domingo, 3 de julio de 2011

Impresionismo sabatino

Salir del ver una de Hollywood en unos multicines y estar en la 67th con Broadway.

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Ir al New Museum of Contemporary Arts y encontrarse las mismas cosas que no me gustan en el Reina Sofía pero que, ah, como están en Nueva York... Entre otras, una exposición de Apichatpong Weerasethakul, con materiales grabados durante el rodaje de su Tío Boonme que recuerda sus vidas pasadas, que ya comenté en su momento.

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7.30 de la mañana. El jet lag me facilita un paseo a lo largo de la calle 23 hacia el este. Tengo que hacer esfuerzos para no ponerme a aletear furiosamente con los brazos y reprimir mis emociones de quinceañera al grito de OMG, OMG.

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Al pie del Flatiron Building. Quinta Avenida con Broadway. Definitivamente, he entrado en el decorado. Pero, insisto, encuentro humanas las medidas, las proporciones, las escalas de las cosas, su organización.

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En uno de los cortos proyectados en la expo de Apichatpong: -¿Les dijiste que podías ver el pasado y el futuro? -Sí, pero ellos solo querían conocer el futuro, cuál era el número ganador de la lotería.

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Mi primer almuerzo neoyorquino es en P.J.Clarke's, famoso por sus hamburguesas. Ya habrá tiempo para comidas bióticas en Chelsea. Me atiende una camarera de innegable ascendencia irlandesa. El espíritu de John Ford sobrevuela el restaurante. Es petite , pelirroja y sin embargo muy agradable -que diría Michaeleen Flynn-. Esmerada atención, y familiar.

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La zona cero la encuentro destartalada y solitaria (sábado temprano). Antes he visto ardillas en el Battery Park y una ya hermosa cola de turistas para subir al ferry de Staten Island.

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En Times Square sí que me he sentido abrumado. Muchedumbre y pantallas. Luces y baratija. Me abruman (me encuentro menos a gusto) más la Sexta, Séptima y Octava, que la Quinta, mucho más elegante y coqueta. Vintage.

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Bryant Park, parque adorable rodeado de rascacielos, da fe de esa sensación de humanidad que ya he comentado y que me transmite en general la ciudad. Cierto aire familiar y agradable que, como Roma, me hace sentir en casa, en un lugar abarcable a pesar de las dimensiones materiales e históricas de los edificios. Supongo, todo sea contemplado, que el fin de semana festivo aligera el lugar. Seguiré tratando de afinar estas impresiones y su variación.

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