domingo, 20 de junio de 2010

Cáritas

Me preguntaba hace tres años y medio por qué mendigos y pedigüeños se apuestan en las puertas de las iglesias. Hay que reconocer que también venden La Farola a la entrada del súper.

Digo esto a cuenta de Cáritas, por ejemplo, hace unas semanas la colecta se recogió a su beneficio. Me gustó lo que dijo el cura en la homilia de ese día: "Los pobres saben que debajo de la torre de cada iglesia está Cáritas".

Pero no, la Iglesia es represora, es rica, hipócrita, poderosa... No como Saramago, él sí, comprometido.

Poderosa la agitprop comunista. Yo no soy Iglesia Católica Apostólica y Romana cuando sonrío por amor de Dios al que me molesta o cuando trato de ayudar al que lo necesita porque veo en él a Jesucristo. Sí lo soy cuando me dejo llevar por corruptelas, cuando soy mentiroso, cuando la luz me da oblicua y se marcan mis rasgos más desagradables.

Y lo más lamentable es cómo la Iglesia se dejó infiltrar por esa propaganda [dantesco espectáculo al respecto el de estos presuntos téologos católicos -perdieron la fe hace tiempo- que adoran a Saramago y despotrican contra la doctrina y la jerarquía].

sábado, 19 de junio de 2010

Muere Saramago

Leí de él Ensayo sobre la ceguera, que me gustó mucho. Gran narración (y por lo tanto entretenida), interesante fábula moral. Ensayo sobre la lucidez lo dejé a las pocas decenas de páginas por desinterés.

El Nobel José Saramago habla con Juan Ramón Lucas en ’En noches como esta’




Su figura intelectual me resulta muy desagradable por su beligerancia contra ese Dios que parece molestarle demasiado para no existir y por una adscripción a causas que poco me interesan.

Hoy todos dicen de él que es un autor de compromiso. Y cuando se habla de compromiso, suelen referirse a compromiso con una ideología política concreta (aunque cada vez menos, más bien una suerte de mezcolanza de banderas aliñadas al alimón). Lo del compromiso lo inventaron los comunistas, claro. Qué pereza la literatura comprometida, el realismo social y toda la parafernalia.

El único compromiso que le pido a la literatura es el compromiso con la realidad, con la belleza. Luego cada cual que firme los manifiestos que quiera, que apoye a todos los zapateros del mundo que le dé la gana o que justifique ciertos regímenes dictatoriales por ser de la cuerda. Eso quizá le haga mejor persona (y no lo tengo muy claro), no mejor escritor.

Entiendo que cuando de uno sólo dicen y repiten la tontada esa del compromiso, como literato debiera entristecerse un poquín, tenga uno los nobeles que tenga.

Mira como a Delibes se le ha recordado por su manera de utilizar el lenguaje, por el arte de sus novelas, por su compromiso con la realidad reflejado en sus personajes e historias. Ay, madre, si he de comparar...

sábado, 5 de junio de 2010

Canino, de un director griego

Gustándome en muchas ocasiones (o más bien, concordando con ellas) las críticas de Carlos Boyero, no me gustó este año la cobertura que él y Borja Hermoso hicieron del festival de Cannes. Me parecen demasiado viscerales y faltones.

La crónica final sobre el palmarés da un poco el tono boyeriano. En el blog de seguimiento de1 festival, las crónicas firmadas por Hermoso, llenas de críticas duras y a veces poco argumentadas, me fueron enfrentando a este estilo que siempre me gustó.

El jueves, empero, estuve en el cine, después de rebuscar en la cartelera algo que echarse a la boca. Canino, de Yorgos Lanthimos, tiene el premio Una cierta mirada de Cannes 2009 y había sido encumbrada por ciertos críticos cuando se estrenó hace unas semanas en España. Además, toca un tema que me subyuga, el de los neuróticos que torturan, secuestran o/y violan en los sótanos mientras llevan una cotidianiedad normal.

Dicho y hecho. Me fui a los cines Golem con muy buena disposición.

El nivel de fraude, incomprensión y extrañamiento fue tal después de ver la película, que necesito dedicar una entrada del blog para hacer campaña contra este bodrio. La frialdad de las actuaciones, justificada por algunos como intencionada, robótica; el estiramiento del chicle de una historia que no es más que la suma de estampas poco o nada interesantes; la sordidez como intento de tapar el vacío; los planos largos (así yo también hago una cinta de dos horas) y las tomas extravagantes sin justificación,... Cuando me reí al reventar el padre una cinta de vídeo VHS en la cabeza a una de sus hijas, me di cuenta de que había tocado fondo. Y no yo, sino la película.

Entonces uno tiende a comprender por qué gente que tiene que ver todo el cine que sale acabe despotricando contra semejante bazofia encumbrada en festivales.

Leo esto en una entrevista al director:

Algunos críticos han señalado que la película podría ser una peculiar actualización de “El mito de la caverna” de Platón, ¿qué piensas al respecto?

Tendría que consultar cómo era la historia del mito porque no me acuerdo exactamente. Sólo recuerdo que era algo con una cueva y unas sombras. En ningún momento pensamos en el mito de la caverna, pero me parece bien porque le da más credibilidad al filme (risas). Además queda genial que digan que estoy reactualizando un mito griego, pero no era el propósito. Luego lo voy a mirar en Internet para ver qué era exactamente.


No hay más que decir.

En desagravio, me monto a lomos de mi Altea, cabalgo por las calles humenantes de Madrid, bajo un sol abrasador (y aliviado por el aire acondicionado), y escucho una selección de las bandas sonoras de Ennio Morricone para westerns. Pienso entonces en la capacidad de sublimar la realidad, cualquier realidad, también esos desiertos almerienses del spaguetti, que tiene el arte. Qué grandiosa la música de cámara, arriesgada y que ya nos suena agreste, de ese gennio.

miércoles, 2 de junio de 2010

El Logos contra la moda

Ya un poco tarde, no puedo dejar de recordar al gran San Justino, cuya fiesta se celebró ayer. Os enlazo a la catequesis de B16 sobre el filósofo cristiano del siglo II.

Luminoso el final de la breve audiencia, en el contexto de toda una serie sobre los Padres de la Iglesia, de San Clemente Romano a San Agustín:

Sin embargo, la filosofía constituyó el área privilegiada del encuentro entre paganismo, judaísmo y cristianismo, precisamente en el ámbito de la crítica a la religión pagana y a sus falsos mitos. "Nuestra filosofía": así, de un modo muy explícito, llegó a definir la nueva religión otro apologista contemporáneo de san Justino, el obispo Melitón de Sardes (Historia Eclesiástica, IV, 26, 7).

De hecho, la religión pagana no seguía los caminos del Logos, sino que se empeñaba en seguir los del mito, a pesar de que este, según la filosofía griega, carecía de consistencia en la verdad. Por eso, el ocaso de la religión pagana resultaba inevitable: era la consecuencia lógica del alejamiento de la religión de la verdad del ser, al reducirse a un conjunto artificial de ceremonias, convenciones y costumbres.

San Justino, y con él los demás apologistas, firmaron la clara toma de posición de la fe cristiana por el Dios de los filósofos contra los falsos dioses de la religión pagana. Era la opción por la verdad del ser contra el mito de la costumbre. Algunas décadas después de san Justino, Tertuliano definió esa misma opción de los cristianos con una sentencia lapidaria que sigue siendo siempre válida: "Dominus noster Christus veritatem se, non consuetudinem, cognominavit", "Cristo afirmó que era la verdad, no la costumbre" (De virgin. vel., I, 1).

A este respecto, conviene observar que el término consuetudo, que utiliza Tertuliano para referirse a la religión pagana, en los idiomas modernos se puede traducir con las expresiones "moda cultural", "moda del momento".

En una época como la nuestra, caracterizada por el relativismo en el debate sobre los valores y sobre la religión -así como en el diálogo interreligioso-, esta es una lección que no hay que olvidar. Con esta finalidad -y así concluyo- os vuelvo a citar las últimas palabras del misterioso anciano, con quien se encontró el filósofo Justino a la orilla del mar: "Tú reza ante todo para que se te abran las puertas de la luz, pues nadie puede ver ni comprender, si Dios y su Cristo no le conceden comprender" (Diálogo con Trifón VII, 3)."

Es este un buen resumen de uno de los mensajes que el Ratzinger pensador no ha dejado de repetir. Que actualmente -y diría que, por desgracia- la mejor depositaria del pensamiento ilustrado es la Iglesia, al menos el pensamiento más hondo que se elabora en el seno de la Iglesia (y B16 es máximo exponente de ello).

Muchos repiten hoy en día esa cantinela racionalista anticlerical que, quizá tuvo sentido en determinados momentos y lugares, de que la religión huye de la racionalidad.

Pero una vez asimilado lo mejor del pensamiento ilustrado, en la recta interpretación de la doctrina católica está hoy también la aspiración al Logos, la razón (que no es sólo empírica) contra el mito.

Entre el fanatismo fundamentalista religioso y el relativismo, ha de alzarse una razón que sepa reunir el amor por la Verdad y la tolerancia en la defensa de esa aspiración.