miércoles, 17 de marzo de 2010

Salvar el Misterio (I)

Como escribía Junichiro Tanikazi en su libro El elogio de la sombra: 'Los occidentales, siempre al acehco del progreso, se agitan sin cesar persiguiendo una condición mejor que la actual. Buscan siempre más claridad y se las han arreglado para pasar de la vela a la lámpara de petróleo, del petróleo a la luz de gas, del gas a la luz eléctrica, hasta acabar con el menor resquicio, con el último refugio de sombra'. (...) Todos nosotros somos ahora los herederos, los beneficiarios y los continuadores de la civilización de las Luces, es decir, de la repulsión a lo oscuro.

Ahora bien, la exuberancia cansa y provoca en ciertos habitantes del planeta iluminado el extraño sentimiento de haber sido expoliados de lo indisponible. De este expolio, de este embargo de la experiencia misma del sobrecogimiento, nace la idea insólita, el deseo inopinado de salvar lo oscuro y de restituir a la noche una parte de su imperio" (Nosotros, los modernos; Alain Finkielkraut)



La batalla entre el error y la verdad es necesariamente ventajosa para el primero, por su misma naturaleza, ya que se libra con las armas de un lenguaje establecido o de un tratado metódico; esto se debe no sólo a la razón ya indicada -la deficiencia de la verdad en cuanto a recursos de elocuencia, e incluso de palabras-, sino además a la nitidez y a la precisión de método que se requieren en un debate escrito o hablado. La verdad es amplia; vista como conjunto orgánico se extiende hasta muy lejos, y considerada en cada una de sus doctrinas depende de la combinación de numerosos indicios, delicados y dispersos; de ahí que difícilmente pueda exponerse en un número determinado de frases. Si empieza a exponerla, su defensor, incapaz de mostrar nada más que un fragmento del conjunto, se ve obligado a redondear y reducir sus extremos indomables, y a unir sus líneas desparramadas, mediante un proceso muy parecido al de transformar una narración histórica en una novela. En esto consiste precisamente el arte de la composición, que, como es lógico, sólo con grandes apuros se salva del artificio exagerado." ("El testimonio personal, medio de propagar la Verdad", en La fe y la razón. Sermones universitarios, John Henry Newman, Encuentro, 1993)

1 comentario:

el náuGrafo dijo...

La primera cita es moee buena.

Luego leerá la segunda, poco a poco, que penetre la primera.