lunes, 3 de octubre de 2011

Estampas romanas en el veranillo de San Miguel

Más de un mes sin venir a este blog a escribir. Muy mal.

Y el anquilosamiento hace que cueste ahora hasta hablar de los atardeceres sobre el Tíber, de las noches en el Trastevere, de lo bien que se reza en Roma (cómo inevitablemente el corazón universal, católico, se desborda a lo largo de ese racimo de iglesias, de arte sacro, de espiritualidad hecha pintura, escultura, música, arquitectura), de esos Rothko en gama pastel que son las paredes romanas, del adoquinado, yuxtapuesto y caótico como mi propia forma de expresarme aquí y ahora...

* * *

Roma conoce tan bien sus encantos, es tan bruja, que te cobra 5 euros por una cerveza y todavía le ríes la gracia.

Ya dije a proposito de Nueva York (ciudad-amigo) que Roma es para mí la ciudad-amante. Me explayo: ciudad perfecta para ser turista. La ciudad en la que uno solo puede ser feliz, supongo. Un rostro urbano en el que los lunares son chispazo de bellezas y las disonancias armonía angélica. La ciudad con la que no me casaría, cuya convivencia no soportaría. Pero a la que me rindo devotamente cada vez que veo.

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Sábado noche. Campo dei Fiori. Un bullir de juventud, de turisteo, de chuloputismo romano (con qué gracia y donosura llevan los tíos sus hormonadísimos pechos, sus perfiles aquilinos, qué cracks). Tres chicas orientales que se hacen con toda seriedad su foto Nikon en medio del magma humano. Naturaleza muerta.

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Estuve a ver al Moisés. Hacía tiempo que no me pasaba por San Pietro in Vincoli. Impresiona. Pero por qué hay que verlo desde esa distancia, sin poder enfrentarse a su rostro iracundo, frente a frente. ¿Temen acaso que nos pegue un tablazo de la ley si nos aproximamos demasiado?

Tampoco recuerdo la última vez que estuve en Santa María la Mayor. No recordaba su grandeza. Su espectacularidad. Estuve en misa dominical. Digna, cuidada, piadosa. Faltaría más.

En esta ocasión, el Colosseo me resultó más impresionante e imponente que nunca. No sé por qué. Y las colas para entrar a San Pedro nunca me resultaron tan molestas, y fíjate que me he chupado unas cuantas.

viernes, 26 de agosto de 2011

Ansia

Y escuchar una canción que te transporta. Hermosísima. Leer un libro que traspasa. Ver un cuadro de Cezanne. Una película maravillosa.

Y querer y no poder. Hacer arte. Literatura. Lo que fuere.

Sitio!

jueves, 18 de agosto de 2011

Un manifiesto para agosto

Sí, ya llegué de Nueva York. La vida hace que este blog se desangre sin parar. No dejo de tener ideas -"esto tendría que desarrollarlo en el blog"- pero me puede el fluir de las cosas. Quería hablar de ciudades-amigo (Nueva York, conoces sus defectos perfectamente, no te gustan peor los aceptas y convives con ellos en una lealtad a esa ciduad solo quebrantada por esporádicos cabreos) y ciudades-amante (Roma, no conoces sus defectos o si los conoces los conviertes en virtudes, una relación apasionada y volátil), pero no encuentro tiempo. O ya sí. Quizá esto baste.

Vuelvo hoy de ver caer al Madrid, de nuevo, contra el Barça. Empieza a ser duro el madridismo, acostumbrados a la cresta de la ola. El Madrid luchando, positivo. Pero violencia y mal perder, negativo. Mourinho metiendo el dedo en el ojo, literalmente. Toca apostatar del mourinhismo.

Me llegan mientras tanto noticias de la marcha "laicista", con insultos y provocaciones a los peregrinos -una marcha de estas características en los días en que Madrid está tomada por peregrinos es por sí misma me parece de una provocación atroz, meter el dedo en el ojo como Mourinho, aunque defiendo el derecho a que se manifiesten-. [Un vídeo y una crónica que hablan por sí solos]

"Me han insultado y zarandeado, y he tenido que sacar de la masa a una chica italiana llorando, a la que han escupido. Si esta es la democracia que quieren algunos, os la podéis quedar, yo prefiero el exilio. No le deseo a nadie que viva lo que yo he vivido hoy", leo en Facebook a un amigo, más pacífico que una mosca, entregado a la causa de la JMJ, que defendía el otro día que los antiPapa se pudiesen manifestar.

Llego a casa, después del partido, desolado por la derrota, por el mal perder de los jugadores del Madrid, por la intolerancia de quienes quieren apropiarse de las palabras libertad y tolerancia, por la incapacidad española de crear un espacio de entendimiento... Y me encuentro con una carta de mi hermana monja. Le llegó mi postal de Nueva York a su convento de clausura. Me dice muchas cosas, todas ellas muy sobrenaturales. Llenas de paz. De deseos de mejora. Glup.

Periódicos que se dicen católicos alimentarán mañana el enfrentamiento mezclando política, religión y lo que haga falta. Periódicos de izquierda tratarán de justificar la violencia en el contexto histórico, blablablá, blablablá. Hoy mismo dos personas que considero racionales, sensatas, pero con una clara antipatía por el catolicismo, me justificaban la manifestación de la aversión que sienten esos laicistas a un evento que no les gusta, aun cuando esa manifestación unos cientos de metros más allá había acabado en violencia. Se olvidan de que no es lo mismo que algo no te guste a que no sea justo.

Dialéctica de la "explicación" de la violencia que sirve para "explicar" guerras civiles, alzamientos, asesinatos a sangre fría, deportaciones masivas, genocidios, bofetadas, violencia machista... En esto también, me declaro también cada vez más, erasmista.

Quiero creer en otra España, una España lejos de facciones apasionadas, enconadas, incapaces de entenderse, que siempre encuentra justificación a la violencia, al golpe de estado, al fusilamiento, a la revolución, cuando sus autores son "su bando". Que manipulan la información y los titulares a su conveniencia ideológica... Y así. En fin, hoy lloro -lloro, de verdad- por España y por nosotros, españoles, gentes de buen corazón pero en buena medida facciosas, intolerantes y paletas. Que olvidan el buen sentido y el amor al otro cuando nos tocan lo que consideramos nuestra ideología, que se erige en columna vertebral de una existencia cerrada a los espacios comunes y a la convivencia plural.

Estamos en el siglo XXI, amigos.

(En este manifiesto para agosto, mes del conseguidor de la Pax Augusta, pongo a España bajo la protección divina de San Francisco y bajo el ejemplo más terrenal de Chaves Nogales)

miércoles, 10 de agosto de 2011

Countdown

Cuatro días para volver a Madrid, y no debiera tener tiempo ni para ponerme a hacer literaturas por este blog -porque eso es lo de aquí, pura literatura- de cómo se me van los días entre los dedos. Acabo de volver de tomarse unos vinos con queso en una azotea de Madison Avenue, sencilla pero precisamente por eso agradable. No está uno ya para multitudes.

Multitudes que me sorprendieron desagradablemente en el MoMA. Me habían avisado de la fantástica colección del museo y aun así casi me caigo de culo. Nada más llegar, un cara a cara con Cezanne me puso en mi sitio. O en el suyo. Fue entonces cuando empezó a exasperarme el hecho de que dejen hacer fotos...

En esta puta sociedad del simulacro, el borreguismo de la masa viene definido por su capacidad acrítica de hacer fotos. (Toma machada reduccionista.) Cámaras reflex, esmarfones, flips, lo que sea. La gente hace fotos peores que una postal. En vez de disfrutar de Van Gogh, de Monet, de Picasso, de Léger, de Miró, de Kandinsky, se hacen fotos con sonrisas estúpidas junto a sus obras, quizá para colgarlas en Facebook, como si estuviesen junto a una imitación de la Estatua de Libertad. Por un momento, a punto estuve de eregirme en un Jesucristo del Arte, tomar unas correas y expulsar a toda aquella gentuza del museo cual mercaderes de la inepcia.



Al final, me puse los cascos, musiquita, evasión, y victoria. El edificio, que subraya las masas de turistas, una castaña. La colección, fantástica.

Necesitaba este ensimismamiento. Y en esa línea introspectiva, estuve en el norte de Manhattan, en una iglesia románica transplantada directamente desd España y Francia. No es que sea una locura. Para un hispano que se ha batido el cobre turístico por Huesca, no impresiona. Pero encontrase uno en Manhattan como si estuviese en Segovia, pone los vellos como escarpias.

El domingo salí para Boston. Apenas dos días, pero intensos. Me alojaron Donald y Gina, dos amigos de una sensibilidad y un saber estar exquisitos. Después de un Nueva York en el que se hace difícil no hablar español, ha sido una inmersión en América. La fisonomía bostoniana es más europea que la de Nueva York, pero no sus gentes. Tuve tiempo para descubrir el béisbol gracias a un televisado Red Sox-Yankees, un Madrid-Barça del beísbol.

En los museos bostonianos (yo vivía en Cambridge, al otro lado del río) he descubierto un puñadito de pintores figurativos de comienzos del XX. Sobre todo a John Singer Sargent, pintor figurativo de principios de los años cuyo "El Jaleo" es fruto de su paso por España. Antonio Mancini, Anders Zorn o Cushing son nombres que me guardo en la buchaca.

Es este un post que debiera ser un puñado de post. Hablar de la masa alienada que turistea por llenar la hoja Excel de lugares visitados (y fotografiados) da para un chorreo de párrafos agudos. Contaros la experiencia de los muchos manhattanes que hay en manhattan (aunque me decía una manhatteña que no, que lo del calustro no es Manhattan: buah, le digo yo) es una entrada. Un día de bicicleta bajo la lluvia recorriendo Manhattan de orilla a orilla da mucho juego, literatura épica. El descubrimiento de autores fuera del canon vanguardista de comienzos del siglo XX que he descubierto en Boston, más. Donald y Gina, ellos -y su casa, de la que no he sacado ni una foto, y los partidos disfrutados junto a ellos- darían para tres entradas. Y el deseo de no marcharse. Y.

Pero parece que cuando uno vive con tanta intensidad, el tiempo para la literatura se acorta. Vivir o escribir, parece que es el dilema.

domingo, 31 de julio de 2011

Nebuloso

Extraño momento de plenitud.

Acabo de comer un 'Not your mother' meatlof, una bola de carne picada con ñoquis, zanahoria y verdura a la plancha. En Highpoints, justo debajo de mi alojamiento. Un sitio de trato exquisito y buena comida.

Mi ropa está en la secadora, 100 metros más allá. Junto a mí, los cuentos completos de Raymond Carver en The Library of America que compré en Saint Paul. No los leeré ahora pero me hacen compañía en estos momentos de laundromat y cervezas en soledad.

Es sábado. Ayer acabé el curso. El curso acabó ayer, más bien. Satisfecho. En mi ser indefinido, percibo que estoy hecho un poco más. Un golpe de cincel en la escultura que debería ser.

Al mismo tiempo, soy perfectamente consciente de mi indefinición. Y lo cierto es que no me importa. Hoy no, al menos.

Como digo, ayer fue el último día del curso. Proyección de nuestros cortos en pantalla grande. Algo especial. Acicalados, nerviosos. Apenas hemos hermanado durante estas cuatro semanas, no como grupo, desde luego, pero entonces llegó el momento de irnos juntos a tomar algo al Crocodrile Lounge. Exaltación de una amistad inexistente, promesas de vernos de nuevo, siempre nos quedará Facebook, y demás.

La tarde-noche dio para confirmar que la actriz española que nos ha acompañado es estructuralmente estirada. No es que sea tímida, no. Y que lo del lesbianismo empieza a ser endémico. ¡Dos en mi clase!

Acabamos en un karaoke tipo Blade Runner. Luces de neón, aire acondicionado en temperaturas gélidas, cómprese usted la bebida fuera, habitaciones reservadas para grupos. Por supuesto volví a hacer a-kind-of ridículo cantando "Common People" de Pulp.

* * *

Aquí me tienes sentado en la barra. Tomando por primera vez una cerveza Palm. Belga. No está mal. Gobierno no tendrán, pero buenas cervezas las que quieras. Quiero mirarme al espejo que cubre el fondo de la barra (todo un ensayo merecerían semejantes espejos), pero no lo consigo. Un gesto para ayudar a mirarse en lo que se avecina. El curso 2011-12. Un interrogante que ahora trato de contestar.

Unas elecciones que influirán en mi futuro profesional. Una emancipación por venir. Un horizonte de ilusiones por cumplir. Y para que la cosa no se quede en frases huecas, me pongo a hacer una lista ahora mismo. "Proyectos", no, menos pretencioso, "Cosas que hacer en 2011-12". Puede que la primera sea raparme la cabeza.

viernes, 15 de julio de 2011

El cubro de Kubick

Me decía hoy náuGrafo via the social network que leyendo mi historias manhattenses -que no manhatteñas- se le había ocurrido que por qué no una novela destroyer, bueno no tanto, ácida, sobre la posmo. Dernidad, claro. Que tengo un estilo y que mi currículo de posmoderno antiposmoderno (o antimodernos, más bien, o antiposes, yo diría) podría dar para crear un personaje ad hoc (ad hog).

Me gusta la idea. Es algo que rezumaría por mis poros intelectuales y emocionales. Solo requeriría pulir, cortar, ¡podar! la bilis.

La historia podría comenzar con el personaje eligiendo una nueva foto para el perfil de Facebook y pensando una frase superingeniosa de la supersantamuerte para poner en Twitter. Luego mandaría unos correos electrónicos lanzando semillas a diversas gentes que puedan germinar en diversos planes de fin de semana. Por supuesto, habrá tiempo para dejar plantados (por aquello de las semillas) o para cancelar alguno de los planes. El menos gauyse de todos.

Sin más. Escuchando ese disco programático que para mi es The suburbs, se me ocurrió en un viaje a León, titular una novela Puzzled y vertebrarla con este álbum de Arcade Fire, que interpreto en mi laboratorio particular como una crítica a la (pos)modernidad.

Hace unas semanas los alumnos de la ECAC (escuela de cine de Catalunya) presentaban su Puzzled loves o algo así. Me han jodido el título. Aun así, me interesa esa idea del posmoderno como un ser fragmentado cada vez en más añicos, quiero decir, piezas, desvindulado... sé que esto no es excesivamente original, pero los mundos virtuales y su facilidad para hacer proliferar una multiplicidad de caras (una es la foto del DNI, otra la de Facebook, otra la de nuestra ficha para currar, otra la de Twitter...) multiplica esa fragmentación.

Cubismo posmoreno. O un cubo de Rubick sin resolver. Mejor. Con facetas que mezclan colores.

Control+Z. Ese es otro título fabuloso para una novela, hasta que alguien venga a robármelo. ¿Que es un título que envejecerá mal? Que me lean primero mis contemporáneos y ya hablamos.

Inventemos, eso sí, una post-cualquieridad.

jueves, 14 de julio de 2011

Días de rodaje

Se ha levantado un viento agradable en Manhattan, brisa para aliviar ese calor que hace casi supurar los sobacos. Ya es de noche. De noche en la ciudad que nunca duerme, dicen. Mejor será decir la ciudad que nunca apaga las luces, como mi propia casera con nuestro apartamento. Acabo de darme un paseo solitario por el SoHo, 11 de la noche. Pm. Y Malasaña en una noche de miércoles veraniego tiene más vida, lo siento por lo paleto de la comparación.

No conozco Manhattan todavía. O conozco solo un Manhattan. Mi vida se mueve en torno a la calle 23. De ahí a la quinta avenida y bajando por Broadway hasta Union Square. Partiendo de allí, me he aventurado un poco más abajo para tomar algo al final de la jornada en torno a Prince Street, allá donde se encuentran el SoHo y NoLiTa, un territorio donde abundan los locales cucos donde pimplar una cerveza.

Esta mañana estuve grabando mi primer ejercicio de la escuela, una cosa sencilla, escena de un plano. Y allá que me he plantado al pie del Flatiron Building con la cámara de 16 mm a rastras y mi equipo casi de la oreja.

El cielo, que desde primera hora del día ha amagado con explotar, se ha vestido de lona gris para decorar mi set de rodaje. Quizá ha sido un golpe de suerte, porque un día de sol enrabietado, como suele lucir estos días, hubiera aumentado el riesgo de que la imagen quedase saturada de luz, sobreexpuesta. El lado negativo del día tontorrón y frescuno ha sido que ha llegado a chispear un rato, y la amenaza de tormenta (cumplida por la tarde con salvaje y breve jarrear) ha metido prisa a nuestro trabajo. El viernes sabré lo que ha salido de esto.

El mismo viernes aterrizan por aquí el náuGrafo y Latinajo de Hispalís. Ando un poco con los nervios del huésped, ya ves tú. Será divertido comprobar si somos capaces de trasplantar a esta mítica ciudad nuestras andanzas madrileñas. Me pregunto qué sensaciones se producirán en la intersección de tantos y variados elementos: Nueva York, mi propia vivencia de la ciudad, la presencia de semejantes figuras, las experiencias ya vividas en otras geografías junto a ellos... Veremos.

(Estoy perezoso con las fotos. Me perdonaréis, pero quizá la intimidad de mi entenderme con la ciudad, con mi Nueva York, hace a veces superfluas las instantáneas... Creo que nunca he sido muy de fotografíar buenos momentos. Por ser lapidario, digo)

martes, 12 de julio de 2011

Escenas de Manhattan

Semana muy ajetreada en la NYFA, preparando rodajes sencillos pero que requieren su tiempo.



Lo que me tiene muy ocupado también es sudar abundantemente, aunque eso deja tiempo para otras cosas. A mí, al contrario que la mayoría protestante del aire acondicionado, me encanta entrar en los vagones del metro de Nueva York, como el de Madrid, y congelar como estalagmitas los chorros de sudor que bajan por mis sienes hasta la papada a través de la patilla.



Ardilla en Union Square.



Buscando el banco de Manhattan en el East Side Park...



...sudando, por supuesto.

lunes, 11 de julio de 2011

Minesota

Viaje relámpago a las ciudades gemelas, Saint Paul-Mineápolis, en Minesota, para visitar por fin a la rama americana de la familia. Otro Estados Unidos. Agradabilísimo fin de semana en un barrio residencial judío de Saint Paul, capital del estado. A lo suburbs. A lo Coen. A lo Douglas Sirk. A lo Mad Men.

Ha habido tiempo para pasear, para jugar con el sobrino, para comer una hamburguesa rellena de queso, para beber Blue Moon, Sam Adams y germánicas cervezas, para ver cine de Woody Allen en el sotano a través de Netflix, para coger las bicicletas y cruzar el Misisipi, recorrer parte de Mineápolis, bañarse en uno de los 10.000 lagos del estado, comer bagels (era una asignatura pendiente), comprar por $20 los cuentos completos de Carver en una edición de la Library of América...

Y volver a sentir los vellos como escarpias, el soplo del Espíritu, la comunión de los (no tan) santos, en una sencilla parroquia de Mineápolis con los días contados. La distancia no la hace más comunión, pero si más patente.

sábado, 9 de julio de 2011

Independence Age

Por eso de nulla dies sine linea, aunque la cama me espera para no dormirme y perder mañana el vuelo a Mineápolis, donde veré a mi querido hermano y nuestra familia americana, hago anotaciones a vuelapluma, aunque -siempre- con voluntad de estilo.

Ha pasado una semana exacta desde que llegué y podría haber ido un mes por la intensidad de lo vivido, la profundidad y variedad de las emociones experimentadas y el número de relaciones establecidas (muchas de ellas apenas esbozadas, pero que espero prolongar).

El balance es muy positivo.

Ahora que vuelvo del laundromat, donde unos chinos encantadores me han dejado hacer la colada (si no, me quedaba sin ropa interior limpia) a pesar de que ya había pasado la hora, toca hacer balance. Un balance muy positivo. En la semana del 4 de julio, he empezado a ganar una batalla por mi independencia.

La colada pagada a base de quarters, comprar ropa en Macy's, ir al cine, hacerse con comida ya preparada en ese maravilloso lugar llamado Whole Foods, cenar tranquilamente en un bistró de Chelsea, pasear por Times Square, devorar una hamburguesa en PJ Clarke's, beber un puñado de iced coffes de Starbucks y Dunkin Donuts, flirtear con un par de preciosas camareras, beber vino en una azotea del Lower East Side mientras mojo mis pies en una jacuzzi y hablo de la felicidad con una diseñadora de Ralph Lauren de origen libanés, recorrerme toda la línea F desde Coney Island a la 23rd, partirme el bazo con un judío italiano excéntrico que aspira a desbancar a Spielberg, pasear en chanclas por la Quinta Avenida, departir con las dependientas negras del Duane Reader que te han ayudado a comprar detergente...

Y sentir la soledad -pero menos-, la dificultad de comunicarse -pero menos: Nueva York no es Inglaterra-, la torpeza para manejarse a solas en la vida, la carencia de asideros constantes que vertebren incluso el estar uno consigo mismo...

Nueva York ya me ha dado mas de lo que yo hubiera imaginado en el mes y medio que pasaré aquí, durante el que -vislumbro- queda mucho por disfrutar.

viernes, 8 de julio de 2011

Notas para una historia

He conocido a una persona estos días que podría ser la base perfecta para el personaje que protagonizaría la historia que os contaba hace unos días. La de los cinco años. Una vida en cinco años.

Se trata de un libanés de nombre español, imaginemos que se llama Alberto -su familia es cristiana maronita y es costumbre poner nombres cristianos para distinguirse claramente de los musulmanes y puesto que Alberto tiene familia española preguntaron por un nombre español y este fue el elegido-.

Que ha crecido en medio de una guerra, que se va a estudiar un par de carreras a España, Valencia por más señas, donde a la vez trabaja de fotógrafo, que luego se va a Londres y allí hace un curso de publicidad y se dedica a ello, primero en Londres y luego en una empresa con base en Líbano. Un año en Catar, trabajos en Dubai, un mes en Dinamarca...

Tiene casi 40 años y sus mejores amigos son españoles, aquellos con los que hizo la carrera, su primera carrera... de hecho, tiene alma española, habla -en un perfecto español- con pasión de nuestro país. Y, sin embargo, como Don Draper, le aburre la continuidad, necesita cambiar de país, de ocupación, ¿de nombre?, cada cierto tiempo.

Le conté el otro día que podía ser perfecto para esa historia. Y él me dijo que no le extrañaría que tuviese algún hijo por ahí, de algún viaje a una isla exótica.

Podría ser un buen comienzo para una historia. Varios tipos que conectan a través de internet (¿Facebook?) porque tienen el mismo nombre, un nombre muy particular -no Alberto, claro, o un nombre con un apellido- y descubren que ninguno de ellos conoce al padre que les dio nombre. Eso desencadenaría la búsqueda que terminaría desvelándonos a ese Dorian Gray wannabe.

jueves, 7 de julio de 2011

Venir para esto...





Así es. La primera (y espero última) vez que veo en concierto a Jarabe de Palo ha tenido que ser Nueva York. Este miércoles, en el Summerstage de Central Park solo se hablaba español. Qué manera la de esta gente de vivir de tres o cuatro canciones durante más de 15 años.

Eso sí, ahí hemos estado coreando "La Flaca" de pe a pa.

Hoy, como predije ayer, día de ascenso en la montaña rusa.

miércoles, 6 de julio de 2011

Tanto y tan calvo



Te recorres la ciudad y saboreas los paseos con la intensidad del observador solitario, a tu ritmo, a tu aire. Al día siguiente, acabas de rebote en una fiesta con vino y cerveza en la azotea de una casa del Lower East Side, charlando con unos valencianos que han hecho fortuna vendiendo muebles de diseño, con una libanesa que trabaja como diseñadora para Ralph Lauren, con un italiano que estudia en la NYFA después de ganar el Notodofest. Hasta un grupo de aficionados al jazz salido de no sé dónde toca para amenizar el acto.

Al día siguiente te levantas de resaca pero crecido, y entonces el día se convierte en un desierto en el que te arrastras solo y esperanzado, aguardando un correo, una llamada, más pendiente de la vida virtual -a este y al otro lado del Atlántico- que de la física. Great expectations. Ver a solas rodeado por una multitud los fuegos del 4 de julio.

Y entonces llegas al curso con toda la ilusión del mundo y en tu mismo grupo -te frotas los ojos, no te lo terminas de creer- hay una conocida actriz española.

Luego, te vas a cenar a una pizzería con otras dos compañeras demasiado jóvenes, una de las cuales oposita a convertirse en pesadilla insoportable. Te vuelves a casa otra vez un poco como así, melancólico.

¿Y mañana? O pasado. Seguro que algún episodio de camaradería con un nuevo colega, o una mirada sonriente intercambiada con una ninfa ligera que atraviese alguno de los desfiladeros de Nueva York, o la idea para una historia que se convertirá en una gran novela. Otro subidón para seguir disfrutando de una aventura. De la vida.

Ay, esa ansia de lo todo. Esa puerilidad de quererlo a todas horas.

Definitivamente tendré que hacerme al gin-tonic.

lunes, 4 de julio de 2011

La tierra de las oportunidades



La famosa competición de comedores de perritos calientes Nathan en Coney Island el 4 de julio, Día de la Independencia. La ganadora en el torneo femenino ha sido Sonya 'The black widow' Thomas, con 40 hot-dogs engullidos en 10 minutos. En la categoría masculina, Joey 'Jaws' Chestnut ha revalidado su título zampándose 62 hot-dogs. Logra así su quinto título consecutivo. Bravo por el pentacampeón al que en esta info de la revista Time podemos ver sosteniendo el cinturón mostaza que acredita al vencedor del torneo.

Fue digno de ver. Una vez. Y basta.

Lecciones en Saint Patrick



Hasta hoy, esta canción me parecía fea y hortera. Me trasladaba a una pista de circo, a un capítulo de Los Simpsons que no he visto, a uno de la familia Berenstein que sí. Me transmite un aroma a majorette, a cierta grandilocuencia pastelosa que de una parte de la cultura popular norteamericana se ha formado mi cabeza, a Clint Eastwood con gafas de sol y John Malkovich espiando desde una ventana en En la línea del fuego (donde creo que no aparece la marcha, por cierto).

La cosa es que acabada la Misa dominical, cinco de la tarde en Saint Patrick, el organista va y se lanza a tocar la citada marcha: "Star and stripes for ever", de Joseph P. Sousa. Y yo que me quiero morir. Y que quiero matar a la señora oronda y de negro que se ha sentado en el ínterim delante de mí y que aplaude cuando termina.

La chisto, sintiéndome responsable de la ortodoxia. Y ella se gira, me ve y me dice que ellos aplauden. ¿Ellos? Supongo que los norteamericanos, claro. "¿Eres alemán?". (Es la segunda vez que estando fuera de España me preguntan si soy alemán.)

La buena señora tiene la mirada lluviosa, como el día hoy por Nueva York. Y resulta que llora porque esa canción tiene un profundísimo significado para ella. Su abuelo alemán, huido de su país de origen, salió adelante en EE.UU. como sastre. No le querían aceptar en el sindicato por ser alemán. Al final lo logró, un Labour Day de hace décadas.

"Hay gente que tuvo que venir a este país contra su voluntad y ha dado y ha dado y ha dado... Esta marcha representa lo que es América... Tiene un profundísimo significado". He tenido que pedirle perdón, aunque ella no se ha mostrado ofendida. Solo curiosa. ¿En España no aplaudís? "En ocasiones excepcionales"... No podía evitar pensar en lo bien que estaba cooperando con apenas un ligero gesto -chstt- a acrecentar esa imagen de una España católica, oscura, de luto, rigurosa.

Creo que he arreglado el desaguisado asegurándole que cada vez que escuche esta canción pensaré en ella y en su abuelo el sastre. Se ha secado una lágrima y me lo ha agradecido. Yo le he pedido que rece por mí cada vez que ella la escuche.

Lo cierto es que la marcha de Sousa no ha dejado de parecerme fea. Pero para fea la suficiencia de un español pringado que se topa con la humildad de una feligresa de San Patricio.


Mi primer brunch neoyorquino.

domingo, 3 de julio de 2011

Impresionismo sabatino

Salir del ver una de Hollywood en unos multicines y estar en la 67th con Broadway.

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Ir al New Museum of Contemporary Arts y encontrarse las mismas cosas que no me gustan en el Reina Sofía pero que, ah, como están en Nueva York... Entre otras, una exposición de Apichatpong Weerasethakul, con materiales grabados durante el rodaje de su Tío Boonme que recuerda sus vidas pasadas, que ya comenté en su momento.

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7.30 de la mañana. El jet lag me facilita un paseo a lo largo de la calle 23 hacia el este. Tengo que hacer esfuerzos para no ponerme a aletear furiosamente con los brazos y reprimir mis emociones de quinceañera al grito de OMG, OMG.

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Al pie del Flatiron Building. Quinta Avenida con Broadway. Definitivamente, he entrado en el decorado. Pero, insisto, encuentro humanas las medidas, las proporciones, las escalas de las cosas, su organización.

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En uno de los cortos proyectados en la expo de Apichatpong: -¿Les dijiste que podías ver el pasado y el futuro? -Sí, pero ellos solo querían conocer el futuro, cuál era el número ganador de la lotería.

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Mi primer almuerzo neoyorquino es en P.J.Clarke's, famoso por sus hamburguesas. Ya habrá tiempo para comidas bióticas en Chelsea. Me atiende una camarera de innegable ascendencia irlandesa. El espíritu de John Ford sobrevuela el restaurante. Es petite , pelirroja y sin embargo muy agradable -que diría Michaeleen Flynn-. Esmerada atención, y familiar.

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La zona cero la encuentro destartalada y solitaria (sábado temprano). Antes he visto ardillas en el Battery Park y una ya hermosa cola de turistas para subir al ferry de Staten Island.

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En Times Square sí que me he sentido abrumado. Muchedumbre y pantallas. Luces y baratija. Me abruman (me encuentro menos a gusto) más la Sexta, Séptima y Octava, que la Quinta, mucho más elegante y coqueta. Vintage.

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Bryant Park, parque adorable rodeado de rascacielos, da fe de esa sensación de humanidad que ya he comentado y que me transmite en general la ciudad. Cierto aire familiar y agradable que, como Roma, me hace sentir en casa, en un lugar abarcable a pesar de las dimensiones materiales e históricas de los edificios. Supongo, todo sea contemplado, que el fin de semana festivo aligera el lugar. Seguiré tratando de afinar estas impresiones y su variación.

sábado, 2 de julio de 2011

Agua lustral en Manhattan

No sé cuándo me brotó la idea, pero me gusta como concepto para una narración. Un tipo que cambia de vida cada cinco años. Se muda a otra ciudad, se cambia de nombre, deja a su pareja, su vida... todo. En cinco años cabe mucha vida. Cinco años podría ser una medida que evite la degradación.

Hace cinco años pasé un verano en Manchester que me marcó profundamente. Cuando me dirigía al aeropuerto entonces sabía que algo estaba empezando. Creo que la propia voluntad de cambio, de crecimiento, detonó ese cambio. Apertura.

En este lustro, no me lo puedo creer, he vivido mucha vida. Parece larguísimo el tiempo transcurrido y sin embargo es poco para todo lo que he vivido. Claro que de los 25 a los 30 es natural que pasen muchas y muy importantes cosas.

Con una sensación todavía más intensa, y todavía por definir, he cogido esta mañana el vuelo de Continental Airlines que me llevaba al Newark Liberty International Airport. Comienzo hoy una estancia de 43 días en Nueva York, la capital del imperio, la Roma de nuestra era.

El aterrizaje no ha podido ser menos glamuroso. En la aduana, me ha tocado la fila de los torpes y ha pasado una hora hasta que he conseguido salir del aeropuerto y buscar un autobús que todavía ha tardado otros 20 minutos en llegar.

El trayecto hasta Manhattan, a través de Nueva Jersey, aunque ya mitificado por Los Soprano, no facilita la contemplación. Industria, industria, industria. Y un buen atasco de entrada a la ciudad. Otra hora y pico hasta cruzar el Lincoln Tunnel.

Tanta gente que uno conoce ha estado en Nueva York y todos insisten tanto en la impresión abrumadora que producen sus dimensiones, el como estar en una película... que mis primeras impresiones son inesperadas. Más que sentirme abrumado, me reconozco de vuelta a casa. Bien es verdad que hasta mañana no me sumergiré en la selva vertical, pero de momento la sensación es de que el estar aquí humaniza la ciudad, Nueva York encarnado es más accesible que todas esas imágenes que uno se ha podido hacer de ella.


El atasco, Nueva Jersey y el skyline de Manhattan al fondo.



Mi primera visión con los pies en las aceras de Manhattan. Claro ejemplo de lo que os comentaba. Veo esta foto y es la típica foto de Nueva York. Pero yo he estado ahí haciéndola y era todo más normal, más abarcable emocionalmente. Tenía más vida la vida.



Vista desde mi ventana.



La calle 23 hacia el este desde el balcón de mi alojamiento.

viernes, 1 de julio de 2011

Polaridad

El resultado final de esta lucha no me preocupa demasiado. No me interesa gran cosa saber que el futuro dictador de España va a salir de un lado u otro de las trincheras. Es igual. El hombre fuerte, el caudillo, el triunfador que al final ha de asentar las posaderas en el charco de sangre de mi país y con el cuchillo entre los dientes -según la imagen clásica- va a mantener en servidumbre a los celtíberos supervivientes, puede salir indistintamente de uno u otro lado. Desde luego, no será ninguno de los líderes o caudillos que han provocado con su estupidez y su crueldad monstruosas este gran cataclismo de España. A ésos, a todos, absolutamente a todos, los ahoga ya la sangre vertida. No va a salir tampoco de entre nosotros, los que nos hemos apartado con miedo y con asco de la lucha. Mucho menos hay que pensar en que las aguas vuelvan a remontar la corriente y sea posible la resurrección de ninguno de los personajes monárquicos o republicanos a quienes mató civilmente la guerra"


Francia, enero-mayo de 1937, Manuel Chaves Nogales.

Prólogo a A sangre y fuego (edición de Libros del Asteroide, 2011)

viernes, 27 de mayo de 2011

Hubiera querido decir...

Iba a citar a Pseudópodo para justificar otra larga ausencia en el blog y me doy cuenta de que su Por qué llevo 23 días sin escribir en el blog es casi exacto en la duración de mi ausencia.

Es más fácil y comodón hacer microblogging en Twitter, no necesita uno ser muy profundo y los que te leen y te siguen suben como la espuma, la compensación emocional para el ego es intensa. Efímera, superficial, pero intensa.

Me hubiera gustado hablar aquí de Casa de muñecas, en el montaje dirigido por Amelia Ochandiano en el Teatro Fernán Gómez de Madrid. Me gustó la escenografía, el segundo acto, la interpretación de Silvia Marsó como Nora cuando mostraba el lado contenido del personaje, no el de la niña cascabelera, me gustó la comodidad de las butacas del teatro. No me gustó el final, el parlamento final de Nora a su marido quiero decir, porque me pareció obvio, que explicaba lo que ya habíamos estado viendo, demasiado pedagógico (y eso es original de Ibsen, creo), no me gustó la interpretación de Roberto Álvarez, no me gusto el histrionismo de la Marsó cuando se ponía histriónica. Hermosa noche de teatro, en cualquier caso.

Me hubiera gustado hablar de Fuga, por seguir con el teatro. Comedia de Jordi Galcerán (El método Grönholm) dirigida por Tamzin Townsend donde destaca una imponente Amparo Larrañaga, construyendo a una creíble vallecana sin pasar la línea de la caricatura o el tipo. La comedia, todavía en cartel, es muy entretenida.

Hablando de cine

Me hubiera gustado hablar de películas: Midnight in Paris -ayer mismo-, de lo mejor de la cartelera y de lo mejor del Woody Allen de la última década, y aun así bastante esquemático y con un discurso quizá agotado. Muy entretenida y entrañable, eso sí. Y Owen Wilson -otro- haciendo de Woody Allen. Precisamente hace unos días veía Annie Hall, y quizá no hay tanta diferencia estilística entre aquel Allen y éste, pero han pasado 30 años y tropecientas películas, y el discurso, de puro repetirse, algo se ha desgastado, digo yo. Ay, gran Woody, si en lugar de hacer una peli al año te dieses más tiempo para pulir los guiones...

Secretos y mentiras, que volví a ver 15 o por ahí años después, y que me encantó de nuevo, ahora con más comprensión, supongo, aunque solo sea porque uno en este tiempo ha acumulado algunos costurones en el alma y puede entender mejor que la vida, oye, a veces la hacemos muy complicada. Me sorprendí molestándome por lo que me pareció un exceso de banda sonora en momentos que me pedían desnudez, silencio. Música fuera.

Thor, con la que en su simplicidad pasé un buen rato, gafas de 3D y altavoces a todo trapo incluido.

Y un díptico de películas imperfectas a su modo pero que se complementan a la hora de tratar de explicar la crisis financiera y alimentan el debate, empujando a reflexionar: 1) el documental Inside Job, (injusto) Oscar al mejor documental este año, un intento (a ratos demagógico, pero se entiende) de poner sobre la mesa las causas de la crisis financiera, quiénes fueron sus responsables, cómo siguen gobernando y tomando las decisiones y cómo, por lo tanto, el poder político está vendido al poder financiero, y 2) The company men, película menor, pero que completa la visión de la crisis al recordarnos que la crisis no la provocó solo al avaricia de los tiburones financieros, sino la avaricia de la clase media que quiso vivir por encima de sus posibilidades, o mejor, que vivió endeudado como si hubiesemos llegado a un paraíso liberal donde reina siempre la prosperidad.

La #spanishrevolution

Me hubiera gustado aquí haber hablado también de la #spanishrevolution y de que es una de las muchas posibles expresiones de un estado de opinión, que se manifiesta en un magma de desazones, un hartazgo ante la deriva de este despotismo blando que es la democracia tal y como la concebimos actualmente. Esa revolution en la que creo no es la acampadasol -que ha terminado ramificándose en parque temático del perroflautismo y de un izquierdismo trasnochado-, pero sí las decenas de miles de personas de muchas edades, ideologías y condiciones sociales que nos manifestamos esos días.

¿Que si hubiera gobernado el PP esto se habría expresado como revuelta contra el Gobierno yno contra todo un sistema? Puede ser. Pero no voy a entrar a una disputa de trincheras, no voy a criticar esa expresión de hartazgo frente a unos poderes que incluyen a partidos políticos, sindicatos e incluso grandes medios de comunicación -bien alineaditos en la correspondiente trinchera, ellos mismos bipartidistas en su adhesión ideológica a siglas y personas-, no voy a dejar de ponerme junto a chicos con rastas y un discurso ramplón porque haya muchas cosas que no comparto con ellos. Porque eso es precisamente lo que hay que cambiar, esa confrontación, esa división institucionalizada. El dualismo. Un dualismo a ratos negociado para repartirse el poder, la pasta, los jueces, las ayudas, la publicidad...

Claro que una generación joven tiene que protestar a su modo por los defectos que ve en el mundo en el que vive, y es lógico que culpe de esos problemas, lo que considera anomalías, a la generación precedente. En cualquier proyecto es necesaria savia nueva, ojos renovados, que miren las cosas sin la rutina y el acostumbramiento lógicos en el que vive en un mundo que de algún modo él ha configurado y le ha configurado. Es natural.

Y es natural que la generación precedente se defienda desde el conservadurismo, tratando de desautorizar a los jóvenes, sus modos, su falta de concreción... Yo me he alegrado de que la #spanishrevolution no haya cuajado en un corpus ideológico concreto porque seguramente habría sido tomado por un neoizquierdismo que ha fracasado antes que el neoliberalismo que parece ser el demonio, la caja de Pandora, como si la inviabilidad del Estado de bienestar actual no fuese culpa de la socialdemocracia (en la que yo me encuentro muy a gusto, por cierto).

Sueño -espero que no en vano- con que lo vivido estos días cuaje de mil formas diferentes en propuestas políticas, económicas, culturales, artísticas, educativas (ay, madre, poco se oye hablar de este tema, el más grave de todos en un país que pretende ir hacia un modelo productivo basado en la I+D, qué risa tonta)... Que por lo menos intentemos, primero en nuestras vidas, luego en el conjunto de la sociedad, que las cosas sean un poco mejores.

Por concluir. Leí la tierna y a ratos cruel -infantil en buena medida- The curious incident of the dog in the night-time. Me he lanzado ahora a Manhattan Transfer, de John Dos Passos, para conocer esa isla en la que si Dios quiere viviré un mes y medio este verano...

Y ya. Por ahora

miércoles, 4 de mayo de 2011

Mes de libros

Creo que he contado alguna vez por ahí, en este desvencijado blog, que mi experiencia lectora es febril, sin virtud ninguna, concupiscente, nada templada. Esto es, que leo a impulsos. Puedo estar un mes sin leer apenas, enredado en series de televisión y películas, y de repente llega este mes de abril, por ejemplo, y me arranco compulsivamente a leer. Más aún, a comprar.

El día del libro ha sido para mí decenario en el que he aflojado de mi bolsillo cerca de 90 euracos en literatura. (El precio de los libros es desorbitado, pienso. Perogrullando.)

El primero de la lista ha sido la última novela de Javier Marías, Los enamoramientos. Es la segunda que leo de Marías, en otra ocasión hablé de Corazón tan blanco.

La historia tiene tensión interna, la prosa fluye y ambas cosas me van llevando con velocidad por la lectura. Pero asisto desde fuera a lo que narra y las disquisiciones sobre amor y muerte me resultan inauténticas, como anillos de humo, filigranas, hechos como excusa para reflexiones ni agudas ni deslumbrantes.

El segundo libro leído es Ricardo III, drama de Shakespeare unido a Marías en ese verso repetido, que tañe en las conciencias de los enemigos del giboso: "Mañana en la batalla piensa en mí".

Gran drama del que recojo dos frases: "¡La conciencia es una palabra de cobardes/inventada para infundir temor en los fuertes!" (Ricardo III) "La conciencia de cada hombre vale/mil hombres contra el vil homicida" (Oxford).

El tercero de la lista ha sido Apenas sensitivo, de Andrés Trapiello, la 17ª entrega de los diarios que agrupa bajo el calificativo de "novela" y con el nombre de Salón de pasos perdidos. Con este son ya más los que he leído de la serie que los que me faltan. Nueve de diecisiete.

Ángel Ruiz habla de él en su blog y redacto mis apuntes en base al comentario que dejé en su entrada.

Una de las quejas que tenía contra las últimas entregas del Salón era que le sobraban páginas. Ahí comparto la opinión de José Luis García Martín, al que recuerdo hace tres años defendiendo codo con codo con Trapiello que él -JLGM- sería el mejor editor de su Salón.

A Trapiello parece haberle hecho mella esa crítica y Apenas sensitivo es mucho más delgado que las entregas inmediatamente anteriores. Pesa en el ánimo del Trapiello editor (2010) -no el Trapiello protagonista (2003)- una carta de X (Ángel lo identifica con Jordi Gracia) llegada desde 2009 -me gustan esos juegos con el hecho de que los diarios se publiquen más de un lustro después de sucedido lo que narra.

En esa carta, X, que meses antes alababa públicamente el empeño del Salón, "urge" a Trapiello a "cerrar el proyecto para preservarlo".

Confieso que a ratos he tenido la misma impresión de ese X, sobre todo en la primera mitad del libro, en el que -quizá por el peso de esa carta- me falta en Trapiello la frescura y la poesía que es uno de sus sellos de identidad. No sé si ha cambiado el Salón o he cambiado yo. Con Troppo vero (al que considero que le sobraban decenas de páginas, especialmente de bilis) disfruté mucho más.

Puede que tenga que ver el hecho de que el Trapiello que conocimos hace 21 años también ha cambiado. No en vano, buena parte de Apenas sensitivo -sobre todo esa primera parte- se hila en torno a los viajes de promoción de la novela premiada en el Nadal. Trapiello se empeña en que no es parte del establishment cultural, pero me temo que eso no es cierto.

Quizá no está en el grupete de rancios que se creen el sanedrín de la literatura española -arracimados (casi) todos ellos en torno a El País-, pero ganar el Nadal no es precisamente ser un outsider, al menos desde hace unos años. Trapiello tiene ese sentido común (y los enemigos) que colocan a un intelectual español de izquierdas fuera de esa secta complaciente que domina y ahoga el establishment cultural español. Pero eso no le saca del primer plano de la "vida cultural" que de algún modo le desagrada.

Aun así, la obra de Trapiello sigue siendo de lo más interesante con diferencia en el panorama castellano de los últimos lustrso. He dicho.

En la segunda mitad de Apenas sensitivo me he encontrado más al Trapiello poeta que tanto me gusta de sus diarios. El de las ideas agudas y la descripción hermosísima, entre coloquial y elevada, de las cosas, y sobre todo de la naturaleza (también la humana):

En cuanto pude, me fui a un lugar retirado frente al Cantábrico. Allí estuve un buen rato, solo, mirando el mar, sentado sobre una piedra. No pensaba en nada y pensaba en todo. En la vida, que le trae y le lleva a uno como un pecio. Esa inmensidad, la visión del mar y el perfume del yodo marino y el de los pinos, le tonificaba a uno tanto que los pensamientos parecían llegar ya medidos y rimados, pino con cristalino, mar con rimar y yodo con todo, quiero decir que el perfume rimaba con todas y cada una de las cosas, porque envolvía delicadamente el paisaje en papel manila"

Me gusta, también, su inclasificable visión de la realidad político-cultural española que hace que ese sanedrín pretendidamente vanguardista -pero mohoso hasta las trancas- le vea como un conservador y un casposo:

Cierta izquierda española, y aun diríamos que cierta izquierda del mundo, en tanto que heredera de la Ilustración, se diría que cree tener el monopolio de la cultura. Sin embargo, hace muchos años que han malbaratado su herencia, y su descrédito les equipara a los antiilustrados. Su vida, su tren de vida y sus prácticas se diferencian poco o nada de la vida de tantos de derechas, pero miran a estos con un gesto de superioridad en verdad ridículo, inaceptable"

Leo estos días The curious incident of the dog in the night-time. Más por practicar inglés con un libro accesible a mi nivel que por inclinación literaria. Me espera El día del Watusi, de Francisco Casavella, recomendación y venta del librero de la Independiente de Madrid, que supo colocármelo en plena noche de los libros, aprovechando mi embriaguez y mi depresión tras el 0-2 del Barça al Madrid.

lunes, 11 de abril de 2011

Solar, de Ian McEwan (y otros apuntes)

Mecánica cuántica. Qué deposito, qué vertedero era de aspiraciones humanas, la línea fronteriza donde el rigor matemático derrotaba al sentido común, y la razón y la fantasía se mezclaban irracionalmente. Aquí podían encontrar lo que necesitaban los que tenían inclinaciones místicas, y pretender que la ciencia era la prueba. Y para esos hombres ingeniosos en su tiempo libre, qué música más fantasmal y hermosa debe ser -asimetría espectral, resonancias, entrelazamientos, osciladores cuánticos armónicos- los cautivadores aires antiguos, la armonía de las esferas que podían transformar un muro de plomo en oro, y crear el motor que funciona prácticamente con nada, con partículas virutales, que no causaban daño y proporcionaban energía a las empresas humanas, además de ahorrarla"
Beard era totalmente incapaz de un pensamiento poco convencional -¿cómo si no había ganado el Nobel?-"

Acabo de leer en su traducción española (Ed. Anagrama, Jaime Zulaika) Solar, última novela publicada de Ian McEwan. Se trata de una sátira en torno a la ciencia, el calentamiento global y las investigaciones y proyectos en torno a las energías limpias. La he leído con soltura -el que es buen narrador, es buen narrador siempre- pero me ha resultado decepcionante.

No esperaba demasiado, eso sí, dadas las críticas previas aparecidas en la prensa anglosajona cuando se publicó la edición original, pero uno lee al autor de Expiación y Sábado con un prejuicio, mejor, casi con veneración. Acude a sus novelas con una predisposición más que amistosa. Quiere que le gusten.

Pero no.

Creo que McEwan no sabe moverse en el terreno de la sátira. O quizá soy yo el que no me encuentro a gusto con el maltrato gratuito a los personajes. (Prueba de ello es que soporto cada vez peor la falta de ternura en las películas de los Coen.)

Soy de los que piensan que el autor tiene que empatizar con sus personajes. Y en la búsqueda de lo irrisorio, McEwan se ceba con Michael Beard, el personaje principal de Solar, un Nobel de Física maniatado por sus apetitos -sexuales y estomacales- y en un declive intelectual imparable que trata de solucionar su futuro profesional gracias a una serie de patentes relacionadas con la energía solar obtenidas fraudulentamente a partir de las investigaciones de otra persona.

No me encuentro a gusto observando a esa especie de Gran Lebowsky de cuello blanco, casado en cinco ocasiones, gorrón, egoísta, envuelto en historias turbias que incluyen homicidios involuntarios, robos de propiedad intelectual y adulterios... De esa misma estirpe, mil veces más interesante el Frank Bascombe de Richard Ford. Más real. Más tú y yo.

Por otra parte, reconozco que la cuestión del calentamiento global como uno de los grandes principios sobre los que pivotar la identidad de un presunto ser del siglo XXI no termina de involucrarme. Al menos no como filosofía de vida, que es lo que a mi entender los ecologistas hacen de asuntos que me resultan más prácticos que ideológicas. Está bien hacer frente al cambio climático, contra el abuso de nuestros recursos a los que sin darnos cuenta nos ha llevado la Revolución industrial. Pero hacer de eso "un tema literario"... No sé, tengo la impresión de que no da para tanto.

[Terminé de leer Vida de Pablo, de Carlos Pardo. Finalmente me resultó más entretenido de lo previsto cuando comencé a leerlo. Aun así, no deja huella alguna en mi trayectoria lectora. Espero leer próximamente el segundo tomo de Jesús de Nazaret de B16. Trapiello ha sacado el nuevo tomo de sus diarios, Apenas sensitivo, también espero leerlo en breve. Y puede que Los enamoramientos de Marías, aunque me dan perezuela.

Mientras, os recomendaré dos películas nominadas al Oscar como mejor película en lengua no inglesa en la edición de este año: Incendies -gran película canadiense con un final a mi juicio un tanto fallido por rocambolesco- y En un mundo mejor -hermosa (y violenta) cinta danesa que mezcla al mejor Iñárritu y la lírica glacial y filosófica del cine escandinavo-.

Nuevas obligaciones profesionales hacen más difícil escribir en el blog, aunque a veces me preguntó si esto tiene sentido. Escribir de cuando en cuando unos pensamientos que apenas puedo perfilar, unas recomendaciones de consumo cultural, unas pontificaciones. Puede incluso que mi vida interior sea ahora menos rica, puesto que no me sale acercarme con pasión a este diario como solía. Me aflige no estar más por aquí, eso sin duda.]

jueves, 17 de marzo de 2011

Naïveté posmoderna [o ¿Por que soy antimoderno? (II)]

Leo estos días Vida de Pablo, la primera novela de Carlos Pardo. Se trata de un libro de corte autobiográfico sobre un grupo de jóvenes de vidas anodinas y posmodernas. Treinteañeros peterpanescos tan típicos de la gran urbe, deseosos de hacer una carrera en la industria del ocio mientras gastan sus días en los wannabe-SoHo españoles, pinchando discos, editando poemarios y asistiendo a actos literarios de corte marginal. Lectores de Musil, Walser y oyentes de mil artistas cuyos nombres mi ignorancia impide retener en la memoria. Drogadictos a tiempo parcial, chicos de pana, gafas de pasta y playeras setenteras.

Hojeaba el otro día el último de Agustín Fernández Mallo, El hacedor (de Borges), Remake. Entré en la librería con idea de comprarlo, pero bastó un vistazo rápido para que me invadiese un hastío que me hastía recordar.

Supongo que eso es la innovación literaria, lo que uno debe escribir si quiere entrar en el torrente de la nueva literatura. De lo indie-underground-vanguardista con marchamo intelectual con aspiraciones sociológicas con intenciones filosóficas y culturales.

Pero yo, lo siento -y quizá sea un problema de fábrica o de educación- no estoy preparado para eso. Mi paladar es probablemente tosco y primario. Convencional. Puede que sea rancio y apolillado, pero no soporto esa especie de Blade Runner emocional y narrativo sin alma en el que se regodea la juventud actual que quiere innovar en el arte. Como si fuese lo mismo pintar un panorama desolador que disfrutarlo, ver un capítulo de The Wire que vivir en uno de los tugurios del oeste de Baltimore.

Toda esa cochambre autobiográfica de bohemio que no ha pasado verdadera necesidad, toda esa carencia de armonía narrativa que me parece falta de talento y de capacidad de trabajo, toda esa vanguardia artística (ir al Reina Sofía y que lo más bonito sea mirar caer la tarde sobre Lavapiés desde una ventana) que se da tanta importancia. No sé, toda esa... cosa. Me tiene confundido.

domingo, 27 de febrero de 2011

Recapitulando (y pontificando)

Es temporada de Oscar y toca ver mucho cine.

Valor de ley es una película técnicamente bien hecha, con buen reparto (aunque tampoco me parece excepcional: Jeff Bridges hace del personaje que siempre hace últimamente, Hainlee Steinfeld muy bien pero a ratos me parece sobreactuada, Matt Damon correcto), pero me parece que no aporta nada al western ni al espectador (ni siquiera es especialmente entretenida).

The fighter es una película que, aunque llena de clichés de cine de competición y boxeo, se ve con mucho agrado. El reparto lo hace taaaaaan bien, que la calidad de la película se multiplica gracias a ellos. La misma película, exactamente, con otros actores, sería mediocre. Lo cual me hace pensar una vez más en la mediocridad del nivel medio de los actores españoles.

Los chicos están bien es una comedia familiar con un buen reparto (me quedo con Mark Ruffalo y Annete Bening) pero que no merece ser una de las claras nominadas al Oscar en un año de mucha calidad. No le llega a los zapatos a una Juno ni, mucho menos, a Pequeña Miss Sunshine, genealogía cinematográfica en la que parece querer inscribirse. Pretende ser típica-comedia-independiente-sobre-familia-disfuncional, pero acaba siendo una entretenida historia llena de glucosa made in Hollywood en la línea de Robin Williams.

Winter's bone es una película notable. Ambientada en un profundísimo Misuri, lo que más me gusta de ella es: 1)la capacidad de mantener tu interés con una peripecia muy liviana, basada fundamentalmente en el progresivo desvelamiento de algo terrible que desde el primer momento pesa sobre la historia; 2)una realización no muy novedosa, pero poética en el justo grado y con una fría fotografía que parece natural pero uno supone trabajada y 3)de nuevo, un reparto que lo borda, sobresaliendo los dos nominados: la enorme Jennifer Lawrence y el enorme John Hawkes.

127 horas tiene dos grandes méritos: lograr mantener un cierto interés en el espectador casi ininterrumpidamente durante hora y media (aprox) y transmitir algunos momentos poéticos (sensaciones de un hombre solo y atrapado ante su muerte) y alguno cómico en una situación aparentemente triste y gris. A partir de ahí, no me gusta el cine de Danny Boyle, que me parece un continuo videoclip bastante superficial y, eso sí, muy luminoso y visualmente impactante. Y para talento encerrado, el de Buried.

Animal Kingdom. Interesante, aunque no termina de ser un producto bien acabado, para mi gusto. Impresionante, sí, el personaje odioso y odiable que tan bien interpreta Jacki Weaver de madre desalmada y amoral, menos maternal que patriarcal en el sentido criminal de la palabra.

Cisne negro la veré en un rato, pero aprovecho para volver a recomendaros La red social, esa obra maestra que la historia del cine guardará entre paños, y El discurso del rey, una muy buena película que parece ser que robará injustamente el protagonismo a La red social. Ha sido este, sin duda, un gran año en Hollywood.

He leído estos días Aguirre, el magnífico, regalo de mi amigo náuGrafo. Manuel Vicent nunca me ha interesado demasiado y no me volverá a interesar, aunque el libro lo he leído rápido (gracias, náuGrafo) porque me interesa toda esa época próxima del tardofranquismo y de estos primeros balbuceos de la democracia en los que todavía nos encontramos, creo.

Me venían muchas reflexiones mientras leía esa obra que dice ser una biografía del último duque de Alba, pero que no es más que un retrato hecho a retazos perezosos y deslavazados de un personaje curioso, que me resulta desagradable en todo momento y que es -me da la impresión- arquetipo de una España concreta y compleja: la de esos niños de papá crecidos en ambientes católicos y más tarde constructores de una izquierda política y cultural que ha dominado el panorama en las últimas décadas y que se ha incrustado perfectamente en un sistema que les ha engordado y del que se han lucrado.

Por un lado, me resulta especialmente desagradable esa generación por lo que tienen de autoproclamados salvapatrias (a su modo), de creerse moralmente superiores por intelectuales y modernos cuando su intelectualidad y modernidad -que es la que todavía reina ahora en España- es provinciana, por su autocomplacencia.

En este sentido es increíble que Vicent, cuando hace recuento de la trayectoria de la España democrática hable con desprecio de los votantes del PP, como si todos los que votamos a Aznar hubiéramos sido pijos del barrio -como de hecho sí lo fue buena parte del progresismo de la transición- y no gente harta de la España corrupta y caciquista del PSOE de González que trató el país como si fuera su cortijo.

Por otro lado, es triste que el catolicismo español (¿solo español?) fuese tan poco plural y abierto que llevase a la apostasía y al abandono de la religión a tanta gente aspirante a y de la modernidad. Mucha naftalina había (y todavía hay) en el ámbito católico español.

He dicho.

domingo, 20 de febrero de 2011

Penitencia pública

Puede uno dirigirse a comulgar el Cuerpo de Cristo y -como me pasó ayer- resistirse a permitir la entrada en la fila a una vieja que se acercaba por el costado.

Así somos.

miércoles, 16 de febrero de 2011

El esclavo, de Isaac B.Singer

-(...)Hablar mal del prójimo no puede ser un pecado tan grave como comer cerdo, o de lo contrario nadie se atrevería a hacerlo.
-Ven te enseñaré lo que dice la Torá.

Jacob abrió el Pentateuco, le tradujo el texto y le explicó de qué modo interpretaba cada pecado la Guemará. (...)

-¿Por qué los judíos obedecen unas leyes y desobedecen otras? -susurró Sara.

Jacob sacudió la cabeza con expresión de tristeza.

-Siempre ha sido así. Los profetas ya lo denunciaron. Por eso fue destruido el templo. Es más fácil no comer cerdo que dominar la lengua.

(...)

Sara había oído decir que los judíos eran el pueblo elegido y le hubiese gustado saber por qué se lo favorecía cuando cometía tales delitos."


Al final, resultó que El esclavo de Isaac B.Singer me gustó bastante. Es una hermosa historia de amor con el sabor de las buenas narraciones orales y con un interesante trasfondo moral-histórico-religioso. Recomiendo la novela.

Y siento ser tan parco, pero...

jueves, 3 de febrero de 2011

Un tipo de razón

La realidad es de hecho tal que se presentan determinadas formas de comportamiento y de pensamiento como las únicas racionales y, por tanto, como las únicas adecuadas para los hombres. El cristianismo se ve así expuesto a una presión de intolerancia que, primeramente, lo caricaturiza -como perteneciente a un pensar equivocado, erróneo-, y después, en nombre de una aparente racionalidad, quiere quitarle el espacio que necesita para respirar.

Es muy importante que nos opongamos a semejante reclamo absoluto, a un tipo determinado de 'racionalidad'. No se trata, en efecto, de la razón misma, sino de la restricción de la razón a lo que se puede reconcoer mediante la ciencia natural, y al mismo tiempo de la marginación de todo aquello que vaya más allá de ella. Por supuesto,es verdad que en la historia ha habido también guerras por causa de la religión, que la religión ha llevado también a la violencia...

(...)

Pero tanto más sigue siendo verdad la gran fuerza del bien que ha sido liberada por la religión, que a través de grandes nombres -Francisco de Asís, Vicente de Paul, la Madre Teresa, etcétera- ha estado presente y ha resplandecido a lo largo de toda la historia. A la inversa, las nuevas ideologías han llevado a una suerte de crueldad y desprecio del hombre, antes impensables porque se hallaba todavía presente el respeto por la imagen de Dios, mientras que, sin ese respeto, el hombre se absolutiza a sí mismo y todo le está permitido, volviéndose entonces realmente destructor" (Luz del mundo, Benedicto XVI)


Y es cierto, que el desprecio intelectual por la religión, según y como personalmente lo experimentamos actualmente, ha llegado a tal aceptación incontestable, que ya ni siquiera se rechaza el cristianismo con argumentos. Basta la caricatura, la frasecita simple, el silogismo presuntamente inapelable basado en ese pensamiento dominante. Lo políticamente correcto, por simplificar.

Y, sin embargo, es tan evidentemente limitadora esa concepción de lo racional. Aboguemos por lo razonable, más que por lo racional. Al fin y al cabo, el hombre no es sólo razón, ni es lo único que nos hace superiores. Inteligencia, voluntad, sensibilidad, intuición emocional... Somos un potaje interesante y mucho más alambicado. ¿O es que la física cuántica es lo que guía nuestra moralidad? ¿Se basan nuestros movimientos emocionales en el pasar de la vida cotidiana en determinado planteamiento biologicista? Raro es el determinista que se comporte como si lo fuera, o el materialista que lo es realmente en el trato con sus semejantes (al menos en esta sociedad grecolatinajudeocristiana).

Me resulta muy curiosa la incoherencia de ciertos ateos cientifistas que no tienen rebozo en deducir de las acciones de la realidad física posibles influencias. (Y perdonad mi ignorancia científica, de la que no me siento orgulloso, más bien al contrario.) Si algo se pone en danza suponen la existencia de fuerzas aparentemente invisibles (o de hecho invisibles). Pueden elaborar complicadas teorías construidas sobre las manifestaciones de una realidad que ni siquiera observan.

Esos ateos no pueden, sin embargo, dejar abierta la puerta a la posibilidad de que el ansia de infinito del ser humano sea causada por un magnetismo que es capaz de colmar esa sed. No, son más rotundos, están muy seguros de que ese deseo de trascendencia sólo puede ser fruto del miedo a la muerte, al sinsentido.

martes, 1 de febrero de 2011

B16 y Jiménez Lozano

Pasé el fin de semana más otro día y medio retirado en una casita a los pies de la sierra madrileña. Retiro espiritual. Religioso. Ascético. Nada de misticismos newage. Reflexiones, pensamientos, meditación, eso sí, claro.

Para acompañar las divagaciones y la oración, me hice acompañar de Luz del mundo, el libro con la entrevista a Benedicto XVI de Peter Seewald -la del preservativo, sí, esa-, y Los cuadernos de Rembrandt, el último tomito de los diarios de José Jiménez Lozano (Pre-Textos). Leerlos simultáneamente permite apreciar la sintonía ideológica entre ambos. Como dos tonos de una gama cromática. O notas de una misma escala musical.

Podría comenzar a enumerar citas de ambos y pasarme así los próximos meses. Cada uno de los fragmentos que subrayé con su glosa correspondiente podría servir para alimentar este rinconcito largamente. ¿Y por qué no lo haces?, puedes decir. Pues es verdad, te diría yo a mi vez.

El análisis de ambos -B16, JL- es ciertamente sombrío. El soniquete en JL es más pesimista. En B16 hay un evidente poso de esperanza. Al fin y al cabo es el Papa y tiene que "confirmar a sus hermanos" desde el realismo cristiano.

JL habla de sí, quizá sin saberlo, cuando asegura socarronamente que "Casandra, esto es, quien ve mejor y más allá que nosotros, es simplemente una agorera y aguafiestas. Siempre perdería unas elecciones". Eso, y -como me decía hace poco un crítico literario- su condición de católico, hacen que no lo veamos demasiado por las páginas de esos suplementos que se dicen culturales. La cuestión es qué cultura, claro.

¿Hasta cuándo va a durar esta cháchara sobre civilizaciones y culturas, los antiguos y los mdoernos, el progreso y la reacción? Lleva trazas de ser una escolástica bastante tediosa.

El pensamiento, el sentimiento y la acción humanos siempre pasan por el defiladero entre Scylla y Caribdis, siempre se realizan en un movimiento pendular; y podríamos poner como ejemplo el etnocentrismo cultural europeo de hace solamente unos años, y el multiculturalismo nivelador o el masoquismo cultural europeo de ahora mismo.

Ni siquiera la Ilustración, ni el racionalismo subsiguiente, cuando hablan del género humano se están refiriendo a otros hombres que a los occidentales. Ni Hegel ni Marx ni Freud ni Nietzsche escapan al etnocentrismo europeo. Ni el cristianismo mismo, que sabe de la igualdad radical de los seres humanos, y que en 1554, en Valladolid, tuvo que discutir, por boca de Las Casas y contra los restos del aristotelismo y etnocentrismo romano de Sepúlveda, lo que es un hombre y afirmar enfáticamente que los recién descubiertos habitantes de las Indias Occidentales son hombres. Es una grandeza de nuestro tiempo el que, hasta cierto punto, hayan entrado en la conciencia general la idea y el sentimiento de que un hombre es como otro hombre, y que sus diferencias son meros accidentes. Pero estas diferencias son facilidades para unos hombres y un peso o un cepo para otros, y no cabe el orgullo de nuestra propia civilización y el desprecio de otras, y lo que unos hombres conquistan es para todos, y hay obligación de ofrecérselo. No podemos decirle a un africano, sin despreciarle ni ofenderle, que los sonidos del tantán son como una coral de Bach, o la medicina europea como la suya; esto sería una burla y un insulto.

Y en el plano del tiempo, hacemos los mismos juegos comparativos de valoración o devaluación; pogamos por caso la tablarrasa del pasao, que ahora casi todo el mundo se considera obligado a hacer, y la idolatría rendida a nuestro presente, que incluso tornaría virtudes ciudadanas lo que en el pasado fueron crímenes, ungiéndolos simplemente con la retórica de la ciencia o de la técnica. Y entocnes estamos aceptando "un humanismo" que implica lo que podríamos llamar "nuestros métodos civilizados" de resolver problemas que en las antiguas culturas bárbaras se han resuelto con el infanticidio y la liquidación de los viejos y enfermos. y esto no sólo como costumbre consagrada, sino hasta con implicaciones religiosas de ofrenda a las fuerzas cósmicas personalizadas en los dioses antes, y ahora en la Némesis racionalista de la economía o de la ciencia.

¿Por qué traemos continuamente a colación el ayer y el hoy, la reacción o el progreso, y todavía otros dioses menores, encarnados en ideologías? ¿Cómo no se va a amar al tiempo que es el de uno, y cómo no esperar un futuro mejor e ir sembrándolo? El pasado está muerto y está lleno de horrores; pero también de esplendores, y no hay que idilizar ni glorificar el ayer ni el hoy ni el mañana, sino que tenemos que librarnos de estas idolatrías, como Huxley mostró apodícticamente que eran. Y no saldremos de esta viejísima repetición idolátrica ni no reconocemos la idolatría que nos es propia." (Los cuadernos de Rembrandt)

lunes, 31 de enero de 2011

jueves, 27 de enero de 2011

Algunas lecturas

A pesar del abandono al que tengo sometido a este blog (o a lo mejor por eso; uno se pregunta de cuándo en cuándo si realmente tiene sentido, si no sería más productivo dedicar tiempo a leer o a pensar en lugar de hacer esto, o quizá esto es de algún modo ya leer o pensar, no sé) he aumentado recientemente mi ritmo lector.

El Wolf Hall de Hilary Mantel aún lo tengo a medias. A cambio, y para sumergirme en el Renacimiento, leí por fin Bomarzo, que me había regalado hace tiempo un buen amigo y que alguna lectora ocasional de estos parajes me había recomendado como vía de acceso a un mejor conocimiento literario de la época de Garcilaso. Porque de eso va todo esto, de documentarse.

El Bomarzo no me ha apasionado, he tenido incluso que hacer esfuerzos para ir adelante. Creo que el barroquismo literario, salvo que sea humorístico, me resulta cada vez más penoso. El libro de Mújica Láinez es, eso sí, una perfecta ilustración de aquella frase de Harry Lime-Orson Welles en El tercer hombre que he colocado a la cabeza de las inspiraciones para mi futura novela garcilasiana:

You know what the fellow said – in Italy, for thirty years under the Borgias, they had warfare, terror, murder and bloodshed, but they produced Michelangelo, Leonardo da Vinci and the Renaissance. In Switzerland, they had brotherly love, they had five hundred years of democracy and peace – and what did that produce? The cuckoo clock"

En la antología de frases dichosas, he recogido también ésta:

España se hizo por la guerra y para la guerra, porque por la guerra tuvo que demostrar su afán de sobrevivir” (La sociedad española del Siglo de Oro, Manuel Fernández Álvarez)

Podría servir esta cita para acompañar la lectura de El hereje, última novela de Miguel Delibes. Acabo de terminarla. Se agradece retomar un castellano-castellano, cuajado y castizo, aunque la obra me deja frío.

Acometo ahora, como paréntesis, El esclavo, de Isaac B.Singer, regalo de Nico. Se lee fácil y con gusto, aunque reconozco que lo que más me atrae en este momento no es la cultura yidis en la Polonia del siglo XVII. Sobre todo, sabiendo que me espera en la balda Los cuadernos de Rembrandt, de Jiménez Lozano.

Ella había parido diez hijos pero cada alumbramiento lo había celebrado como si fuera el primero. No obstante, comprendía también a Cipriano, ya que el círculo vital del hombre rebasaba con mucho el círculo familiar y su egoísmo era mayor que el de la mujer" (El hereje)

Había sido una emoción y se convirtió en un tema" (Bomarzo)

Que me recuerda al chestertoniano "Es más poético enamorarse que ponerse poético".

...media docena de intelectuales, algunos de ellos bastante serios pero, como gente que aspiraba a la elegancia, listos a seguir la corriente de los grandes para que no los juzgaran aburridos o pasados de moda, y listos asimismo para cazar al vuelo una tajada porque, al fin y al cabo, hay que vivir" (Bomarzo)

miércoles, 19 de enero de 2011

Encontrarás dragones, de Roland Joffé



Pues ya he visto la famosa película en la que el personaje principal es San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. Miento. No la he visto completa porque llegué 10 minutos tarde, pero creo que me he hecho una idea bastante ajustada.

Se trata de una película entretenida que ofrece una visión amable pero contenida, no forofa, de San Josemaría, la mirada de alguien que ha tomado partido por el personaje llevado por una serie de rasgos positivos. (Mi mirada sobre el personaje, por otra parte)

La película del autor de La misión no es La misión y es preferible no tratar de buscar una obra maestra de ese calibre. Hablamos de un producto mucho más Hollywood, industrial. Un thriller con una producción de nivel, entretenido y que ofrece una perspectiva (reducida, hollywodiense) de la Guerra Civil desde fuera. Y que tiene muchos brillos de talento, como no podía ser menos tratándose de Joffé y habiéndose involucrado éste en la producción (es decir, que apostó personalmente por el proyecto, no es un mero encargo).

El guión es una sucesión de peripecias bien engranadas que toca temas de gran calado, pero lo hace en general con una profundidad limitada. La fotografía está cuidadísima (casi de anuncio, muy lejos del realismo) y la música no es redundante, pero a uno desde hace un tiempo para que la abundancia de música le guste tiene que ser algo fuera de serie (tipo La red social). Sin embargo, hay en la banda sonora canciones de propaganda bélica, tonadillas de combate con aire a jota, que realmente le dan a la cinta cierta originalidad.

Las interpretaciones son buenas pero no hay en los personajes unos matices acusados. Charlie Cox, que interpreta al fundador de la Obra, hace un buen trabajo, aunque su personaje transita habitualmente en el lado de la bondad, y cuando no es así, el tono carece de aristas. Wes Bentley, su negativo, tiene a ratos características de personaje Disney (incluso en los rasgos de la cara). Unax Ugalde, el principal actor español del reparto, que hace de uno de los primeros numerarios de la Obra, cumple con creces. Rodrigo Santoro, en la piel de un miliciano comunista, imprime carácter al que me parece el personaje más interesante de la historia (junto a uno brevísimo, el de una niña que conoce San Josemaría en el sanatorio mental en el que se refugia durante la guerra, momento mágico en la película). Olga Kurylenko también está correcta en su papel de miliciana húngara alistada en el bando republicano.

Quizá la abundancia de personajes impide que tengan un mayor desarrollo de personalidad. O quizá Roland Joffé buscaba lo que ha logrado: una película técnicamente bien hecha, con un guión equilibrado y con buen ritmo, accesible a todas las sensibilidades, con una prometedora carrera comercial por delante -especialmente en EE.UU., donde supongo que no habrá prejuicios como son de esperar por estos lares, aunque no ha lugar a polémicas- y que tendrá el privilegio de ser el primer largometraje de ficción en retratar la figura de uno de los personajes más signficativos del catolicismo y de España en el siglo XX.

jueves, 6 de enero de 2011

Día de Reyes

Metido en el trabajo, en las ambiciones personales, en las prisas por hacer, por aprender, por crecer.

Navidad que obliga a dedicar días enteros a las compras.

Agobios quizá. Anatemas contra el consumismo, contra la paganización de las costumbres.

Descubre que el primor para elegir (diseñar) un regalo es comunión con lo trascendente. Al proyectarnos hacia otros nos humaniza, esponja nuestras almas.

La delicadeza en un envoltorio, un lazo bien hecho. Redimir el mundo. Epifanía de Dios a través de la sonrisa de un niño. Y de mis sobrinos.