Donde viven los monstruos, de Spike Jonze
En mi línea de prevención casi patológica contra lo que pueda oler a esnobismo modernete guays alternativo, había dejado mentalmente aparcada Where the wild things are, obra del autor de Cómo ser John Malkovich y Adaptation, películas extravagantes y oblicuas donde las haya.
Finalmente, casi por descartes (Invictus me da pereza, Nine ni te cuento, Sherlock Holmes ya la había visto mi acompañante...), entré por vez primera en los Renoir Princesa para verla, esperando apenas nada.
Y la verdad es que no entré en la película inmediatamente. Supongo que su ingenuidad requiere un despojamiento progresivo hasta que deja en carne viva el peluche que uno lleva dentro. Entonces, hasta se hace corta. Y eso que no pasa prácticamente nada en la poco más de hora y media que dura.
Por otra parte, escuchar la voz de Tony Soprano (precisamente ahora que la tengo tan fresca en el cerebro, devorando quinta y sexta temporadas de la serie) en uno de los bichejos protagonistas me sacaba un poco.
Lo cierto es que la película es una manera fabulosa -por fábula y por "maravilloso y fantástico"- de abordar la sensibilidad infantil. Un cuento lleno de muñecos 2.0 made in Henson que te arranca la sonrisa, la lágrima y el fruncido del ceño, cuando corresponde. Si dejas despojarte emocionalmente, supongo. Nada de aspiraciones abisales -si es que analizar la sensibilidad infantil con ese intuitivo acierto no supone una gran profundidad-. Una película infantil oblicua e inteligente. Poética.

