domingo, 20 de febrero de 2011

Penitencia pública

Puede uno dirigirse a comulgar el Cuerpo de Cristo y -como me pasó ayer- resistirse a permitir la entrada en la fila a una vieja que se acercaba por el costado.

Así somos.

5 comentarios:

Nicolás Fabelo dijo...

Necesitamos ser algo indulgentes con nosotros mismos para vivir conscientemente sin que nos mortifique el sentimiento de culpa. Perdónate, piensa que no deja de ser una cosa muy menor. Ya sabes, quien esté libre de culpa...

Anónimo dijo...

Supongo que eso es ser humano.

el náuGrafo dijo...

Lo de la vieja no era justo. Hiciste bien. Hay mucha anciana caradurilla.

E. G-Máiquez dijo...

Recordé esta entrada al asistir a un espectáculo curioso. En la cola de comunión. De pronto el que está segundo hace un rapidísimo adelantamiento y comulga él en vez del primero. ¿Por qué?, me pregunto yo que soy el tercero. Porque sólo quedaba una Sagrada Forma. Nada grave: el sacerdote fue al Sagrario y volvió, pero el detalle ahí quedó, bastante extraño.

Agus Alonso-G. dijo...

Jaja, condición humana... Tendría prisa ese segundón.