viernes, 31 de diciembre de 2010

Dios ha nacido


Recuerdo Navidades amargas. La vida es cabrona, que decía don Rodri, y hay épocas difíciles que convierten estas fiestas en un pequeño calvario. Pienso, sin embargo, que las Navidades pueden ser paradójicamente un soplo primaveral que revigorice, que dé lustre al corazón, que alumbre una ilusión aunque sea trémula.

Porque Dios, claro, ha nacido, el Deus exercitus se ha hecho nene, pequeñuelo. La familia trinitaria se ha hecho familia humana.

Y eso, vive Dios, más allá de la finalidad de la Encarnación (¡redimirnos!), es un big-bang que pone todo patas arriba.

[Este texto lo escribí hace tiempo. Lo recupero ahora y vuelvo a sorprenderme de mi torpeza, de lo lejos que estoy de la contemplación, cómo la Navidad se vuelve a esfumar y apenas he encontrado tiempo para contemplar de veras, para caer en la cuenta de esto que aquí escribo, semejante Buena Nueva. Por eso estos días deseaba una feliz y contemplativa Navidad a los seres queridos. Ahora te la deseo a ti.]

lunes, 27 de diciembre de 2010

Mis descubrimientos culturales del año

Hago balance de 2010 y confirmo que ha sido un año de pocas lecturas. No puedo siquiera realizar un top ten de libros memorables. En parte porque he querido leer en inglés, frenando el ritmo lector. En parte porque he dedicado más tiempo a otras actividades, culturales o no. En parte porque los libros escogidos no me han convencido. ¿Quizá porque me estoy incapacitando para la contemplación sosegada?

Lecturas de interés trompicadas o incoadas, muchas. Podría hacer incluso un ránking de grandes libros que me estoy leyendo: Newman, de Ian Ker; El ruido eterno, de Alex Ross; El imperio español de Carlos V, de Hugh Thomas; La sociedad española en el Siglo de Oro, de Fernández Álvarez...

En cine sí me atrevo a hacer un ránking [aquí lo tenéis: Las mejores películas de 2010]. Ha sido este un año de muchas películas disfrutadas en sala. Y me atrevo también a hacer un reducido y exigente ránking de los acontecimientos/descubrimientos culturales vividos en 2010 que deje cierta memoria de mí:

domingo, 26 de diciembre de 2010

Algunas opiniones sobre cine

De la maravillosa El discurso del rey me gustaría aprender esa sutileza para hablar de personajes históricos sin dejarse abrumar por los hechos históricos. Me gustaría aprenderlo para esa novela sobre Garcilaso de la Vega que me gustaría escribir.

Ayer la vi por segunda vez en una semana. Maravillosa. Ayer vi también por tercera vez La red social y me pareció tan obra maestra como la primera vez.

Balada triste de trompeta tiene momentos absolutamente geniales, pero no puedo aplaudirla en su conjunto.

Y Feliz Navidad, claro. No nos veremos por estos lares en los próximos días.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Más rollo metadigital

Límites aún (y quizá siempre) indefinidos de lo público y lo privado en la nueva manera de relacionarse. Las redes sociales. Lo he comprobado recientemente.

Puedes provocar un desagradable incidente en tu entorno de trabajo -tipo bola de nieve- por un comentario a la ligera en Facebook, en la medida en que tienes una amplia lista de "amigos [de Facebook]" que incluye desde antiguos compañeros de clase a viejos e íntimos amigos pasando por rollos ocasionales. (No hablo de mí, jeje.)

Comentas en Twitter con toda la inocencia del mundo la última película de uno de los jóvenes talentos del cine español, pensando que sólo tus taypico followers te leerán (si eso). Y a los pocos días es el propio director el que te pregunta por el comentario, obligándote a emplearte a fondo en el análisis. Em, um, vaya. En 144 caracteres, of course.

Escribes un blog desde 2006. Todo tú, sincero, sin enmascarar tu nombre. Tus ideas sociopolíticas, tu trayectoria vital. Un poco de poesía, otro poco de intimidad, otro poco de análisis de unas cosas y otras, algo de religiosidad... Y cualquiera que quiera bucear en el yo que yo soy puede hacerlo. Y cualquiera que quiera mañana machacarme por algo aquí dicho convenientemente descontextualizado, podrá hacerlo.

Glup. Interesante.

martes, 14 de diciembre de 2010

La saturación digital

El arribafirmante ya dijo hace dos meses que La red social era la crónica de una generación, y que la imagen de un nerd pulsando el F5 era icónica de lo que está pasando.

Llevo casi un mes retrasando la lectura de un larguísimo artículo del New York Times -y dándole de paso la razón al panorama que plantea- : "Educación digital, preparados para la distracción", traduciría su título.

Hoy, por fin, lo he leído.

Creo que su acierto no es ofrecer la respuesta a las consecuencias de la convivencia diaria con (y el uso habitual de) los dispositivos digitales y las herramientas cibernéticas. No lo hace.

Más bien plantear un terreno de debate, establecer el marco de un tema que debería hacernos reflexionar mucho: el hecho de que las nuevas formas de comunicación y entretenimiento, que fomentan el modelo multitareas (leo un artículo mientras veo si alguien ha puesto algo en Facebook, tras leer el correo, intentando esconderme de los contactos del GTalk, messenger, etc., casi al mismo tiempo que me acuerdo de algo que no recordaba y lo consulto en Google, ya de paso voy a ver a qué hora es la película de cartelera que quiero ver y ya lo del Twitter no te digo...), tienen consecuencias para nuestra capacidad de atención.

¿Es posible la contemplación en un modelo de vida contemporáneo, el nuestro, que se articula poco a poco hacia lo salvajemente efímero, al cambio constante de actividad? (Porque parto desde la premisa absoluta de que la contemplación es un bien preciadísimo, claro.)

I know I can read a book, but then I'm up and checking Facebook," he says, adding: "Facebook is amazing because it feels like you're doing something and you're not doing anything. It's the absence of doing something, but you feel gratified anyway

Lo dice el protagonista del reportaje, un estudiante de 15-16 años, brillante, de trayectoria académica declinante en casi todas las asignaturas y apasionado con la edición de vídeo, a lo que dedica horas y horas en su ordenador.

El artículo es largo, pero preñadito de interés. No encuentro el tiempo (jaja, qué significativo) para hacer un resumen que le saque todo el jugo, pero me suscitaba un ramillete de cuestiones mientras lo leía.

Además de incluir las opiniones de algunos alumnos y profesores de una escuela que pone especial interés en conectar con sus alumnos a través de las nuevas tecnologías, introduce algunos elementos científicos que le ponen datos y patas al tema.

Así, el autor del texto muestra varios ejemplos de estudios que reflejan que los videojuegos son peores que la televisión a la hora de afectar a tu capacidad de almacenar informacíón en el cerebro.

"Kids are in constant mode of stimulation", dice un experto, lo que impide que su actividad cerebral se detenga en los tiempos necesarios para "crear las conexiones entre las ideas e incluso desarrollar el sentido sobre ello".

Ese experto, el dr.Rich de la Harvard Medical School, considera que "el titular es: recuperemos el aburrimiento". Muy agudo el título de una de sus conferencias al respecto: "Finding Huck Finn: Reclaiming Childhood from the River of Electronic Screens". Brillante.

Tengo Twitter, soy un activo usuario de Facebook, mi vida profesional lo fomenta -y yo tampoco me resisto tanto-, como fomenta que esté de continuo visitando medios digitales de los más variados temas: cine, música, literatura, arte, cultura general... Tengo un blog, ah, no, ahora dos, y tengo que comprobar con frecuencia si tienen comentarios, he de buscar temas para ellos... y a todo esto, me apasiona la lectura, escribir novelas, ir al cine, hacer relaciones sociales de las de verdad, en la calle, donde hay abrazos, caricias, arrumacos y acompañar a un amigo a hacer una gestión...

¿Es posible una vida cargada de sentido y profundidad en este contexto? Las grandes obras en la vida se hacen con tiempo y recogimiento. Lo que viene, ¿es inevitable o podemos resistirnos a sus consecuencias negativas, a lo Farenheit 451? ¿Este terror ante esta especie de locura que nos arrastra como un torbellino es el clásico miedo conservador ante el cambio o es que es un pánico clarividente?

A mí, honradamente, me preocupa mucho la materia. No sé si ha quedado claro. Je.

(Y mi incapacidad para la brevedad en el blog muestra mi incapacidad para ensamblarme en estos tiempos)

domingo, 12 de diciembre de 2010

Sobre tradición literaria

El que no siente el provecho que hay en las letras tampoco puede sentir la grandeza de la gloria por ellas conservada, y solamente mide la fama con la edad de un hombre o de dos, porque no puede tener memoria de más tiempo"


(El cortesano, Baldassare Castiglione; trad. de Juan Boscán)

lunes, 6 de diciembre de 2010

Presencia de Dios

El Adviento, este tiempo litúrgico fuerte que estamos empezando, nos invita a detenernos en silencio para captar una presencia. Es una invitación a comprender que cada acontecimiento de la jornada es un gesto que Dios nos dirige, signo de la atención que tiene por cada uno de nosotros. ¡Cuántas veces Dios nos hace percibir algo de su amor!"

Leía estas palabras de B16 -¡cuántas veces las he experimentado en mi vida!- y me vino al magín reflexionar sobre cómo es esa presencia de Dios.

Pienso que no es la de Dios una continua intervención extraordinaria en la realidad. No es su estilo. Creo en los milagros, pero como algo extraordinario, inhabitual.

Pienso que Dios no está facilitándome el camino a todas horas, quitándome las pieles de plátano. Y tampoco está enviándome dolores o enfermedades. Que cada acontecimiento de la jornada sea "un gesto que Dios nos dirige" no significa que salga de su mano providente, sino que Él, en lo más íntimo de mí, es la sabiduría que me ayuda a interpretar esa realidad que Él ha puesto a funcionar.

Tal vez, su Providencia -que uno siempre ha entendido como un hacer, o un hacer que sea hecho, a lo división del Mar Rojo- tiene más de insinuación en los corazones que de forzar voluntades. Si alguien comete un mal contra mí, no es algo que Dios quiera. Dios, sí, lo permite, desde el momento en que creó al ser humano con un alto grado de libertad y autonomía.

Pero lo que ese mal objetivo pueda ser depende de que yo capte Su presencia. Puedo desesperar del género humano por su maldad o dejar que el dolor y la contrariedad forjen mi carácter, mi sensibilidad, mi voluntad... Mi alma. Aprender que incluso de esas contrariedades, por aparente azar, pueden venir bienes para mi vida.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Leer en el Metro

El Metro está muy bien porque puedes leer mientras viajas. Según ese clásico argumento del madrileño sin coche, con suerte puedes llegar a tener hasta dos horas para el noble ejercicio de la lectura.

Algunos somos raros y nos hemos acostumbrado a movernos en coche. Nuestro horario se moldea de acuerdo a ese hecho. Lees. Y mucho, si así lo quieres. Sentadito en tu sofa favorito. Con un lapiz a mano. Con un diccionario de español. Con uno de inglés si es necesario. Con otros libros a mano, por si te da por eso de la intertextualidad. En silencio. O con música.

Pero es que si no leo en el Metro, no leo. Ah, ése es otro problema.

Ahora que me ha sido sustraído el vehículo y he tenido que volver al abono-transportes, me he acordado de Daniel Pennac. Esa hermosa idea -que creo ya he repetido en ocasiones aquí- de que leer es como amar. El tiempo para la lectura es tiempo robado al deber de vivir. Uno no ama en los ratos libres (no exclusivamente, ni mayormente, desde luego), no construye el amor con los retalillos de la vida.

Para amar (leer) hace falta comodidad, intimidad con la persona (el objeto) amada, concentración, espacio para la contemplación.

El Metro está muy bien porque aprovechas mejor el tiempo... Paso por el torno pongo un dedo en la página que estoy leyendo me guardo el billete llego a la escalera leo unas líneas cuidado que se acaba la escalera mecánica doblo la esquina de la pagina busco hueco en el andén abro el libro leo dos párrafos miro cuánto queda para el proximo tren leo dos lineas vuelvo atrás porque no me he enterado de la última página leída miro cuánto queda para el próximo tren el tren va a hacer su entrada en la estación cruzo una mirada con una rubia leo una línea para acabar el párrafo pongo el dedo entre las páginas entro en el vagón no hay asiento leo una página porque este libro me está pillando de verdad levanto la mirada para explorar el resto del vagón ya estamos casi llegando a la siguiente estación me espero para ver cuál es me aparto un poco para que salga una señora intento leer...

jueves, 2 de diciembre de 2010

Sunset Park, de Paul Auster

Woody Allen estrena película y Paul Auster publica libro. Como ha dicho el náuGrafo, las obras de ambos se han convertido en un acontecimiento cultural cíclico, ¡anual!

Dos miembros del establishment cultural, artistas ya consagrados, ambos neoyorquinos, ambos exponente de la narrativa norteamericana posmoderna, ambos altamente apreciados en Europa. Ambos... ¿agotados?

(leer reseña completa en RTVE.es)

lunes, 29 de noviembre de 2010

Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas, de Apichatpong qué-más-da

Si, como ha escrito mi apreciado Jordi Costa, la ganadora de la Palma de Oro en Cannes 2010 ofrece "las estrategias narrativas de la posmodernidad" para "evocar la libertad primigenia de las mitologías fundacionales y la comprensión cosmológica del budismo", uno está esperando que esa posmodernidad y sus estrategias narrativas pasen cuanto antes. Hemos escrito y sugerido repetidamente que no todo cambio es a mejor. ¿Cualquier tiempo o estrategia narrativa pasada fue peor? No. ¿Lo diferente y nuevo es cool por el hecho de serlo? (Nos) No lo creemos.

La citada película, de un tailandés, nos parece una película infame. Y digo no porque fui con un amigo al cine y le pareció lo mismo. Mal de muchos... Ni la patética Canino consiguió indignarme tanto como lo hace ésta. Será porque el mayor nivel del premio de Apichatpong.

En Uncle Boonmee no hay lógica interna ninguna, ni siquiera la que uno espera en las disonancias. No hay narrativa, sino una yuxtaposición de elementos y sucesos que a este espectador no le conmueven ni estética ni intelectualmente. Ni hay poesía ni hay filosofía que le enganchen.

No es que haya monos de corte George Lucas con ojos rojos, ni fantasmas, ni peces que fornican con princesas con rostros desfigurados... Este espectador ha defendido -a lo Chesterton- el derecho a creer en unicornios. Pero ninguno de esos elementos fantástico-mitológicos que el señor Apichatpong va repartiendo como perlas por su película me dicen nada. Quizá no tengo paladar o/ni la suficiente formación en cosmologías y mitologías orientales para acceder a ese recinto sacro para iniciados.

Hallazgos estéticos no observo ninguno. Ni la fotografía es reseñable, ni la composición del encuadre suscita a este espectador una emoción estética, ni la pretendida búsqueda de contemplación que hace durar minutos algunos planos logra evitar que sean simplemente aburridos. De hecho, considero bastante mediocre la realización.

Al final, acabo participando de la misma indignación que Boyero gritaba al mundo entero el pasado mayo. No pensaba que fuera a suceder, la verdad, pero entiendo -es más, comparto- semejante furia crítica.

Pienso que el de Apichatpong Weerasethakul es uno de los más portentosos y eostentosos trajes del emperador que se han tejido con celuloide en los últimos tiempos. Y pienso que la intensa veneración de cierto sector de la crítica occidental hacia estos atavíos imperiales tiene mucho que ver con su desprecio de la tradición cultural occidental.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Barbaria

Nunca dexé de pensar alguna manera por donde pudiese desbaratar la barbaria por todas las partes de España tan ancha y luengamente derramada” (Prólogo de Nebrija a su Vocabulario hispano-latino)

sábado, 20 de noviembre de 2010

El fascinante Bardem

El protagonista de una novela inspirado en Javier Bardem (la idea me vino viendo Biutiful): actor con pobre formación humana y capacidad intelectual limitada que evoluciona en profundidad y sensibilidad gracias a los personajes que va interpretando. El contacto con esas personas, de una riqueza espiritual que nunca habría logrado tratar por su personalidad, estatus y condición originales, le hace crecer como ser humano.

A partir del minuto 5 esta entrevista explica las sensaciones que me ha transmitido en Biutiful: "Lo que me propuso Iñárritu fue un viaje personal más allá de la profesión (...) subir esa montaña".

lunes, 15 de noviembre de 2010

Erasmo (II)

(Erasmo de Rotterdam, Stefan Zweig; Ediciones Paidós, 2005, trad. de Rosa S.Carbó)
'Me preguntas', escribe alegre a un amigo, 'si me gusta Inglaterra. Pues bien, si me has creído otras veces, por favor, créeme también ésta: nada me ha sentado mejor. Aquí encuentro un clima agradable y sano y tanta cultura y erudición (y no precisamente banales o rebuscadas sino profundas y exactas en el estudio de los clásicos tanto latinos como griegos) que poco es lo que añoro de Italia, excepto las cosas que allí pueden verse. Cuando oigo hablar a mi amigo Colet es como si escuchara al mismo Platón y, ¿puede la naturaleza haber creado un ser más bondadoso, delicado y feliz que Tomás Moro?'. En Inglaterra Erasmo se curó de Edad Media." (p.47)

Para esta educación para la humanidad, el humanismo sólo conoce un camino: el de la cultura. Erasmo y los erasmistas creen que los seres humanos sólo pueden ganar en humanidad mediante la cultura y lis libros, que sólo el inculto, el ignorante, se abandona irreflexivamente a sus pasiones. Creen -he aquí la falsa conclusión a la que llegan- que el hombre culto, civilizado, ya no es capaz de ejercer la violencia bruta y que si las personas formadas, cultivadas y civilizadas fueran la autoridad, el caos y la bestialidad decrecerían por sí solos y las guerras y las persecuciones espirituales resultarían un anacronismo. Al sobrevalorar la civilización, los humanistas no captan la indomable violencia de las fuerzas primitivas del mundo de los instintos, y su optimismo cultural banaliza el problema, terrible y difícilmente solucionable, del odio que alienta a las masas y de las grandes y pasionales psicosis de la humanidad. Su cálculo es algo demasiado simple: para ellos hay dos niveles, uno inferior y otro superior, abajo la masa bruta y presa de sus pasiones, arriba el preclaro territorio de los cultos, perspicaces y humanos, civilizados; y les parece que con atraer a cada vez más gente inculta del nivel inferior al superior de la cultura, la mayor parte del trabajo ya está hecha. Creen que en Europa, igual que el yermo habitado por fieras salvajes y peligrosas había ido haciéndose cultivable, la humanidad tiene que conseguir relegar paulatinamente la sinrazón y la brutalidad para abrir una zona libre y fértil bien delimitada. Así pues, sustituyen la religión por la idea de unauge imparable de la humanidad. Hicieron de la noción de progreso, mucho antes de que Darwin la convirtiera en un método científico, un ideal moral en el que se basaron los siglos XVIII y XIX: las ideas erasmistas se convirtieron en muchos aspectos en los principios fundamentales del orden social moderno.

Sin embargo, nada sería más erróneo que ver en el humanismo, y desde luego en Erasmo, unos demócratas y unos precursores del liberalismo. Ni por un momento piensan Erasmo y los suyos en conceder al pueblo, inculto y menor de edad (para ellos un inculto es un menor de edad), el menor derecho, y aunque en abstracto aman a toda la humanidad, se guardan mucho de tener nada con el vulgus profanum. Mirado con más atención, no hacen sino sustituir la vieja arrogancia aristocrática por una nueva, una soberbia académica que se prolongó tres siglos y que únicamente reconocía el derecho a decidir sobre qué era justo o injusto, moral o inmoral a los que sabían latín, a los universitarios. Los humanistas estaban tan decididos a gobernar el mundo en nombre del derecho como los príncipes en el de la violencia y la Iglesia en el de Jesucristo. (...) Así pues, en los cimientos más profundos del humanismo, no hay negación de la nobleza sino una renovación de la misma en forma espiritual. Los humanistas tienen la esperanza de conquistar el mundo con la pluma como los caballeros con la espada y, como éstos, se procuran inconscientemente una convención social propia que los separe de los 'bárbaros', una especie de ceremonial cortesano. Ennoblecen sus nombres traduciéndoilos al latín o al griego con el fin de ocultar que proceden del pueblo. (...) Visten con especial esmero atuendos negros y ondeantes para distinguirse ya por su aspecto de los demás estamentos de la ciudad. (...) Esta cohorte noble e idealista sucumbe, bella pero impotentemente, al pesado, enérgico golpe de la revolución popular de Lutero o Zwinglio. Pues precisamente este menosprecio por el pueblo, esta indiferencia a la realidad, arrebatan toda posibilidad de durar al imperio de Erasmo y el efecto inmediato a sus ideas: el error consustancial del humanismo fue querer aleccionar al pueblo desde arriba en vez de intentar entenderlo y aprender de él." (pp.106-109)

"Ésta fue la tragedia más grande del humanismo y la causa de su rápida decadencia: sus ideas eran grandes pero no así los que las anunciaron. Estos idealistas de cámara tenían un algo de pequeño Grand Guignol, como siempre ocurre con los que quieren mejorar el mundo desde la academia; eran almas estériles, pedantes bienintencionados, decorosos y un poco vanos que escribían su nombre en latín como una mascarada del espíritu: la pedantería escolar cubría de polvo sus pensamientos más florecientes. Estos contemporáneos menores de Erasmo son conmovedores por su ingenuidad profesoral, un poco como esos hombres de buena fe que vuelven a reunirse hoy en día en sociedades filantrópicas y aspiran a mejorar el mundo. Son idealistas teóricos que creen en el progreso como en una religión, soñadores desapasionados que construyen en sus pupitres un mundo moral y escriben tesis sobre la paz eterna, mientras en el mundo real las guerras se suceden y esos mismos papas, emperadores y príncipes que aplauden entusiasmados sus ideas conciliadoras incendian el mundo pactando y guerreando alternativamente entre sí. Se encuentra un manuscrito de Cicerón, y el clan humanista cree que el júblio tendría que sacar al cosmos entero de sus casillas. Cualquier panfletillo los enciende y apasiona, pero no saben qué mueve a la gente en las calles, qué penetra en las profundidades de las masas, ni quieren saberlo. Al encerrase en sus habitaciones, sus palabras bienintencionadas no tienen el menor eco en la realidad. Por culpa de este fatal aislamiento, de esta falta de pasión y de cercanía al pueblo, el humanismo jamás logró hacer realmente fértiles sus fértiles ideas. El gran optimismo contenido en su fondo no es capaz de desarrollar ni desplegar su creatividad porque entre estos pedagogos téoricos de las ideas humanistas no había ni uno solo a quien le hubiera sido dada la inquebrantable fuerza natural de la palabra para llegar al pueblo. Un pensamiento grande, sagrado, se marchitó durante siglos en una descendencia sin fuerza" (p. 110)

Erasmo odia poner la propaganda y la agitación al servicio de la verdad, pues cree que la fuerza de ésta emana de sí misma. Cree que un conocimiento, una vez transmitido al mundo mediante la palabra, tendría que imponerse por vías puramente espirituales, sin necesitar del aplauso de la multitud o la formación de partidos para ser más verdadero o real. A su parecer, lo único que tiene que hacer el hombre de espíritu es establecer verdades y formular aclaraciones, no luchar por ellas" (p.129)

[Erasmo, tras la Dieta de Worms, que condena la doctrina de Lutero:] 'Aunque las costumbres corruptas del clero romano exigen una medicina extraordinaria, no es cosa mía ni de mis iguales arrogarnos la santidad. Prefiero soportar las cosas tal como están que levantar nuevos disturbios que a menudo acaban yendo en la direccion opuesta al objetivo perseguido. Nunca he sido conscientemente cabecilla o participante de una revuelta y nunca lo seré'" (p.150)

viernes, 12 de noviembre de 2010

Personajes con aristas

Veo estos días la segunda y tercera temporadas de Mad Men, la serie de televisión estadounidense cuyo escenario es una agencia de publicidad de Manhattan en los años 60.

El protagonista, Don Draper, es un personaje atormentado, contradictorio, un macho alfa de personalidad poderosamente atractiva para ellos y ellas. Un tipo trágico. Un líder carismático. Un hombre con caparazones, con miserias fatales. Con una bondad entrevista.

Mad Men, The Wire, Los Soprano. Tres de las más elogiadas series de televisión contemporáneas. Las tres se desenvuelven en entornos de miseria moral. Mejor: todos los entornos humanos tienen miseria moral, pero estas series le sacan punta a esa degradación, la subrayan, y nos muestran el proceso de decadencia de la comunidad.

Son ficciones pesimistas, con una visión sombría ya no sabe uno si sobre la época o directamente sobre el hombre. Fabulosas narraciones y afiladas indagaciones en la condición humana que nos cautivan. Bien realizadas, capaces de crear una estética.

El peso en las tres recae sobre un personaje. Don Draper, Jimmy McNulty, Tony Soprano. Seres turbios cuya vida no es modélica, pero consiguen deslumbrarnos a ratos, hacer que queramos mirar oblicuamente como ellos, beber una copa con su estilo y, sobre todo, tener el arrojo y la seguridad que ellos tienen para doblegar la vida.

Lo hablábamos el otro día. Lo dionisíaco, con toda su fuerza. Mourinho. O el recién premiado Houellebecq.

¿Por qué nos atraen tanto en la ficción unos tipos que no querríamos como padre ni como esposo?

jueves, 11 de noviembre de 2010

Erasmo

Voluntariamente desaparecido de este lugar. De vacaciones. Y aprovechando para enfrascarme en lecturas que me documenten sobre esa difusa época llamada Renacimiento. Quería escribir una novela histórica sobre Garcilaso de la Vega y me encuentro con que no puedo reducirme a eso. Querría escribir una gran novela que retratase (parte de) toda esa difusa época.

Leo Príncipes y humanistas, de Antonio Fontán y descubro personajes fascinantes. Juan Dantisco, Luis Vives. Y Nebrija, claro. Ahora no leo, discurro, con el Erasmo de Rotterdam de Stefan Zweig, toda una fuente de inspiración para una de las caras del alma de ese tiempo. Se me amontonan las citas.

Ésta podría abrir el libro:

Algunas veces, muy raras a lo largo de los siglos, surgen tensiones tan huracanadas que rasgan el mundo en dos como una tela y ese gigantesco desgarro atraviesa todos los países, todas las ciudades, todas las casas, todas las familias, todos los corazones. En esos casos, la violencia excesiva de la masa oprime con su fuerza inmensa al individuo, que no puede defenderse, que no puede salvarse de la locura colectiva, pues un oleaje tan enfurecido no admite lugares ni márgenes seguros." (Erasmo de Rotterdam, Stefan Zweig; Ediciones Paidós, 2005, trad. de Rosa S.Carbó)

viernes, 5 de noviembre de 2010

Dostoievski contra mundum

En estos momentos, mis manos sostienen, sopesan con fruición, las más de 1.600 páginas de la edición del Diario de un escritor de Fiódor Dostoievski que ha editado Páginas de Espuma.

Un tesoro que el lunes sale a la venta en edición de Paul Viejo, que con gran agudeza lo llamaba El blog de Dostoievski en el artículo que abría el ABC Cultural del sábado pasado.

Leí en cuidadísima -as usual- edición de Alba Editorial, una antología de ese cúmulo de publicaciones del escritor ruso. Me encandiló. Como un blog, se trata de dar cauce con cierto orden al curso de sus pensamientos: opiniones, esbozos de historias, cuentos, comentarios sobre hechos leídos en la prensa...

Dostoievski es inetiquetable, contraditorio, como es la propia realidad. Sus opiniones son siempre heterodoxas, pero valientes, honestas, no es un provocateur de esos... Un personaje auténtico como su misma prosa, no esculpida y suavizada con lija sino tallada con apasionado cincel. Un ser humano excepcional con el que simpatizo, incluso cuando no comparto opiniones y modos, extremismos y argumentos que pueden parecer a veces peregrinos. Le respeto. No, no es que le respete, le admiro. Porque aquí demuestra Dostoievski ser un intelectual. Y un intelectual del pueblo, aunque parezca contradictorio. Esecialmente porque está por encima de nosotros, como un ser que nos trasciende por su genio.

De la misma estirpe son también los diarios de Jiménez Lozano, cuyo último volumen ya está en las tiendas. Habrá que acudir a ese remanso de paz cuanto antes... Después de acabar, claro, Wolf Hall, esa recreación novelesca de la antipática figura de Thomas Cromwell a manos de Hilary Mantel que ha merecido premios por doquier en Gran Bretaña. Una historia que deja en mal lugar a mi querido Moro cuenta con todos mis prejuicios.

jueves, 28 de octubre de 2010

Vivir para siempre, de Gustavo Ron

Este viernes se estrena el segundo largometraje de Gustavo Ron, que pude ver el martes en pase de prensa. Es la adaptación de la novela de una tal Sally Nicholls sobre un chaval de 11 años enfermo de leucemia que narra a modo de vídeo-diario el final de su enfermedad. Un dramón, aunque pasado por el filtro de la comedia y del optimismo.

Gustavo es una persona por la que siento afinidad y simpatía, sentimientos ambos confirmados en mi escaso trato cercano con él. Hoy mismo le he hecho una entrevista de la que espero sacar mañana un reportaje en RTVE.es: "Gustavo Ron, el Cesc Fábregas del cine español", se va a llamar.

[ACTUALIZADO: Reseña de Vivir para siempre y Gustavo Ron, el Cesc Fábregas del cine español]

Decía Jiménez Lozano en una entrevista que le hicimos en Perkeo que hay que leer los clásicos y los libros de los amigos. Me lo recordaba ayer muy oportunamente Luis. Así que aquí está uno para dar publicidad a una película que me temo no tendrá mucha en el marasmo de estrenos del viernes (entre ellos, The Town, la muy recomendable película dirigida por Ben Affleck).

Con la de Ron estamos hablando de cine familiar, con unos grandes actores (muy bien dirigidos), un buen diseño de producción, un guión de ritmo bien engranado (sólo hubo un momento de la película, a mitad, y duró muy poco, en el que percibí que la cosa no avanzaba), atrevimientos creativos de cine indie que le dan vuelo a la cinta y una historia que te tiene al borde de la lágrima desde el minuto uno.



Ese coqueteo con el melodrama puede gustar o no. Va por sensibilidades. Yo soy un llorón y lo pasé bastante mal a ratos casi moqueando. Para mí, eso no es algo positivo. Creo que hay momentos concretos en los que el guión es sensiblero y lacrimógeno (y también otros de perfecta y justa hondura emocional). Hay abuso de la música (que no está nada mal, por cierto) para tocar la fibra. Hoy pensaba que el tono de Vivir para siempre me recuerda mucho a Quedate a mi lado. La película que uno vería con 13 años y le dejaría noqueado durante una larga temporada.

Dicho todo esto, confieso que me alegra ver la evolución de Gustavo Ron desde Mia Sarah a Vivir para siempre. Si en Mia Sarah vi detrás de la historia a un tío con oficio, en Vivir para siempre esa impresión se redobla. Se han pulido muchas aristas, la película transcurre con mucha más fluidez y tiene más empaque, más ambiciones logradas. Si la cosa sigue en línea ascendente, hay desde luego madera de buen cineasta.

Joe, vaya amigo, dirá alguno al leer mis críticas a la película. Bueno, quiero hablar de ella, darle espacio en la Red. Pero no puedo renunciar a mi criterio, sea bueno o malo. No me parecería honesto. ¿Quién se podría fiar de mis recomendaciones en el futuro si lo hiciera?

En cualquier caso, he aqui mi órdago: Os animo a ir a verla porque estaréis ayudando a la carrera de una promesa de oficio consolidado (además de a la ONG Pequeño Deseo si vais el primer fin de semana de su estreno, o sea, éste). Por poco que os guste, sacaréis cosas positivas, porque las tiene en abundancia.

Si yo tuviera que dar un consejo de amigo a Gustavo -y me encantaría hacerlo, porque me interesa lo que sea de su carrera-, le diría que probase a evitar en sus próximos proyectos historias basadas en buenos sentimientos. Que le saque un poco más de punta a las zonas sombrías de los personajes. Me daría pena que su ya probado talento se desperdiciase por las buenas intenciones.

Sea como fuere, enhorabuena desde aquí, Gustavo. Es un orgullo ver cómo un director español es capaz de sacar adelante un proyecto de la envergadura de éste. Y una pena que, por falta de más promoción, no vaya a hacer tanto ruido, mientras otras películas menos interesantes logran una taquilla aceptable.

PD: Atención al reparto. Todo apunta a que algunos de los chavales que actúan en la película serán dentro de no mucho jóvenes estrellas del cine británico visto lo visto aquí.

domingo, 24 de octubre de 2010

F.C. Apolo versus Dionisos C.F.

Yo no he sido siempre madridista. Es más, hubo una época en la que era del Rayo y antimadridista. Episodios que ahora me duelen, como las Ligas perdidas en Tenerife, me regocijaron en su momento. Luego... bueno -y sé que esto subrayará la acusación de prepotencia contra los madridistas-, uno quiere estar con los que ganan y celebrar la vida y las victorias... y volví al redil merengue.

Poco antes de que el fútbol se convirtiese en ese espectáculo de masas y negocio que hoy en día es y nadie conocía a un tal Bosman, existió un Barcelona dirigido por Cruyff que encandiló a todo aficionado al fútbol, con una plantilla en la que sólo cabían cuatro extranjeros, que eran Romario, Laudrup, Stoichkov y Koeman. Entonces no se utilizaba la palabra crack para definir a los grandes jugadores. Pero esos cuatro lo eran.

Todo este preludio viene a cuento de que de aquellos cuatro, mi preferido siempre fue Hristo, ese jugador provocador, arrogante y maravillosamente genial. El del feo pisotón a Urízar Azpitarte, el escupidor, el que recriminaba a sus compañeros la no asistencia o el error.

Genios como el búlgaro, llenos de contradicciones, competidores como del lejano oeste, no son frecuentes. Tipos que hacen de sus defectos un atractivo personal, seres carismáticos que logran la adhesión incondicional o el desprecio más absoluto. Sin matices.

Esa figura ha vuelto al fútbol español en la persona de Jose Mourinho.

Suena de un terrible oportunismo hablar AHORA de las virtudes de Mourinho. AHORA que el Madrid que dirige enamora, AHORA que todos le elogian, AHORA que las cosas van bien, en definitiva. Confieso que desde el primer momento he sentido una enorme simpatía por ese portugués ambicioso y arrogante (y no hablo de Cristiano Ronaldo, que también me parece modélico en muchos aspectos) y ya cuando recibió sus primeras críticas tuve ganas de escribir algo en su defensa.

Ahora que el Madrid me hace disfrutar y soñar como no lo hacía desde la época de Zidane, me siento obligado. Especialmente cuando la actualidad nos trae otra figura que podría parecer casi su némesis.

Vicente del Bosque y Jose Mourinho son dos entrenadores de fútbol, triunfadores en lo deportivo y atractivos en lo personal. Es curioso, sin embargo, que ambos representen estilos completamente diferentes de ser y de hacer.

Un amigo me decía ayer: "Del Bosque no conoce la ira".

Del Bosque es una actualización del Santo Job. Un hombre paciente, bondadoso, generoso, cordial... Cuando alguien como él no dice una palabra más alta que la otra, no responde a las críticas a veces ácidas de sus enemigos, se acerca a Luis Aragonés para hacerle partícipe de un galardón como el Príncipe de Asturias, propone por activa y por pasiva un modo recto de vivir basado en las virtudes más tradicionales, cuando alguien hace algo así de continuo, demuestra que no lo improvisa. Que esa virtuosidad es algo íntimo, arraigado.

Y cuando ese asceta es encima un tipo que ha triunfado haciendo bien su trabajo, entonces a uno se le cae la baba.

Vicente del Bosque es, sí, lo apolíneo. Mourinho, lo dionisíaco. Facetas ambas de ver y entender la vida que, a quienes somos sólo espectadores del espectáculo nos hacen disfrutar a partes iguales.

Demuestran que el fútbol -el deporte- no es algo necesariamente inferior y que contiene en sí buena parte de lo que hace la vida algo que merece la pena transitar, un lugar lleno de contrastes en el que uno no necesita elegir entre el cristiano Del Bosque o Mourinho el nietzscheano. Puede disfrutar con los dos.

lunes, 18 de octubre de 2010

La generación autocomplaciente

Pocas cosas deben producir más satisfacción para la gente de mente inquieta e ingenio afilado que la síntesis sociológica, el análisis premonitorio, el etiquetado a base de neologismos. La generación X, la generación Nini, la generación JASP, la generación NINJA, la generación SINK, la generación...

Si tuviera que taguear hoy a la generación de la que formo parte (español, entre 20 y 40 años, clase media, nivel educativo y cultural medio-alto) me decanto por el de la generación ASQMEQPMQ (Ay-Señor-qué-mal-estoy-y-qué-poco-me-quejo).

Se ha convertido en una idea de curso común entre esta generación que "lo tenemos más difícil que nuestros padres". La primera vez que lo escuché no pude dar crédito. Más tarde comprendí que es una idea bastante extendida. Non solum, sed... En estos tiempos de crisis se ha puesto de moda en los medios de comunicación pasarnos la mano por el lomo. Que si la generación perdida, que si la generación más preparada de la historia y con menos oportunidades...

Se suele poner como ejemplo el tema de la vivienda. Antes, nuestros padres no estaban hipotecados de por vida.

Y sí, es verdad. Pero tampoco vivían a golpe de dinero plástico. En lugar de gastarse 100 euros cada semana en ocio y entretenimiento, se montaban sus guateques "y a las 11 en casa", en lugar de en Ryanair a Londres volaban a Garcinuñez en ALSA o a la parcela en San Martín de la Vega. No mis padres, desde luego.

"Antes, nuestros padres no estaban hipotecados de por vida". Dice mientras apura su jarra de cerveza, junto a la que descansa un paquete de Lucky Strike y unas gafas de sol Ray-Ban.

Es justo aspirar a un bienestar propio de sociedad avanzada, dirán, ¿o es que debo sentirme culpable por ello? De acuerdo, hermano, pero si quieres aspirar a un bienestar propio de sociedad avanzada (y capitalista), asume la guarnición con la que se sirve ese plato, el de las expectativas incumplidas. Deja de lamerte el eczema.

Porque creo que es ahí donde reside la profunda herida de esta generación. Lo hemos tenido bastante más fácil que nuestros padres, por Dios, quién puede negar eso. Pero pensábamos (¿nos lo hicieron creer?) que el paraíso se conquista fácilmente. Somos la generación mejor preparada de la Historia. Eso debía bastar. Pero no ha sido así. Y la insatisfacción es mayor. Depresión. Ansiedad. Pánico.

Yo, lo siento, no albergo ninguna lástima por una generación, la mía, mientras siga repitiéndose como un karma sus propias dificultades y obstáculos. La queja sin oferta concreta de soluciones me parece debilidad de espíritu. Pusilanimidad.

No lo soporto, lo confieso. Mientras ellos lloran, yo pienso ponerme el mundo por montera. Sólo el que se arriesga a grandes fracasos, logra grandes fracasos, así que jugaremos nuestras cartas.

Mis padres han trabajado muy duro para que yo tenga lo que he tenido, un bienestar, una formación, un futuro... No pienso defraudarles -más, no pienso insultarles- yéndome al rincón a cultivar la autoindulgencia.

jueves, 14 de octubre de 2010

Exit through the gift shop, de Banksy

En junio de 2008, tuvo lugar en Los Ángeles una exposición de arte urbano de un tal Thierry Guetta aka Mr.Brainwash. Un tipo que, de la noche a la mañana, pasó de ser un cualquiera a vender obras por valor de miles de dólares. Ya entonces se conjeturó con la posibilidad de que aquello fuera un hoax, un montaje.

De aquella exposición, el que esto escribe se ha enterado ahora, al ver el apasionante documental firmado por Banksy, Exit through the gift shop, un documental que juega a hacernos dudar de si lo que se cuenta es verdad o mentira, del mismo modo que nos hace dudar de hasta qué punto el arte contemporáneo lo es o no.

Exit through the gift shop es una entretenida y sugerente reflexión sobre lo que es el arte. Sí, ya lo hizo Gombrich con más seriedad en su Historia del Arte, muchos otros han hecho esta reflexión típica de la modernidad (importa más el lenguaje que lo que con él expresas, el arte que la obra de arte en sí), pero Banksy, como quitándose importancia -y esa sea quizás su grandeza-, o hace a su modo. Se trata de un documental sobre un tipo excéntrico que graba y graba y graba vídeo, un día decide grabar a los grafiteros más famosos del mundo, y un día decide grabar a Banksy y hacer un documental sobre él. Al final, Banksy acaba haciendo un documental sobre el tipo (excéntrico) que quiso hacer un documental sobre Banksy.

Se trata de una película altamente recomendable porque está bien montada, porque es entretenida y porque nso ahce pensar sobre cosas de profundo calado.

El uso del vídeo doméstico, de la hiperrealidad audiovisual, es posible que termine por agotarnos, pero la sensación de realidad que transmite su poca calidad da juego en este caso, da un tono adecuado a lo que se cuenta.

El tal Guetta tenía un negocio de ropa vintage en L.A. que triunfó -como dice el narrador de la historia (y no es textual)- entre "aquellos que querían estar a la última". Esa sofisticación de la estética audiovisual retro [offtopic o no tanto: cuando a los modernos les gusta ser reaccionarios] nos puede hacer pensar en lo falso del documental. Quizá lo sea. Uno de los tipos que pone el careto es Shepard Fairey, grafitero (¿artista urbano?) que creó el warholiano icono de Obama (Hope), y él ha "jurado por Dios" que no es un hoax.

No me cabe duda ya de que la vida supera muchas veces la ficción, aunque esta suele ser más entretenida, por lo que puede ser verdad o mentira. Ya da igual. Es difícil que un excéntrico como éste epate, y lo único que queda al final es el ridículo espantoso de una sociedad pagando un pastizal por el hype: el arte como moda -sí, siempre lo ha sido, pero quizá no tanto como en la época de la democratización de la cultura-. El emperador en calzoncillos. Peor, en pelotas y castrado.

(P.S.: Y, de verdad que escribiría cosas más trabajadas, profundas e interesantes si no tuviese uno el síndrome " " -aún está por nombrar- que le lleva a querer saber el último titular de la última noticia del último medio digital, a saber lo último que ha twiteado Fulanito -agggg, ya no es lo último sino lo penúltimo, porque hay otro tweet-, a conocer cómo están mis "amigos" de Facebook...)

sábado, 9 de octubre de 2010

Una entrada de Teología pura y dura

Nada he dicho en las últimas semanas de la alegría que ha supuesto para mí la beatificación del John Henry Newman el día 19 de septiembre. Si no hubiese estado en San Sebastián trabajando, me hubiera gustado pasar el día en Birmingham u Oxford. No pudo ser.

Si no he dicho nada hasta ahora ha sido porque no merece la pena decir nada si no es con tiempo por delante.

El 8 de enero de 1860, Newman escribía en su diario:

Las circunstancias me han traído últimamente una tentación especial. Desde que me hice católico llevo esforzándome, bregando, trabajando con insistencia, sin poner mi confianza en última instancia en ninguna persona sobre la tierra, sino sólo en Dios. Pero todavía con un gran deseo de complacer a aquellos que me encargan el trabajo. Tras el supremo juicio de Dios he deseado, aunque en un orden diferente, su alabanza. Y no sólo no lo he conseguido, sino que he sido tratado –de muchas formas- con el desaire, la ofensa, la falta de amabilidad (...).

(...)

Y una cosa más, enséñame (porque es un tema que me prueba enormemente justamente ahora, sobre el que he rezado y sobre el que he ofrecido Misas); enséñame cómo emplearme más provechosamente, más para Tu gloria, en los años que me queden. Porque mi aparente fracaso me desalienta muchísimo. ¡Oh mi Dios!, me parece haber malgastado estos años que llevo como católico. Lo que escribí cuando era protestante tuvo un poder, una fuerza, un significado e influencia, un éxito, mucho mayor que mis trabajos como católico, y esto me inquieta muchísimo.”

Lo que denota, por una parte, la honradez intelectual y religiosa de Newman, al dar el paso de la conversión por la cabeza, no por el sentimiento, y por otra, lo misteriosa que es la vida.

¿Pensaría Newman a su muerte que su vida había alcanzado menos de lo que pretendía? ¿Que había fracasado en su "misión" (de la que tenía una clara conciencia)?

El bien que después ha hecho y el que aún le queda por hacer (con el ejemplo de su vida y con la fuerza de sus escritos) hacen más significativo el cristiano concepto de la Cruz, de la semilla que si no muere queda infecunda...

Se nos acusa a los cristianos de "enemigos de la vida" (Nietzsche). Hoy mismo escuchaba a una ficcional Catalina de Aragón decir que prefería la "extrema pena" a la "extrema felicidad" para no olvidarse de Dios.

El símbolo de los cristianos es una cruz, eso es indiscutible. Un instrumento de tortura en el que murió el que nosotros creemos Dios encarnado. Aquel que quiera ocultarlo se aleja de lo que Cristo enseñó. Es esto un escándalo (muchas veces también para nosotros), pero también es un símbolo que dota de sentido el transcurrir del hombre sobre la tierra, un transcurrir que siempre tendrá insatisfacciones.

Como dice Joseph Ratzinger:

Una visión del mundo que no pueda dar sentido al dolor, y hacerlo precioso, no sirve en absoluto. Ella fracasa precisamente allí donde aparece la cuestión decisiva de la existencia. Quienes acerca del dolor sólo saben decir que hay que combatirlo, nos engañan. Ciertamente, es necesario hacer lo posible para aliviar el dolor de tantos inocentes y para limitar el sufrimiento. Pero una vida humana sin dolor no existe, y quien no es capaz de aceptar el dolor rechaza la única purificación que nos convierte en adultos.

En la comunión con Cristo el dolor llega a adquirir su significado pleno, no sólo para mí mismo, como proceso de la ablatio en el que Dios retira de mí las escorias que oscurecen su imagen sino también más allá de mí mismo: él es útil para todo, de manera que podamos decir con San Pablo: ‘Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, a favor de su cuerpo, que es la Iglesia’ (Col 1, 24)." (Ser cristiano en la era neopagana, Joseph Ratzinger, Ed. Encuentro)


* * *

El 7 de enero de 1887, en una de sus últimas cartas de cierta magnitud escritas por su mano, John Henry Newman escribe a William Knight:

En este día de indiferencia religiosa y de incredulidad ha sido mi esperanza y mi consuelo pensar que está en marcha un callado e íntimo proceso dentro del corazón de muchos hombres, que, aunque no tenga un pleno despliegue en esta generación o en la próxima, responde en cualquier caso a una verdadera obra de la Providencia Divina con vistas a lograr un estado de la religión como el mundo no ha visto hasta el presente.”


Aspiro modestamente a ser una de esas generaciones de las que él habla.

Capítulo bíblico de la posmodernidad

Caigo en la cuenta de que vamos camino de la excentricidad cuando salgo del metro en Tribunal un viernes a las diez de la noche y reconozco entre la concurrencia a Oliver Laxe. Sólo el reconocerle hace que me den ganas de acercarme a él y darle la enhorabuena. Le hubiera sorprendido ("Qué cool es Madrid", habría pensado). Apenas le dediqué unas miradas de reojo.

Antes, indago en el tema Jonathan Franzen-HarperCollins, que podría ser trending topic en un club de desequilibrados.

Me interesa porque hace un mes compré Freedom por Amazon.co.uk. Resulta que la primera edición, de 80.000 ejemplares, no es la versión definitiva del manuscrito y han tenido que retirarlas y ofrecer a los que ya la teníamos canjearla por la versión reimprimida, ya corregida.

Llamo al teléfono gratuito que han habilitado para la ocasión y les digo que me manden las instrucciones para hacer el canje. Luego decido que, si es cierto que es la gran novela americana del comienzo de siglo, me quedaré con la versión no definitiva y compraré una nueva. Puede dar empaque a una biblioteca. ¿Te imaginas tener la versión definitiva de un Ulises de Joyce y no el borrador, como todos tienen?

Ya sólo falta ponerle a mi tarde de viernes "Rococo" de banda sonora: "Let's go downtown and watch the modern kids / Let's go downtown and talk to the modern kids / They will eat right out of your hand / Using great big words that they don't understand". Estos tíos son grandes.


lunes, 4 de octubre de 2010

La red social, de David Fincher/Aaron Sorkin

El domingo estuve viendo Machete -lo confieso- y el tráiler previo era de La red social... En los créditos, aparecía antes el guionista que el director (Aaron Sorkin, aquél; David Fincher, éste).

Hoy he visto La red social, la película del año, retrato de una década. Diría muchas cosas, pero me he pasado el día entero buceando en el tema para contarlo en RTVE.es, así que allí os remito. En ese artículo no he dicho que la música es bestial y que cuando más adelante volvamos a ver la peli diremos del reparto: "Anda, mira qué cracks, si Eisenberg, Garfield y Max Minghella actuaron juntos en este peliculón; ya apuntaban maneras".

La red social, la película

No más acabé de verla, ya quería verla de nuevo. Este año sólo me pasó eso con Toy Story 3, y la de Fincher me parece superior por su carácter de icono de una época. Sólo una nota: por favor, no la veáis doblada. No cometáis ese crimen.

martes, 28 de septiembre de 2010

Fumaroli

Entrevista a Marc Fumaroli en El País, un provocador ingenioso del que Acantilado publica ahora ensayo.

Algunas perlas:

No creo que la historia tenga un sentido ni que tengamos que inclinarnos ante el sentido de la historia. La gente que me interesa son aquellos que van contracorriente. He conocido la época en la que todo el mundo marchaba en el sentido de la historia, que no era otro que el que se marcaba desde Moscú. Me hace feliz estar contracorriente e incluso ser muy reaccionario. Cierto, ahora hay que reaccionar contra otras cosas distintas a las del momento en el que la URSS era considerada en Francia como la promesa del futuro de la humanidad"

La gente común va mucho más al museo del Louvre, a los museos de arte antiguo... Esos lugares convocan auténticas peregrinaciones"

Hay un mundo entre Duchamp y Warhol. La fórmula de Duchamp era: 'todo lo que se pone en un museo se convierte en obra de arte'. Warhol la utiliza en el sentido de que todo lo que hay en los supermercados puede entrar en museo y convertirse en obra de arte"

Sartre es un fenómeno de la posguerra, un profesor que nunca debió ocupar el lugar que tuvo, pero la guerra y el hecho de que una buena parte de la intelligentsia francesa fuera colaboracionista le convirtió en una especie de vedette que nunca debió ser. Y él se volvió loco, a fuerza de creerse vedette. Personalmente -y no soy el único-, nunca consideré que Sartre fuera un maître à penser"

Habrá que leer su ensayo.

Lo que deja (en mí) San Sebastián

Exhausto de hablar y escribir de cine, y sobre un cine que no me ha apasionado, me cuesta venir aquí a hacer mis recomendaciones donostiarras. Para hacerlo me cito a ratos.

Poesía, de Lee Chan-dong, presentada en la Sección Oficial de Cannes y en la Zabaltegi-Perlas de esta edición del Donostia Zinemaldia. Una película muy hermosa, llena de poesía claro. Yo la acortaba, que parece que cuando son orientales se les disculpa el exceso de contemplación.

Pa negre, de Agustí Villaronga. No es un películón, pero está muy bien. La comparan con El laberinto del fauno, que yo no he visto. La historia me gusta, la realización me encanta, las actuaciones me maravillan.

Todos los colores hasta el oscuro (Colours in the dark), la opera prima de Sophie Heldman, una película de trazos delicados en sus formas pero devastadora en sus contenidos sobre la defunción de un matrimonio que dejó morir su amor tiempo ha. Es devastadora, pero sirve de cruda radiografía amoral de el nihilismo que corroe la cotidianiedad de buena parte de las sociedades más avanzadas. Bruno Ganz y Senta Berger interpretan brillantemente a la pareja protagonista. El discurso narrativo de esta película se construye en los silencios, en las miradas, en los gestos, en esas sonrisas vacías. Y se construye con un ritmo interno que logra mantener despiertas las mentes y los corazones (aunque sea en un puño) del público a una hora tan intempestiva como las tres de la tarde.

Genpin, de Naomi Kawase. A uno le ha parecido extraña. Resulta difícil recomendarla, pero tiene magia, emoción, una profundidad filosófica y humana que toca la fibra. Mezcla lo zen con lo ginecológico. Una visión de la maternidad como acto aparentemente médico pero a la vez trascendente. El dar a luz como algo casi sagrado. Hay mucha poesía en Genpin.

Bicicleta, cullera, poma (Bicicleta, cuchara, manzana), de Carles Bosch. Este documental deja al espectador con el corazón en un puño. Precipitada la lágrima, ahogada la palabra. No es éste un documental sobre Pasqual Maragall, sino "un documental sobre el alzhéimer", que intenta concienciar sobre la necesidad de investigar en su prevención y curación. Y aun no siendo un documental sobre el ex alcalde de Barcelona y ex Presidente de la Generalitat de Cataluña, su carismática figura vertebra la cinta, la hace avanzar. Más, su carismática figura y la sinceridad que transpira su familia.Porque es la sinceridad, una abrumadora naturalidad, y ese carisma que hacen al espectador empatizar con el personaje/persona Maragall, los que agrandan este filme, correctamente -no brillantemente- realizado por el también director de Balseros. Todo el mundo ha enloquecido con este docu. Yo no. No hay justificación artística, narrativa, al hecho de que el documental radiografíe exclusivamente dos años del alzhéimer de Maragall.

Buried (Enterrado), de Rodrigo Cortés, que éste mismo ha definido como "Indiana Jones en una caja" o "Con la muerte en los talones en un ataúd". Es una gran película y, sobre todo, revela a un genial director, un Spielberg español.

Otras que podrían ser recomendaciones -o no- no las he visto. No vi Neds ni Misterios de Lisboa. Triste pero cierto porque por desgracia yo no me puedo permitir sólo ver cine y un encuentro digital con Santiago Segura impide que pueda ver dos películas, entre ellas la que logró la Concha de Oro. Ésta, la de Neds, no debe ser nada del otro mundo. La de Misterios de Lisboa me atrae más, y la pena es que sus cuatro horas la hacen inestrenable, seguramente. No he visto el documental de Banksy que todos alaban. Pero lo veré.

Del resto no haría recomendaciones, aunque haya cosas de cierto interés o calidad. Nada deslumbrante.

Antes de ir a San Sebastián, vi Biutiful, de Alejandro González Iñárritu. Ya hablaremos de ella. O no. Por ahora, sólo decir que me gustó. Muy lejos de lo que me gustó Babel, eso sí. Bardem está, en efecto, sublime.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Lo que es progresar

Ser perfecto es haber cambiado mucho, leí que Benedicto XVI decía a cuenta del ya beato John Henry Newman en un prólogo a la Apologia vita sua, en una edición publicada por Ciudadela.

En efecto, es necesario progresar. Y progresar es que algo sea mejor que en su estado anterior, no más moderno. Hay que buscar lo bueno, no lo nuevo.

La última versión de Windows no es necesariamente la mejor ni una ley recién aprobada la más progresada -aunque sea progresista- de todas, la que traiga más justicia y bienestar. Y ese planteamiento evolucionista es el que nutre el pensamiento progresista.

Me provoca repugnancia la ideología progresista, entre otros motivos, porque se ha conformado con luchar por un progreso... diré comunal, ni siquiera social... pero nada dice del progreso interior individual de las personas: el esfuerzo por ser más amable, más generoso, más paciente, más justo. Progreso ascético, se ha llamado tradicionalmente en la teología espiritual cristiana.

Uno de los grandes pecados de la modernidad, suficientemente repetido por B16 -y vuelvo así a él- es el desequilbrio entre progreso técnico y progreso moral, cuya causa está luminosamente apuntada en la encíclica Spe Salvi cuando dice que "un progreso acumulativo sólo es posible en lo material". Es decir, que en lo moral, cada generación empieza prácticamente de cero.

Y digo prácticamente porque pienso -y creo que el pensamiento del desarrollo de la doctrina que Ratzinger ha planteado, siguiendo la estela de Newman, me permite decir que también B16- que aunque "la búsqueda, siempre nueva y fatigosa, de rectos ordenamientos para las realidades humanas es una tarea de cada generación; nunca es una tarea que se pueda dar simplemente por concluida", sí nos sirve como valiosa aportación moral la profundización que cada generación ha hecho en lo que es el bien.

Pienso que la historia del pensamiento, la de la filosfía moral, la de las religiones (¡los Diez mandamientos!), nos ofrecen ese camino andado que nos ayuda a saber hacia dónde mirar para ser mejores.

Esto es, que el hecho de que la esclavitud haya sido abolida en Occidente y se haya llegado a eso gracias a una sensibilización, hace que no empecemos de exactamente de cero en esa materia. Pero no impide que mañana se den las circunstancias, el pensamiento políticamente correcto (la moral dominante) cambie y llegue un iluminado político que vuelva a instaurarlo. El bien nunca se ha conquistado para siempre. Y la conquista ha de ser una lucha fundamentalmente personal, de cada ser humano. Por poner un ejemplo de trazo grueso.

Cuánto fariseo abomina hoy en día, por ejemplo, de las estructuras capitalistas, de banqueros, de grandes fortunas. Ellos, ellos... Ellos son los causantes de la crisis, gritan. ¡Crucifiquémoslos!, vociferan.

Cuánto fariseo que se lucró (o lo intentó) durante los tiempos de burbuja inmobiliaria y bonanza económica precisamente especulando a costa de esas estructuras, de esos banqueros que daban crédito fácil y maloliente. Esa calse media culpable... que ahora esparce demagogia.

Cuánto examen de conciencia personal y propósito de enmienda necesitamos cada uno de los miembros de esta sociedad que se cree la más generosa, la más amable, la más justa de la historia. La más progresada. ¿O era progresista?

viernes, 17 de septiembre de 2010

San Sebastián

No os olvido, de verdad. Me encantaría hablaros de Biutiful, que vi el otro día y me gustó. Pero me podéis encontrar en el Festival de San Sebastián, muy liado haciendo de hombre orquesta. También en Twitter.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Algo cultural

"Eso es algo cultural". Y lo dicen con matices negativos. Lo de cubrirse las peras en la piscina (lo del pudor); lo del rechazo a la poligamia; lo del cocinar pollos, cerdos y otros animales.

¿Y qué si es "algo cultural"? Por supuesto, esas cosas son "algo cultural". ¿No es la cultura la aplicación del entendimiento, de la inteligencia, a la realidad, en este caso a los impulsos naturales?

(Impulsos, por cierto, cuya amplia paleta va de la compasión al odio, pasando por el deseo de abrazar o el de matar. Impulsos "naturales".)

Si nos ponemos así, el principio del no matar tal y como hoy lo entendemos también es cultural. Lo cual no lo hace arbitrario. Hay que ser arrogante... y moderno, para pensar que las tradiciones son imposiciones arbitrarias.

Uno, que tiene una enorme fe en la razón humana, seguirá haciendo cultura. Para espigar en sus propios impulsos los que verdaderamente enaltecen la condición humana. Y para replantearse o profundizar en los principios recibidos por la tradición.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Yo digo no (y puag) a "La Noche en Blanco"

Hasta ahora, a pesar de una instintiva repulsa a este evento cultural en Madrid, me decía "si sirve para acercar la cultura a la gente...".

Ahora descubro una iniciativa con argumentos muy sólidos y que comparto prácticamente de pe a pa, contra ese uso espurio de la etiqueta "cultural" y ese desperdicio de presupuestos destinados a Cultura.

Para algunos será esnobismo y elitismo. Bueno, la cultura tiene siempre algo de elitismo, claro.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Ataque a Ratzinger

Lo más interesante del artículo me parece el análisis de los tres vaticanólogos. Por lo que les he leído, Weigel y Allen son dos personas de probado prestigio y acendrada sensatez.

lunes, 30 de agosto de 2010

Lisboa

Me esperaba en Lisboa el encanto de lo añejo que uno se encuentra en tantos rincones de Roma, en el espíritu de la propia Roma, a pesar del caos y la suciedad. No son pocos los que hablan de esa gracia lisboeta, encumbrada, como siempre, por la mirada literaria de algunos buenos escritores.

Pero en la ciudad portuguesa he encontrado la vetustez de lo caduco y descuidado. El encanto en algunas estampas y rincones, sí, pero la miseria y la cochambre del caballito de madera que lleva décadas en el desván. Demasiado llamativas para ignorarlas.

Me sorprendió encontrar ese descuido, esa connivencia y convivencia con lo ruinoso. Hasta en las iglesias que debieran ser bellas y estar cuidadas. En la de Sao Domingos (foto de la izquierda) pareciese que hubiese pasado una revolución anticlerical y que nadie se hubiese ocupado de reparar los mordiscos en las columnas, las balaustradas simplemente desaparecidas, los desconchones en la pared...

Si yo no podría vivir en una habitación llena de mugre y ajada, ¿por qué iba a encontrarle encanto a gran escala?

Lisboa, como cualquier lugar del mundo, es, eso sí, un destino fantástico para viajar con un par de buenos amigos.

jueves, 19 de agosto de 2010

Veranos en León

Mañana me voy al pueblo, a las fiestas. Siempre he sido de esos afortunados madrileños que tienen raíces fuera de esta patria chica tan apátrida.

Recuerdo con inmenso amor los veranos de mi infancia en una aldehuela del Bierzo. Aquello era todo un universo, un paraíso en el que uno ni siquiera pensaba que estaba en un paraíso, un lugar donde se vivía en inocencia, incluso cuando uno no era nada inocente.

Recuerdo el cóctel aromático de brezos y boñiga de vaca que te golpeaba al entrar en el pueblo, después de más de seis horas de viaje en aquella Nissan Vannette gris que discurría en buena parte por la antigua N-VI, toda la familia y los bártulos apretados. Sin aire acondicionado, pero también sin saberlo porque no existía tal cosa o era un lujo de ricos.

Recuerdo los ladridos de Tobi -aquel perro sacrificado tras romperse el espinazo-, que sonaban afectuosos y nostálgicos y desprendían una emoción de corte humano. Un año sin vernos y celebraba nuestra llegada con delirio.

Recuerdo las excursiones a Canales, idealizado rincón bucólico lleno de moscas y humedad, a la Fuente de la Risa. Recuerdo las huellas de jabalís en el suelo. La brisa de la noche en esas noches de literas compartidas con mis hermanos, de cuentos de la abuela. Las bicis -y los piñazos con las bicis también-, cómo aprendí a pedalear sin las manos en el manillar.

Recuerdo hacer de monaguillo en la Misa de diario y llevarme en el bolsillo, furtivamente, un puñado de obleas. Y recuerdo las arrugas pictóricas de los viejos y las viejas de lugar. Las Filomenas, los Jesusines, los Valentines, las Matildes... Y los tambores en la procesión de las fiestas, Y las campanas. Y los dimes y diretes procaces...

Y la adolescencia. Y las chicas como frutas frescas. Enamorarse de la primera con la que uno cruzaba la mirada en las fiestas de Matachana. Las cartas de amor. De amor platónico.

Buena parte de lo que soy lo compone ese pueblo, un don que la vida me ha deparado, un contacto con lo rural, con la naturaleza... y por lo tanto con las tradiciones que no muchos tienen. Y que muchos de los que tienen no valoran.

Mañana me voy al pueblo. Piensa uno que, desde hace quince años, las fiestas han decaído. El verano en Turienzo como concepto. (Si esto lo dice uno frisando la treintena, no quiero ni pensar las jeremiadas que lanzaré en la sesentena, jeje.) Por lo que dicen, y uno ha podido ver, aquello ya no es aquella especie de Nunca Jamás donde los jóvenes veraneantes llegados de todas las urbes españolas exprimían su infancia, su adolesencia, sin tantas prisas por crecer.

Eso ha cambiado. Quizá era necesario. Yo sólo sé que ese reducto infantil es un sagrario íntimo donde no importa la regresión, donde uno acude a chapuzarse en las aguas de la eterna juventud sin complejos, sin temer que le llamen retrógrado. O mejor, se mira en esas aguas para llegar a entender mejor quién es.

Gracias a Dios, al visitar la orilla de esos recuerdos, brota la alegría, "tan vertical, tan gracia inesperada, tan dádiva caída". Por lo que se es y por lo que se ha sido, si es que hay diferencia...

Viva el Moro

Nada tiene que ver el título de esta entrada con la movida melillense, que -lo sé, sonaré egoísta- poco me importa.

El Moro del que hablo es el interpretado por Paul Scofield en Un hombre para la eternidad, que en la serie Los Tudor interpreta a años luz Jeremy Northan (en parte por la poca profundidad con la que está dibujado el personaje).

Tenía ganas de echarle un vistazo a la citada serie por el recuerdo (¡dos años han pasado ya!) de una crítica en un blog amigo, cruda pero bastante exacta.

Ahora que la ha recuperado TVE ha vuelto la curiosidad. Como tengo intención de documentarme sobre la época con el objeto de escribir algo sobre Garcilaso y la corte de Carlos V, la picazón era mayor. No he querido resistirme después de comenzar a leer Wolf Hall, la novela que ganó el Premio Booker en 2009 y que ficciona la vida de Thomas Cromwell. (Ya os contaré de esto, espero, y ruego sugerencias de libros que documenten bien sobre el final de la Edad Media, el Renacimiento y especialmente en España).

Sorprendido me hallo, eso sí, de que la TVE emita el soft-porn de Los Tudor en prime time. Sí, es verdad que en los anuncios te meten carnaza, pero piensa uno que es el típico cebo. Pero es que resulta que en las promociones en la televisión son más suaves de lo que es realmente la serie.

Sinceramente no se tiene uno por puritano -aunque quizá lo sea-, pero empieza a ser alarmante la hipersexualización audiovisual que nos rodea. Va uno al gimnasio y como se ponga a ver los videoclips sale incandescente, dispuesto a empitonar lo primero que se ponga por delante.

Pienso que la pornografía tiene una finalidad muy definida, lo demás son discursos seudo-intelectuales para tratar de artistizar las pulsiones físicas.

Cuando uno muestra con explicitud la simulación del erotismo y la sexualidad en imágenes, tiene que tener muy claro que está sacando al espectador de la contemplación para meterle en otro campo cuyo nombre no sabría decir. Semejante explicitud denota generalmente falta de creatividad, tratar de estimular no tanto las emociones del espectador como las pulsiones. Muy necesarias y saludables cuando sirven a su finalidad, pero básicamente fisología más allá de eso.

Y vuelvo al título, porque al menos puede uno sacar de lo malo, algo bueno, y sirve ver esta serie tan simplista con Historia y personajes para volver a acordarse de esa persona de recta conciencia, un hombre íntegro en el que mirarse, qué otro gallo nos cantaría si fuésemos un puñado de cristianos como él. ¡Viva el Moro!

miércoles, 11 de agosto de 2010

Más acá

Hasta ayer no conocía a Jonathan Miller. La wikipedia lo describe como "British theatre and opera director, author, television presenter, humorist and sculptor".

Leyendo el blog de Mark Shenton, al que leo de cuando en cuando para ver qué se cuece en el teatro anglosajón, se refería al personaje más gruñon y cascarrabias de la escena británica. Y hablaba de Jonathan Miller, que en una entrevista en The Independent se lanzaba a la piscina diciendo que llevaba 10 años sin asistir a un espectáculo en el West End londinense.

Más allá de las machadas, boutades, y las respuestas críticas de otros miembros del periodismo cultural inglés, me quedo con una frase de Miller que me gustó:

I get very impatient with people who say 'I go to the theatre to be taken out of myself'.

"I think 'there's probably nothing in yourself'. I'm only interested in making sure people are reintroduced to themselves. Great theatre draws your attention to things in real life, to the negligible, the boring and nondescript. A playwright like Chekhov makes that considerable and reintroduces us to the things that we have overlooked."


"Pierdo la paciencia con la gente que dice: 'Voy al teatro para que me hagan salir de mí mismo'. Yo pienso: 'Probablemente no hay nada dentro de ti'. A mí sólo me interesa asegurarme de que la gente sea devuelta a sí misma. El teatro genial atrae tu atención sobre las cosas cotidianas, lo insignificante y anodino. Un dramaturgo como Chéjov hace eso importante y nos devuelve a las cosas que hemos pasado por alto".

martes, 10 de agosto de 2010

Más allá

Aprende a contemplar y a confrontar cuanto se ofrece a tus ojos con tus ideas familiares o secretas. Procura ver en una ciudad no simplemente un conjunto de casas, sino su vida humana y su historia. Que un museo no te muestre sólo cuadros, sino escuelas de arte y de vida, las concepciones del destino y de la naturaleza, las orientaciones sucesivas o diversas de la técnica, el pensamiento inspirador y los sentimientos. Que un taller no te hable solamente del hierro y la madera, sino de la condición humana, del trabajo, de la economía antigua y de la moderna, de las relaciones entre los hombres. Que los viajes te enseñen la humanidad; que los paisajes evoquen ante tus ojos las grandes leyes del mundo; que las estrellas te hablen de las duraciones inconmensurables; que los guijarros del camino sean para ti el residuo de la formación de la tierra; que al ver una familia sepas adivinar la presencia de generaciones, y que la relación más insignificante te ilustre sobre la más elevada concepción del hombre. Si no sabes mirar el mundo y las cosas de esta manera, no llegarás a ser más que un espíritu trivial. Un pensador es un filtro donde las verdades, al pasar, dejan lo mejor de su substancia"


(Sertillanges, A.-D.: La vida intelectual, Ed.Encuentro, 2003, p.68)

lunes, 9 de agosto de 2010

Ha muerto Patricia Neal

Muere la actriz Patricia Neal, la mujer que amó a Gary Cooper en la vida y en la pantalla

La vimos en dos películas que siempre recordaremos, Desayuno con diamantes y El manantial. Hud, por la que ganó el Oscar, no la he visto.

El mitificado cielo de Madrid

El cielo de Madrid tuvo, al parecer, fama de pureza, de azulidad, de alta calidad cielística. De Madrid al cielo... y todo eso.

Madrid, oh cielos expone en la azotea del Círculo de Bellas Artes y hasta el 15 de septiembre una serie de fotografías de artistas reconocidos con el cielo de(sde) Madrid como argumento.

La exposición en sí no me ha parecido gran cosa -me quedo con dos o tres fotos, la mejor una de Jordi Socías, creo-. Pero menos cosa aún me ha parecido observar Madrid desde esas alturas. Una decepción. Un poco como verla en calzoncillos. Uno contempla París desde la Torre Eiffel o Roma desde San Pedro y... ¡oh, cielos! Pero Madrid... Muy poco glamour.

En otro orden de cosas, este fin de semana he revisitado El Apartamento y El hombre tranquilo.

De El Apartamento me ha asustado percibir en mí cierto cinismo, un capullito posmo que me repetía "en la vida real ese final es imposible, Buddy-boy será devorado por la vida siempre". Puag. O tempora, o inocencia!

El hombre tranquilo sigue haciéndome feliz desde el primer plano.

viernes, 6 de agosto de 2010

Autorretrato de 'El País'

Cuando se trata de denigrar a e intoxicar contra la Iglesia Católica, el diario El País pierde el norte de pretendida búsqueda de rigor. Su versión digital, con la posiblidad de comentar -su política de moderación es... sorprendente-, agudiza el sectarismo.

Es habitual ver en Facebook gentes escandalizadas por debates o noticias de Intereconomía, que cuelgan en la red con anatemas diversos. Hace poco un tipo bastante repulsivo llamaba en 'El gato al agua' "zorra" a Marina Geli, consejera de Sanidad catalana. Fueron muchos los que, en buena lógica, se llevaban las manos a la cabeza.

No tengo la menor duda de que muchos de ellos no sólo no se escandalizarán, sino que aplaudirán (y comentarán) cuando lean la flagrante mentira con la que los de PRISA titulan esto: El Papa cobrará entrada a las misas que oficie en Reino Unido. La manipulación es tan vergonzosa que no pienso ni rebatirla. Lo único que me sale es preguntar qué (...) le importan a los dueños y lectores de ese periódico lo que haga la Iglesia en sus misas.

Por no decir que algunos de los comentarios son denunciables a la Justicia:

"El Pastor alemán le cobra a los borregos que quieren escucharlo..."

"Mientras haya débiles mentales que paguen... normal, yo lo haría también"

"¡La cara de raposa que tiene el individuo de blanco!"

...

Es curioso que los periodistas que odian a la Iglesia suelen tener un interés desmedido de Ella, pero, según su lógica propagandística, sólo de aquellas cosas que pueden crearle una mala imagen.

No he leído recientemente en El País ninguna noticia sobre Cáritas, sobre misioneros, sobre los miles de católicos que dedican su vida al resto... Sólo mentiras manipuladas que la dejan en mal lugar. Mucho dinero tendría que gastar en campañas de imagen la Iglesia Católica para contrarrestar el trabajo sucio de estos manipuladores.

Toy Story 3, de un tal Pixar

Cómo pueden hacerme llorar los vaivenes emocionales entre unos juguetes y entre esos juguetes y su dueño, un chaval de facciones digitales llamado Andy. Cómo, me preguntaba con el corazón encogido al término de la película dirigida por Lee Unkrich.

Ni Origen ni leches. La película del verano, y quién sabe si del año, es Toy Story 3, una obra maestra sin paliativos. Oscar subito!

Mil veces mejor que la sobrevalorada y nominada Up. E incluso mejor que la maravillosa e histórica Toy Story, película que marcó un antes y un después en el cine (de animación).

Toy Story 3 entretiene de principio a fin gracias a un ritmo sostenido basado en una peripecia que engancha, en una sucesión de golpes cómicos, en unos personajes más entrañables y mejor desarrollados que nunca, y en una animación espectacular, de una calidad cinematográfica que, siendo abrumadora, no va gritando "eh, mira que bien estoy hecha".

Id a verla. Id. De todo lo que pueda decir en una entrada como ésta, eso -id- será lo más exacto y meritorio.

jueves, 5 de agosto de 2010

¿Cultura gratuita?

Durante mis apenas 48 horas en Londres tuve la inmensa suerte de poder visitar la Tate Modern, la National Gallery y el British Museum. Uno apenas se acuerda de cuando para entrar gratuitamente al Museo del Prado bastaba con mostrar el DNI, así que es una agradable sorpresa descubrir lo que ya se le había anunciado a uno, que los museos allí son gratis.

"BRITISH MUSEUM - FREE ADMISSION". "NATIONAL GALLERY - FREE ADMISSION". Grandes lonetas en las fachadas lo recuerdan ostentosamente, para que cualquier transeúnte despistado se entere desde cualquier curva de la Trafalgar Square.

En la Tate (que, lo confieso, fue la que menos interés despertó en mí) me centré en Miró y en otros autores cuyo nombre ya no recuerdo y en hacer unas fotos a la cicatriz que recorre la Turbine Hall, la que ha dejado la comentada obra de Doris Salcedo, Premio Velazquez 2010, al ser rellenada.

En la National disfruté básicamente del impresionismo -¡Monet! ¡Renoir!-, de los franceses de comienzos del siglo XX, de Van Gogh, de la velazquiana Venus del Espejo. Y de un careo final con el matrimonio Arnolfini -qué pequeñito el lienzo-.

En el British babeé con la Antigüedad greco-latina, con la reconstrucción del Templo de las Nereidas; el Mausoleo de Halicarnaso; los frisos del Partenón... La Piedra Rosseta me retrotrajo a mis clases de Historia en 1º de BUP con el Dola; me enfrenté cara a cara con la Cariátide de Erecteion.

Observar algo tan aparentemente sencillo como las decoraciones policromadas de las vasijas minoicas me llevó a preguntarme cómo los modernos podemos ser tan papanatas de pensar tantas veces que inventamos el mundo ayer. Uno tiene en el inconsciente la idea de que hasta hace dos días prácticamente todos nuestros ancestros eran medio subnormales.

El Antiguo Egipto me interesa menos. Vi la momia de Cleopatra, of course, pero no me entretuve demasiado.

Mientras paseaba por la Tate me surgió una duda. ¿Es bueno que no haya que pagar ni un duro para entrar a semejantes museacos? Por un lado, supone que disfrutar esas obras de arte esté al alcance de cualquier londinense. Bravo. Por otro, soy de la opinión de que en ciertas materias la peña no valora/valoramos lo que no cuesta. Mmmmm.

Quizá me es más comprensible que el acceso a la Tate sea gratuito, ya que suscitar el interés por el arte contemporáneo es más complicado que hacerlo por obras del siglo XIX y si encima cobras pues vas aviado. Pero al British y a la National... No sé. Reconozco que no lo tengo claro.

Yo, por si acaso, -lo digo para que nadie distraiga el debate reprochándome una posible doble moral-, eché unas libras de donativo a la salida de la National Gallery. Tan felizmente.

martes, 3 de agosto de 2010

The suburbs, de Arcade Fire

Los viejos del lugar (este blog) quizá recordarán que hace casi un año confesaba mi absoluta ignorancia musical y hacía voto de convertirme en aprendiz de popero.

He hecho mis pinitos, las cosas como son. Mis lagunas son todavía de proporciones homéricas, pero puedo manejar con cierta soltura el lenguaje y los principales nombres de la actualidad musical y no quedar como un inútil. Pero, lo más importante de todo, he descubierto algunas obras de arte que me han conmovido y me conmueven, obras que me ayudan a dialogar con mi tiempo y con mis propias contradicciones.

Desde el momento en que escuché "Rebellion (Lies)", del primer álbum de Arcade Fire, Funeral, me enganché a esa música de grandes dimensiones y a esa voz llena de matices enigmáticos y oscuros.

Ahora que han sacado su tercer disco, el esperadísimo The suburbs, me he atrevido a escribir algo sobre ello [The suburbs, de Arcade Fire], muy influido, no lo ocultaremos, por las muchas lecturas de críticas en inglés que he deglutido este fin de semana. Pero también después de escucharme varias veces el disco (y los dos anteriores) y empollarme las letras de los tres álbumes.

Resumiendo: Me gustó más Funeral, porque ese es el estilo que me conquistó. Pero, sí, se supone -y digo que se supone porque no tengo suficiente criterio- The suburbs es musicalmente superior, ya que demuestra que estos tipos pueden tocar todos los palos.

Me gusta la autoconciencia de la (pos)modernidad que demuestran en sus letras, siempre a partir de elementos mínimos (la forma en que se organiza la vida y el urbanismo en las grandes ciudades contemporáneas). Me gusta que se lamentan de cosas que van mal pero lo hacen con un aroma alegre y risueño, no apocalíptico, sabiendo que ellos mismos son parte del sistema que critican. Y me gusta que se saben modern men (una de las grandes canciones del disco, "Modern Man", track 3), pero que se ríen al mismo tiempo de la pose rococó de tanto modernete de palo ("Let's go downtown and watch the modern kids / They will eat right out of your hand / Using great big words that they don't understand", dicen en "Rococo", track 4).



Escuchadlo mientras no lo quiten de YouTube.

domingo, 1 de agosto de 2010

Un buen hombre

Informe Semanal: Siempre Plácido




La entrevista no vale gran cosa, pero Plácido transpira una bonhomía sorprendente.

Una lista de las 100 mejores películas [en EPS] en la que la primera de John Ford es la número 53 (y es Pasión de los fuertes), dice mucho, muchísimo, de un cine -en este caso el hispanoamericano-. Y a mi juicio, lo que dice no es bueno.

sábado, 31 de julio de 2010

El ascenso a La montaña mágica

Año y medio después de comenzarla y un par meses después de leerla por última vez, retomo La montaña mágica, de Thomas Mann. Hoy he logrado alcanzar el ecuador de semejante mamotreto que, es obvio, no logra cautivarme. Me consuelo tratando de convertir el hecho, como el propio libro hace de alguna manera, en una reflexión sobre el tiempo.

Esa dejadez en la lectura, llevada a trompicones, casa bien con el propio ritmo interno de la obra de Mann. Mi relación con la cuidada edición de Edhasa tiene la misma languidez aburrida que el tempo en el sanatorio del doctor Behrens (y para colmo la escena de amor es en francés, a palo seco).

Comparto con Hans Castorp la misma incertidumbre sobre el futuro. Sospecho que se quedará en Davos mucho tiempo, quizá toda la vida. Y que yo tardaré meses, años, en terminar el libro. Quizá me muera sin saber lo que sucedió y sin recordar en qué momento comenzó la lectura. Tal y como está construida la novela, puede que ni siquiera importe. Sólo interesa el extraño transcurrir del tiempo. Me consuela pensar que acabar con la última página será matar la propia esencia de la obra.

viernes, 30 de julio de 2010

Origen, de Christopher Nolan

Acudía uno con ávida expectación al pase de prensa de Origen (Inception en v.o.). Una película no promocionada sobre la base de un reparto impresionante (que lo tiene) encabezado por Leonardo Di Caprio, de unos efectos visuales impactantes se mire por donde se mire o de una historia futurista y misteriosa, sino sobre la base de detalles de la historia apenas sugeridos y, sobre todo, de un director, el realizador de Memento, Batman begins y El caballero oscuro. El chico de moda en Hollywood.

Dos horas y media después, se dice uno -no sin cavilarlo durante un buen rato- que no era para tanto. Y mira que fastidia porque la de Nolan era de las pocas esperanzas cinematográficas que se habían puesto en la cartelera veraniega.

Cuando uno terminó de ver Memento, con un enrevesado pero exacto mecanismo interno en su guión, no pudo menos que esbozar una sonrisa, ahogar un suspiro de satisfacción. La historia no tiene una profundidad abismal, pero la manera de contarla es brillante, es sorprendente, es original. Hay post-partido, y un post-partido lleno de discursos coherentes, nada de pedaleos arbitrarios.

Las piezas están construidas para encajar y merece la pena perder el tiempo en tratar de lograrlo.

Cuando uno terminó de ver Matrix, con sus novedosas u-cap, su guión de aires clásicos renovados, su planteamiento original, no pudo menos que aplaudir con las orejas.

La genialidad epata. Pero uno piensa que no hay verdadera genialidad en una película -¡imposible!- si no hay brillantez técnica en el guión. Y el apabullante despliegue de Origen esconde la carencia de una historia poderosa.

Se ha dicho que Nolan quería hacer, y tuvo la suerte de conseguirlo gracias a su éxito previo, una película personal, intimista, con el presupuesto de una superproducción.



La película quiere basar su potencia en una trama compleja. Un poco a lo Memento. Pero ni siquiera en eso es para tanto. Si se presta atención, lo esencial del argumento se pilla con cierta facilidad. No hay grandes piruetas intelectuales, emocionales, sólo en la técnica narrativa. Y de tanta pirueta, la filigrana se enreda hasta la náusea sin que uno tenga la sensación de enfrentarse a un puzzle o un laberinto cuya excelencia justifique el esfuerzo.

La historia tiene más capas que una imagen de Ana Obregón pasada por el Photoshop, pero debajo de ellas no hay una historia profunda, unos personajes inolvidables, un enfoque de la vida personal, ni siquiera la originalidad al organizar esas capas.

Y, por supuesto, no hay el post-partido que mucho friqui ansioso por ocupar el tiempo pretende. No siendo efectivas ni la mecánica ni la historia que se narra, la cosa queda pelín efectista.

Con Origen, Nolan quiere crear descaradamente una película de culto, y la altura de su intento hace mayor su fracaso. No es que la cinta le quede pretenciosa, no (la película es buena, tiene un reparto de lujo, una construcción visual que desmonta y una premisa narrativa que promete el infinito), simplemente que la cosa flaquea, como suele pasar en estos casos, en el guión. Y las expectativas, insisto, eran enormes.

Nolan no logra lo que consiguieron los Wachowski con la primera de Matrix (olvidemos las dos castañas reloaded). Éstos revolucionaron las técnica de grabación cinematográfica, crearon una estética, esparcieron multitud de detalles icónicos a lo largo de la película que no significaban nada pero que alimentaban el mito, nos dejaron un buen puñado de frases míticas, sorprendieron al mundo con la idea de un mundo paralelo construido por ordenador... Pero, sobre todo, nos entretuvieron con lo de siempre, bien contado. El héroe clásico con ropajes modernos, nada más.

Que Origen no es mala, de verdad. No pensaba machacarla así. Si uno no espera gran cosa de ella, lo pasará bien. Tiene muchas chispas de genialidad. La historia de amor -yo diría que es el hilo de la película- tiene cimas, momentos de mucha emoción; Di Caprio, Marion Cotillard y Ellen Page son maravillosos actores...

Pero creo que no merece la atención que está recibiendo. Ni esa aprobación popular. Ni los pedaleos que -por poco que me gustase su resolución- sí merecía Lost (aquí también hay un limbo, jeje).

La última polémica ha sido sobre la banda sonora de Hans Zimmer -cargante en muchos momentos de la película-, construida sobre una canción esencial en la película, la hermosa "Non, je ne regrette rien" interpretada por Edith Piaf.



Quizá Memento también hubiese sido un fiasco si su autor hubiese contado con más de 200 millones de dólares de presupuesto y hubiera pretendido hacer Blade Runner con una historia que daba para lo que daba. Batman begins y El caballero oscuro -sobre todo ésta última- eran buenas pero tenían pequeñas grandes carencias en el guión.

Por eso, visto lo visto, Nolan está bastante de lejos de construir una verdadera obra maestra que perdure, valga la redundancia. Quizá no decepciona a uno tanto la propia película como el archigenial director que uno esperaba fuese y no fue.

Para no haberme gustado, vaya chapa.

[ACTUALIZADO: Al debate]