lunes, 20 de diciembre de 2010

Más rollo metadigital

Límites aún (y quizá siempre) indefinidos de lo público y lo privado en la nueva manera de relacionarse. Las redes sociales. Lo he comprobado recientemente.

Puedes provocar un desagradable incidente en tu entorno de trabajo -tipo bola de nieve- por un comentario a la ligera en Facebook, en la medida en que tienes una amplia lista de "amigos [de Facebook]" que incluye desde antiguos compañeros de clase a viejos e íntimos amigos pasando por rollos ocasionales. (No hablo de mí, jeje.)

Comentas en Twitter con toda la inocencia del mundo la última película de uno de los jóvenes talentos del cine español, pensando que sólo tus taypico followers te leerán (si eso). Y a los pocos días es el propio director el que te pregunta por el comentario, obligándote a emplearte a fondo en el análisis. Em, um, vaya. En 144 caracteres, of course.

Escribes un blog desde 2006. Todo tú, sincero, sin enmascarar tu nombre. Tus ideas sociopolíticas, tu trayectoria vital. Un poco de poesía, otro poco de intimidad, otro poco de análisis de unas cosas y otras, algo de religiosidad... Y cualquiera que quiera bucear en el yo que yo soy puede hacerlo. Y cualquiera que quiera mañana machacarme por algo aquí dicho convenientemente descontextualizado, podrá hacerlo.

Glup. Interesante.

5 comentarios:

Nicolás Fabelo dijo...

Seguiremos pendientes de lo que nos cuentes, compañero... ¡no dejes de hacerlo!

el fon dijo...

je je je, siempre ha habido y habrá idiotas. Ahora están interconectados.

Anónimo dijo...

Y yo, al menos, sigo admirando tu valentia sobre todo en lo de la religiosidad

pseudópodo dijo...

Por eso yo soy tan celoso de mi verdadera identidad. La privacidad y la atención (de la que hablabas en el anterior post metadigital) van a ser cada vez nuestras propiedades más valiosas. Hay que protegerlas.

Agus Alonso-G. dijo...

Gracias, Nico. Desde luego, Fon. Gracias, Anónimo, no es valentía, es honestidad personal, creo.

Pseudópodo, te entiendo, pero he preferido siempre poner mi nombre para hacerme responsable de todo lo que escriba. Pero tienes razón en lo de las propiedades más valiosas: estamos sobreexpuestos.