jueves, 3 de febrero de 2011

Un tipo de razón

La realidad es de hecho tal que se presentan determinadas formas de comportamiento y de pensamiento como las únicas racionales y, por tanto, como las únicas adecuadas para los hombres. El cristianismo se ve así expuesto a una presión de intolerancia que, primeramente, lo caricaturiza -como perteneciente a un pensar equivocado, erróneo-, y después, en nombre de una aparente racionalidad, quiere quitarle el espacio que necesita para respirar.

Es muy importante que nos opongamos a semejante reclamo absoluto, a un tipo determinado de 'racionalidad'. No se trata, en efecto, de la razón misma, sino de la restricción de la razón a lo que se puede reconcoer mediante la ciencia natural, y al mismo tiempo de la marginación de todo aquello que vaya más allá de ella. Por supuesto,es verdad que en la historia ha habido también guerras por causa de la religión, que la religión ha llevado también a la violencia...

(...)

Pero tanto más sigue siendo verdad la gran fuerza del bien que ha sido liberada por la religión, que a través de grandes nombres -Francisco de Asís, Vicente de Paul, la Madre Teresa, etcétera- ha estado presente y ha resplandecido a lo largo de toda la historia. A la inversa, las nuevas ideologías han llevado a una suerte de crueldad y desprecio del hombre, antes impensables porque se hallaba todavía presente el respeto por la imagen de Dios, mientras que, sin ese respeto, el hombre se absolutiza a sí mismo y todo le está permitido, volviéndose entonces realmente destructor" (Luz del mundo, Benedicto XVI)


Y es cierto, que el desprecio intelectual por la religión, según y como personalmente lo experimentamos actualmente, ha llegado a tal aceptación incontestable, que ya ni siquiera se rechaza el cristianismo con argumentos. Basta la caricatura, la frasecita simple, el silogismo presuntamente inapelable basado en ese pensamiento dominante. Lo políticamente correcto, por simplificar.

Y, sin embargo, es tan evidentemente limitadora esa concepción de lo racional. Aboguemos por lo razonable, más que por lo racional. Al fin y al cabo, el hombre no es sólo razón, ni es lo único que nos hace superiores. Inteligencia, voluntad, sensibilidad, intuición emocional... Somos un potaje interesante y mucho más alambicado. ¿O es que la física cuántica es lo que guía nuestra moralidad? ¿Se basan nuestros movimientos emocionales en el pasar de la vida cotidiana en determinado planteamiento biologicista? Raro es el determinista que se comporte como si lo fuera, o el materialista que lo es realmente en el trato con sus semejantes (al menos en esta sociedad grecolatinajudeocristiana).

Me resulta muy curiosa la incoherencia de ciertos ateos cientifistas que no tienen rebozo en deducir de las acciones de la realidad física posibles influencias. (Y perdonad mi ignorancia científica, de la que no me siento orgulloso, más bien al contrario.) Si algo se pone en danza suponen la existencia de fuerzas aparentemente invisibles (o de hecho invisibles). Pueden elaborar complicadas teorías construidas sobre las manifestaciones de una realidad que ni siquiera observan.

Esos ateos no pueden, sin embargo, dejar abierta la puerta a la posibilidad de que el ansia de infinito del ser humano sea causada por un magnetismo que es capaz de colmar esa sed. No, son más rotundos, están muy seguros de que ese deseo de trascendencia sólo puede ser fruto del miedo a la muerte, al sinsentido.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gusta el comentario, pero me hace pensar que escribirías sobre este tema si tus padres hubieran sido otros, por ejemplo los míos o si en lugar de haber nacido en la capital del reino hubieras nacido en pleno Bhutan o en la capital del impeñrio del Sol Naciente, escribirias algo parecido y continuarías llevando razón.

Es lo bueno de este sitio, la invitación a pensar con razón o sin ella.

El admirador de Jackie Chan