lunes, 30 de agosto de 2010

Lisboa

Me esperaba en Lisboa el encanto de lo añejo que uno se encuentra en tantos rincones de Roma, en el espíritu de la propia Roma, a pesar del caos y la suciedad. No son pocos los que hablan de esa gracia lisboeta, encumbrada, como siempre, por la mirada literaria de algunos buenos escritores.

Pero en la ciudad portuguesa he encontrado la vetustez de lo caduco y descuidado. El encanto en algunas estampas y rincones, sí, pero la miseria y la cochambre del caballito de madera que lleva décadas en el desván. Demasiado llamativas para ignorarlas.

Me sorprendió encontrar ese descuido, esa connivencia y convivencia con lo ruinoso. Hasta en las iglesias que debieran ser bellas y estar cuidadas. En la de Sao Domingos (foto de la izquierda) pareciese que hubiese pasado una revolución anticlerical y que nadie se hubiese ocupado de reparar los mordiscos en las columnas, las balaustradas simplemente desaparecidas, los desconchones en la pared...

Si yo no podría vivir en una habitación llena de mugre y ajada, ¿por qué iba a encontrarle encanto a gran escala?

Lisboa, como cualquier lugar del mundo, es, eso sí, un destino fantástico para viajar con un par de buenos amigos.

jueves, 19 de agosto de 2010

Veranos en León

Mañana me voy al pueblo, a las fiestas. Siempre he sido de esos afortunados madrileños que tienen raíces fuera de esta patria chica tan apátrida.

Recuerdo con inmenso amor los veranos de mi infancia en una aldehuela del Bierzo. Aquello era todo un universo, un paraíso en el que uno ni siquiera pensaba que estaba en un paraíso, un lugar donde se vivía en inocencia, incluso cuando uno no era nada inocente.

Recuerdo el cóctel aromático de brezos y boñiga de vaca que te golpeaba al entrar en el pueblo, después de más de seis horas de viaje en aquella Nissan Vannette gris que discurría en buena parte por la antigua N-VI, toda la familia y los bártulos apretados. Sin aire acondicionado, pero también sin saberlo porque no existía tal cosa o era un lujo de ricos.

Recuerdo los ladridos de Tobi -aquel perro sacrificado tras romperse el espinazo-, que sonaban afectuosos y nostálgicos y desprendían una emoción de corte humano. Un año sin vernos y celebraba nuestra llegada con delirio.

Recuerdo las excursiones a Canales, idealizado rincón bucólico lleno de moscas y humedad, a la Fuente de la Risa. Recuerdo las huellas de jabalís en el suelo. La brisa de la noche en esas noches de literas compartidas con mis hermanos, de cuentos de la abuela. Las bicis -y los piñazos con las bicis también-, cómo aprendí a pedalear sin las manos en el manillar.

Recuerdo hacer de monaguillo en la Misa de diario y llevarme en el bolsillo, furtivamente, un puñado de obleas. Y recuerdo las arrugas pictóricas de los viejos y las viejas de lugar. Las Filomenas, los Jesusines, los Valentines, las Matildes... Y los tambores en la procesión de las fiestas, Y las campanas. Y los dimes y diretes procaces...

Y la adolescencia. Y las chicas como frutas frescas. Enamorarse de la primera con la que uno cruzaba la mirada en las fiestas de Matachana. Las cartas de amor. De amor platónico.

Buena parte de lo que soy lo compone ese pueblo, un don que la vida me ha deparado, un contacto con lo rural, con la naturaleza... y por lo tanto con las tradiciones que no muchos tienen. Y que muchos de los que tienen no valoran.

Mañana me voy al pueblo. Piensa uno que, desde hace quince años, las fiestas han decaído. El verano en Turienzo como concepto. (Si esto lo dice uno frisando la treintena, no quiero ni pensar las jeremiadas que lanzaré en la sesentena, jeje.) Por lo que dicen, y uno ha podido ver, aquello ya no es aquella especie de Nunca Jamás donde los jóvenes veraneantes llegados de todas las urbes españolas exprimían su infancia, su adolesencia, sin tantas prisas por crecer.

Eso ha cambiado. Quizá era necesario. Yo sólo sé que ese reducto infantil es un sagrario íntimo donde no importa la regresión, donde uno acude a chapuzarse en las aguas de la eterna juventud sin complejos, sin temer que le llamen retrógrado. O mejor, se mira en esas aguas para llegar a entender mejor quién es.

Gracias a Dios, al visitar la orilla de esos recuerdos, brota la alegría, "tan vertical, tan gracia inesperada, tan dádiva caída". Por lo que se es y por lo que se ha sido, si es que hay diferencia...

Viva el Moro

Nada tiene que ver el título de esta entrada con la movida melillense, que -lo sé, sonaré egoísta- poco me importa.

El Moro del que hablo es el interpretado por Paul Scofield en Un hombre para la eternidad, que en la serie Los Tudor interpreta a años luz Jeremy Northan (en parte por la poca profundidad con la que está dibujado el personaje).

Tenía ganas de echarle un vistazo a la citada serie por el recuerdo (¡dos años han pasado ya!) de una crítica en un blog amigo, cruda pero bastante exacta.

Ahora que la ha recuperado TVE ha vuelto la curiosidad. Como tengo intención de documentarme sobre la época con el objeto de escribir algo sobre Garcilaso y la corte de Carlos V, la picazón era mayor. No he querido resistirme después de comenzar a leer Wolf Hall, la novela que ganó el Premio Booker en 2009 y que ficciona la vida de Thomas Cromwell. (Ya os contaré de esto, espero, y ruego sugerencias de libros que documenten bien sobre el final de la Edad Media, el Renacimiento y especialmente en España).

Sorprendido me hallo, eso sí, de que la TVE emita el soft-porn de Los Tudor en prime time. Sí, es verdad que en los anuncios te meten carnaza, pero piensa uno que es el típico cebo. Pero es que resulta que en las promociones en la televisión son más suaves de lo que es realmente la serie.

Sinceramente no se tiene uno por puritano -aunque quizá lo sea-, pero empieza a ser alarmante la hipersexualización audiovisual que nos rodea. Va uno al gimnasio y como se ponga a ver los videoclips sale incandescente, dispuesto a empitonar lo primero que se ponga por delante.

Pienso que la pornografía tiene una finalidad muy definida, lo demás son discursos seudo-intelectuales para tratar de artistizar las pulsiones físicas.

Cuando uno muestra con explicitud la simulación del erotismo y la sexualidad en imágenes, tiene que tener muy claro que está sacando al espectador de la contemplación para meterle en otro campo cuyo nombre no sabría decir. Semejante explicitud denota generalmente falta de creatividad, tratar de estimular no tanto las emociones del espectador como las pulsiones. Muy necesarias y saludables cuando sirven a su finalidad, pero básicamente fisología más allá de eso.

Y vuelvo al título, porque al menos puede uno sacar de lo malo, algo bueno, y sirve ver esta serie tan simplista con Historia y personajes para volver a acordarse de esa persona de recta conciencia, un hombre íntegro en el que mirarse, qué otro gallo nos cantaría si fuésemos un puñado de cristianos como él. ¡Viva el Moro!

miércoles, 11 de agosto de 2010

Más acá

Hasta ayer no conocía a Jonathan Miller. La wikipedia lo describe como "British theatre and opera director, author, television presenter, humorist and sculptor".

Leyendo el blog de Mark Shenton, al que leo de cuando en cuando para ver qué se cuece en el teatro anglosajón, se refería al personaje más gruñon y cascarrabias de la escena británica. Y hablaba de Jonathan Miller, que en una entrevista en The Independent se lanzaba a la piscina diciendo que llevaba 10 años sin asistir a un espectáculo en el West End londinense.

Más allá de las machadas, boutades, y las respuestas críticas de otros miembros del periodismo cultural inglés, me quedo con una frase de Miller que me gustó:

I get very impatient with people who say 'I go to the theatre to be taken out of myself'.

"I think 'there's probably nothing in yourself'. I'm only interested in making sure people are reintroduced to themselves. Great theatre draws your attention to things in real life, to the negligible, the boring and nondescript. A playwright like Chekhov makes that considerable and reintroduces us to the things that we have overlooked."


"Pierdo la paciencia con la gente que dice: 'Voy al teatro para que me hagan salir de mí mismo'. Yo pienso: 'Probablemente no hay nada dentro de ti'. A mí sólo me interesa asegurarme de que la gente sea devuelta a sí misma. El teatro genial atrae tu atención sobre las cosas cotidianas, lo insignificante y anodino. Un dramaturgo como Chéjov hace eso importante y nos devuelve a las cosas que hemos pasado por alto".

martes, 10 de agosto de 2010

Más allá

Aprende a contemplar y a confrontar cuanto se ofrece a tus ojos con tus ideas familiares o secretas. Procura ver en una ciudad no simplemente un conjunto de casas, sino su vida humana y su historia. Que un museo no te muestre sólo cuadros, sino escuelas de arte y de vida, las concepciones del destino y de la naturaleza, las orientaciones sucesivas o diversas de la técnica, el pensamiento inspirador y los sentimientos. Que un taller no te hable solamente del hierro y la madera, sino de la condición humana, del trabajo, de la economía antigua y de la moderna, de las relaciones entre los hombres. Que los viajes te enseñen la humanidad; que los paisajes evoquen ante tus ojos las grandes leyes del mundo; que las estrellas te hablen de las duraciones inconmensurables; que los guijarros del camino sean para ti el residuo de la formación de la tierra; que al ver una familia sepas adivinar la presencia de generaciones, y que la relación más insignificante te ilustre sobre la más elevada concepción del hombre. Si no sabes mirar el mundo y las cosas de esta manera, no llegarás a ser más que un espíritu trivial. Un pensador es un filtro donde las verdades, al pasar, dejan lo mejor de su substancia"


(Sertillanges, A.-D.: La vida intelectual, Ed.Encuentro, 2003, p.68)

lunes, 9 de agosto de 2010

Ha muerto Patricia Neal

Muere la actriz Patricia Neal, la mujer que amó a Gary Cooper en la vida y en la pantalla

La vimos en dos películas que siempre recordaremos, Desayuno con diamantes y El manantial. Hud, por la que ganó el Oscar, no la he visto.

El mitificado cielo de Madrid

El cielo de Madrid tuvo, al parecer, fama de pureza, de azulidad, de alta calidad cielística. De Madrid al cielo... y todo eso.

Madrid, oh cielos expone en la azotea del Círculo de Bellas Artes y hasta el 15 de septiembre una serie de fotografías de artistas reconocidos con el cielo de(sde) Madrid como argumento.

La exposición en sí no me ha parecido gran cosa -me quedo con dos o tres fotos, la mejor una de Jordi Socías, creo-. Pero menos cosa aún me ha parecido observar Madrid desde esas alturas. Una decepción. Un poco como verla en calzoncillos. Uno contempla París desde la Torre Eiffel o Roma desde San Pedro y... ¡oh, cielos! Pero Madrid... Muy poco glamour.

En otro orden de cosas, este fin de semana he revisitado El Apartamento y El hombre tranquilo.

De El Apartamento me ha asustado percibir en mí cierto cinismo, un capullito posmo que me repetía "en la vida real ese final es imposible, Buddy-boy será devorado por la vida siempre". Puag. O tempora, o inocencia!

El hombre tranquilo sigue haciéndome feliz desde el primer plano.

viernes, 6 de agosto de 2010

Autorretrato de 'El País'

Cuando se trata de denigrar a e intoxicar contra la Iglesia Católica, el diario El País pierde el norte de pretendida búsqueda de rigor. Su versión digital, con la posiblidad de comentar -su política de moderación es... sorprendente-, agudiza el sectarismo.

Es habitual ver en Facebook gentes escandalizadas por debates o noticias de Intereconomía, que cuelgan en la red con anatemas diversos. Hace poco un tipo bastante repulsivo llamaba en 'El gato al agua' "zorra" a Marina Geli, consejera de Sanidad catalana. Fueron muchos los que, en buena lógica, se llevaban las manos a la cabeza.

No tengo la menor duda de que muchos de ellos no sólo no se escandalizarán, sino que aplaudirán (y comentarán) cuando lean la flagrante mentira con la que los de PRISA titulan esto: El Papa cobrará entrada a las misas que oficie en Reino Unido. La manipulación es tan vergonzosa que no pienso ni rebatirla. Lo único que me sale es preguntar qué (...) le importan a los dueños y lectores de ese periódico lo que haga la Iglesia en sus misas.

Por no decir que algunos de los comentarios son denunciables a la Justicia:

"El Pastor alemán le cobra a los borregos que quieren escucharlo..."

"Mientras haya débiles mentales que paguen... normal, yo lo haría también"

"¡La cara de raposa que tiene el individuo de blanco!"

...

Es curioso que los periodistas que odian a la Iglesia suelen tener un interés desmedido de Ella, pero, según su lógica propagandística, sólo de aquellas cosas que pueden crearle una mala imagen.

No he leído recientemente en El País ninguna noticia sobre Cáritas, sobre misioneros, sobre los miles de católicos que dedican su vida al resto... Sólo mentiras manipuladas que la dejan en mal lugar. Mucho dinero tendría que gastar en campañas de imagen la Iglesia Católica para contrarrestar el trabajo sucio de estos manipuladores.

Toy Story 3, de un tal Pixar

Cómo pueden hacerme llorar los vaivenes emocionales entre unos juguetes y entre esos juguetes y su dueño, un chaval de facciones digitales llamado Andy. Cómo, me preguntaba con el corazón encogido al término de la película dirigida por Lee Unkrich.

Ni Origen ni leches. La película del verano, y quién sabe si del año, es Toy Story 3, una obra maestra sin paliativos. Oscar subito!

Mil veces mejor que la sobrevalorada y nominada Up. E incluso mejor que la maravillosa e histórica Toy Story, película que marcó un antes y un después en el cine (de animación).

Toy Story 3 entretiene de principio a fin gracias a un ritmo sostenido basado en una peripecia que engancha, en una sucesión de golpes cómicos, en unos personajes más entrañables y mejor desarrollados que nunca, y en una animación espectacular, de una calidad cinematográfica que, siendo abrumadora, no va gritando "eh, mira que bien estoy hecha".

Id a verla. Id. De todo lo que pueda decir en una entrada como ésta, eso -id- será lo más exacto y meritorio.

jueves, 5 de agosto de 2010

¿Cultura gratuita?

Durante mis apenas 48 horas en Londres tuve la inmensa suerte de poder visitar la Tate Modern, la National Gallery y el British Museum. Uno apenas se acuerda de cuando para entrar gratuitamente al Museo del Prado bastaba con mostrar el DNI, así que es una agradable sorpresa descubrir lo que ya se le había anunciado a uno, que los museos allí son gratis.

"BRITISH MUSEUM - FREE ADMISSION". "NATIONAL GALLERY - FREE ADMISSION". Grandes lonetas en las fachadas lo recuerdan ostentosamente, para que cualquier transeúnte despistado se entere desde cualquier curva de la Trafalgar Square.

En la Tate (que, lo confieso, fue la que menos interés despertó en mí) me centré en Miró y en otros autores cuyo nombre ya no recuerdo y en hacer unas fotos a la cicatriz que recorre la Turbine Hall, la que ha dejado la comentada obra de Doris Salcedo, Premio Velazquez 2010, al ser rellenada.

En la National disfruté básicamente del impresionismo -¡Monet! ¡Renoir!-, de los franceses de comienzos del siglo XX, de Van Gogh, de la velazquiana Venus del Espejo. Y de un careo final con el matrimonio Arnolfini -qué pequeñito el lienzo-.

En el British babeé con la Antigüedad greco-latina, con la reconstrucción del Templo de las Nereidas; el Mausoleo de Halicarnaso; los frisos del Partenón... La Piedra Rosseta me retrotrajo a mis clases de Historia en 1º de BUP con el Dola; me enfrenté cara a cara con la Cariátide de Erecteion.

Observar algo tan aparentemente sencillo como las decoraciones policromadas de las vasijas minoicas me llevó a preguntarme cómo los modernos podemos ser tan papanatas de pensar tantas veces que inventamos el mundo ayer. Uno tiene en el inconsciente la idea de que hasta hace dos días prácticamente todos nuestros ancestros eran medio subnormales.

El Antiguo Egipto me interesa menos. Vi la momia de Cleopatra, of course, pero no me entretuve demasiado.

Mientras paseaba por la Tate me surgió una duda. ¿Es bueno que no haya que pagar ni un duro para entrar a semejantes museacos? Por un lado, supone que disfrutar esas obras de arte esté al alcance de cualquier londinense. Bravo. Por otro, soy de la opinión de que en ciertas materias la peña no valora/valoramos lo que no cuesta. Mmmmm.

Quizá me es más comprensible que el acceso a la Tate sea gratuito, ya que suscitar el interés por el arte contemporáneo es más complicado que hacerlo por obras del siglo XIX y si encima cobras pues vas aviado. Pero al British y a la National... No sé. Reconozco que no lo tengo claro.

Yo, por si acaso, -lo digo para que nadie distraiga el debate reprochándome una posible doble moral-, eché unas libras de donativo a la salida de la National Gallery. Tan felizmente.

martes, 3 de agosto de 2010

The suburbs, de Arcade Fire

Los viejos del lugar (este blog) quizá recordarán que hace casi un año confesaba mi absoluta ignorancia musical y hacía voto de convertirme en aprendiz de popero.

He hecho mis pinitos, las cosas como son. Mis lagunas son todavía de proporciones homéricas, pero puedo manejar con cierta soltura el lenguaje y los principales nombres de la actualidad musical y no quedar como un inútil. Pero, lo más importante de todo, he descubierto algunas obras de arte que me han conmovido y me conmueven, obras que me ayudan a dialogar con mi tiempo y con mis propias contradicciones.

Desde el momento en que escuché "Rebellion (Lies)", del primer álbum de Arcade Fire, Funeral, me enganché a esa música de grandes dimensiones y a esa voz llena de matices enigmáticos y oscuros.

Ahora que han sacado su tercer disco, el esperadísimo The suburbs, me he atrevido a escribir algo sobre ello [The suburbs, de Arcade Fire], muy influido, no lo ocultaremos, por las muchas lecturas de críticas en inglés que he deglutido este fin de semana. Pero también después de escucharme varias veces el disco (y los dos anteriores) y empollarme las letras de los tres álbumes.

Resumiendo: Me gustó más Funeral, porque ese es el estilo que me conquistó. Pero, sí, se supone -y digo que se supone porque no tengo suficiente criterio- The suburbs es musicalmente superior, ya que demuestra que estos tipos pueden tocar todos los palos.

Me gusta la autoconciencia de la (pos)modernidad que demuestran en sus letras, siempre a partir de elementos mínimos (la forma en que se organiza la vida y el urbanismo en las grandes ciudades contemporáneas). Me gusta que se lamentan de cosas que van mal pero lo hacen con un aroma alegre y risueño, no apocalíptico, sabiendo que ellos mismos son parte del sistema que critican. Y me gusta que se saben modern men (una de las grandes canciones del disco, "Modern Man", track 3), pero que se ríen al mismo tiempo de la pose rococó de tanto modernete de palo ("Let's go downtown and watch the modern kids / They will eat right out of your hand / Using great big words that they don't understand", dicen en "Rococo", track 4).



Escuchadlo mientras no lo quiten de YouTube.

domingo, 1 de agosto de 2010

Un buen hombre

Informe Semanal: Siempre Plácido




La entrevista no vale gran cosa, pero Plácido transpira una bonhomía sorprendente.

Una lista de las 100 mejores películas [en EPS] en la que la primera de John Ford es la número 53 (y es Pasión de los fuertes), dice mucho, muchísimo, de un cine -en este caso el hispanoamericano-. Y a mi juicio, lo que dice no es bueno.