viernes, 5 de noviembre de 2010

Dostoievski contra mundum

En estos momentos, mis manos sostienen, sopesan con fruición, las más de 1.600 páginas de la edición del Diario de un escritor de Fiódor Dostoievski que ha editado Páginas de Espuma.

Un tesoro que el lunes sale a la venta en edición de Paul Viejo, que con gran agudeza lo llamaba El blog de Dostoievski en el artículo que abría el ABC Cultural del sábado pasado.

Leí en cuidadísima -as usual- edición de Alba Editorial, una antología de ese cúmulo de publicaciones del escritor ruso. Me encandiló. Como un blog, se trata de dar cauce con cierto orden al curso de sus pensamientos: opiniones, esbozos de historias, cuentos, comentarios sobre hechos leídos en la prensa...

Dostoievski es inetiquetable, contraditorio, como es la propia realidad. Sus opiniones son siempre heterodoxas, pero valientes, honestas, no es un provocateur de esos... Un personaje auténtico como su misma prosa, no esculpida y suavizada con lija sino tallada con apasionado cincel. Un ser humano excepcional con el que simpatizo, incluso cuando no comparto opiniones y modos, extremismos y argumentos que pueden parecer a veces peregrinos. Le respeto. No, no es que le respete, le admiro. Porque aquí demuestra Dostoievski ser un intelectual. Y un intelectual del pueblo, aunque parezca contradictorio. Esecialmente porque está por encima de nosotros, como un ser que nos trasciende por su genio.

De la misma estirpe son también los diarios de Jiménez Lozano, cuyo último volumen ya está en las tiendas. Habrá que acudir a ese remanso de paz cuanto antes... Después de acabar, claro, Wolf Hall, esa recreación novelesca de la antipática figura de Thomas Cromwell a manos de Hilary Mantel que ha merecido premios por doquier en Gran Bretaña. Una historia que deja en mal lugar a mi querido Moro cuenta con todos mis prejuicios.

2 comentarios:

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
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