lunes, 1 de febrero de 2010

La cinta blanca, de Michael Haneke

A ver la película de Haneke (míjail aleman, no máikel inglés) fui bastante virgen en lo que respecta a sus "pretensiones ideológicas". Conocía vagamanente que pretendía reflejar de algún modo a la generación que luego formaría parte del NSPD o/y lo votaría o/y callaría ante la terrible experiencia del nazismo.

El hecho de que la propia historia apenas tenga referencias históricas hace más fácil acogerla como una parábola atemporal, que es como pienso que La cinta blanca se expone en todas sus (enormes) dimensiones.

En los comentarios a una entrada previa, Rosie the Riveter señalaba algo que bien podría enmarcar la reflexión sobre la película (mi reflexión): "Como retrato de costumbres, de atmósferas, de miserias, como explicación de comportamientos individuales, en el plano técnico-formal, el trabajo de los actores (sobre todo los niños y la niñera...) perfecta. Pero la pretensión de elevarlo a tesis de alcance general, que dé cuenta de la incubación sociológica del nazismo, me chirría... ¿Qué tendrá que ver el sentimiento de culpa judeocristiano o la hipocresía de la doble moral con el origen del nazismo?".

Y es que Haneke sí ha señalado claramente esa intencionalidad. Leo a través de Aceprensa las palabras del cineasta: “Mi principal objetivo –señala Haneke- era presentar a un grupo de niños a los que se inculcan valores considerados como absolutos y cómo los interiorizan. Si se considera un principio o un ideal como algo absoluto, sea político o religioso, se convierte en inhumano y lleva al terrorismo”.

Afirmación muy posmo, pero que tiene mucho de machada sin matices. Creer en valores absolutos no significa la imposición, la violencia, el dogmatismo en todo y para todo. Uno también puede poner el amor, la entrega al otro, como valor absoluto. ¿Eso también lleva necesariamente al terrorismo?


Me quedo, sin embargo, con las palabras en la entrevista a Haneke de La Vanguardia que enlazaba Klaudine en los mismos comentarios: "Todos [los espectadores] la entienden, pero la toman de una manera diferente. Hay tantas películas posibles como espectadores en la sala. Es lo mismo que ocurre con un libro. Una película es una rampa que tiene que saltar el espectador, que es quien vive la experiencia".

El espectador Agus se queda con esa radiografía de las consecuencias del abuso y del autoritarismo. Con la parábola contra la doble moral, la de una sociedad cristiana que se ha vaciado de fe y ha perdido el espíritu que debería alentarlo convirtiendo su vida en un código moral vacío de sentido profundo. Una comunidad que se cuece en la salsa de su autocomplaciencia rigorista.

La cinta blanca conecta con Bergman y Dreyer, y con El festín de Babette (¿es casual que el único aliento de vida en esa comunidad cerrada y asfixiante sea el un personaje que viaja a Italia?). Algo me recuerda también, en la mezcla de terror e infancia, al expresionismo del M de Fritz Lang. En general con todo ese cine nórdico de ascendencia luterana o/y calvinista que trata de explicar su mundo.

Si uno no quiere desperdiciar todo el jugo humanista de una película como esta, no debe caer en la trampa de pensar que algo como lo que cuenta sólo puede ocurrir en un tiempo y en un lugar determinados. Porque en las buenas obras de arte, como interpretaciones del cosmos, el ellos es también el nosotros.

Esa catarsis es la que permite que historias devastadoras como la de Haneke puedan hacernos mejores.

20 comentarios:

Klaudina dijo...

Completamente de acuerdo con tu crítica, Agus. Yo sí entiendo muy bien esa parte que señala la relación con el nazismo (ojo, no como única causa o explicación, pero sí como influencia), pero sobre todo, la tomo como esa parábola atemporal. No me importa tanto lo que opine Haneke sobre su cinta, la verdad (más allá de la ilusión de ¡¡mira, he leído a Alice Miller, como él!!), me reservo el derecho a entenderla e interpretarla como quiera. Además nos da permiso, así que perfecto.

Klaudina dijo...

Ah, otra cosa: uno puede poner el amor, la entrega al otro como valores absolutos.
Sí, pero solo eso no es suficiente. Hay algo aún más absoluto que tener esos valores y querer transmitirlos. Y es vivirlos. Amar y querer a los otros. Que nos importen las demás personas, eso es lo más absoluto. No se puede enseñar esos valores de cualquier modo. Es una paradoja que señala muy bien Miller en Por tu propio bien: querer hacer buenos a los niños y hacerlo como sea, sin ninguna consideración moral.

Lectora dijo...

Me gusta mucho eso del "jugo humanista", que yo creo que es lo que hace de La cinta blanca una película atemporal y universal que toca tanto al espectador. En cuanto al concepto de absolutos, fíjate que tu reflexión me llevó a recordar (qué cosas) a la Hadewijch de Dumont, en el sentido de que una concepción "absoluta" del Amor puede también terminar en desvarío, ¿no? (mira tú que si terminamos entendiendo a la pobre Hadewijch ya me troncho). Pero en cierto sentido sí lo entiendo: cómo el exceso de celo, incluso cuando creemos estar haciendo algo absolutamente "bueno" (una noción absolutista del Bien) nos puede llevar al exceso y a la caída en la oscuridad.

O no. Bueno, no sé, me lío.

Pero me ha gustado tu lectura.

Agus Alonso-G. dijo...

Querida Lectora, debieras hacértelo mirar. Lo tuyo con Hadewijch (o como se diga) es una relación de obsesión-odio 'mu' chunga.

Y sí, una concepción errónea absolutizada de amor puede llevar al desvarío. Pero también una idea relativista absolutizada (toma oxímoron) puede llevar al desvarío.

Todo en manos del ser humano puede llevar al desvarío porque el ser humano tiende al desequilibrio. Una muestra clara de que tenmos una 'culpa de origen'.

Ave dijo...

Sí, pues cuando descubras la profunda "güella" que me ha dejado Avatar... vas a flipar.

Abajo el absolutismo.

Agus Alonso-G. dijo...

Ya, ya lo leí por encima. No me dio tiempo a comentar.

Anónimo dijo...

Y a mi que me da que, en rigor, el mensaje que pretende trasladar es, sin más, que toda religión y todo ejercicio de autoridad parental es pernicioso. Y que la vinculación al nazismo es únicamente fruto de una muy simplista interpretación de los periodistas (disculpen la tautología) cinematográficos.

Agus Alonso-G. dijo...

Jaja, hombre, esa interpretación es casi más simplista, ¿no?

Anónimo dijo...

Quizás. Pero no creo que el propósito de Haneke sea el de destacar la necesidad de evitar que la fe degenere en un mero código moral estricto y autocomplaciente. Las películas no son obras esotéricas, dirigidas a un círculo de iniciados, por mucho que la prensa "cultureta" se empeñe en verlas así, sino obras dirigidas al gran público. Una película como esa se hace, en mi opinión, con un propósito ideológico y ese propósito ideológico, si dirigido al gran público, debe ser de sencilla enunciación. Dejando al margen las especulaciones pretendidamente eruditas a que es dada la crítica cinematográfica, y asumiendo que todo es susceptible de multiples interpretaciones, cuando vi la película traté de plantearme cual era ese mensaje esencial, en comprimido, si se quiere, que quiere trasladar la película. Y llegué a la conclusión de que el propósito que anima el film no es otro que el de demonizar la religión y la familia tradicional. Segun citas en tu entrada, el autor considera que todo ideal absoluto es inhumano y lleva al terrorismo, y la religión no puede, ontologicamente, sino formularse en términos absolutos. Olvidémonos de la fascinación artística y de los méritos cinematográficos de la película. Eisenstein hacía sus películas como vehículos ideológicos del comunismo, y este hecho, por mucho que no merme su valor cinematográfico, no debe ser eludido. Imagino que, aunque pueda admitir interpretaciones más complejas, no dudarás de que "Ágora" es un alegato contra el cristianismo, si se quiere más panfletario y directo. No creo que el empleo del blanco y negro y el recurso a una escenografia clásica, casi de Dies Irae u Ordet (con las que coincide, si se quiere, en lo estético, pero no , a mi juicio, en su sutileza y aliento espiritual) , deba llevarnos a confundir el propósito de La Cinta Blanca. Creo, sinceramente, que Haneke no es Kierkegard. Y creo, con el debito respeto y en términos de mera controversia intelectual, que hablar de "jugo humanista" y de que la película puede hacernos mejores es ser muy complaciente, muy acomodaticio con el medio "cultureta", que tiende a convertir el arte, en cualquiera de sus expresiones, en un sucedaneo espureo de la religión.

Lectora dijo...

Es que yo soy cultureta, anónimo. No me da la cabeza pa más, lo reconozco.

Lectora dijo...

p.s. compara Ágora con La cinta blanca es... es...

Eso.

Lectora dijo...

p.s. 2. Anónimo, tú no eres muy anónimo, conste. Razonas y dialogas, cosa que los anónimos no hacen. Y eres majo (o maja).

Anónimo dijo...

No sé muy bien si yo soy majo (quede despejada la duda), pero tú, Lectora, si demuestras ser maja y divertida. No obstante lo cual, me interesa destacar que no he pretendido sugerir que los "culturetas" sean personas limitadas. No lo son, desde luego. Lo que sugería y ahora explicito es que, a mi modesto parecer, sí son muy dados a un cierto onanismo intelectual que les hace idealizar libros, películas, y otras diversas "creaciones del espíritu" por razones siempre discutibles y, con mucha frecuencia, aparatosamente elaboradas para epatar, haciendo abstracción de otras consideraciones para mí mucho más relevantes. Eso es, en mi opinión, lo que ocurre con La Cinta Blanca.

Y sí, Agora es otra cosa... en cuanto a sus méritos cinematográficos. En su sustrato ideológico, participan, o a mi me lo parece, de un mismo "elan".

Lectora dijo...

Bueno, creo que en el fondo tienes razón y entiendo a qué te refieres, aunque no me parece "La cinta blanca" el mejor ejemplo, y paso a explicar por qué. La cinta blanca ha llegado al espectador con la cantinela de que es un reflejo de la generación del nazismo y que por tanto blablablabla-blablabla-blabla.

Mentira. Me cansa bastante esa postura que tiene mucho de teleológica que presupone que TODA la historia alemana debe interpretarse en clave nazi y coincido contigo en que es modernez periodística para encontrar un gancho reconocible; hablar de los nazis y la culpa y blablabla les permite transitar por caminos muy trillados y no hace falta darle más vueltas a la cabeza. ¿Que hablamos del cultivo de la coliflor en la Alemania del XIX? Tú tira del hilo, Manolo (o Rudolph, mejor Rudolph), que algo tendrá que ver con los nazis. Y a mí eso me parece una frivolité absoluta, por muchas razones. En "LCB", la cosa nazi me parece un poco traída por los pelos (aunque es cierto que la película plantea la cuestión generacional, pero lo deja ahí sin más) y, sinceramente, dudo mucho que Haneke pensara originariamente en eso. Yo creo que Haneke es un tipo al que le interesa el Mal en términos absolutos, pero no para racionalizarlo o buscar "explicaciones": ¿qué "explicación racional" puede tener meter a equis millones de personas en una cámara de gas y en un horno crematorio? Yo creo que se equivocan quienes ven en la película una "explicación" causal al horror nazi. Que hubiera un germen, pues hombre, claro que hay un germen: que todos somos humanos (y me lo planteo así porque hace algunas semanas estamos viendo en casa Shoah de Lanzmann y precisamente lo que plantea Lanzmann es la imposibilidad de racionalizar el horror). Si vienes un poco de donde yo vengo (una postura que afirma que es imposible explicar el horror y que de hecho el mero intento de racionalizarlo es el primer paso para normalizarlo) pues entonces La cinta blanca parece otra cosa.

Otra cosa es que Haneke convenza o no en el plano moral, que ahí ya claro, cada uno es cada uno. Por compararlo con otro tipo de cine, "Ciudad de vida y muerte" de Lu Chuan (que no se queda precisamente corta como radiografía del horror) me parece un cine más edificante porque ofrece algo que Haneke le arrebata al espectador: la esperanza. ¡Pero! Tampoco sé si lo hace porque realmente se lo cree, o porque cree que el espectador ha venido al mundo para sufrir en una sala de cine con sus películas.

Yo sólo sé que cada vez que veo una película de este hombre tengo que ver alguna frivolidad inmediatamente después o leerme un Mortadelo.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con todo cuanto dices, y muy especialmente en lo de que, probablemente, Haneke haya pensado que venimos al mundo para sufrir viendo sus películas . También en la necesidad de leer o hacer algo muy ilusionante o frívolo tras verlas. Yo tuve mi primera "experiencia Haneke" con Caché y tardé medio día en recuperarme del impacto. Desde luego, no es lo que busco en el cine.

Y en cuanto a la murga del nazismo, no puedo estar más de acuerdo. A veces me da por pensar que quienes interpretan la historia alemana a la luz del nazismo lo hacen, principalmente, porque sólo conocen esa parte de la historia alemana y les permite encadenar, como dices, una retahila de lugares comunes perfectamente prescindibles.No conocen a Fichte y cren saberlo todo sobre Alemania.

Y sí, puestos a comparar, es mucho más acertado traer a colación "Ciudad de vida y muerte" (gran película). Pero no me sirve al fin que yo buscaba, a saber, poner de manifiesto que lo que para mí es patente y criticable en Ágora no puede dejar de serlo ni disculparse en La Cinta Blanca por el mero hecho de su mayor valor estético o cinematográfico.

En fin. Estamos de acuerdo en todo. ¡Qué bonito!

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con todo cuanto dices, y muy especialmente en lo de que, probablemente, Haneke haya pensado que venimos al mundo para sufrir viendo sus películas . También en la necesidad de leer o hacer algo muy ilusionante o frívolo tras verlas. Yo tuve mi primera "experiencia Haneke" con Caché y tardé medio día en recuperarme del impacto. Desde luego, no es lo que busco en el cine.

Y en cuanto a la murga del nazismo, no puedo estar más de acuerdo. A veces me da por pensar que quienes interpretan la historia alemana a la luz del nazismo lo hacen, principalmente, porque sólo conocen esa parte de la historia alemana y les permite encadenar, como dices, una retahila de lugares comunes perfectamente prescindibles.No conocen a Fichte y cren saberlo todo sobre Alemania.

Y sí, puestos a comparar, es mucho más acertado traer a colación "Ciudad de vida y muerte" (gran película). Pero no me sirve al fin que yo buscaba, a saber, poner de manifiesto que lo que para mí es patente y criticable en Ágora no puede dejar de serlo ni disculparse en La Cinta Blanca por el mero hecho de su mayor valor estético o cinematográfico.

En fin. Estamos de acuerdo en todo. ¡Qué bonito!

Lectora dijo...

Eso, qué bonito :-)

Pero aún así, lo de Ágora es bastante diferente en el sentido de que ahí sí, el director es un predicador de mercadillo de cuarta que coge el megáfono y lo mismo que podía venderte sujetadores rosas de aro a un euro (un decir) va y se pone a venderte LA VERDAD, a lo grande. Y eso a mí me parece bastante terrible, eso de tratar al espectador como si fuera un memo aborregado, en plan sabio platónico. Cosa que honestamente creo que Haneke ni se plantea. Ágora es una película de esas que yo llamo "películas Nutribén": un potito de fotografía maja por aquí, una Rachel Weisz muy guapa por allá, una historia doctrinaria y floja pero que sabes que va a gustar a tu público porque les estás diciendo "tío, qué listo eres, ¡piensas lo mismo que yo!" et voilá: Ágora.

Yo creo que Haneke le tiene bastante más respeto al espectador. A Amenábar no le importa inventarse historias y finales y tampoco le importa abusar del melodrama, ¡que para eso está! A Haneke lo que puede reprochársele es que no te dé respiro (que a veces dan ganas de decirle "mira majo, vete a coger caracoles a ver si se te pasa"). Una subtrama tan sutil (a mí me lo parece) como la del pequeño de la familia y el pájaro no le sale a Amenábar ni jarto. En Amenábar es todo pincelada gruesa: los cristianos son malos, punto pelota. Y son malos ***porque*** son cristianos. La causalidad es directa. En Haneke es más "los seres humanos son malos". Y algunos da la casualidad de que son cristianos y otros son pijos parisinos y otros son postadolescentes educadísimos que juegan al golf. Vamos, que no se salva nadie.

Que igual me equivoco, no sé.

Anónimo dijo...

Al final, debatiremos en círculo, pues, en esencia, estamos de acuerdo en todo. Ya dije en mi primer mensaje que Ágora era panfletaria (el gran problema de Amenabar es haberse convertido, consciente o inconscientemente, en el propagandista cinematográfico de una cierta agenda política). Haneke, cierto es, no rueda panfletos. Pero el mensaje subyacente entre una y otra película es, en mi opinión, similar, por mucho que se presente en un caso como si de un anuncio publicitario se tratase y en otro como un remedo de Dreyer. A mí (y esto, obviamente, es un sentimiento personal, que si expreso es porque creo que al redactor del blog no puede serle indiferente) no me gusta (más aún, me repugna) ese mensaje: creo que es injusto, falaz y pernicioso, así como manifiestamente carente de valentía en el contexto actual.Tal y como yo lo veo, Haneke sirve al mal, por mucho (o, precisamente, quizás por ello) que parezca obsesionarle. Y tengo la sensación de que la referencia al cristianismo en su película no es accidental (como si pudiera haber elegido otro contexto religioso o cultural), sino causal. Y pongo la luz sobre ese punto haciendo abstracción y dando por supuesta (pero sin dejarme hipnotizar por ella) la buena factura de La Cinta Blanca.

Agus Alonso-G. dijo...

Asisto con pasmo, admiración, y sin tiempo para comentar, a esta interesante conversación.

Me ha encantado tu aportación, Anónimo, y estoy de acuerdo en algunos puntos. Pero no puedo compartir esa visión de "idea comprimida". A mí del arte no me preocupa la simplificación de la mayoría, me importa su complejidad, su riqueza.

Y creo que 'La cinta blanca' la tiene, no sólo por su bella factura.

Que su mensaje y complejidad no se ajuste por completo a mi cosmovisión, o -incluso- esté muy lejos de ella, no la invalida. No me gustan las enmiendas a la totalidad.

¿Servir al mal? Tal vez. Pero yo no puedo resumir las obras en si sirven al mal o no. Así, a palo seco. No sé, no lo veo tan claro.

A mí, esa película me hizo mejor, por mucha inquina que tenga a la religión. A mí la crítica a la religión, o a las anomalías con las que los seres humanos pueden vivirla (como cualquier cosa que vive un ser humano, se vive con cierta inclinación a lo anómalo), no me parece servir al mal necesariamente.

El debate con una sociedad secularizada, atea, me interesa profundamente. Y me interesa cuando los argumentos que me oponen son matizados, no panfletarios. Creo que en 'La cinta blanca' hay mucho más que un ataque contra la familia tradicional y el cristianismo.

Espectador dijo...

Acabo de ver la película este fin de semana, y he vuelto a leer tu crítica, Agus. Creo que das en la diana, incluyendo la filiación con el cine de Dreyer y demás nórdicos. No hay que olvidar, sin embargo, que la película narra sucesos singularísimos, que no pueden elevarse a ley general. De lo contrario, habitaríamos en un mundo sin esperanza.