sábado, 31 de julio de 2010

El ascenso a La montaña mágica

Año y medio después de comenzarla y un par meses después de leerla por última vez, retomo La montaña mágica, de Thomas Mann. Hoy he logrado alcanzar el ecuador de semejante mamotreto que, es obvio, no logra cautivarme. Me consuelo tratando de convertir el hecho, como el propio libro hace de alguna manera, en una reflexión sobre el tiempo.

Esa dejadez en la lectura, llevada a trompicones, casa bien con el propio ritmo interno de la obra de Mann. Mi relación con la cuidada edición de Edhasa tiene la misma languidez aburrida que el tempo en el sanatorio del doctor Behrens (y para colmo la escena de amor es en francés, a palo seco).

Comparto con Hans Castorp la misma incertidumbre sobre el futuro. Sospecho que se quedará en Davos mucho tiempo, quizá toda la vida. Y que yo tardaré meses, años, en terminar el libro. Quizá me muera sin saber lo que sucedió y sin recordar en qué momento comenzó la lectura. Tal y como está construida la novela, puede que ni siquiera importe. Sólo interesa el extraño transcurrir del tiempo. Me consuela pensar que acabar con la última página será matar la propia esencia de la obra.

viernes, 30 de julio de 2010

Origen, de Christopher Nolan

Acudía uno con ávida expectación al pase de prensa de Origen (Inception en v.o.). Una película no promocionada sobre la base de un reparto impresionante (que lo tiene) encabezado por Leonardo Di Caprio, de unos efectos visuales impactantes se mire por donde se mire o de una historia futurista y misteriosa, sino sobre la base de detalles de la historia apenas sugeridos y, sobre todo, de un director, el realizador de Memento, Batman begins y El caballero oscuro. El chico de moda en Hollywood.

Dos horas y media después, se dice uno -no sin cavilarlo durante un buen rato- que no era para tanto. Y mira que fastidia porque la de Nolan era de las pocas esperanzas cinematográficas que se habían puesto en la cartelera veraniega.

Cuando uno terminó de ver Memento, con un enrevesado pero exacto mecanismo interno en su guión, no pudo menos que esbozar una sonrisa, ahogar un suspiro de satisfacción. La historia no tiene una profundidad abismal, pero la manera de contarla es brillante, es sorprendente, es original. Hay post-partido, y un post-partido lleno de discursos coherentes, nada de pedaleos arbitrarios.

Las piezas están construidas para encajar y merece la pena perder el tiempo en tratar de lograrlo.

Cuando uno terminó de ver Matrix, con sus novedosas u-cap, su guión de aires clásicos renovados, su planteamiento original, no pudo menos que aplaudir con las orejas.

La genialidad epata. Pero uno piensa que no hay verdadera genialidad en una película -¡imposible!- si no hay brillantez técnica en el guión. Y el apabullante despliegue de Origen esconde la carencia de una historia poderosa.

Se ha dicho que Nolan quería hacer, y tuvo la suerte de conseguirlo gracias a su éxito previo, una película personal, intimista, con el presupuesto de una superproducción.



La película quiere basar su potencia en una trama compleja. Un poco a lo Memento. Pero ni siquiera en eso es para tanto. Si se presta atención, lo esencial del argumento se pilla con cierta facilidad. No hay grandes piruetas intelectuales, emocionales, sólo en la técnica narrativa. Y de tanta pirueta, la filigrana se enreda hasta la náusea sin que uno tenga la sensación de enfrentarse a un puzzle o un laberinto cuya excelencia justifique el esfuerzo.

La historia tiene más capas que una imagen de Ana Obregón pasada por el Photoshop, pero debajo de ellas no hay una historia profunda, unos personajes inolvidables, un enfoque de la vida personal, ni siquiera la originalidad al organizar esas capas.

Y, por supuesto, no hay el post-partido que mucho friqui ansioso por ocupar el tiempo pretende. No siendo efectivas ni la mecánica ni la historia que se narra, la cosa queda pelín efectista.

Con Origen, Nolan quiere crear descaradamente una película de culto, y la altura de su intento hace mayor su fracaso. No es que la cinta le quede pretenciosa, no (la película es buena, tiene un reparto de lujo, una construcción visual que desmonta y una premisa narrativa que promete el infinito), simplemente que la cosa flaquea, como suele pasar en estos casos, en el guión. Y las expectativas, insisto, eran enormes.

Nolan no logra lo que consiguieron los Wachowski con la primera de Matrix (olvidemos las dos castañas reloaded). Éstos revolucionaron las técnica de grabación cinematográfica, crearon una estética, esparcieron multitud de detalles icónicos a lo largo de la película que no significaban nada pero que alimentaban el mito, nos dejaron un buen puñado de frases míticas, sorprendieron al mundo con la idea de un mundo paralelo construido por ordenador... Pero, sobre todo, nos entretuvieron con lo de siempre, bien contado. El héroe clásico con ropajes modernos, nada más.

Que Origen no es mala, de verdad. No pensaba machacarla así. Si uno no espera gran cosa de ella, lo pasará bien. Tiene muchas chispas de genialidad. La historia de amor -yo diría que es el hilo de la película- tiene cimas, momentos de mucha emoción; Di Caprio, Marion Cotillard y Ellen Page son maravillosos actores...

Pero creo que no merece la atención que está recibiendo. Ni esa aprobación popular. Ni los pedaleos que -por poco que me gustase su resolución- sí merecía Lost (aquí también hay un limbo, jeje).

La última polémica ha sido sobre la banda sonora de Hans Zimmer -cargante en muchos momentos de la película-, construida sobre una canción esencial en la película, la hermosa "Non, je ne regrette rien" interpretada por Edith Piaf.



Quizá Memento también hubiese sido un fiasco si su autor hubiese contado con más de 200 millones de dólares de presupuesto y hubiera pretendido hacer Blade Runner con una historia que daba para lo que daba. Batman begins y El caballero oscuro -sobre todo ésta última- eran buenas pero tenían pequeñas grandes carencias en el guión.

Por eso, visto lo visto, Nolan está bastante de lejos de construir una verdadera obra maestra que perdure, valga la redundancia. Quizá no decepciona a uno tanto la propia película como el archigenial director que uno esperaba fuese y no fue.

Para no haberme gustado, vaya chapa.

[ACTUALIZADO: Al debate]

lunes, 26 de julio de 2010

All my sons, de Arthur Miller

Pues este fin de semana estuve en Londres. Mi primera vez. Muy intenso y apasionante. El sábado tuve la suerte de estar en el West End para ver una pedazo de obra de teatro. Os dejo aquí la crítica de All my sons que he escrito para RTVE.es.

Espero hacer una crónica en breve sobre mis impresiones. National Gallery, British Museum, Tate Modern, una conversación casual en el tren con un sudafricano sobre Bob Esponja...

martes, 13 de julio de 2010

Bufffff

Tres semanas que no actualizo el blog. Qué me pasaaaaaa. A veces, cuando la vida offline está llena, cuesta refugiarse en la online.

Contravendré las normas de Dani, autorreferenciándome, para no dejar morir esto durante estos meses.

Una entrevista con Jesús López Cobos, director musical del Teatro Real, y la fiesta en Príncipe Pío con la selección.