lunes, 11 de abril de 2011

Solar, de Ian McEwan (y otros apuntes)

Mecánica cuántica. Qué deposito, qué vertedero era de aspiraciones humanas, la línea fronteriza donde el rigor matemático derrotaba al sentido común, y la razón y la fantasía se mezclaban irracionalmente. Aquí podían encontrar lo que necesitaban los que tenían inclinaciones místicas, y pretender que la ciencia era la prueba. Y para esos hombres ingeniosos en su tiempo libre, qué música más fantasmal y hermosa debe ser -asimetría espectral, resonancias, entrelazamientos, osciladores cuánticos armónicos- los cautivadores aires antiguos, la armonía de las esferas que podían transformar un muro de plomo en oro, y crear el motor que funciona prácticamente con nada, con partículas virutales, que no causaban daño y proporcionaban energía a las empresas humanas, además de ahorrarla"
Beard era totalmente incapaz de un pensamiento poco convencional -¿cómo si no había ganado el Nobel?-"

Acabo de leer en su traducción española (Ed. Anagrama, Jaime Zulaika) Solar, última novela publicada de Ian McEwan. Se trata de una sátira en torno a la ciencia, el calentamiento global y las investigaciones y proyectos en torno a las energías limpias. La he leído con soltura -el que es buen narrador, es buen narrador siempre- pero me ha resultado decepcionante.

No esperaba demasiado, eso sí, dadas las críticas previas aparecidas en la prensa anglosajona cuando se publicó la edición original, pero uno lee al autor de Expiación y Sábado con un prejuicio, mejor, casi con veneración. Acude a sus novelas con una predisposición más que amistosa. Quiere que le gusten.

Pero no.

Creo que McEwan no sabe moverse en el terreno de la sátira. O quizá soy yo el que no me encuentro a gusto con el maltrato gratuito a los personajes. (Prueba de ello es que soporto cada vez peor la falta de ternura en las películas de los Coen.)

Soy de los que piensan que el autor tiene que empatizar con sus personajes. Y en la búsqueda de lo irrisorio, McEwan se ceba con Michael Beard, el personaje principal de Solar, un Nobel de Física maniatado por sus apetitos -sexuales y estomacales- y en un declive intelectual imparable que trata de solucionar su futuro profesional gracias a una serie de patentes relacionadas con la energía solar obtenidas fraudulentamente a partir de las investigaciones de otra persona.

No me encuentro a gusto observando a esa especie de Gran Lebowsky de cuello blanco, casado en cinco ocasiones, gorrón, egoísta, envuelto en historias turbias que incluyen homicidios involuntarios, robos de propiedad intelectual y adulterios... De esa misma estirpe, mil veces más interesante el Frank Bascombe de Richard Ford. Más real. Más tú y yo.

Por otra parte, reconozco que la cuestión del calentamiento global como uno de los grandes principios sobre los que pivotar la identidad de un presunto ser del siglo XXI no termina de involucrarme. Al menos no como filosofía de vida, que es lo que a mi entender los ecologistas hacen de asuntos que me resultan más prácticos que ideológicas. Está bien hacer frente al cambio climático, contra el abuso de nuestros recursos a los que sin darnos cuenta nos ha llevado la Revolución industrial. Pero hacer de eso "un tema literario"... No sé, tengo la impresión de que no da para tanto.

[Terminé de leer Vida de Pablo, de Carlos Pardo. Finalmente me resultó más entretenido de lo previsto cuando comencé a leerlo. Aun así, no deja huella alguna en mi trayectoria lectora. Espero leer próximamente el segundo tomo de Jesús de Nazaret de B16. Trapiello ha sacado el nuevo tomo de sus diarios, Apenas sensitivo, también espero leerlo en breve. Y puede que Los enamoramientos de Marías, aunque me dan perezuela.

Mientras, os recomendaré dos películas nominadas al Oscar como mejor película en lengua no inglesa en la edición de este año: Incendies -gran película canadiense con un final a mi juicio un tanto fallido por rocambolesco- y En un mundo mejor -hermosa (y violenta) cinta danesa que mezcla al mejor Iñárritu y la lírica glacial y filosófica del cine escandinavo-.

Nuevas obligaciones profesionales hacen más difícil escribir en el blog, aunque a veces me preguntó si esto tiene sentido. Escribir de cuando en cuando unos pensamientos que apenas puedo perfilar, unas recomendaciones de consumo cultural, unas pontificaciones. Puede incluso que mi vida interior sea ahora menos rica, puesto que no me sale acercarme con pasión a este diario como solía. Me aflige no estar más por aquí, eso sin duda.]