martes, 28 de septiembre de 2010

Fumaroli

Entrevista a Marc Fumaroli en El País, un provocador ingenioso del que Acantilado publica ahora ensayo.

Algunas perlas:

No creo que la historia tenga un sentido ni que tengamos que inclinarnos ante el sentido de la historia. La gente que me interesa son aquellos que van contracorriente. He conocido la época en la que todo el mundo marchaba en el sentido de la historia, que no era otro que el que se marcaba desde Moscú. Me hace feliz estar contracorriente e incluso ser muy reaccionario. Cierto, ahora hay que reaccionar contra otras cosas distintas a las del momento en el que la URSS era considerada en Francia como la promesa del futuro de la humanidad"

La gente común va mucho más al museo del Louvre, a los museos de arte antiguo... Esos lugares convocan auténticas peregrinaciones"

Hay un mundo entre Duchamp y Warhol. La fórmula de Duchamp era: 'todo lo que se pone en un museo se convierte en obra de arte'. Warhol la utiliza en el sentido de que todo lo que hay en los supermercados puede entrar en museo y convertirse en obra de arte"

Sartre es un fenómeno de la posguerra, un profesor que nunca debió ocupar el lugar que tuvo, pero la guerra y el hecho de que una buena parte de la intelligentsia francesa fuera colaboracionista le convirtió en una especie de vedette que nunca debió ser. Y él se volvió loco, a fuerza de creerse vedette. Personalmente -y no soy el único-, nunca consideré que Sartre fuera un maître à penser"

Habrá que leer su ensayo.

Lo que deja (en mí) San Sebastián

Exhausto de hablar y escribir de cine, y sobre un cine que no me ha apasionado, me cuesta venir aquí a hacer mis recomendaciones donostiarras. Para hacerlo me cito a ratos.

Poesía, de Lee Chan-dong, presentada en la Sección Oficial de Cannes y en la Zabaltegi-Perlas de esta edición del Donostia Zinemaldia. Una película muy hermosa, llena de poesía claro. Yo la acortaba, que parece que cuando son orientales se les disculpa el exceso de contemplación.

Pa negre, de Agustí Villaronga. No es un películón, pero está muy bien. La comparan con El laberinto del fauno, que yo no he visto. La historia me gusta, la realización me encanta, las actuaciones me maravillan.

Todos los colores hasta el oscuro (Colours in the dark), la opera prima de Sophie Heldman, una película de trazos delicados en sus formas pero devastadora en sus contenidos sobre la defunción de un matrimonio que dejó morir su amor tiempo ha. Es devastadora, pero sirve de cruda radiografía amoral de el nihilismo que corroe la cotidianiedad de buena parte de las sociedades más avanzadas. Bruno Ganz y Senta Berger interpretan brillantemente a la pareja protagonista. El discurso narrativo de esta película se construye en los silencios, en las miradas, en los gestos, en esas sonrisas vacías. Y se construye con un ritmo interno que logra mantener despiertas las mentes y los corazones (aunque sea en un puño) del público a una hora tan intempestiva como las tres de la tarde.

Genpin, de Naomi Kawase. A uno le ha parecido extraña. Resulta difícil recomendarla, pero tiene magia, emoción, una profundidad filosófica y humana que toca la fibra. Mezcla lo zen con lo ginecológico. Una visión de la maternidad como acto aparentemente médico pero a la vez trascendente. El dar a luz como algo casi sagrado. Hay mucha poesía en Genpin.

Bicicleta, cullera, poma (Bicicleta, cuchara, manzana), de Carles Bosch. Este documental deja al espectador con el corazón en un puño. Precipitada la lágrima, ahogada la palabra. No es éste un documental sobre Pasqual Maragall, sino "un documental sobre el alzhéimer", que intenta concienciar sobre la necesidad de investigar en su prevención y curación. Y aun no siendo un documental sobre el ex alcalde de Barcelona y ex Presidente de la Generalitat de Cataluña, su carismática figura vertebra la cinta, la hace avanzar. Más, su carismática figura y la sinceridad que transpira su familia.Porque es la sinceridad, una abrumadora naturalidad, y ese carisma que hacen al espectador empatizar con el personaje/persona Maragall, los que agrandan este filme, correctamente -no brillantemente- realizado por el también director de Balseros. Todo el mundo ha enloquecido con este docu. Yo no. No hay justificación artística, narrativa, al hecho de que el documental radiografíe exclusivamente dos años del alzhéimer de Maragall.

Buried (Enterrado), de Rodrigo Cortés, que éste mismo ha definido como "Indiana Jones en una caja" o "Con la muerte en los talones en un ataúd". Es una gran película y, sobre todo, revela a un genial director, un Spielberg español.

Otras que podrían ser recomendaciones -o no- no las he visto. No vi Neds ni Misterios de Lisboa. Triste pero cierto porque por desgracia yo no me puedo permitir sólo ver cine y un encuentro digital con Santiago Segura impide que pueda ver dos películas, entre ellas la que logró la Concha de Oro. Ésta, la de Neds, no debe ser nada del otro mundo. La de Misterios de Lisboa me atrae más, y la pena es que sus cuatro horas la hacen inestrenable, seguramente. No he visto el documental de Banksy que todos alaban. Pero lo veré.

Del resto no haría recomendaciones, aunque haya cosas de cierto interés o calidad. Nada deslumbrante.

Antes de ir a San Sebastián, vi Biutiful, de Alejandro González Iñárritu. Ya hablaremos de ella. O no. Por ahora, sólo decir que me gustó. Muy lejos de lo que me gustó Babel, eso sí. Bardem está, en efecto, sublime.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Lo que es progresar

Ser perfecto es haber cambiado mucho, leí que Benedicto XVI decía a cuenta del ya beato John Henry Newman en un prólogo a la Apologia vita sua, en una edición publicada por Ciudadela.

En efecto, es necesario progresar. Y progresar es que algo sea mejor que en su estado anterior, no más moderno. Hay que buscar lo bueno, no lo nuevo.

La última versión de Windows no es necesariamente la mejor ni una ley recién aprobada la más progresada -aunque sea progresista- de todas, la que traiga más justicia y bienestar. Y ese planteamiento evolucionista es el que nutre el pensamiento progresista.

Me provoca repugnancia la ideología progresista, entre otros motivos, porque se ha conformado con luchar por un progreso... diré comunal, ni siquiera social... pero nada dice del progreso interior individual de las personas: el esfuerzo por ser más amable, más generoso, más paciente, más justo. Progreso ascético, se ha llamado tradicionalmente en la teología espiritual cristiana.

Uno de los grandes pecados de la modernidad, suficientemente repetido por B16 -y vuelvo así a él- es el desequilbrio entre progreso técnico y progreso moral, cuya causa está luminosamente apuntada en la encíclica Spe Salvi cuando dice que "un progreso acumulativo sólo es posible en lo material". Es decir, que en lo moral, cada generación empieza prácticamente de cero.

Y digo prácticamente porque pienso -y creo que el pensamiento del desarrollo de la doctrina que Ratzinger ha planteado, siguiendo la estela de Newman, me permite decir que también B16- que aunque "la búsqueda, siempre nueva y fatigosa, de rectos ordenamientos para las realidades humanas es una tarea de cada generación; nunca es una tarea que se pueda dar simplemente por concluida", sí nos sirve como valiosa aportación moral la profundización que cada generación ha hecho en lo que es el bien.

Pienso que la historia del pensamiento, la de la filosfía moral, la de las religiones (¡los Diez mandamientos!), nos ofrecen ese camino andado que nos ayuda a saber hacia dónde mirar para ser mejores.

Esto es, que el hecho de que la esclavitud haya sido abolida en Occidente y se haya llegado a eso gracias a una sensibilización, hace que no empecemos de exactamente de cero en esa materia. Pero no impide que mañana se den las circunstancias, el pensamiento políticamente correcto (la moral dominante) cambie y llegue un iluminado político que vuelva a instaurarlo. El bien nunca se ha conquistado para siempre. Y la conquista ha de ser una lucha fundamentalmente personal, de cada ser humano. Por poner un ejemplo de trazo grueso.

Cuánto fariseo abomina hoy en día, por ejemplo, de las estructuras capitalistas, de banqueros, de grandes fortunas. Ellos, ellos... Ellos son los causantes de la crisis, gritan. ¡Crucifiquémoslos!, vociferan.

Cuánto fariseo que se lucró (o lo intentó) durante los tiempos de burbuja inmobiliaria y bonanza económica precisamente especulando a costa de esas estructuras, de esos banqueros que daban crédito fácil y maloliente. Esa calse media culpable... que ahora esparce demagogia.

Cuánto examen de conciencia personal y propósito de enmienda necesitamos cada uno de los miembros de esta sociedad que se cree la más generosa, la más amable, la más justa de la historia. La más progresada. ¿O era progresista?

viernes, 17 de septiembre de 2010

San Sebastián

No os olvido, de verdad. Me encantaría hablaros de Biutiful, que vi el otro día y me gustó. Pero me podéis encontrar en el Festival de San Sebastián, muy liado haciendo de hombre orquesta. También en Twitter.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Algo cultural

"Eso es algo cultural". Y lo dicen con matices negativos. Lo de cubrirse las peras en la piscina (lo del pudor); lo del rechazo a la poligamia; lo del cocinar pollos, cerdos y otros animales.

¿Y qué si es "algo cultural"? Por supuesto, esas cosas son "algo cultural". ¿No es la cultura la aplicación del entendimiento, de la inteligencia, a la realidad, en este caso a los impulsos naturales?

(Impulsos, por cierto, cuya amplia paleta va de la compasión al odio, pasando por el deseo de abrazar o el de matar. Impulsos "naturales".)

Si nos ponemos así, el principio del no matar tal y como hoy lo entendemos también es cultural. Lo cual no lo hace arbitrario. Hay que ser arrogante... y moderno, para pensar que las tradiciones son imposiciones arbitrarias.

Uno, que tiene una enorme fe en la razón humana, seguirá haciendo cultura. Para espigar en sus propios impulsos los que verdaderamente enaltecen la condición humana. Y para replantearse o profundizar en los principios recibidos por la tradición.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Yo digo no (y puag) a "La Noche en Blanco"

Hasta ahora, a pesar de una instintiva repulsa a este evento cultural en Madrid, me decía "si sirve para acercar la cultura a la gente...".

Ahora descubro una iniciativa con argumentos muy sólidos y que comparto prácticamente de pe a pa, contra ese uso espurio de la etiqueta "cultural" y ese desperdicio de presupuestos destinados a Cultura.

Para algunos será esnobismo y elitismo. Bueno, la cultura tiene siempre algo de elitismo, claro.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Ataque a Ratzinger

Lo más interesante del artículo me parece el análisis de los tres vaticanólogos. Por lo que les he leído, Weigel y Allen son dos personas de probado prestigio y acendrada sensatez.