jueves, 14 de julio de 2011

Días de rodaje

Se ha levantado un viento agradable en Manhattan, brisa para aliviar ese calor que hace casi supurar los sobacos. Ya es de noche. De noche en la ciudad que nunca duerme, dicen. Mejor será decir la ciudad que nunca apaga las luces, como mi propia casera con nuestro apartamento. Acabo de darme un paseo solitario por el SoHo, 11 de la noche. Pm. Y Malasaña en una noche de miércoles veraniego tiene más vida, lo siento por lo paleto de la comparación.

No conozco Manhattan todavía. O conozco solo un Manhattan. Mi vida se mueve en torno a la calle 23. De ahí a la quinta avenida y bajando por Broadway hasta Union Square. Partiendo de allí, me he aventurado un poco más abajo para tomar algo al final de la jornada en torno a Prince Street, allá donde se encuentran el SoHo y NoLiTa, un territorio donde abundan los locales cucos donde pimplar una cerveza.

Esta mañana estuve grabando mi primer ejercicio de la escuela, una cosa sencilla, escena de un plano. Y allá que me he plantado al pie del Flatiron Building con la cámara de 16 mm a rastras y mi equipo casi de la oreja.

El cielo, que desde primera hora del día ha amagado con explotar, se ha vestido de lona gris para decorar mi set de rodaje. Quizá ha sido un golpe de suerte, porque un día de sol enrabietado, como suele lucir estos días, hubiera aumentado el riesgo de que la imagen quedase saturada de luz, sobreexpuesta. El lado negativo del día tontorrón y frescuno ha sido que ha llegado a chispear un rato, y la amenaza de tormenta (cumplida por la tarde con salvaje y breve jarrear) ha metido prisa a nuestro trabajo. El viernes sabré lo que ha salido de esto.

El mismo viernes aterrizan por aquí el náuGrafo y Latinajo de Hispalís. Ando un poco con los nervios del huésped, ya ves tú. Será divertido comprobar si somos capaces de trasplantar a esta mítica ciudad nuestras andanzas madrileñas. Me pregunto qué sensaciones se producirán en la intersección de tantos y variados elementos: Nueva York, mi propia vivencia de la ciudad, la presencia de semejantes figuras, las experiencias ya vividas en otras geografías junto a ellos... Veremos.

(Estoy perezoso con las fotos. Me perdonaréis, pero quizá la intimidad de mi entenderme con la ciudad, con mi Nueva York, hace a veces superfluas las instantáneas... Creo que nunca he sido muy de fotografíar buenos momentos. Por ser lapidario, digo)

1 comentario:

el náuGrafo dijo...

La llegada de tan dos simpares personajes creo que va a añadir un gramo de vitalismo, si se me permite, a una Nueva York siempre necesitada de nuevos fichajes.

; ))


pa' allá amossss, nueva jorkkkkkk