sábado, 30 de enero de 2010

Spe

Se yergue a veces un odio extraño, sereno, disfrazado de egoísmo, de soledad, de hermetismo. Cree uno que aborrece al otro y lo único que hace es proyectar en el prójimo la propia repugnancia, el asco que siente por sí mismo.

Ay de ese hombre -de esa mujer- si deja que el cinismo, la desesperanza, anegue las junturas de su alma. Si se deja convencer por el gran Odiador del género humano.

11 comentarios:

jaimemarlow dijo...

Amén.

batiscafo dijo...

Ratzinger en "Mirar a Cristo" lo dice de una forma parecida: "El rencor es el descontento fundamental del hombre consigo mismo, que se venga, por decirlo así, en el otro, porque del otro no me llega lo que sólo se me puede conceder con una apertura de mi alma".

El rencor es distinto del odio, es una consecuencia, pero me da la impresión de que admite grados, y el odio, en cambio, me parece absoluto.

Teniendo en cuenta estos matices, tu pensamiento me ha recordado al del Papa.

Agus Alonso-G. dijo...

Como suele pasar, mejor dicho, claro.

Lectora dijo...

Es muy duro que te odien, pero me parece mucho más duro odiar. Solamente me ha pasado una vez eso de "odiar" a alguien, de querer que desapareciera de mi vida por el daño que aquella persona me estaba causando. Pero el odio nos convierte en personas miserables y al final hay que optar entre la esperanza y el rencor. Mejor lo primero.

No me gustan las personas rencorosas. No no no.

Agus Alonso-G. dijo...

Pues yo soy un rencoroso.

Y el odio creo que también admite grados. O, mejor dicho, uno puede hacer o sentir cosas que son manifestaciones colaterlaes del odio.

Agus Alonso-G. dijo...

A mi pesar lo de rencoroso, claro.

Lectora dijo...

Bah, no me lo creo :-)

Igual eres "refunfuñón" no más. Que es como un mini-grado de mini-rencor ;-)

jaimemarlow dijo...

En una entrevista que se hizo a Borges dijo que "El odio destruye", y no puedo estar más de acuerdo con él. Y creo que la razón de que sea tan destructor (para el que odia, se entiende) es que en el fondo nos odiamos a nosotros mismos.

Rosie the Riveter dijo...

Pues no estoy yo muy segura de que el rencor, el resentimiento o el odio tengan un origen sustancialmente endógeno. Hay comportamientos ajenos tan miserables que no te dejan otra opción que estar resentido. Experimentar esos sentimientos en determinadas ocasiones me parece inevitable, natural. Pero hay que tener la precaución de ponerle un límite... temporal: desfogar un poco permitiéndose ciertas dosis de mala leche, cinismo y autocompasión, con la clara determinación de salir pronto de ese estado, porque mantenido en el tiempo hace mucha pupa. Más pupa que lo que lo provocó. Hablo por la herida que cerró, con esperanza...

Saludos
Rosie the Riveter

Rosie the Riveter dijo...

Addenda

Entiendo de todas formas que en tu escrito te refieres a otro odio, porque el que yo describo no es nada sereno, es más bien tipo bazooka...

Agus Alonso-G. dijo...

Jajaj. (Me río ahora que la herida cerró, claro).

Pero sí, supongo que yo me refiero a un tipo de odio de origen endógeno.