmovedor. El horror vacui a no tener nada que hacer en estos días se ha disipado cuando ha surgido un plan al que me he podido sumar: visitar un proyecto a 20 minutos en coche de Wukro. Primero a través de la carreta asfaltada construida por los chinos, y luego por caminos de tierra, hemos llegado al lugar, donde se trabaja para construir gaviones en el cauce de un río y una pequeña presa que sirvan para aprovechar durante todo el año las aguas de la temporada de lluvias y así irrigar las tierras de los alrededores, mucho más verdes de lo que al parecer eran hace cuatro años.

La visita, una pequeña excursión por el monte, ha sido muy interesante. Mulu nos ha explicado con gran diligencia y buen humor en qué consistía el proyecto. De la misión veníamos en la camioneta Mikel, Kontxi, Ainhoa, Eva y yo mismo, además de Mulu, Daniel (con acento en la a) y una chica de la zona.

De todos ellos, me quedo completamente fascinado con Mikel, también padre blanco, y amigo personal de Malaku, con una vida que ni Joseph Conrad. Además de haber sido misionero 40 años en Argelia, donde era profesor de formación profesional, se metió luego en un barco, donde estuvo cuatro meses como uno más de la tripulación, y ahora trabaja en Bruselas en un proyecto para la integración de musulmanes en Europa. Antes de Argelia, vivió en Canadá… Pero qué sonrisa, qué normalidad, qué entrega y sacrificio. Un tipo lleno de amor desinteresado.

Él ha sido uno de los grandes responsables de que mi jornada haya alcanzado una plenitud, entre otras cosas por el detalle de interesarse sobre el atasco de mi ducha. Finalmente, lo he logrado arreglar gracias a la ventosa que él mismo se ha encargado de buscar en la cocina.

Mikel ha venido con Santi, que es su primo, y Kontxi, mujer de Santi. Santi es otra de las atracciones del equipo. Es un cirujano que se acerca a los sesenta -Santi, si me lees: "que tiene cincuentaypico"- y que se está dedicando a operar en el hospital de la ciudad y a dar consejo médico a los enfermos del entorno de Saint Mary. Hoy ha comenzado el día operando a las ocho de la mañana y lo ha acabado después de cenar en algunas de las casuchas de las gentes enfermas. Y no ha perdido ni sonrisa, ni buen humor. Kontxi parece hecha de la misma pasta.

Otro de los momentos grandes de este día ha sido mi primer contacto con los huérfanos que acuden a la misión. Los mayores se supone que estudian y los más peques tienen clase de inglés a las cinco de la tarde, impartidas por Jorge, un donostiarra de origen maño recién salido de la carrera que lleva aquí tres o cuatro meses. Porque, por cierto, el cupo vasco es abrumador: Malaku, Ainhoa, Eguski, Mikel, Santi, Kontxi, Jorge y Lierni. Solo Marta, Eva y yo, y los otros dos abbas, que van muy a su aire, hacemos frente a la hegemonía vasca.

viernes, 22 de junio de 2012

Provincianismo temporal

[T.S.Eliot:] "En la epoca actual -escribe en 1944 en un ensayo sobre Virgilio-, en que los hombres parecen mas inclinados que nunca a confundir sabiduria con conocimiento y conocimiento con informacion, y a tratar de resolver problemas vitales en terminos de ingenieria, esta naciendo una nueva especie de provincianismo, que quiza merezca un nombre nuevo. No es un provincianismo espacial sino temporal, un provincianismo cuya historia es la mera cronica de las invenciones humanas que sirvieron en su momento y fueron desechadas, un provincianismo para el cual el mundo es propiedad exclusiva de los vivos, sin participacion alguna de los muertos. El peligro de esta clase de provincianismo es que todos, todos los pueblos de la tierra, podemos ser juntos provincianos; y a quienes no se contentan con serlo, solo les queda convertirse en ermitanyos" (cita en p.304, Ryszard Kapuscinski, Viajes con Herodoto, Ed. Anagrama. Trad. de Agata Orzeszek)

jueves, 21 de junio de 2012

El Misterio en Wukro

La cena en la mision de Saint Mary es a las 7 de la tarde. El menu es muy poco variado pero esta rico -eso si, no se recomienda pasar mucho por la despensa ni por la cocina mientras preparan la comida... las cucarachas son huesped habitual-.

Antes de recoger platos sucios y sobras, la tertulia suele alargarse alrededor de la mesa, a veces -aunque esta es una excepcional costumbre introducida en las ultimas semanas por Santi, un simpatiquisimo cirujano de Zumaia- regada con unos sorbos de Ouzo, anis del lugar que hemos bautizado como Ozu.

En uno de esos ratos de charleta improvisada, el del lunes pasado, no se como empezo, pero el padre Angel -conocido en tigrynya como abba Malakku- se arranco con aventuras vividas en los 20 anyos que paso en Tanzania, antes de los 20 ya transcurridos en Etiopia. Eran aventuras a cual mas pintoresca y peliculera, aunque el tono de la narracion las convirtiese en lo mas normal del mundo.

"Has sentido alguna vez que estabas al borde de la muerte? -Nunca".

Y a continuacion relata una expedicion fallida al Kilimajaro en zapatos; una serie de bofetadas con la moto en medio de la jungla; el encuentro con leonas, panteras y culebras en el camino a alguna parte; la batalla diaria con hordas de moscas tse-tse, una noche de desorientacion en la jungla por la ocurrencia del alcalde de un pueblo de ir a cazar... Nunca, vamos. Accidentes, experiencias, sucesos durisimos que, termino por reconocer, son para revivir y no para vivir.

Estas tres semanas en Wukro seran tambien para mi dias para revivir mas que para vivir. En mi caso, no porque las condiciones sean duras -apenas algunas incomodidades relacionadas con la higiene personal-, sino porque estando uno dentro de esta constante excepcionalidad todo parece normal. Y, sin embargo, tiene mucho que ver con un misterio.

Misterio la entrega perseverante de este misionero nacido en Hernani hace 74 anyos. Misterio la que ha liado. Desde Saint Mary's se presta atencion mas o menos intensa a unos 700 huerfanos colocados en diferentes familias de la zona; ademas, se atiende y mantiene una escuela agricola y una de formacion profesional; tambien una oficina de atencion social que ofrece ayuda a ancianos; por fin, de la mision dependen mas de una decena de proyectos de desarrollo que van desde la construccion de un embalse que suministrara agua de regadio a numerosas tierras de la zona hasta la construccion de hornillos mas eficientes en hogares de la ciudad encabezados por mujeres, donde estas suelen cocinar sus diarias amyera, grandes tortas de harina tipiquisimas del lugar.

No es tampoco normal que aqui venga gente continuamente gente ya hecha a pasar tres, cuatro, seis meses, para dar y darse. Para mi es un misterio. Un Misterio.

martes, 19 de junio de 2012

En Etiopia con Kapuscinski

"No estaba en absoluto preparado para aquel viaje. Mi agenda no contenia nombres ni direcciones. Mi ingles dejaba mucho que desear. y todo porque en su dia habia acariciado el suenyo de alcanzar lo inalcanzable, es decir, cruzar la frontera. En verdad, era lo unico que habia anhelado. No queria nada mas. Pero una vez puesta en marcha, la sucesion de los acontecimientos me habia arrojado a aquel remoto fin del mundo" (p.25; Ryszard Kapuscinski, Viajes con Herodoto, Ed. Anagrama. Trad. de Agata Orzeszek)
"El viaje no empieza cuando nos ponemos en ruta ni acaba cuando alcanzamos el destino. En realidad empieza mucho antes y practicamente no se acaba nunca porque la cinta de la memoria no deja de girar en nuestro interior por mas tiempo que lleve nuestro cuerpo sin moverse de sitio. A fin de cuentas, lo que podriamos llamar "contagio de viaje" existe, y es, en el fondo, una enfermedad incurable" (p.94)

Antes de salir de Madrid, hace dos semanas, me hice el proposito de tratar de explicar en este rincon por que habia decidido ir de vacaciones a Etiopia, a vivir en una mision catolica en una ciudad perdida de la inhospita region del Tigray. Es una explicacion que para empezar me debo a mi mismo. El hecho de que hasta ahora no haya escrito nada, ademas de por mi reducido acceso a internet aqui, creo que es porque todavia no se con exactitud que me ha impulsado a venir.

De momento voy recogiendo impresiones, emociones, hechos, detalles casuales, azarosos, para mas tarde, dentro de un tiempo, a la vuelta, recomponer las causas y quiza descubrir algo sobre mi mismo. Construir el puzzle. Quien sabe.

Prometo contar proximamente la impresion que me causa el trabajo entregado y sin pausa de Angel Olaran, que dirige la mision de Saint Mary, un foco de luz y amor que mereceria musica de Ennio Morricone. Mientras tanto, sigo mi viaje.

martes, 29 de mayo de 2012

Un poco de demagogia mitinera, por favor



Algo me cruje cuando El País organiza una mesa redonda sobre literatura y activismo en la Feria del Libro. No solo porque la misma idea de mezclar literatura y activismo me da ganas de vomitar (el único compromiso que le pido a un artista en cuanto artista es con el arte; en cuanto persona, con la dignidad humana, como a todo hijo de vecino). Me crujen las entrañas sobre todo, en estos tiempos de Bankias, corrupción política y recortes a lo loco en servicios públicos, porque PRISA es una de las grandes corporaciones que dominan y componen el establishment de este sistema que hace aguas cual Titanic. Supongo que también RTVE, donde yo trabajo, no os voy engañar. Aunque mi empresa no busca el lucro y eso, para bien y para mal, se nota.

Toda joven generación tiene, ya no el derecho, sino el deber, de contestar de algún modo los valores y el sistema heredado. Y no hablo de una rebeldía adolescente, sin discernimiento. El ser humano, cada ser humano, y por lo tanto las estructuras que crea y sostiene, necesitan una reforma constante. Y quienes quizá fueron reformistas en su momento -o incluso revolucionarios- y ahora ocupan el poder, prolongarán inevitablemente las carencias y anomalías que no pudieron cambiar del sistema o las que añadieron a este incluso con la buena intención de hacerlo mejor.

Este sistema -es más justo decir quienes lo gobiernan- está podrido. No sé si más o menos que en otros tiempos, pero está muy podrido. Estamos en un fin de ciclo, y lo peor es la sensación de opresión que puede tener el joven que desee que las cosas cambien. Los políticos y lo político lo han permeado todo y eso hace que alguien al margen del establishment sienta una impotencia atroz a la hora de buscar resquicios para cambiarlo.

La política no solo está en las cámaras legislativas, sino en la justicia, en los medios de comunicación, que trabajan en favor de partidos y cuyos dirigentes no son sino tuercas y palancas de sus respectivas trincheras políticas, en las cajas de ahorro y los bancos, en la cultura, en la mayoría de organizaciones civiles... Y lo peor es que la política se ha llenado de políticos profesionales, de mediocres, de advenedizos. Como siempre, pero más.

Me molestan mucho los llantos generacionales, especialmente cuando son artificiales, o cuando llevan a la inacción. Pero está haciendo falta una revolución, una vuelta a la tortilla protagonizada por una joven generación, ¿por quién si no sino por quien se juega al menos dos tercios de su vida, un futuro con ilusión o sin ella?

Pero, insisto, no espero que esas reformas vengan del núcleo del sistema. No digo que vendrán de fuera del sistema porque todos formamos parte de la sociedad que se organiza en sistemas, pero sí que hay que buscar nuevas formas que no se dejen fagocitar por Cebrianes, Pedrojotas, gurús del nuevo empresariado, partidos políticos, Juanescruces, etc.

¿De que solución estoy hablando? No me lo preguntéis, pero hace falta un mayo del 68 que agite esto, que se acabe convirtiendo en establishment al que dentro de 40 años otros desbanquen a golpe de lo que sea que en aquel momento se maneje.