viernes, 31 de diciembre de 2010

Dios ha nacido


Recuerdo Navidades amargas. La vida es cabrona, que decía don Rodri, y hay épocas difíciles que convierten estas fiestas en un pequeño calvario. Pienso, sin embargo, que las Navidades pueden ser paradójicamente un soplo primaveral que revigorice, que dé lustre al corazón, que alumbre una ilusión aunque sea trémula.

Porque Dios, claro, ha nacido, el Deus exercitus se ha hecho nene, pequeñuelo. La familia trinitaria se ha hecho familia humana.

Y eso, vive Dios, más allá de la finalidad de la Encarnación (¡redimirnos!), es un big-bang que pone todo patas arriba.

[Este texto lo escribí hace tiempo. Lo recupero ahora y vuelvo a sorprenderme de mi torpeza, de lo lejos que estoy de la contemplación, cómo la Navidad se vuelve a esfumar y apenas he encontrado tiempo para contemplar de veras, para caer en la cuenta de esto que aquí escribo, semejante Buena Nueva. Por eso estos días deseaba una feliz y contemplativa Navidad a los seres queridos. Ahora te la deseo a ti.]

lunes, 27 de diciembre de 2010

Mis descubrimientos culturales del año

Hago balance de 2010 y confirmo que ha sido un año de pocas lecturas. No puedo siquiera realizar un top ten de libros memorables. En parte porque he querido leer en inglés, frenando el ritmo lector. En parte porque he dedicado más tiempo a otras actividades, culturales o no. En parte porque los libros escogidos no me han convencido. ¿Quizá porque me estoy incapacitando para la contemplación sosegada?

Lecturas de interés trompicadas o incoadas, muchas. Podría hacer incluso un ránking de grandes libros que me estoy leyendo: Newman, de Ian Ker; El ruido eterno, de Alex Ross; El imperio español de Carlos V, de Hugh Thomas; La sociedad española en el Siglo de Oro, de Fernández Álvarez...

En cine sí me atrevo a hacer un ránking [aquí lo tenéis: Las mejores películas de 2010]. Ha sido este un año de muchas películas disfrutadas en sala. Y me atrevo también a hacer un reducido y exigente ránking de los acontecimientos/descubrimientos culturales vividos en 2010 que deje cierta memoria de mí:

domingo, 26 de diciembre de 2010

Algunas opiniones sobre cine

De la maravillosa El discurso del rey me gustaría aprender esa sutileza para hablar de personajes históricos sin dejarse abrumar por los hechos históricos. Me gustaría aprenderlo para esa novela sobre Garcilaso de la Vega que me gustaría escribir.

Ayer la vi por segunda vez en una semana. Maravillosa. Ayer vi también por tercera vez La red social y me pareció tan obra maestra como la primera vez.

Balada triste de trompeta tiene momentos absolutamente geniales, pero no puedo aplaudirla en su conjunto.

Y Feliz Navidad, claro. No nos veremos por estos lares en los próximos días.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Más rollo metadigital

Límites aún (y quizá siempre) indefinidos de lo público y lo privado en la nueva manera de relacionarse. Las redes sociales. Lo he comprobado recientemente.

Puedes provocar un desagradable incidente en tu entorno de trabajo -tipo bola de nieve- por un comentario a la ligera en Facebook, en la medida en que tienes una amplia lista de "amigos [de Facebook]" que incluye desde antiguos compañeros de clase a viejos e íntimos amigos pasando por rollos ocasionales. (No hablo de mí, jeje.)

Comentas en Twitter con toda la inocencia del mundo la última película de uno de los jóvenes talentos del cine español, pensando que sólo tus taypico followers te leerán (si eso). Y a los pocos días es el propio director el que te pregunta por el comentario, obligándote a emplearte a fondo en el análisis. Em, um, vaya. En 144 caracteres, of course.

Escribes un blog desde 2006. Todo tú, sincero, sin enmascarar tu nombre. Tus ideas sociopolíticas, tu trayectoria vital. Un poco de poesía, otro poco de intimidad, otro poco de análisis de unas cosas y otras, algo de religiosidad... Y cualquiera que quiera bucear en el yo que yo soy puede hacerlo. Y cualquiera que quiera mañana machacarme por algo aquí dicho convenientemente descontextualizado, podrá hacerlo.

Glup. Interesante.

martes, 14 de diciembre de 2010

La saturación digital

El arribafirmante ya dijo hace dos meses que La red social era la crónica de una generación, y que la imagen de un nerd pulsando el F5 era icónica de lo que está pasando.

Llevo casi un mes retrasando la lectura de un larguísimo artículo del New York Times -y dándole de paso la razón al panorama que plantea- : "Educación digital, preparados para la distracción", traduciría su título.

Hoy, por fin, lo he leído.

Creo que su acierto no es ofrecer la respuesta a las consecuencias de la convivencia diaria con (y el uso habitual de) los dispositivos digitales y las herramientas cibernéticas. No lo hace.

Más bien plantear un terreno de debate, establecer el marco de un tema que debería hacernos reflexionar mucho: el hecho de que las nuevas formas de comunicación y entretenimiento, que fomentan el modelo multitareas (leo un artículo mientras veo si alguien ha puesto algo en Facebook, tras leer el correo, intentando esconderme de los contactos del GTalk, messenger, etc., casi al mismo tiempo que me acuerdo de algo que no recordaba y lo consulto en Google, ya de paso voy a ver a qué hora es la película de cartelera que quiero ver y ya lo del Twitter no te digo...), tienen consecuencias para nuestra capacidad de atención.

¿Es posible la contemplación en un modelo de vida contemporáneo, el nuestro, que se articula poco a poco hacia lo salvajemente efímero, al cambio constante de actividad? (Porque parto desde la premisa absoluta de que la contemplación es un bien preciadísimo, claro.)

I know I can read a book, but then I'm up and checking Facebook," he says, adding: "Facebook is amazing because it feels like you're doing something and you're not doing anything. It's the absence of doing something, but you feel gratified anyway

Lo dice el protagonista del reportaje, un estudiante de 15-16 años, brillante, de trayectoria académica declinante en casi todas las asignaturas y apasionado con la edición de vídeo, a lo que dedica horas y horas en su ordenador.

El artículo es largo, pero preñadito de interés. No encuentro el tiempo (jaja, qué significativo) para hacer un resumen que le saque todo el jugo, pero me suscitaba un ramillete de cuestiones mientras lo leía.

Además de incluir las opiniones de algunos alumnos y profesores de una escuela que pone especial interés en conectar con sus alumnos a través de las nuevas tecnologías, introduce algunos elementos científicos que le ponen datos y patas al tema.

Así, el autor del texto muestra varios ejemplos de estudios que reflejan que los videojuegos son peores que la televisión a la hora de afectar a tu capacidad de almacenar informacíón en el cerebro.

"Kids are in constant mode of stimulation", dice un experto, lo que impide que su actividad cerebral se detenga en los tiempos necesarios para "crear las conexiones entre las ideas e incluso desarrollar el sentido sobre ello".

Ese experto, el dr.Rich de la Harvard Medical School, considera que "el titular es: recuperemos el aburrimiento". Muy agudo el título de una de sus conferencias al respecto: "Finding Huck Finn: Reclaiming Childhood from the River of Electronic Screens". Brillante.

Tengo Twitter, soy un activo usuario de Facebook, mi vida profesional lo fomenta -y yo tampoco me resisto tanto-, como fomenta que esté de continuo visitando medios digitales de los más variados temas: cine, música, literatura, arte, cultura general... Tengo un blog, ah, no, ahora dos, y tengo que comprobar con frecuencia si tienen comentarios, he de buscar temas para ellos... y a todo esto, me apasiona la lectura, escribir novelas, ir al cine, hacer relaciones sociales de las de verdad, en la calle, donde hay abrazos, caricias, arrumacos y acompañar a un amigo a hacer una gestión...

¿Es posible una vida cargada de sentido y profundidad en este contexto? Las grandes obras en la vida se hacen con tiempo y recogimiento. Lo que viene, ¿es inevitable o podemos resistirnos a sus consecuencias negativas, a lo Farenheit 451? ¿Este terror ante esta especie de locura que nos arrastra como un torbellino es el clásico miedo conservador ante el cambio o es que es un pánico clarividente?

A mí, honradamente, me preocupa mucho la materia. No sé si ha quedado claro. Je.

(Y mi incapacidad para la brevedad en el blog muestra mi incapacidad para ensamblarme en estos tiempos)

domingo, 12 de diciembre de 2010

Sobre tradición literaria

El que no siente el provecho que hay en las letras tampoco puede sentir la grandeza de la gloria por ellas conservada, y solamente mide la fama con la edad de un hombre o de dos, porque no puede tener memoria de más tiempo"


(El cortesano, Baldassare Castiglione; trad. de Juan Boscán)

lunes, 6 de diciembre de 2010

Presencia de Dios

El Adviento, este tiempo litúrgico fuerte que estamos empezando, nos invita a detenernos en silencio para captar una presencia. Es una invitación a comprender que cada acontecimiento de la jornada es un gesto que Dios nos dirige, signo de la atención que tiene por cada uno de nosotros. ¡Cuántas veces Dios nos hace percibir algo de su amor!"

Leía estas palabras de B16 -¡cuántas veces las he experimentado en mi vida!- y me vino al magín reflexionar sobre cómo es esa presencia de Dios.

Pienso que no es la de Dios una continua intervención extraordinaria en la realidad. No es su estilo. Creo en los milagros, pero como algo extraordinario, inhabitual.

Pienso que Dios no está facilitándome el camino a todas horas, quitándome las pieles de plátano. Y tampoco está enviándome dolores o enfermedades. Que cada acontecimiento de la jornada sea "un gesto que Dios nos dirige" no significa que salga de su mano providente, sino que Él, en lo más íntimo de mí, es la sabiduría que me ayuda a interpretar esa realidad que Él ha puesto a funcionar.

Tal vez, su Providencia -que uno siempre ha entendido como un hacer, o un hacer que sea hecho, a lo división del Mar Rojo- tiene más de insinuación en los corazones que de forzar voluntades. Si alguien comete un mal contra mí, no es algo que Dios quiera. Dios, sí, lo permite, desde el momento en que creó al ser humano con un alto grado de libertad y autonomía.

Pero lo que ese mal objetivo pueda ser depende de que yo capte Su presencia. Puedo desesperar del género humano por su maldad o dejar que el dolor y la contrariedad forjen mi carácter, mi sensibilidad, mi voluntad... Mi alma. Aprender que incluso de esas contrariedades, por aparente azar, pueden venir bienes para mi vida.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Leer en el Metro

El Metro está muy bien porque puedes leer mientras viajas. Según ese clásico argumento del madrileño sin coche, con suerte puedes llegar a tener hasta dos horas para el noble ejercicio de la lectura.

Algunos somos raros y nos hemos acostumbrado a movernos en coche. Nuestro horario se moldea de acuerdo a ese hecho. Lees. Y mucho, si así lo quieres. Sentadito en tu sofa favorito. Con un lapiz a mano. Con un diccionario de español. Con uno de inglés si es necesario. Con otros libros a mano, por si te da por eso de la intertextualidad. En silencio. O con música.

Pero es que si no leo en el Metro, no leo. Ah, ése es otro problema.

Ahora que me ha sido sustraído el vehículo y he tenido que volver al abono-transportes, me he acordado de Daniel Pennac. Esa hermosa idea -que creo ya he repetido en ocasiones aquí- de que leer es como amar. El tiempo para la lectura es tiempo robado al deber de vivir. Uno no ama en los ratos libres (no exclusivamente, ni mayormente, desde luego), no construye el amor con los retalillos de la vida.

Para amar (leer) hace falta comodidad, intimidad con la persona (el objeto) amada, concentración, espacio para la contemplación.

El Metro está muy bien porque aprovechas mejor el tiempo... Paso por el torno pongo un dedo en la página que estoy leyendo me guardo el billete llego a la escalera leo unas líneas cuidado que se acaba la escalera mecánica doblo la esquina de la pagina busco hueco en el andén abro el libro leo dos párrafos miro cuánto queda para el proximo tren leo dos lineas vuelvo atrás porque no me he enterado de la última página leída miro cuánto queda para el próximo tren el tren va a hacer su entrada en la estación cruzo una mirada con una rubia leo una línea para acabar el párrafo pongo el dedo entre las páginas entro en el vagón no hay asiento leo una página porque este libro me está pillando de verdad levanto la mirada para explorar el resto del vagón ya estamos casi llegando a la siguiente estación me espero para ver cuál es me aparto un poco para que salga una señora intento leer...

jueves, 2 de diciembre de 2010

Sunset Park, de Paul Auster

Woody Allen estrena película y Paul Auster publica libro. Como ha dicho el náuGrafo, las obras de ambos se han convertido en un acontecimiento cultural cíclico, ¡anual!

Dos miembros del establishment cultural, artistas ya consagrados, ambos neoyorquinos, ambos exponente de la narrativa norteamericana posmoderna, ambos altamente apreciados en Europa. Ambos... ¿agotados?

(leer reseña completa en RTVE.es)