sábado, 9 de julio de 2011

Independence Age

Por eso de nulla dies sine linea, aunque la cama me espera para no dormirme y perder mañana el vuelo a Mineápolis, donde veré a mi querido hermano y nuestra familia americana, hago anotaciones a vuelapluma, aunque -siempre- con voluntad de estilo.

Ha pasado una semana exacta desde que llegué y podría haber ido un mes por la intensidad de lo vivido, la profundidad y variedad de las emociones experimentadas y el número de relaciones establecidas (muchas de ellas apenas esbozadas, pero que espero prolongar).

El balance es muy positivo.

Ahora que vuelvo del laundromat, donde unos chinos encantadores me han dejado hacer la colada (si no, me quedaba sin ropa interior limpia) a pesar de que ya había pasado la hora, toca hacer balance. Un balance muy positivo. En la semana del 4 de julio, he empezado a ganar una batalla por mi independencia.

La colada pagada a base de quarters, comprar ropa en Macy's, ir al cine, hacerse con comida ya preparada en ese maravilloso lugar llamado Whole Foods, cenar tranquilamente en un bistró de Chelsea, pasear por Times Square, devorar una hamburguesa en PJ Clarke's, beber un puñado de iced coffes de Starbucks y Dunkin Donuts, flirtear con un par de preciosas camareras, beber vino en una azotea del Lower East Side mientras mojo mis pies en una jacuzzi y hablo de la felicidad con una diseñadora de Ralph Lauren de origen libanés, recorrerme toda la línea F desde Coney Island a la 23rd, partirme el bazo con un judío italiano excéntrico que aspira a desbancar a Spielberg, pasear en chanclas por la Quinta Avenida, departir con las dependientas negras del Duane Reader que te han ayudado a comprar detergente...

Y sentir la soledad -pero menos-, la dificultad de comunicarse -pero menos: Nueva York no es Inglaterra-, la torpeza para manejarse a solas en la vida, la carencia de asideros constantes que vertebren incluso el estar uno consigo mismo...

Nueva York ya me ha dado mas de lo que yo hubiera imaginado en el mes y medio que pasaré aquí, durante el que -vislumbro- queda mucho por disfrutar.