domingo, 31 de julio de 2011

Nebuloso

Extraño momento de plenitud.

Acabo de comer un 'Not your mother' meatlof, una bola de carne picada con ñoquis, zanahoria y verdura a la plancha. En Highpoints, justo debajo de mi alojamiento. Un sitio de trato exquisito y buena comida.

Mi ropa está en la secadora, 100 metros más allá. Junto a mí, los cuentos completos de Raymond Carver en The Library of America que compré en Saint Paul. No los leeré ahora pero me hacen compañía en estos momentos de laundromat y cervezas en soledad.

Es sábado. Ayer acabé el curso. El curso acabó ayer, más bien. Satisfecho. En mi ser indefinido, percibo que estoy hecho un poco más. Un golpe de cincel en la escultura que debería ser.

Al mismo tiempo, soy perfectamente consciente de mi indefinición. Y lo cierto es que no me importa. Hoy no, al menos.

Como digo, ayer fue el último día del curso. Proyección de nuestros cortos en pantalla grande. Algo especial. Acicalados, nerviosos. Apenas hemos hermanado durante estas cuatro semanas, no como grupo, desde luego, pero entonces llegó el momento de irnos juntos a tomar algo al Crocodrile Lounge. Exaltación de una amistad inexistente, promesas de vernos de nuevo, siempre nos quedará Facebook, y demás.

La tarde-noche dio para confirmar que la actriz española que nos ha acompañado es estructuralmente estirada. No es que sea tímida, no. Y que lo del lesbianismo empieza a ser endémico. ¡Dos en mi clase!

Acabamos en un karaoke tipo Blade Runner. Luces de neón, aire acondicionado en temperaturas gélidas, cómprese usted la bebida fuera, habitaciones reservadas para grupos. Por supuesto volví a hacer a-kind-of ridículo cantando "Common People" de Pulp.

* * *

Aquí me tienes sentado en la barra. Tomando por primera vez una cerveza Palm. Belga. No está mal. Gobierno no tendrán, pero buenas cervezas las que quieras. Quiero mirarme al espejo que cubre el fondo de la barra (todo un ensayo merecerían semejantes espejos), pero no lo consigo. Un gesto para ayudar a mirarse en lo que se avecina. El curso 2011-12. Un interrogante que ahora trato de contestar.

Unas elecciones que influirán en mi futuro profesional. Una emancipación por venir. Un horizonte de ilusiones por cumplir. Y para que la cosa no se quede en frases huecas, me pongo a hacer una lista ahora mismo. "Proyectos", no, menos pretencioso, "Cosas que hacer en 2011-12". Puede que la primera sea raparme la cabeza.

viernes, 15 de julio de 2011

El cubro de Kubick

Me decía hoy náuGrafo via the social network que leyendo mi historias manhattenses -que no manhatteñas- se le había ocurrido que por qué no una novela destroyer, bueno no tanto, ácida, sobre la posmo. Dernidad, claro. Que tengo un estilo y que mi currículo de posmoderno antiposmoderno (o antimodernos, más bien, o antiposes, yo diría) podría dar para crear un personaje ad hoc (ad hog).

Me gusta la idea. Es algo que rezumaría por mis poros intelectuales y emocionales. Solo requeriría pulir, cortar, ¡podar! la bilis.

La historia podría comenzar con el personaje eligiendo una nueva foto para el perfil de Facebook y pensando una frase superingeniosa de la supersantamuerte para poner en Twitter. Luego mandaría unos correos electrónicos lanzando semillas a diversas gentes que puedan germinar en diversos planes de fin de semana. Por supuesto, habrá tiempo para dejar plantados (por aquello de las semillas) o para cancelar alguno de los planes. El menos gauyse de todos.

Sin más. Escuchando ese disco programático que para mi es The suburbs, se me ocurrió en un viaje a León, titular una novela Puzzled y vertebrarla con este álbum de Arcade Fire, que interpreto en mi laboratorio particular como una crítica a la (pos)modernidad.

Hace unas semanas los alumnos de la ECAC (escuela de cine de Catalunya) presentaban su Puzzled loves o algo así. Me han jodido el título. Aun así, me interesa esa idea del posmoderno como un ser fragmentado cada vez en más añicos, quiero decir, piezas, desvindulado... sé que esto no es excesivamente original, pero los mundos virtuales y su facilidad para hacer proliferar una multiplicidad de caras (una es la foto del DNI, otra la de Facebook, otra la de nuestra ficha para currar, otra la de Twitter...) multiplica esa fragmentación.

Cubismo posmoreno. O un cubo de Rubick sin resolver. Mejor. Con facetas que mezclan colores.

Control+Z. Ese es otro título fabuloso para una novela, hasta que alguien venga a robármelo. ¿Que es un título que envejecerá mal? Que me lean primero mis contemporáneos y ya hablamos.

Inventemos, eso sí, una post-cualquieridad.

jueves, 14 de julio de 2011

Días de rodaje

Se ha levantado un viento agradable en Manhattan, brisa para aliviar ese calor que hace casi supurar los sobacos. Ya es de noche. De noche en la ciudad que nunca duerme, dicen. Mejor será decir la ciudad que nunca apaga las luces, como mi propia casera con nuestro apartamento. Acabo de darme un paseo solitario por el SoHo, 11 de la noche. Pm. Y Malasaña en una noche de miércoles veraniego tiene más vida, lo siento por lo paleto de la comparación.

No conozco Manhattan todavía. O conozco solo un Manhattan. Mi vida se mueve en torno a la calle 23. De ahí a la quinta avenida y bajando por Broadway hasta Union Square. Partiendo de allí, me he aventurado un poco más abajo para tomar algo al final de la jornada en torno a Prince Street, allá donde se encuentran el SoHo y NoLiTa, un territorio donde abundan los locales cucos donde pimplar una cerveza.

Esta mañana estuve grabando mi primer ejercicio de la escuela, una cosa sencilla, escena de un plano. Y allá que me he plantado al pie del Flatiron Building con la cámara de 16 mm a rastras y mi equipo casi de la oreja.

El cielo, que desde primera hora del día ha amagado con explotar, se ha vestido de lona gris para decorar mi set de rodaje. Quizá ha sido un golpe de suerte, porque un día de sol enrabietado, como suele lucir estos días, hubiera aumentado el riesgo de que la imagen quedase saturada de luz, sobreexpuesta. El lado negativo del día tontorrón y frescuno ha sido que ha llegado a chispear un rato, y la amenaza de tormenta (cumplida por la tarde con salvaje y breve jarrear) ha metido prisa a nuestro trabajo. El viernes sabré lo que ha salido de esto.

El mismo viernes aterrizan por aquí el náuGrafo y Latinajo de Hispalís. Ando un poco con los nervios del huésped, ya ves tú. Será divertido comprobar si somos capaces de trasplantar a esta mítica ciudad nuestras andanzas madrileñas. Me pregunto qué sensaciones se producirán en la intersección de tantos y variados elementos: Nueva York, mi propia vivencia de la ciudad, la presencia de semejantes figuras, las experiencias ya vividas en otras geografías junto a ellos... Veremos.

(Estoy perezoso con las fotos. Me perdonaréis, pero quizá la intimidad de mi entenderme con la ciudad, con mi Nueva York, hace a veces superfluas las instantáneas... Creo que nunca he sido muy de fotografíar buenos momentos. Por ser lapidario, digo)

martes, 12 de julio de 2011

Escenas de Manhattan

Semana muy ajetreada en la NYFA, preparando rodajes sencillos pero que requieren su tiempo.



Lo que me tiene muy ocupado también es sudar abundantemente, aunque eso deja tiempo para otras cosas. A mí, al contrario que la mayoría protestante del aire acondicionado, me encanta entrar en los vagones del metro de Nueva York, como el de Madrid, y congelar como estalagmitas los chorros de sudor que bajan por mis sienes hasta la papada a través de la patilla.



Ardilla en Union Square.



Buscando el banco de Manhattan en el East Side Park...



...sudando, por supuesto.

lunes, 11 de julio de 2011

Minesota

Viaje relámpago a las ciudades gemelas, Saint Paul-Mineápolis, en Minesota, para visitar por fin a la rama americana de la familia. Otro Estados Unidos. Agradabilísimo fin de semana en un barrio residencial judío de Saint Paul, capital del estado. A lo suburbs. A lo Coen. A lo Douglas Sirk. A lo Mad Men.

Ha habido tiempo para pasear, para jugar con el sobrino, para comer una hamburguesa rellena de queso, para beber Blue Moon, Sam Adams y germánicas cervezas, para ver cine de Woody Allen en el sotano a través de Netflix, para coger las bicicletas y cruzar el Misisipi, recorrer parte de Mineápolis, bañarse en uno de los 10.000 lagos del estado, comer bagels (era una asignatura pendiente), comprar por $20 los cuentos completos de Carver en una edición de la Library of América...

Y volver a sentir los vellos como escarpias, el soplo del Espíritu, la comunión de los (no tan) santos, en una sencilla parroquia de Mineápolis con los días contados. La distancia no la hace más comunión, pero si más patente.

sábado, 9 de julio de 2011

Independence Age

Por eso de nulla dies sine linea, aunque la cama me espera para no dormirme y perder mañana el vuelo a Mineápolis, donde veré a mi querido hermano y nuestra familia americana, hago anotaciones a vuelapluma, aunque -siempre- con voluntad de estilo.

Ha pasado una semana exacta desde que llegué y podría haber ido un mes por la intensidad de lo vivido, la profundidad y variedad de las emociones experimentadas y el número de relaciones establecidas (muchas de ellas apenas esbozadas, pero que espero prolongar).

El balance es muy positivo.

Ahora que vuelvo del laundromat, donde unos chinos encantadores me han dejado hacer la colada (si no, me quedaba sin ropa interior limpia) a pesar de que ya había pasado la hora, toca hacer balance. Un balance muy positivo. En la semana del 4 de julio, he empezado a ganar una batalla por mi independencia.

La colada pagada a base de quarters, comprar ropa en Macy's, ir al cine, hacerse con comida ya preparada en ese maravilloso lugar llamado Whole Foods, cenar tranquilamente en un bistró de Chelsea, pasear por Times Square, devorar una hamburguesa en PJ Clarke's, beber un puñado de iced coffes de Starbucks y Dunkin Donuts, flirtear con un par de preciosas camareras, beber vino en una azotea del Lower East Side mientras mojo mis pies en una jacuzzi y hablo de la felicidad con una diseñadora de Ralph Lauren de origen libanés, recorrerme toda la línea F desde Coney Island a la 23rd, partirme el bazo con un judío italiano excéntrico que aspira a desbancar a Spielberg, pasear en chanclas por la Quinta Avenida, departir con las dependientas negras del Duane Reader que te han ayudado a comprar detergente...

Y sentir la soledad -pero menos-, la dificultad de comunicarse -pero menos: Nueva York no es Inglaterra-, la torpeza para manejarse a solas en la vida, la carencia de asideros constantes que vertebren incluso el estar uno consigo mismo...

Nueva York ya me ha dado mas de lo que yo hubiera imaginado en el mes y medio que pasaré aquí, durante el que -vislumbro- queda mucho por disfrutar.

viernes, 8 de julio de 2011

Notas para una historia

He conocido a una persona estos días que podría ser la base perfecta para el personaje que protagonizaría la historia que os contaba hace unos días. La de los cinco años. Una vida en cinco años.

Se trata de un libanés de nombre español, imaginemos que se llama Alberto -su familia es cristiana maronita y es costumbre poner nombres cristianos para distinguirse claramente de los musulmanes y puesto que Alberto tiene familia española preguntaron por un nombre español y este fue el elegido-.

Que ha crecido en medio de una guerra, que se va a estudiar un par de carreras a España, Valencia por más señas, donde a la vez trabaja de fotógrafo, que luego se va a Londres y allí hace un curso de publicidad y se dedica a ello, primero en Londres y luego en una empresa con base en Líbano. Un año en Catar, trabajos en Dubai, un mes en Dinamarca...

Tiene casi 40 años y sus mejores amigos son españoles, aquellos con los que hizo la carrera, su primera carrera... de hecho, tiene alma española, habla -en un perfecto español- con pasión de nuestro país. Y, sin embargo, como Don Draper, le aburre la continuidad, necesita cambiar de país, de ocupación, ¿de nombre?, cada cierto tiempo.

Le conté el otro día que podía ser perfecto para esa historia. Y él me dijo que no le extrañaría que tuviese algún hijo por ahí, de algún viaje a una isla exótica.

Podría ser un buen comienzo para una historia. Varios tipos que conectan a través de internet (¿Facebook?) porque tienen el mismo nombre, un nombre muy particular -no Alberto, claro, o un nombre con un apellido- y descubren que ninguno de ellos conoce al padre que les dio nombre. Eso desencadenaría la búsqueda que terminaría desvelándonos a ese Dorian Gray wannabe.

jueves, 7 de julio de 2011

Venir para esto...





Así es. La primera (y espero última) vez que veo en concierto a Jarabe de Palo ha tenido que ser Nueva York. Este miércoles, en el Summerstage de Central Park solo se hablaba español. Qué manera la de esta gente de vivir de tres o cuatro canciones durante más de 15 años.

Eso sí, ahí hemos estado coreando "La Flaca" de pe a pa.

Hoy, como predije ayer, día de ascenso en la montaña rusa.

miércoles, 6 de julio de 2011

Tanto y tan calvo



Te recorres la ciudad y saboreas los paseos con la intensidad del observador solitario, a tu ritmo, a tu aire. Al día siguiente, acabas de rebote en una fiesta con vino y cerveza en la azotea de una casa del Lower East Side, charlando con unos valencianos que han hecho fortuna vendiendo muebles de diseño, con una libanesa que trabaja como diseñadora para Ralph Lauren, con un italiano que estudia en la NYFA después de ganar el Notodofest. Hasta un grupo de aficionados al jazz salido de no sé dónde toca para amenizar el acto.

Al día siguiente te levantas de resaca pero crecido, y entonces el día se convierte en un desierto en el que te arrastras solo y esperanzado, aguardando un correo, una llamada, más pendiente de la vida virtual -a este y al otro lado del Atlántico- que de la física. Great expectations. Ver a solas rodeado por una multitud los fuegos del 4 de julio.

Y entonces llegas al curso con toda la ilusión del mundo y en tu mismo grupo -te frotas los ojos, no te lo terminas de creer- hay una conocida actriz española.

Luego, te vas a cenar a una pizzería con otras dos compañeras demasiado jóvenes, una de las cuales oposita a convertirse en pesadilla insoportable. Te vuelves a casa otra vez un poco como así, melancólico.

¿Y mañana? O pasado. Seguro que algún episodio de camaradería con un nuevo colega, o una mirada sonriente intercambiada con una ninfa ligera que atraviese alguno de los desfiladeros de Nueva York, o la idea para una historia que se convertirá en una gran novela. Otro subidón para seguir disfrutando de una aventura. De la vida.

Ay, esa ansia de lo todo. Esa puerilidad de quererlo a todas horas.

Definitivamente tendré que hacerme al gin-tonic.

lunes, 4 de julio de 2011

La tierra de las oportunidades



La famosa competición de comedores de perritos calientes Nathan en Coney Island el 4 de julio, Día de la Independencia. La ganadora en el torneo femenino ha sido Sonya 'The black widow' Thomas, con 40 hot-dogs engullidos en 10 minutos. En la categoría masculina, Joey 'Jaws' Chestnut ha revalidado su título zampándose 62 hot-dogs. Logra así su quinto título consecutivo. Bravo por el pentacampeón al que en esta info de la revista Time podemos ver sosteniendo el cinturón mostaza que acredita al vencedor del torneo.

Fue digno de ver. Una vez. Y basta.

Lecciones en Saint Patrick



Hasta hoy, esta canción me parecía fea y hortera. Me trasladaba a una pista de circo, a un capítulo de Los Simpsons que no he visto, a uno de la familia Berenstein que sí. Me transmite un aroma a majorette, a cierta grandilocuencia pastelosa que de una parte de la cultura popular norteamericana se ha formado mi cabeza, a Clint Eastwood con gafas de sol y John Malkovich espiando desde una ventana en En la línea del fuego (donde creo que no aparece la marcha, por cierto).

La cosa es que acabada la Misa dominical, cinco de la tarde en Saint Patrick, el organista va y se lanza a tocar la citada marcha: "Star and stripes for ever", de Joseph P. Sousa. Y yo que me quiero morir. Y que quiero matar a la señora oronda y de negro que se ha sentado en el ínterim delante de mí y que aplaude cuando termina.

La chisto, sintiéndome responsable de la ortodoxia. Y ella se gira, me ve y me dice que ellos aplauden. ¿Ellos? Supongo que los norteamericanos, claro. "¿Eres alemán?". (Es la segunda vez que estando fuera de España me preguntan si soy alemán.)

La buena señora tiene la mirada lluviosa, como el día hoy por Nueva York. Y resulta que llora porque esa canción tiene un profundísimo significado para ella. Su abuelo alemán, huido de su país de origen, salió adelante en EE.UU. como sastre. No le querían aceptar en el sindicato por ser alemán. Al final lo logró, un Labour Day de hace décadas.

"Hay gente que tuvo que venir a este país contra su voluntad y ha dado y ha dado y ha dado... Esta marcha representa lo que es América... Tiene un profundísimo significado". He tenido que pedirle perdón, aunque ella no se ha mostrado ofendida. Solo curiosa. ¿En España no aplaudís? "En ocasiones excepcionales"... No podía evitar pensar en lo bien que estaba cooperando con apenas un ligero gesto -chstt- a acrecentar esa imagen de una España católica, oscura, de luto, rigurosa.

Creo que he arreglado el desaguisado asegurándole que cada vez que escuche esta canción pensaré en ella y en su abuelo el sastre. Se ha secado una lágrima y me lo ha agradecido. Yo le he pedido que rece por mí cada vez que ella la escuche.

Lo cierto es que la marcha de Sousa no ha dejado de parecerme fea. Pero para fea la suficiencia de un español pringado que se topa con la humildad de una feligresa de San Patricio.


Mi primer brunch neoyorquino.

domingo, 3 de julio de 2011

Impresionismo sabatino

Salir del ver una de Hollywood en unos multicines y estar en la 67th con Broadway.

* * *

Ir al New Museum of Contemporary Arts y encontrarse las mismas cosas que no me gustan en el Reina Sofía pero que, ah, como están en Nueva York... Entre otras, una exposición de Apichatpong Weerasethakul, con materiales grabados durante el rodaje de su Tío Boonme que recuerda sus vidas pasadas, que ya comenté en su momento.

* * *



7.30 de la mañana. El jet lag me facilita un paseo a lo largo de la calle 23 hacia el este. Tengo que hacer esfuerzos para no ponerme a aletear furiosamente con los brazos y reprimir mis emociones de quinceañera al grito de OMG, OMG.

* * *

Al pie del Flatiron Building. Quinta Avenida con Broadway. Definitivamente, he entrado en el decorado. Pero, insisto, encuentro humanas las medidas, las proporciones, las escalas de las cosas, su organización.

* * *

En uno de los cortos proyectados en la expo de Apichatpong: -¿Les dijiste que podías ver el pasado y el futuro? -Sí, pero ellos solo querían conocer el futuro, cuál era el número ganador de la lotería.

* * *

Mi primer almuerzo neoyorquino es en P.J.Clarke's, famoso por sus hamburguesas. Ya habrá tiempo para comidas bióticas en Chelsea. Me atiende una camarera de innegable ascendencia irlandesa. El espíritu de John Ford sobrevuela el restaurante. Es petite , pelirroja y sin embargo muy agradable -que diría Michaeleen Flynn-. Esmerada atención, y familiar.

* * *

La zona cero la encuentro destartalada y solitaria (sábado temprano). Antes he visto ardillas en el Battery Park y una ya hermosa cola de turistas para subir al ferry de Staten Island.

* * *

En Times Square sí que me he sentido abrumado. Muchedumbre y pantallas. Luces y baratija. Me abruman (me encuentro menos a gusto) más la Sexta, Séptima y Octava, que la Quinta, mucho más elegante y coqueta. Vintage.

* * *

Bryant Park, parque adorable rodeado de rascacielos, da fe de esa sensación de humanidad que ya he comentado y que me transmite en general la ciudad. Cierto aire familiar y agradable que, como Roma, me hace sentir en casa, en un lugar abarcable a pesar de las dimensiones materiales e históricas de los edificios. Supongo, todo sea contemplado, que el fin de semana festivo aligera el lugar. Seguiré tratando de afinar estas impresiones y su variación.

sábado, 2 de julio de 2011

Agua lustral en Manhattan

No sé cuándo me brotó la idea, pero me gusta como concepto para una narración. Un tipo que cambia de vida cada cinco años. Se muda a otra ciudad, se cambia de nombre, deja a su pareja, su vida... todo. En cinco años cabe mucha vida. Cinco años podría ser una medida que evite la degradación.

Hace cinco años pasé un verano en Manchester que me marcó profundamente. Cuando me dirigía al aeropuerto entonces sabía que algo estaba empezando. Creo que la propia voluntad de cambio, de crecimiento, detonó ese cambio. Apertura.

En este lustro, no me lo puedo creer, he vivido mucha vida. Parece larguísimo el tiempo transcurrido y sin embargo es poco para todo lo que he vivido. Claro que de los 25 a los 30 es natural que pasen muchas y muy importantes cosas.

Con una sensación todavía más intensa, y todavía por definir, he cogido esta mañana el vuelo de Continental Airlines que me llevaba al Newark Liberty International Airport. Comienzo hoy una estancia de 43 días en Nueva York, la capital del imperio, la Roma de nuestra era.

El aterrizaje no ha podido ser menos glamuroso. En la aduana, me ha tocado la fila de los torpes y ha pasado una hora hasta que he conseguido salir del aeropuerto y buscar un autobús que todavía ha tardado otros 20 minutos en llegar.

El trayecto hasta Manhattan, a través de Nueva Jersey, aunque ya mitificado por Los Soprano, no facilita la contemplación. Industria, industria, industria. Y un buen atasco de entrada a la ciudad. Otra hora y pico hasta cruzar el Lincoln Tunnel.

Tanta gente que uno conoce ha estado en Nueva York y todos insisten tanto en la impresión abrumadora que producen sus dimensiones, el como estar en una película... que mis primeras impresiones son inesperadas. Más que sentirme abrumado, me reconozco de vuelta a casa. Bien es verdad que hasta mañana no me sumergiré en la selva vertical, pero de momento la sensación es de que el estar aquí humaniza la ciudad, Nueva York encarnado es más accesible que todas esas imágenes que uno se ha podido hacer de ella.


El atasco, Nueva Jersey y el skyline de Manhattan al fondo.



Mi primera visión con los pies en las aceras de Manhattan. Claro ejemplo de lo que os comentaba. Veo esta foto y es la típica foto de Nueva York. Pero yo he estado ahí haciéndola y era todo más normal, más abarcable emocionalmente. Tenía más vida la vida.



Vista desde mi ventana.



La calle 23 hacia el este desde el balcón de mi alojamiento.

viernes, 1 de julio de 2011

Polaridad

El resultado final de esta lucha no me preocupa demasiado. No me interesa gran cosa saber que el futuro dictador de España va a salir de un lado u otro de las trincheras. Es igual. El hombre fuerte, el caudillo, el triunfador que al final ha de asentar las posaderas en el charco de sangre de mi país y con el cuchillo entre los dientes -según la imagen clásica- va a mantener en servidumbre a los celtíberos supervivientes, puede salir indistintamente de uno u otro lado. Desde luego, no será ninguno de los líderes o caudillos que han provocado con su estupidez y su crueldad monstruosas este gran cataclismo de España. A ésos, a todos, absolutamente a todos, los ahoga ya la sangre vertida. No va a salir tampoco de entre nosotros, los que nos hemos apartado con miedo y con asco de la lucha. Mucho menos hay que pensar en que las aguas vuelvan a remontar la corriente y sea posible la resurrección de ninguno de los personajes monárquicos o republicanos a quienes mató civilmente la guerra"


Francia, enero-mayo de 1937, Manuel Chaves Nogales.

Prólogo a A sangre y fuego (edición de Libros del Asteroide, 2011)