sábado, 31 de octubre de 2009

Siempre nueva

Uno de los dos episodios que más me conmueven del Evangelio es aquel en el que, después del discurso sobre el Pan de Vida, muchos abandonan a Jesús. Él entonces se vuelve a sus discípulos y les pregunta: "¿También vosotros queréis iros?".

Y Pedro, el impetuoso, el honesto, el transparente, lanza ese como gemido de necesitado: "¿A quién iremos, Señor? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna".

Hoy se lo he vuelto a decir con toda sinceridad.

Sólo quien ha degustado las delicias de la vida sobrenatural puede percibir la pobreza de una vida sólo natural.

viernes, 30 de octubre de 2009

jueves, 29 de octubre de 2009

¿Nace la literatura de la insatisfacción?

No hay buena literatura que pueda provenir de la felicidad y de la bonhomía. Es el dolor, el sufrimiento y hasta el drama el que nos inspira y nos a atrae. No por regodearse en el mal ni en el llanto, sino por superarlo gracias a la palabra compartida. Ocurre igual con el teatro y con el cine. Podemos asistir a una película terrible sobre el genocidio nazi, pero salimos de la sala mejores de cuando entramos si la película es buena. Se produce no diría una sublimación del mal, sino una superación. No conozco grandes obras de literatura que tengan un final feliz"

La cita es del reciente Premio Príncipe de Asturias de las Letras, Ismail Kadaré, en una entrevista de Rubén Amón para El cultural.

Convendría analizar hasta qué punto es invulnerable esta afirmación, pero se intuyen por sus resquicios que revienta de verdad. La felicidad perfecta, inmutable, estática, completa, no existe en el fragmento de vida que transcurre hasta la muerte. La imperfección es lo que la caracteriza, con todas sus penas y sinsabores. Y en la medida en que el arte es capaz de captar esa verdad, podrá conquistar nuestros corazones.

Bien es cierto que no me convence lo de la imposibilidad de un arte optimista, en cierto modo feliz. Ni lo de los finales. ¿El de Crimen y castigo es infeliz por cazar un ejemplo al vuelo? Más: ¿es la ausencia de dolor condición para la felicidad?

El discurso de recepción del premio de Kadaré, empero, no fue gran cosa: [en vídeo] [en PDF]

martes, 27 de octubre de 2009

Nocilla Lab, de Fernández Mallo

Busco ahora una cita del libro, pensaba que la había señalado con un doblez en la esquina de la página. Pero no. Quizá la he soñado.

Incluso si la hubiera soñado, y por seguir el espíritu mallesco, el hecho es que Agustín Fernández Mallo [su blog] asegura en el artefacto de tintes autobiográficos del que hablamos, algo así (no es textual) como que "de repente me di cuenta de que no había leído mucha narrativa a lo largo de su vida".

Es cierto que el adjetivo mucha es algo absolutamente relativo y que su "no mucha" puede ser infinitamente más que la del "bastante" de otros. El caso es que es alguien que nunca ha mostrado un gran interés por la narrativa el que quiere renovar las formas narrativas de nuestro país.

Posiblemente él se defenderá diciendo que no, que no tiene tales pretensiones

siempre he intentado escribir de una manera amoral

pero ahí está su postpoética. Y cuando uno hace una propuesta poética, narrativa, qué es sino pensar que es la mejor. Y eso se lo alabo a AFM. Le alabo las ganas de hacer algo diferente, innovar, proponer algo nuevo.

Una vez que he terminado el libro -no es novela, artefacto supongo que lo llamará él- me he preguntado qué quedará de ello. En sus páginas incluye cómic, fragmentos en diferentes tipografías,... Me he acordado de esas poesías que estudiábamos en los manuales de bachillerato cuando se hablaba de las vanguardias de comienzos del siglo XX (hasta encontrar una imagen de ellas en Google me cuesta:)


Una anécdota.

Una vez terminada esta entrada, encuentro la cita. En efecto la había señalado con un doblez.

Aparte de ese libro [La música del azar, de Paul Auster], decía, yo casi no he leído narrativa"

domingo, 25 de octubre de 2009

Quo vado?

No he leído El paraíso perdido de Milton, pero fama y nombre de libro y autor siempre me han parecido evocadores en su melancolía, en su especie como de (repetimos: "especie como de") nostalgia.

Esa nostalgia de paraíso perdido, en parte terrible y en parte dulce (de esos contrapuntos está hecha, ¿no?), es el sentimiento que más me ha dominado durante mi reciente viaje a Oxford.

Cuando llegamos el sábado en el autobús desde Gatwick nos topamos en High Street con masas de estudiantes engalanados con sus sub-fux, sus vestes académicas sobre la ropa 'de domingo'. Camisas blancas y limpitas, pajaritas también blancas ellos, faldas negras ellas. Se trataba de la inauguración para los freshers (primer curso) del Michaelmas [editado], trimestre inicial (por San Miguel).

Una eclosión de espíritu universitario. Un espíritu que ni uno tuvo en sus años de carrera ni ya tendrá. Y menos en un lugar como Oxford.

¿Por qué has vuelto?, me dicen. No entienden nada. ¿Lo entiendo yo? Apenas lo vislumbro. Para eso, para ver un ideal de búsqueda de la verdad, la pasión por conocer. El paraíso perdido.

Y digo el ideal porque no me chupo el dedo, bien sé que Oxford no se libra del declive intelectual que sufrimos (¿Sufrimos? ¿Quién? Uf, no lo sé, dejadme no detallar la intuición), pero la Historia tiene un peso enorme. Sobre las piedras la Historia no pasa como el agua. Y eso se nota en Oxford, donde el eco de personajes conocidos nos golpea el alma, si uno la tiene a punto de cocción: Newman, Knox, Tolkien, Lewis, Newman, sobre todo Newman, Brideshead...

Y uno ve el ideal y esta vez le ha dejado con jirones el alma.

Será el otoño, y un circunstancial crepúsculo vital, y ese deseo de un pasado que ya no estará. Será esa ansia de infinitud por la que sólo lo Infinito puede saciarnos...

"¿Adónde te escondiste, amado, y me dejaste con gemido?".

jueves, 15 de octubre de 2009

Oxford revisited

Desde el principio eres consciente de que hacer un viaje de fin de semana a Oxford no es algo normal. En una época de turismo 'low cost' y facilidades para viajar, de soterradas competiciones para ver quién es capaz de viajar a más Conchinchinas o de tener la más apetitosa y paradisíaca foto, en una época así, ir -otra vez, pensarán- a Oxford debe sonar raro.

Supongo que algunos tendrán la impresión de que es una especie de peregrinaje espiritual, y diría que no es cierto, pero no andan descaminados. No va uno a Oxford como quien se va de curso de retiro, pero... O un poco sí, aunque sea un acompañado eremitismo que incluya hamburguesas y brindis con buenas pintas en el Eagle&Child después de haberse extasiado en Blackwell's, la Bodleian o Saint Mary (en orden inverso de sacralidad).

Agora que está tan en boca de casi todos la de Amenábar, con su fanatismo religioso que despedaza una ya entonces inexistente Bilioteca de Alejandría, uno, que es cristiano perdido (a veces, el muy tonto, a su pesar), para darle en la boca a esa visión churruscada y paleta de la religión, viaja a Oxford en busca de parte de la sabiduría, de luces para esta oscuridad (la vida misma en el Madrid de finales de 2009), en busca de entusiasmo por la misma búsqueda. Viaja uno con el ansia siempre insaciada de ser libre, porque -como dice Newman en Perder y ganar- "en este mundo no hay otra fuerza que el compromiso con la razón ni otra libertad que sentirse cautivos de la verdad".

(Y tener que pasmarse de nuevo ante los pasmarotes papanatas: Saramago hablando del "cinismo intelectual" de Benedicto XVI, un sacrilegio no porque lo diga del Papa, sino porque en estos tiempos dudo que haya figuras con una mayor honestidad intelectual que B16, y no es una de ellas desde luego el panegirista del dictador cubano)

lunes, 12 de octubre de 2009

Querer el dolor

El C.S.Lewis de Tierras de penumbra (Shadowlands, 1994), encarnado por el gran Anthony Hopkins, asegura que cuando uno ve sufrir al ser amado, le quitaría el dolor por el medio de imponérselo a uno mismo.

Algo misterioso y verdadero hay en ello, como en todo lo que tiene que ver con el dolor, especialmente cuando no es impuesto por otros seres humanos, sino por la naturaleza, la vida, la Providencia o como cada cual lo llame.

Creo que en la Cruz está esa gratuidad, que busca descargar los agobiados hombros de una Humanidad herida por el pecado. Y en la doctrina sobre la mortificación cristiana, mucho más allá de su carácter ascético. La gratuidad en respuesta a la Cruz, para descargar los agobiados hombros de un Cristo que hace suya la empecatada condición de toda una Humanidad.

domingo, 11 de octubre de 2009

Un dios salvaje, en el Teatro Compac


Pasando por el Alcázar (precisamente por el Alcázar, je) nos encontramos frente a frente con el mismísimo Hitler.

-Mr.Führer, ¿podemos hacernos una foto con usted?
-Sí, pero rápido que tengo que ir para adentro.

En la archicacareada temporada otoñal del teatro en Madrid se representa una fiel adaptación de la genial película Ser o no ser de Ernst Lubitsch. Todavía no la he visto.

Sí estuve el miércoles pasado en el Teatro Compac para ver Un dios salvaje, de Yasmina Reza, con Maribel Verdú y Aitana Sánchez-Gijón en los papeles centrales. Y os la recomiendo (pasará por San Sebastián tras estar en Madrid). Aunque estaba un poco lejos del escenario, disfruté mucho con la comedia. La hora y media sin descansos se me hizo breve.

Estos días también reponen El encuentro de Descartes con Pascal joven en el Teato Infanta Isabel. Tuve ocasión de verla en primavera, cuando estuvo en el Teatro Español. Y también la recomiendo. Poco teatral (es un diálogo denso, denso de corte teológico), pero muy, muy interesante.

sábado, 10 de octubre de 2009

Ágora, de Alejandro Amenábar

Los intrincados mecanismos de la emoción. En la fea capilla de la residencia de ancianos. Escuchando una horrible canción que mezcla organillo, midi y letras religiosas ñoñas. Rodeado de decadencia física. Y justo ahí brota la alegría. El sentimiento -sí, el sentimiento- de amor de Dios.

Es la respuesta a los "humm" mentales que me traía a cuenta de Ágora y del tolerante que ayer [editado: no me refiero a Alejandro, que fue correctísimo y con el que no discutí del contenido de Ágora, sino a un cámara de TVE], después de comentarle que la peli no me gustaba para empezar porque soy cristiano, me espetó que la religión es uno de los cánceres de la Historia. Haciendo amigos.

Viendo a las monjas nada glamourosas de la residencia dedicando su vida a cuidar decrépitos, me pregunto dónde está el cáncer: ¿en la religión o en los individuos? También hay quien mata en nombre del amor.


Porque Ágora, no, no me ha gustado. Es una película didáctica en la que Alejandro Amenábar trata de moralizar en el sentido más gruñón del término, y para ello pone todos los elementos al servicio de su tesis. Con muy pocos matices (como para comparar el dibujo de los malos que hace esta película con los japos de City of life and death, por ejemplo). No soporto las películas, ni los libros, que te quieren lanzar un mensaje moral rotundo, evidente, especialmente cuando no tienen un tono de fábula. (Odio las fábulas).

Amenábar es brillante, es listo, y ha hecho una película muy valiente. Arriesgada. Pienso que a la larga no le va a ir bien de taquilla en España (sí las primeras semanas, especialmente este primer finde). A poca gente -por desgracia- le interesa un debate (si es que lo hay en la película, que es absolutamente desigual) religión-ciencia, fe-razón, especialmente jóvenes. Aunque la que quede malparada sea la religión.

Amenábar no quiere contar "una" historia, como dice. El tono pedagógico continuo refleja que quiere universalizar: la religión se opone al progreso.

La realización es buena cuando se sale de lo convencional (los planos aéreos del 'hormiguero', muy chulos y cargados de significado), pero dado lo arriesgado de la propuesta temática, sería lógico pedir más riesgos.

La música es cargante a ratos, subrayona.

Un análisis de hace meses de Pseudópodo, nos acerca a la figura real de Hipatia. Recomendable.

Nuestra maña (¿de magna?) lectora hace una crítica devastadora de la película.

En La Mirada de Ulises.

(Foto: prometo que tengo más camisetas en mi armario.)

martes, 6 de octubre de 2009

Yo tenía...

...Que hablar de muchas cosas muy importantes. Que vi la de Amenábar. Que "siempre hay por qué vivir, por qué luchar". O qué sé yo. Hacer literatura, en definitiva, de la vida.

Pero iba uno con su tristeza y su no tener tiempo a cuestas y al llegar a casa se encuentra un paquete maravilloso. No tanto por lo que lleva dentro, que es maravilloso: Breve encuentro, de David Lean, y un ejemplar de The book of lost tales, de J.R.R. Tolkien, sino por lo que supone.

Alguien en Zaragoza se ha acordado de uno y le dice que su existencia es "un regalo" para ese alguien. Glub. Cuánta gratuidad y qué poco acostumbrado a ella últimamente. ¡Muchas gracias!