martes, 28 de septiembre de 2010

Lo que deja (en mí) San Sebastián

Exhausto de hablar y escribir de cine, y sobre un cine que no me ha apasionado, me cuesta venir aquí a hacer mis recomendaciones donostiarras. Para hacerlo me cito a ratos.

Poesía, de Lee Chan-dong, presentada en la Sección Oficial de Cannes y en la Zabaltegi-Perlas de esta edición del Donostia Zinemaldia. Una película muy hermosa, llena de poesía claro. Yo la acortaba, que parece que cuando son orientales se les disculpa el exceso de contemplación.

Pa negre, de Agustí Villaronga. No es un películón, pero está muy bien. La comparan con El laberinto del fauno, que yo no he visto. La historia me gusta, la realización me encanta, las actuaciones me maravillan.

Todos los colores hasta el oscuro (Colours in the dark), la opera prima de Sophie Heldman, una película de trazos delicados en sus formas pero devastadora en sus contenidos sobre la defunción de un matrimonio que dejó morir su amor tiempo ha. Es devastadora, pero sirve de cruda radiografía amoral de el nihilismo que corroe la cotidianiedad de buena parte de las sociedades más avanzadas. Bruno Ganz y Senta Berger interpretan brillantemente a la pareja protagonista. El discurso narrativo de esta película se construye en los silencios, en las miradas, en los gestos, en esas sonrisas vacías. Y se construye con un ritmo interno que logra mantener despiertas las mentes y los corazones (aunque sea en un puño) del público a una hora tan intempestiva como las tres de la tarde.

Genpin, de Naomi Kawase. A uno le ha parecido extraña. Resulta difícil recomendarla, pero tiene magia, emoción, una profundidad filosófica y humana que toca la fibra. Mezcla lo zen con lo ginecológico. Una visión de la maternidad como acto aparentemente médico pero a la vez trascendente. El dar a luz como algo casi sagrado. Hay mucha poesía en Genpin.

Bicicleta, cullera, poma (Bicicleta, cuchara, manzana), de Carles Bosch. Este documental deja al espectador con el corazón en un puño. Precipitada la lágrima, ahogada la palabra. No es éste un documental sobre Pasqual Maragall, sino "un documental sobre el alzhéimer", que intenta concienciar sobre la necesidad de investigar en su prevención y curación. Y aun no siendo un documental sobre el ex alcalde de Barcelona y ex Presidente de la Generalitat de Cataluña, su carismática figura vertebra la cinta, la hace avanzar. Más, su carismática figura y la sinceridad que transpira su familia.Porque es la sinceridad, una abrumadora naturalidad, y ese carisma que hacen al espectador empatizar con el personaje/persona Maragall, los que agrandan este filme, correctamente -no brillantemente- realizado por el también director de Balseros. Todo el mundo ha enloquecido con este docu. Yo no. No hay justificación artística, narrativa, al hecho de que el documental radiografíe exclusivamente dos años del alzhéimer de Maragall.

Buried (Enterrado), de Rodrigo Cortés, que éste mismo ha definido como "Indiana Jones en una caja" o "Con la muerte en los talones en un ataúd". Es una gran película y, sobre todo, revela a un genial director, un Spielberg español.

Otras que podrían ser recomendaciones -o no- no las he visto. No vi Neds ni Misterios de Lisboa. Triste pero cierto porque por desgracia yo no me puedo permitir sólo ver cine y un encuentro digital con Santiago Segura impide que pueda ver dos películas, entre ellas la que logró la Concha de Oro. Ésta, la de Neds, no debe ser nada del otro mundo. La de Misterios de Lisboa me atrae más, y la pena es que sus cuatro horas la hacen inestrenable, seguramente. No he visto el documental de Banksy que todos alaban. Pero lo veré.

Del resto no haría recomendaciones, aunque haya cosas de cierto interés o calidad. Nada deslumbrante.

Antes de ir a San Sebastián, vi Biutiful, de Alejandro González Iñárritu. Ya hablaremos de ella. O no. Por ahora, sólo decir que me gustó. Muy lejos de lo que me gustó Babel, eso sí. Bardem está, en efecto, sublime.

2 comentarios:

Contenedor Amarillo dijo...

Mi relación con San Sebastián y el cine viene de lejos, de cuando, por ejemplo, organizábamos caravanas con los colegas de la uni para ver los estrenos de la segunda tanda de la Guerra de las Galaxias a los cines Astoria porque estaban equipados con el sonido THX. En Pamplona no había de esas cosas tan modernas y nos flipaban. Y aunque también rozamos el festival algún año, los festivales no están hechos para el público, son cotos muy cerrados: podrían hacerse en Soria o en un descampado con hotel, cine y discoteca cara con zona vip, y acordonado. El dinero no todo lo compra, lo que de verdad compra todo son las influencias, los conocidos, lo que los modernos llaman "contactos". Ferias en Ifema de empresas para la empresa, y con invitación, llamado pase en el ambiente cultureta.

El viernes me invitaron a cenar en un restaurante caro de por allí y vi a un par de tíos pijos, y viejos, que le marearon a la camarera como no había visto en años a ningún cliente. Un acompañante me dijo que eran productores, o algo así. Y aunque no tiene relación alguna, me alegré de no ver ya cine español. A eso se ha reducido el festival giputxi este año para mí. Supongo que es verdad que cada vez me gusta menos el cine y más los libros, así como que este escrito no deja de ser un desahogo en lugar poco adecuado. Mil perdones. Si a alguien le interesa me gusta recomendar el libro del anterior (o anterior, que ya me pierdo) director del festival de cine que tiene por título: Jack Lemmon nunca cenó aquí; porque desmitifica a unos cuantos cantamañanas.

De San Sebastián me preocupa que Xabi Alonso está infrautilizado por Mourinho, ese otro estadista con formas, malas formas, de directivo de cadena de televisión. Y eso que no soy, ni seré, atavismos, del Real Madrid jamás.

Agus Alonso-G. dijo...

No había leído este tu comentario.

A mí el cine español cada vez me interesa más.

Y creo que lo que dices del festival de San Sebastián no es verdad, sino una deformación reduccionista y parcial. Conozco gente que ni es VIP, ni pertenece a la prensa, ni nada por el estilo, y ha disfrutado ya varios años el festival más que yo, porque ha podido ver bastantes horas de buen cine, español, coreano, francés y lo que se ponga por delante. Bastantes más que las que uno que ha ido a trabajar ha podido ver.

Y Mourinho me encanta. Sí, soy del Madrid.