lunes, 29 de junio de 2009

En Dublin


Quien teme a la soledad? Es mas, quien puede vivir sin esa soledad que nos lleva a lo mas intimo de nosotros, alli donde se renueva la savia que nos sostiene y mueve, donde se reenfoca la vida, donde se gestan las revoluciones?

En esa acompanyada soledad -intimior intimo meo...- me plante en la carreterica Navan-Dublin, que pasa frente a Lismullin. (Y que malas las carreteras irlandesas, by the way). Una hora hasta la capital.

En Dublin, vagabundeo a la caza de la emocion poetica con la camara de fotos y la guia en la mano, el morral en bandolera, con libros y cuaderno por si quien sabe. Tratando de atrapar esas fotos que pasaran a formar parte de mi memoria visual.

Tres horas de tranquila caminata. Sin prisas. Sin objetivos. Sin necesidades. Realmente sin esperar mucho. No pude ver nada 'por dentro' porque era domingo y todo cerraba mientras yo ponia mis pies en la ciudad. O'Connoll St., Trinity College, Dame St (so Temple Bar), el City Hall, Christ Church -antes unas compras-, St.Patrick's Church&Park, St.Stephen's Green, Graffton St...

Acabe en un pub frente a la estacion de autobuses, tomando una pinta de Heineken (que no, que paso de Guiness) y un bocadillo, porque me habia dejado con las prisas de la salida el dinner empaquetadito.

Y, sin embargo, volviendo en el autobus, iluminado por esa diurnidad sin sol tan tipica de aqui (aunque esta semana, en ese sentido, esta siendo atipica por el esplendido sol que se nos ha regalado), me digo que si, que ya, que soledad, pero que uno actua cada vez mas de cara a la galeria. Esa foto pensando en el Facebook, que veran los friends del mismo, esa idea elaborada sobre el terreno para celebrarla en el blog, ese paseo del que luego podremos flipar en la oficina...

Ya llegando, el autobus me deja a la puerta de Lismullin, desde la entrada hasta la casa hay medio kilometro, suficiente para redondear la jornada con unas gotas de lluvia que subrayen el tono bucolico de la ocasion.

domingo, 28 de junio de 2009

Atisbos de eternidad



(Esta es la casa donde me alojo. Mola, eh?)

Habia estado comprando con razonable exito unos recuerdos para los amigos y conocidos en Navan. Un pueblito irlandes bien puesto, apto para el carromato y la feria agraria.

Al volver a Lismullin, me sente en la butaquita que hay junto a la ventana de mi dormitorio. Anduve ojeando las fotos que he sacado en esta semana con algo de musica en los auriculares, musica significativa y significante para mi (bandas sonoras de La mision, Brideshead, The quiet man; algo de The Killers, U2...).

Luego hojee, sin dejar la musica, el fantastico libro que Enrique Garcia-Maiquez (y no la lluvia) nos ha dejado, nos ha ido dejando. Lleno de verdadera poesia de lo cotidiano (si necesitamos algo que redima nuestra poesia no es precisamente nocilla pospoetica).

Los amigos -los regalos-, la vida -Navan-, los recuerdos -las fotos y las peliculas que a uno le iluminan-, la armonia -la musica-, la poesia -la prosa de EG-M-. La belleza.

Y yo, emocionado. Mi fofo corazon bailando, sacando musculo. Gracias, Dios mio, por esta borrachera, por este amago de lo que uno suenya via unitiva!

El ser (alma, cuerpo) se llena de tanta emocion poetica, de tanto sentimiento elevado, de tanto entusiasmo fisico y metafisico, que duele pensar en despues. Yo quiero esto... para siempre, para siempre, para siempre.

sábado, 27 de junio de 2009

In crescendo

Si hace apenas unos dias, podia echar de menos el "shimmering" Madrid, ya no. Uno echa de menos, si, esa patria chica que son los seres queridos, los amigos. (Aunque entre blog, Facebook y correos la cosa se hace muy cercana). Pero todas las experiencias que se van acumulando las acumula uno -pienso- para derramarlas luego en ellos.

Hoy -escribo esto en el cuaderno en la noche del 26 de junio- es el ecuador de estos dias en Irlanda. El viento, definitivamente, sopla a favor.

La barrera del idioma va cayendo, no sin ayuda de vino y cerveza para celebrar la gran fiesta de hoy, San Josemaria. Voy conociendo mejor a la gente que me rodea y eso colabora a la plenitud.

En el lunch me rei mucho con Father Hannon, un cura muy irlandes que ama Espanya y cuyo espanol es absolutamente andaluz. Cara ancha, ojos chispeantes, manos de bofeton granjero, alto, tez rubicunda especialmente en mofletes y nariz, esta de buenas proporciones... Hemos estado conspirando.

Por la tarde, visite Dun Laoghaire junto a John, granjero de pelo blanco y larga experiencia a sus espaldas, Xavi, profesor del IESE en Barcelona, y Eric, un holandes bastante cachondo con el que he conectado profundamente. Dimos un paseo por el espigon y nos volvimos en tren, que habiamos cogido desde el barrio dublines de Merrion.



Alli estuvimos en la Misa de San Josemaria que el obispo celebraba. Inevitable pensar en -emocionarse con- la universalidad del Opus Dei, pero tambien en la universalidad espacio/temporal del catolicismo que me sugerian las canciones bien cantadas y las oraciones en latin. Me retrotraian a las catacumbas romanas o a una casa en la Judea de principios del cristianismo.


A la vuelta, ya casi de noche, nos rodeaban parajes brumosos aptos para 'leprechauns' (prometo que han sido convocados a voz en grito por el que esto escribe) por las incomodas carreteras camino de Navan. Al llegar a Lismullin, unas cervezas con queso para cerrar el dia. Carcajadas, estas si, llenas de primigenia alegria.

jueves, 25 de junio de 2009

En Glendalough



Sude como un cerdo por el delicioso paseo a traves del valle de los dos lagos en el condado de Winlock. Vigorizante. My english improves, great new.

miércoles, 24 de junio de 2009

La mirada transforma

When he was at Croisset, he dreamed of the hot sand and the shimmering Nile when he was on the Nile, he dreamed of damp fogs and shimmering Croisset. He didn't really like travel, of course. He liked the idea of travel, and the memory of travel, but not travel itself"

Palabras sobre Flaubert que Barnes pone en boca de Louise Colet, amante del escritor, en Flaubert's parrot, libro que recomiendo.

Al transcribirlo, me he acordado de una cita que tome de la Autobiografía chestertoniana en mi otro viaje a este lado del mar.

Realmente, lo que recordamos es lo que olvidamos. Quiero decir que cuando un recuerdo se impone viva y repentinamente, y traspasa el escudo protector del olvido, aparece por un instante exactamente como fue. Si pensamos en ello a menudo, a pesar de que sus elementos esenciales siguen siendo indudablemente ciertos, se va convirtiendo cada vez más en nuestro recuerdo de la cosa que en la cosa recordada” (Autobiografía, pág.38, Ed.El Acantilado)

miércoles, 17 de junio de 2009

Dos amigos, dos blogs, dos libros

Eso de la literatura tiene algo de bollería casera. Metes la masa en el horno y, aunque quizá la cosa no dé para un bizcocho en condiciones, al menos te deja la casa llena de un perfume como esponjoso y cálido, dulzón. Pues así la dichosa entrevista herraldiana, y las visitas a la Feria del Libro, le llenaron ayer a uno el día de un aromilla literario que no veas.

Anduve leyendo Flaubert's Parrot. Y ya a a última hora de la mañana me pasé por la Fnac. Compré Olvídate de mí (película), que Alberto tanto me ha encomiado. Y luego, alto y perezoso, me fui dando una caminata hacia la Puerta de Alcalá, con la intención de pasar por la librería Hiperión para comprar el libro de Enrique con una antología de su blog.

Callejeando entre Recoletos y Plaza de la Independencia me asalta un hombre ya mayor, con la piel curtida, fina barbita, mirada clara... un galán venido a menos, un buen hombre, un poco con las trazas de Derek Jacobi en Gladiator. Le escucho atentamente. 65 años, nadie le hace ni caso en las entrevistas...

Lo que viene a pedir es una monedica, pero la pide con tanta honestidad y con tanta verdad de las cosas, que se la doy y con ella un 'ánimo', un 'buena suerte'. "Lo único que tengo es una profunda irritación conmigo mismo", termina diciendo el pobre, y es inevitable preguntarse qué triste vida, penosas decisiones, dejadez, errores que cualquiera podría cometer, le han llevado a este estado de profunda irritación consigo mismo y abandono.

En la librería Hiperión está Elena Medel con un amigo, hablando con la dependienta. Sé que es Medel porque en la Noche de los libros de hace un año estuve entrevistándola. Ella, claro, no se acuerda de mí. O no lo demuestra. Y me alegro, porque lo único que quiero es mi libro y largarme. Parece que hablan de un escritor pobre al que "al menos todavía no han cortado la luz".

Empapado de sudor (y literatura) rodeo el Retiro para coger el autobús (quería baño de realidad y eso incluye transporte público). Leo un poco de libro recién comprado. Qué bien edita Fidel Villegas y su Númenor.

Por la tarde, enfrascado con la actualidad (no confundir con la realidad, ojo).

Por la noche, cervezas de despedida antes de irme de vacaciones. Y aún tengo ganas de leerme un puñadico de páginas de otra antología de blog, las Postales de un náufrago digital. Lo que me lleva a recomendárselo a mis lectores (Lo que ha llovido, de Enrique García-Máiquez, por descontado) y a pensar que este chico de Navarra asentado en Malasaña tiene futuro. Y cómo mola experimentarlo ahora que es amigo.

martes, 16 de junio de 2009

La entrevista

Pues ya está: Herralde: "El único peligro para la buena literatura es el debilitamiento de las pequeñas librerías".

Las cosas son como son. La entrevista es mala, y no por culpa del entrevistado.

Camino a Inisfree

"De camino al aeropuerto estaba muy nervioso, como podéis comprender, sobre todo por el miedo a lo desconocido. A la vez, sentía una cierta sensación de liberación, del que emprende una nueva vida, o una nueva etapa en su vida".

Estas palabras pertenecen al primer post que escribí en el primer blog que tuve, este mes se cumplen exactamente tres años, y narraban las emociones que me provocaba mi primera estancia en el extranjero, solo ante el peligro, camino de Manchester. Ahora que me dispongo a viajar a Irlanda para pasar allí dos semanas con desconocidos angloparlantes, la sensación se reproduce.

Esta vez no por el miedo a lo desconocido. Sólo por la esperanza ante la experiencia que aporta, que hace mejor persona.

Los últimos han sido meses enriquecedores, pero en algunos sentidos difíciles. Después de un curso de "crecer para adentro" (usando la feliz expresión de San Josemaría), vuelve la ilusión (y no me refiero a la que genera el Real Madrid).

Intuyo que comienza una nueva maravillosa etapa que comenzará con un viaje al extranjero. Será el distanciamiento que ayuda a poner las cosas en su sitio o la apertura de horizontes que supone el contacto con los extranjeros... Ilusión, ilusión en cualquier caso. Porque, ¿qué es una vida sin ilusiones y proyectos?

sábado, 13 de junio de 2009

Herraldiano

De nuevo en la Feria del Libro. Yo, que hasta ahora era tan alérgico a ella. Con Edu, amigo reciente con el que vivo esos momentos de intenso descubrimiento mutuo en el que todo, nuevo, deslumbra.

Antes, habíamos quedado -primero yo, luego él- para entrevistar a Jorge Herralde, el capo dei capi de Anagrama. Personaje admirable. En muchos aspectos, en las antípodas de mi forma de entender la vida, de mi cosmovisión, pero atraído -unido a, seguramente- por su amor por la cultura, por su entrega a la causa que le llena e ilusiona... ¡despues de 40 años! Porque eso era lo que nos servía de excusa para la entrevista, los 40 años de Anagrama. Espero publicarla el lunes en RTVE.es/noticias.

Tras Herralde, en la Feria del Libro, hemos errado, como es de rigor. Y luego hemos tomado un par de cañas bajo un sol abrasador, aunque aspergidos por una especie de regaderas aéreas en la terracita de un chiringo. Refrescante.

Hemos compartido ilusiones y sueños sobre proyectos vitales. Hemos soñado juntos con luchar a brazo partido por huir de la mediocridad. Y, creo, se ha fortalecido un poco más esa naciente amistad. Después, nos hemos pasado por la caseta donde firmaba Leopoldo Abadía, el de la crisis ninja y demás, porque Edu tiene relación con la familia. Entre tanto, ha aparecido súbitamente Savater, con sus gafas naranjas, en el Paseo de Carruajes, un poco como una Escuela de Atenas rafaeliana a pequeña escala y móvil, perorando y hablando -seguramente de cuestiones elevadas- a grandes voces.

Para terminar el día, cuando salíamos del lugar, nos ha seguido César Antonio Molina. He intercambiado con él una mirada en plan "sé-quién-eres-pero-no-te-voy-a-molestar" y le hemos dejado en el semáforo que cruzaba Velázquez dirección Puerta de Alcalá. En ese punto ha entendido que sabíamos que nos seguía, y ha tirado para otro lado.

El majo de Edu va y me regala su libro, aunque le he prometido que le compraré dos.

miércoles, 10 de junio de 2009

Libros

El martes estuve en la Feria del Libro. Fue un vagabundeo agradable bajo el sol del mediodía. Me había dicho que sólo compraría un libro: la lista de espera sobre mi escritorio ya es bastante abundante (The Lay of the land, de Ford; Flaubert's parrot, y Arthur&George, de Julian Barnes, terminar con La montaña mágica...).

Tenía, por eso, que elegir con cuidado, no dejarme llevar por el primer impulso. En la primera selección entraron una amplia antología de cuentos de Chéjov, editada por Alba Editorial (qué bien editan los condenados); una antología de los diarios de Paul Valèry, de Galaxia Gutemberg (ídem de ídem); una antología de textos de Leonardo Castellani, editada por Libros Libres; la biografía de Chesterton, de Joseph Pierce, editada por Encuentro; Estambul, de Orhan Pamuk, Mondadori...

Y qué admiración esas editoriales que tan bien hacen las cosas de lo libresco.

Al final, no pude resistir la atracción que ejerce en mí la cuidadosísima edición de Acantilado (qué gozo de caseta la suya), de modo que me acabé llevando Carta de una desconocida, de Stefan Zweig, y La comedia humana, de William Saroyan. El de Zweig me lo leí de una sentada mientras comía en un VIPS cercano (y no puedo decir, claro, que solo).

Postpoetizando (II)

Cuando un tío se dice post-poeta, en lugar de poeta, ya me está sugiriendo que en el fondo la poesía (esto es, la transformación de una realidad por nimia que sea para sublimarla a través de la mirada) le trae sin cuidado. Que lo que quiere es articular una alambicada teoría que quizá llene páginas de culturales (o, mejor, de EP3's), post(poéticos) de blogs, premios Anagramas de Ensayo y -con mucha suerte- algún hueco en un manual de literatura de Bachillerato.

Hay que distinguir la emoción de la poesía, pienso yo. Que E=mc2 pueda provocar una intensa emoción en un receptor no hace de ello poesía, por mucho que lo metas en una fórmula de tres líneas y lo llames haiku, como hace Fdez.Mallo.

El postpoeta, según Mallo, no cree en la inmortalidad de la obra, no cree (dice que sí, pero no) en la tradición (dice no creer en la linealidad de la historia, luego la tradición no tiene sentido), es pragmático, quiere llegar a la gente....

Y ahí, me parece, está el debate. Mallo dice que la poesía, al menos en España, no ha evolucionado hacia la posmodernidad (y a la post-historia, y al post-...), como el resto de artes. Por eso, dice, las salas llenas de arte posmoderno se llenan, pero nadie lee poesía.

Yo estoy de acuerdo en que buena parte de la poesía actual, como de la narrativa (en España al menos) se ha enquistado en algún rincón polvoriento que la hace muy poco interesante. Estoy de acuerdo en que las formas han de renovarse, la manera de enfocar los temas han de ser diferentes. Pero lo que creo que mata a la poesía, a una cultura, y a la sociedad, es precisamente el pensamiento líquido que promueve gente como Mallo, la posmodernidad, que sólo se sostiene porque es el 'último grito' y mientras lo sea, pero que no dejará apenas huella porque es un pensamiento, una cultura, una sociedad tendente al suicidio. Desacralizar lo sagrado lleva a matarlo. Y eso es lo que hace la posmodernidad.

El arte en la pre-modernidad planteaba temas que eran eternamente bellos, inmortales, casi siempre de tema sagrado. El logro [sic] de la modernidad fue borrar del mapa artístico lo sagrado, pero para instalar otra sacralización: la elevación de la obra artística en sí a categoría de inmortal. (...) La posmodernidad no es más que una deconstrucción de esa inmortalidad." (p.50)

Y eso, profetizo, alejará aún más a la gente del arte, o hará que se acerque a él por puro esnobismo (como ya está pasando). La postpoética quiere hacer de la poesía una caja de toallitas perfumadas o una hermosa lata de diseño para anchoas. Retórica, artifico, pensamiento-bengala, chispeante... gafapasta. Efímero.

En cualquier caso, no puede interesarme una teoría que cita sin parar a Vattimo, a Gadamer, a Derrida, ¡a Foucault!, a Yoko Ono y Lennon. Se puede ser muy pop, muy meta-, sin descreer de la tradición ni de los temas eternos. Amor y muerte serán los temas más interesantes siempre para cualquier ser humano, se pongan como se pongan los 'posmos'.

La tradición no es un agarradero de cobardes, como si uno tuviera miedo a ser arriesgado, a reinventarse a sí mismo y a la realidad. La tradición es la realidad y sobre ella hay que construir, sobre ella hay que pulir y añadir para crecer. Lo otro, puede sonar apasionante, puede resultar fascinante, puede crear durante un tiempo el espejismo de que uno es el dios de su propia vida, el modelador de su propia realidad, pero es falso. Y termina en la nada, en la inanidad. Al tiempo.

Le preguntaría al postpoeta que tuviese el valor de ponerse de verdad por encima de toda tradición y escribiese en un lenguaje que sólo él pudiera entender. ¿No se supone que nada nos une, que somo átomos? ¿Que el arte es para el ahora? ¿Por qué no también el lenguaje?

(Me gusta del germen de la propuesta el intento de conciliar dos culturas: la humanística y la científica, Y alguna otra idea sugerente, que de todo se puede sacar algo bueno.)

(El debate seguirá, posiblemente.)

martes, 9 de junio de 2009

Postpoetizando (I)

Como últimamente alterno frecuentemente con Alberto y Edu, dos tipos siempre al tanto de las últimas corrientes contemporáneas, desde las literarias a las telebasurísticas, me he visto yo mismo metido en esa pequeña psicosis del que necesita estar al día.

Después de una conversación sobre la postpoesía promovida por Agustín Fernández Mallo (la postpoesía, no la conversación) y de unas cuantas bromas a cargo de la postpoesía y demás, me vi empujado el domingo a echarme al coleto el finalista del premio Ensayo de Anagrama, que tenía por casa desde hace semanas.

Postpoesía. Hacia un nuevo paradigma, de Agustín Fernández Mallo [su blog].

Ahora puedo criticarlo con fundamento.

Hoy por hoy, ninguna de las corrientes poéticas entran dentro de esa 'experiencia estética de lo bello' dado que la comunidad en que se hallan no las reconoce como tales; no es capaz de consensuar nada con ellas. O lo que es lo mismo: aquí a nadie le interesa la poesía." (p.66)

La vida no es una novela, es una lista de la compra." (p.190)

La poesía ortodoxa viene siendo sostenida por una serie de pilares, puntales inamovibles como raíces, para luego desarrollarse ramas arriba en diferentes escuelas y técnicas, siempre bajo la mirada vigilante de esos preceptos bien enraizados que al principio hemos denominado tradición, a riesgo de cisma en caso de no ser respetados, observados y guardados. Por el contrario, la postpoética, tal y como hemos expuesto, propone la flotación, la múltiple conexión entre todos los planos/campos de conocimiento." (p.177)

Como heredera ya casi en solitario de una Razón ilustrada y de una fe en proyectos utópicos sustentados de una visión evolutiva de la Historia, (...) es legítimo afirmar que, al igual que ocurría con toda la sociedad hasta que irrumpió la posmodernidad, la poesía tiene un carácter llamativamente cristiano, en tanto que todas las utopías secularizadas a las que acabamos de aludir no son sino réplicas de un modelo mucho más antiguo: la concepción misma de tiempo, lineal y evolutivo, que posee el judeo-cristianismo, doctrina que lleva a su pueblo, el pueblo de Dios, desde un origen a un destino común y salvífico." (p.52)

Y así.

sábado, 6 de junio de 2009

Más Richard Ford: Laissez faire

-¿Sabes, Paul? No deberías pensar que no estás hecho para ser feliz. ¿Entiendes? No deberías acostumbrarte a no ser feliz sólo porque no puedes conseguir que todo ajuste a la perfección . No todo ajusta a la perfección. Tienes que dejar que algunas cosas sigan por su cuenta, en definitiva."

La segunda novela de la trilogía de Richard Ford protagonizada por Frank Bascombe, El día de la Independencia, no me ha gustado demasiado. Comparándola con lo que me gustó la primera, sale peor parada incluso.

En El periodista deportivo, Richard Ford no da la impresión de estar diciéndonos "mirad qué gran novela americana del crepúsculo del siglo XX os estoy haciendo", aunque de algún modo lo logra. Pero, en cualquier caso, qué mérito (y qué respeto me produce) ese trabajo durante seiscientas páginas para construir un novelorrio sólido.

Antes de la frase citada arriba, su hijo (Paul) dice que

-Estoy cansado de que no me gusten las cosas. Quisiera que cambiara todo"

Otras citas que me parecieron dignas de subrayar:

Me gusta el tintineo del comienzo de un idilio pero carezco del impulso para hacer algo más que ignorar esa dulce sonoridad cuando amenaza con convertirse en otra cosa. Una práctica que me ha dado resultado en mi edad madura (...) ha sido ignorar mucho de lo que no me gusta o que me parece inquietante y confuso, y entonces, normalmente, no tarda en alejarse."

Ahora sería el momento perfecto -con una risa silenciosa como contrapunto- para pensar en algo melancólico, reflexionar acerca de las cosas que uno ha perdido, repasar rápidamente los puntos del orden del día de nuestra vida, en el que tan a menudo confundimos los importantes con los que no lo son... Pero lo que siento, en lugar de eso, es una conformidad rayana en el contento, y una vaga sensación de esperanza para el día que acaba de comenzar. No hay nada como una falsa sensación de bienestar."

Trato en otras palabras, de mantener la mente ocupada con algo finitio y aceptablemente factible, a fin de no desaparecer. Aunque es cierto que a veces, en el momento de deslizarme en el sueño, cuando las preocupaciones y las contingencias van a la deriva, me noto flotante y no siempre sé dónde estoy, ni adónde voy. Conque a la antigua orden que dice: 'Haz tu vida', puedo responder: 'Ya tengo una existencia, gracias'."

Pero ¿lo mejor? Es inútil buscarlo. Lo mejor es un concepto sin referencia una vez que te has casado y lo has echado a perder; puede que incluso desde que has tomado tu primer helado de plátano a los cinco años y descubres, una vez que lo has acabado, que podráis tomar otro. En otras palabras, conviene olvidar lo mejor. Lo mejor se ha terminado."

No somos felices, no sabemos por qué, y enloquecemos tratando de que nos vaya mejor."


En otra ocasión lo llamé "el cinismo de la desvinculación". Pues eso.

viernes, 5 de junio de 2009

Culebrón en el periodismo cultural español

Primero fue el estreno de Los abrazos rotos.

Luego, la dura crítica de Carlos Boyero en El País.

Después fueron las dos críticas de la peli en Cannes. En vídeo, sangrante (el vídeo 11 de 17). En prensa, dolorosa.

Y entonces, Pedro reventó en su blog.

El Comité de Redacción de El País sale en defensa de sus redactores con duras palabras para Almodóvar.

Almodóvar enfurece.

La Defensora del lector de El País reacciona.

Almodóvar insiste.

Último episodio de Boyero ayer en el chat de El País.

Esta es la secuencia de los hechos. Esperamos poderla comentar próximamente.

Aruitemo, aruitemo / Still walking, de Kore-eda

Si insisto con la comparación entre Mapa de los sonidos de Tokio, de Isabel Coixet, y la penúltima de Kore-eda es porque, tratando ambas de la sociedad nipona (de sus costumbres, de sentimientos de personas de esas sociedades), y habiendo visto ambas en un espacio de tiempo lo suficientemente reducido como para que la comparación sea intuitiva, el contraste se me hace muy patente.

Además porque, como la misma cineasta española asegura, Kore-eda es un modelo de inspiración. Al menos para su última película. Aunque aseguraba que sus modelos han sido sobre todo literarios. Quizá Amèlie Nothomb.

A lo que estamos.

La película de Kore-eda, cuyo nombre pertenece a una canción, tiene las tremendas pretensiones de quien pretende mostrar la cotidianidad sin pretensiones, esto es, sin guiarte. De toda la vida, se le ha llamado verosimilitud. Lo que no encuentro en la película de Coixet.

En Aruitemo..., el microcosmos en el que se mueven los personajes es una familia que se reúne un año más con ocasión del aniversario de la muerte del primogénito en un accidente. Y es una familia normal. Ni especialmente feliz, ni especialmente triste (cada una lo es a su manera, decía Tolstoi). No es una familia capriana, pero tampoco una vontrierana. Sí teñida con un velo melancólico, como una fina capa de musgo, pero nada descarnado, nada que no suceda en muchas familias, en muchas relaciones humanas.

Nada que no sirva para ser observado desde fuera y decir: 'En eso me puedo convertir yo... Dios quiera que no haya llegado a ser algo así. Bueno, esto se puede arreglar'. Una pena en cualquier caso catártica.

De la película me fascina la naturalidad de actores y diálogos, la riqueza para construir personajes no necesariamente atractivos pero autenticos. A este respecto, es curiosos que ninguno te cae absolutamente bien... Como sucede en la propia vida. Me gusta ese equilibrio tan honesto de los orientales para criticar el inmovilismo tradicionalista, pero sin necesidad de matar al padre. Con una mirada afectuosa.

De hecho, cuando Kore-eda muestra planos, con mimo, de esas tradiciones cotidianas -recuerda al mejor Zhang Yimou-, hay calor, patriotismo emocional.

Me fascinan también algunas interpretaciones, algunos personajes encantadores, especialmente la hermana (¡tan hermana!), pero también la nueva cuñada viuda. Mujeres, claro. Aunque la matriarca, tan bien dibujada en su complejidad, esconde amarguras que pagan otros. Y, sin embargo, uno puede tratar de entender la hiel que bulle bajo su vida... Todos conocemos gente así, abnegada pero abnegada con un celo amargo... ¿Inevitable? ¿Perdonable? No lo sé...

La realización, que me gusta, me sorprende a ratos con planos de rincones, un desconchón, un trozo de acera y así, que, lo confieso, a veces no entiendo.

Y ya, que se hace largo el post.

(Y todo esto, claro, no lo encuentro en la de la Coixet. Todo desde el profundo respeto a esta cineasta al menos intelectualmente interesante.)

jueves, 4 de junio de 2009

Dos películas recomendables

Una es Génova, de Michael Winterbottom, que no es nada del otro jueves, pero que, dado el estado actual de la cartelera y del cine en general, se deja ver.

La otra, y esta es una recomendación más fervorosa, es Aruitemo, aruitemo, traducida como Still walking (Caminando), del japonés Hirokazu Kore-eda, que se estrena este viernes.

Tiene toda la autenticidad sobre el mundo nipón que no tiene la de la Coixet. Supongo que en el fondo, porque no se preocupa por mostrar el mundo nipón, sino personas en el mundo nipón.

Casi toda la acción sucede en una casa. Para quienes criticaban, por ejemplo, que toda la acción de La vergüenza transcurriese en apenas un espacio. Como David Planell no es Kore-eda se le puede criticar por ese motivo, claro...