viernes, 26 de agosto de 2011

Ansia

Y escuchar una canción que te transporta. Hermosísima. Leer un libro que traspasa. Ver un cuadro de Cezanne. Una película maravillosa.

Y querer y no poder. Hacer arte. Literatura. Lo que fuere.

Sitio!

jueves, 18 de agosto de 2011

Un manifiesto para agosto

Sí, ya llegué de Nueva York. La vida hace que este blog se desangre sin parar. No dejo de tener ideas -"esto tendría que desarrollarlo en el blog"- pero me puede el fluir de las cosas. Quería hablar de ciudades-amigo (Nueva York, conoces sus defectos perfectamente, no te gustan peor los aceptas y convives con ellos en una lealtad a esa ciduad solo quebrantada por esporádicos cabreos) y ciudades-amante (Roma, no conoces sus defectos o si los conoces los conviertes en virtudes, una relación apasionada y volátil), pero no encuentro tiempo. O ya sí. Quizá esto baste.

Vuelvo hoy de ver caer al Madrid, de nuevo, contra el Barça. Empieza a ser duro el madridismo, acostumbrados a la cresta de la ola. El Madrid luchando, positivo. Pero violencia y mal perder, negativo. Mourinho metiendo el dedo en el ojo, literalmente. Toca apostatar del mourinhismo.

Me llegan mientras tanto noticias de la marcha "laicista", con insultos y provocaciones a los peregrinos -una marcha de estas características en los días en que Madrid está tomada por peregrinos es por sí misma me parece de una provocación atroz, meter el dedo en el ojo como Mourinho, aunque defiendo el derecho a que se manifiesten-. [Un vídeo y una crónica que hablan por sí solos]

"Me han insultado y zarandeado, y he tenido que sacar de la masa a una chica italiana llorando, a la que han escupido. Si esta es la democracia que quieren algunos, os la podéis quedar, yo prefiero el exilio. No le deseo a nadie que viva lo que yo he vivido hoy", leo en Facebook a un amigo, más pacífico que una mosca, entregado a la causa de la JMJ, que defendía el otro día que los antiPapa se pudiesen manifestar.

Llego a casa, después del partido, desolado por la derrota, por el mal perder de los jugadores del Madrid, por la intolerancia de quienes quieren apropiarse de las palabras libertad y tolerancia, por la incapacidad española de crear un espacio de entendimiento... Y me encuentro con una carta de mi hermana monja. Le llegó mi postal de Nueva York a su convento de clausura. Me dice muchas cosas, todas ellas muy sobrenaturales. Llenas de paz. De deseos de mejora. Glup.

Periódicos que se dicen católicos alimentarán mañana el enfrentamiento mezclando política, religión y lo que haga falta. Periódicos de izquierda tratarán de justificar la violencia en el contexto histórico, blablablá, blablablá. Hoy mismo dos personas que considero racionales, sensatas, pero con una clara antipatía por el catolicismo, me justificaban la manifestación de la aversión que sienten esos laicistas a un evento que no les gusta, aun cuando esa manifestación unos cientos de metros más allá había acabado en violencia. Se olvidan de que no es lo mismo que algo no te guste a que no sea justo.

Dialéctica de la "explicación" de la violencia que sirve para "explicar" guerras civiles, alzamientos, asesinatos a sangre fría, deportaciones masivas, genocidios, bofetadas, violencia machista... En esto también, me declaro también cada vez más, erasmista.

Quiero creer en otra España, una España lejos de facciones apasionadas, enconadas, incapaces de entenderse, que siempre encuentra justificación a la violencia, al golpe de estado, al fusilamiento, a la revolución, cuando sus autores son "su bando". Que manipulan la información y los titulares a su conveniencia ideológica... Y así. En fin, hoy lloro -lloro, de verdad- por España y por nosotros, españoles, gentes de buen corazón pero en buena medida facciosas, intolerantes y paletas. Que olvidan el buen sentido y el amor al otro cuando nos tocan lo que consideramos nuestra ideología, que se erige en columna vertebral de una existencia cerrada a los espacios comunes y a la convivencia plural.

Estamos en el siglo XXI, amigos.

(En este manifiesto para agosto, mes del conseguidor de la Pax Augusta, pongo a España bajo la protección divina de San Francisco y bajo el ejemplo más terrenal de Chaves Nogales)

miércoles, 10 de agosto de 2011

Countdown

Cuatro días para volver a Madrid, y no debiera tener tiempo ni para ponerme a hacer literaturas por este blog -porque eso es lo de aquí, pura literatura- de cómo se me van los días entre los dedos. Acabo de volver de tomarse unos vinos con queso en una azotea de Madison Avenue, sencilla pero precisamente por eso agradable. No está uno ya para multitudes.

Multitudes que me sorprendieron desagradablemente en el MoMA. Me habían avisado de la fantástica colección del museo y aun así casi me caigo de culo. Nada más llegar, un cara a cara con Cezanne me puso en mi sitio. O en el suyo. Fue entonces cuando empezó a exasperarme el hecho de que dejen hacer fotos...

En esta puta sociedad del simulacro, el borreguismo de la masa viene definido por su capacidad acrítica de hacer fotos. (Toma machada reduccionista.) Cámaras reflex, esmarfones, flips, lo que sea. La gente hace fotos peores que una postal. En vez de disfrutar de Van Gogh, de Monet, de Picasso, de Léger, de Miró, de Kandinsky, se hacen fotos con sonrisas estúpidas junto a sus obras, quizá para colgarlas en Facebook, como si estuviesen junto a una imitación de la Estatua de Libertad. Por un momento, a punto estuve de eregirme en un Jesucristo del Arte, tomar unas correas y expulsar a toda aquella gentuza del museo cual mercaderes de la inepcia.



Al final, me puse los cascos, musiquita, evasión, y victoria. El edificio, que subraya las masas de turistas, una castaña. La colección, fantástica.

Necesitaba este ensimismamiento. Y en esa línea introspectiva, estuve en el norte de Manhattan, en una iglesia románica transplantada directamente desd España y Francia. No es que sea una locura. Para un hispano que se ha batido el cobre turístico por Huesca, no impresiona. Pero encontrase uno en Manhattan como si estuviese en Segovia, pone los vellos como escarpias.

El domingo salí para Boston. Apenas dos días, pero intensos. Me alojaron Donald y Gina, dos amigos de una sensibilidad y un saber estar exquisitos. Después de un Nueva York en el que se hace difícil no hablar español, ha sido una inmersión en América. La fisonomía bostoniana es más europea que la de Nueva York, pero no sus gentes. Tuve tiempo para descubrir el béisbol gracias a un televisado Red Sox-Yankees, un Madrid-Barça del beísbol.

En los museos bostonianos (yo vivía en Cambridge, al otro lado del río) he descubierto un puñadito de pintores figurativos de comienzos del XX. Sobre todo a John Singer Sargent, pintor figurativo de principios de los años cuyo "El Jaleo" es fruto de su paso por España. Antonio Mancini, Anders Zorn o Cushing son nombres que me guardo en la buchaca.

Es este un post que debiera ser un puñado de post. Hablar de la masa alienada que turistea por llenar la hoja Excel de lugares visitados (y fotografiados) da para un chorreo de párrafos agudos. Contaros la experiencia de los muchos manhattanes que hay en manhattan (aunque me decía una manhatteña que no, que lo del calustro no es Manhattan: buah, le digo yo) es una entrada. Un día de bicicleta bajo la lluvia recorriendo Manhattan de orilla a orilla da mucho juego, literatura épica. El descubrimiento de autores fuera del canon vanguardista de comienzos del siglo XX que he descubierto en Boston, más. Donald y Gina, ellos -y su casa, de la que no he sacado ni una foto, y los partidos disfrutados junto a ellos- darían para tres entradas. Y el deseo de no marcharse. Y.

Pero parece que cuando uno vive con tanta intensidad, el tiempo para la literatura se acorta. Vivir o escribir, parece que es el dilema.