sábado, 2 de julio de 2011

Agua lustral en Manhattan

No sé cuándo me brotó la idea, pero me gusta como concepto para una narración. Un tipo que cambia de vida cada cinco años. Se muda a otra ciudad, se cambia de nombre, deja a su pareja, su vida... todo. En cinco años cabe mucha vida. Cinco años podría ser una medida que evite la degradación.

Hace cinco años pasé un verano en Manchester que me marcó profundamente. Cuando me dirigía al aeropuerto entonces sabía que algo estaba empezando. Creo que la propia voluntad de cambio, de crecimiento, detonó ese cambio. Apertura.

En este lustro, no me lo puedo creer, he vivido mucha vida. Parece larguísimo el tiempo transcurrido y sin embargo es poco para todo lo que he vivido. Claro que de los 25 a los 30 es natural que pasen muchas y muy importantes cosas.

Con una sensación todavía más intensa, y todavía por definir, he cogido esta mañana el vuelo de Continental Airlines que me llevaba al Newark Liberty International Airport. Comienzo hoy una estancia de 43 días en Nueva York, la capital del imperio, la Roma de nuestra era.

El aterrizaje no ha podido ser menos glamuroso. En la aduana, me ha tocado la fila de los torpes y ha pasado una hora hasta que he conseguido salir del aeropuerto y buscar un autobús que todavía ha tardado otros 20 minutos en llegar.

El trayecto hasta Manhattan, a través de Nueva Jersey, aunque ya mitificado por Los Soprano, no facilita la contemplación. Industria, industria, industria. Y un buen atasco de entrada a la ciudad. Otra hora y pico hasta cruzar el Lincoln Tunnel.

Tanta gente que uno conoce ha estado en Nueva York y todos insisten tanto en la impresión abrumadora que producen sus dimensiones, el como estar en una película... que mis primeras impresiones son inesperadas. Más que sentirme abrumado, me reconozco de vuelta a casa. Bien es verdad que hasta mañana no me sumergiré en la selva vertical, pero de momento la sensación es de que el estar aquí humaniza la ciudad, Nueva York encarnado es más accesible que todas esas imágenes que uno se ha podido hacer de ella.


El atasco, Nueva Jersey y el skyline de Manhattan al fondo.



Mi primera visión con los pies en las aceras de Manhattan. Claro ejemplo de lo que os comentaba. Veo esta foto y es la típica foto de Nueva York. Pero yo he estado ahí haciéndola y era todo más normal, más abarcable emocionalmente. Tenía más vida la vida.



Vista desde mi ventana.



La calle 23 hacia el este desde el balcón de mi alojamiento.

2 comentarios:

Nicolás Fabelo dijo...

¿Nueva York será una fiesta?... Un fuerte abrazo

Agus Alonso-G. dijo...

La cosa no pinta mal desde luego, jeje.