El 25 de junio de 1869 Newman escribe en los Escritos Autobiográficos:
La Providencia de Dios ha sido maravillosa conmigo a lo largo de toda mi vida. Una cosa me impresionó esta mañana como una antítesis, de la que a menudo he pensado en sus detalles sin darme cuenta del contraste que proporciona. Y es que mis dificultades e inquietudes han venido de aquellos a los que he ayudado, y mis éxitos de mis oponentes"
Si esto se puede aplicar a diversos sucesos de su vida, hay quizá uno que está sobre todos: la escritura y publicación de la
Apologia pro vita sua. Contaba en la entrada anterior que
llegué a Newman a través de una breve biografía. Luego me leí su
Carta al duque de Norfolk, y entonces me embaulé la
Apologia pro vita sua, obvia pero acertadamente subtitulada en español "Una historia de mis ideas religiosas". Y aquello me dejó noqueado.
[
Prólogo de Ratzinger a la obra, en la edición de Ciudadela]
En 1864, Charles Kingsley, clérigo anglicano, polemista e intelectual inglés pone en negro sobre blanco una de las acusaciones que se lanzaban contra Newman. Le desafía a justificar "la honestidad" de su vida como anglicano, sugiriendo que ya era católico antes de convertirse y que había permanecido en el anglicanismo para traicionarlo desde dentro.
Uuuuuhhh, pensará alguno, vaya tontada de pique. Pero es que eran otros tiempos, donde la palabra dada, el rigor y la honorabilidad intelectual eran realmente valorados.
La respuesta fue la
Apologia pro vita sua, una autobiografía intelectual y teológica casi
científica. Newman se basa en las cartas que escribió y recibió, en sus escritos y en su predicación, para dar fe del proceso de conversión. El resultado es un monumento a la honestidad intelectual, un canto al amor por la verdad.
Su lectura no es fácil, es cierto, pero es una magna obra, un monumento, insisto. Su publicación le devolvió el favor de la opinión pública en Gran Bretaña. Hay que agradecer al señor Kingsley el desafío.
Y todo esto, para llegar a
Perder y ganar.

Porque
Perder y ganar es el envés de la Apologia, esto es, la faceta sentimental y emocional de la conversión de Newman. Defiendo que su valor seria escaso (novelísticamente deja mucho que desear) si no existiese la
Apologia y no fuese el testimonio interior de quien es. Pero bajo esos presupuestos es una obra muy interesante.
Escrita en 1848, el converso habla desde las entrañas del que se ha visto obligado a perder lo más querido por honradez intelectual y religiosa. Quienes apreciamos y admiramos a Newman, nos sentimos removidos por el documento.

Ahí tenía al viejo Oxford, las colinas, sus praderas junto al río, tan verdes, tan encantadoras como siempre. Al divisar aquel lugar tan amado se quedó quieto, con los brazos cruzados, incapaz de dar un paso más. Los colleges, uno por uno, las iglesias, una por una; lo iba identificando todo por las torres y los pináculos. El Isis plateado, los sauces grisáceos, los campos llanos extendiéndose, los sotos oscuros alargándose; allá a lo lejos el bulto de Shotover, donde había pasado aquellos meses con Carlton y Sheffield; madrera, agua, piedra, todo tan apacible, tan lleno de fulgor. Aquello, todo aquello podía haber sido suyo. Ganaría muchas cosas al hacerse católico; cosas mejores, más altas, más nobles, pero desde luego aquello no lo volvería a tener jamás, aquella ciudadela estaba perdida para siempre. No podría tener nunca otro Oxford, ni los amigos de su infancia y su juventud. Había elegido otra cosa"
Antes de convertirse, no puede ver más claro. La luz es como una recompensa de los que por un acto de la voluntad, por el dictado de la prudencia y de la razón, abrazan la verdad en ese punto en que la naturaleza se encoge como un cobarde, no llega. Hay que aventurarse. Antes de la conversión, la fe es una aventura; después es un don. Se acerca uno a la Iglesia por el camino de la razón, pero para entrar dentro hay que seguir la luz del Espíritu"
Citas extraídas de la edición de Víctor García Ruis, Encuentro, 4º edición, 2009.