lunes, 6 de diciembre de 2010

Presencia de Dios

El Adviento, este tiempo litúrgico fuerte que estamos empezando, nos invita a detenernos en silencio para captar una presencia. Es una invitación a comprender que cada acontecimiento de la jornada es un gesto que Dios nos dirige, signo de la atención que tiene por cada uno de nosotros. ¡Cuántas veces Dios nos hace percibir algo de su amor!"

Leía estas palabras de B16 -¡cuántas veces las he experimentado en mi vida!- y me vino al magín reflexionar sobre cómo es esa presencia de Dios.

Pienso que no es la de Dios una continua intervención extraordinaria en la realidad. No es su estilo. Creo en los milagros, pero como algo extraordinario, inhabitual.

Pienso que Dios no está facilitándome el camino a todas horas, quitándome las pieles de plátano. Y tampoco está enviándome dolores o enfermedades. Que cada acontecimiento de la jornada sea "un gesto que Dios nos dirige" no significa que salga de su mano providente, sino que Él, en lo más íntimo de mí, es la sabiduría que me ayuda a interpretar esa realidad que Él ha puesto a funcionar.

Tal vez, su Providencia -que uno siempre ha entendido como un hacer, o un hacer que sea hecho, a lo división del Mar Rojo- tiene más de insinuación en los corazones que de forzar voluntades. Si alguien comete un mal contra mí, no es algo que Dios quiera. Dios, sí, lo permite, desde el momento en que creó al ser humano con un alto grado de libertad y autonomía.

Pero lo que ese mal objetivo pueda ser depende de que yo capte Su presencia. Puedo desesperar del género humano por su maldad o dejar que el dolor y la contrariedad forjen mi carácter, mi sensibilidad, mi voluntad... Mi alma. Aprender que incluso de esas contrariedades, por aparente azar, pueden venir bienes para mi vida.

3 comentarios:

Nicolás Fabelo dijo...

Querido amigo, permíteme la herejía (por la que me hubiesen quemado sin dudarlo hace siglos): ¿y si Dios estuviese en construcción?, ¿y si para su concreción definitiva hubiese que aguardar a un hipotético 'Punto Omega'?...
Un abrazo y gracias por tu post

Agus Alonso-G. dijo...

Querido Nico, no entiendo a qué te refieres con eso del Punto Omega. ¿Te refieres a una construcción mental?

Por creer, pienso que uno puede tratar de creer en la existencia de unicornios. En eso, me alineo con Chesterton y su defensa del cuento de hadas.

Si creo en el Dios anunciado por Jesucristo es porque creo en Éste, en sus signos, en la coherencia de su mensaje, en la coherencia de quienes a mi alrededor me han transmitido ese mensaje, y en la coherencia que ese anuncio tiene con el cosmos, con cómo el mundo es.

Más allá, veo difícil llegar por razonamientos exclusivemnte intelectuales a un "posible Dios". Pero estaré encantado de leer tu hipótesis. En este blog no te quemaremos (por ahora, jeje).

Nicolás Fabelo dijo...

La hipótesis es que Dios estaría aún construyéndose y solo se manifestaría en toda su plenitud en el final de los tiempos, en un hipotético 'punto omega' tal como lo acuñase Teilhard de Chardin. Así se explicaría la (aparente) no omnipotencia de Dios. La idea de que el mundo está en construcción (de que lo que vemos no es el mundo en su versión definitiva, al igual que una casa no son sus cimientos, las vigas y unos cuantos andamios con obreros encima) es de Ernst Bloch.

Un abrazo, amigo... y prepara la pira, jaja...