sábado, 25 de abril de 2009

Un po di cine español

El fin de semana pasado estuve en Málaga, donde un par de antiguos compañeros presentaban su primera película, Agallas, un thriller negro con toques de comedia protagonizado por Carmelo Gómez y Hugo Silva.

La película me gustó. Quizá también porque está hecha por gente a la que tengo cariño. Pero no, objetivamente creo que está muy por encima de la mayoría de películas españolas. Es una película que no busca más que entretener y con un guión que no decae en ningún momento, cosa que se agradece especialmente. Así que, id a verla (se estrena el 28 de agosto), y así estos amigos podrán rodar la segunda (en la que, por supuesto, ya les he exigido un cameo).

Como me acredité para el festival de cine me vi otro par de películas, entre ellas La vergüenza, que ha terminado llevándose la Biznaga de Oro. A mí, la verdad, me gustó bastante.

Va de menos a más, quizá porque contar la situación sobre la que gira la historia requiere un cierto desarrollo narrativo hasta que el engranaje empieza a avanzar. Los actores lo hacen muy bien, quizá un pelín más floja en los primeros compases de la cinta Natalia Mateo. El guión -premio que también se ha llevado- es especialmente bueno a partir del primer tercio de la película. Mención especial merece la brillantez con que una conversación sobre una tercera persona nos va desvelando los problemas que los protagonistas de esa conversación tienen.

Lo mejor del fin de semana en Málaga fue, por supuesto, la compañía. Me fui con un compañero de trabajo y allí coincidí con mis buenos amigos de Cartelera: V., J., U., E... Pude conocer a algun anónimo lector del blog que venía deseando conocer (la hermana de V.: ¡hola, Loli!) y disfrutar con todos ellos de la buena comida, el buen vino y la brisa playera... que para eso era Pascua florida.

(PD. si buscáis con cuidado en esta foto me veréis, muy al fondo, asomando mi cabezota, en la fiesta en la que pude compartir copas y alegría con Samuel y Andrés, y otros).

viernes, 24 de abril de 2009

Que se me pegue la lengua al paladar

Residen en sus propios países, pero sólo como transeúntes; comparten lo que les corresponde en todas las cosas como ciudadanos, y soportan todas las opresiones como los forasteros. Todo país extranjero les es patria, y toda patria les es extraña" (Epístola a Diogneto)

Y dieciocho siglos después, ser cristiano católico no deja de ser lo mismo. Amando al mundo, pero sintiéndose ajeno a él con tanta frecuencia. Acusados de irracionalidad, de racionalismo, de rigor moral o de laxitud con los malos. De blanco y de negro.

Aquellos que no conocen el Amor pretenden darnos lecciones de amor. Peor, de amor. Quienes se guían por la pulsión sensible, quieren guiarnos por el camino de la razón. Y quienes no saben salir de lo empírico, pretenden enseñarnos que el mundo va más allá de la Ley, de la Norma.

Atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados"

Todos aspiramos, desde luego, a formar parte de la tribu, a sentir comprendida nuestra forma de vivir, de ver el mundo. Pero quizá sea necesario para nuestra libertad el desapego que nace de no sentirse completamente en casa con aquellos que no tienen fe o cuya fe es tan pobre que se han abandonado a las modernas idolatrías.

Desde el siglo XXI, oh, Señor, clamo a Ti: que nunca Te deje, que no caiga en la tentación de borrarte de mi lista.

jueves, 16 de abril de 2009

El cinismo de la desvinculación (IV)

Me he vuelto más cínico que el mismísimo Yago, porque no hay peor cinismo que el narcisismo y la visión de un túnel que sólo te lleva a ti mismo. Es incómodo. Además, no hay nada que haga sentirse más miserable a la gente que pensar que alguien intenta ayudarles. Aunque no tengan nada de miserables. Yo soy exactamente un cínico de la 'Nueva Era', un triste introvertido que evita las patatas fritas con una mentalidad muy poco sincera, aunque daría mi reino por no ser así, o al menos por no parecerlo.

La única esperanza que me queda es negarlo todo -amistad, desilusión, vergüenza, futuro y pasado-, y resistir, aferrándome al presente. Si pudiera acercarla a mí en esta fría tarde, besarla y ahuyentar sus preocupaciones con mi ardor... Cuando el sol se pusiera, el viento cesara y la tarde de primavera se abriese para nosotros, quizá podría amarla después de todo y ella a mí. Entonces le echaríamos la culpa de todo esto a haber dormido la siesta dos veces en una ciudad extraña, haber bebido schnapps y haber conocido a Herb." (Richard Ford, El periodista deportivo, Ed. Anagrama, Trad. de Isabel Núñez y José Aguirre)

miércoles, 15 de abril de 2009

El cinismo de la desvinculación (III)

He renunciado a un montón de cosas. Me he dado cuenta de que es imposible llegar a conocer a alguien totalmente, así que ya no lo intento. El resultado es un misterio incondicional y placentero. También me he vuelto menos solemne. No soy tan 'serio literalmente', y me preocupa menos la complejidad de las cosas, miro la vida de forma más sencila y literal. He dejado de preguntarme lo que sentía hacia las cosas y lo que podría sentir. (...)

Cuando vives plenamente tus emociones, cuando son lo bastante simples y atractivas como para disfrutarlas y se acorta la distancia entre lo que sientes y lo que también podrías sentir, entonces puedes confiar en tus instintos. Es la diferencia que hay entre un hombre que deja su trabajo para convertirse en guía de pesca del lago Big Trout, y que un día, mientras rema hacia el muelle al atardecer, deja de remar para contemplar la puesta de sol y se da cuenta de lo mucho que desea ser guía en ese lago; y otro hombre que ha tomado la decisión, deja de remar al mismo tiempo, siente la misma alegría, pero al mismo tiempo, piensa que podría hacerlo también en el lago Windigo, y que también podría ganarse la vida vendiendo canoas.

Otra forma de describirlo sería hablar de la diferencia que hay entre ser literal y ser factual. Un ser literal es el que, cuando un avión se retrasa y tiene que quedarse en el aeropuerto de Chicago, disfruta durante toda una tarde observando a la gente, mientras que el ser factual no puede dejar de preguntarse por qué su avión habrá salido con retraso de Salt Lake, y si en el avión servirán cena o sólo un refrigerio.

Además, cuando le digo 'te quiero' a Vivki Arcenault, sólo estoy diciendo algo evidente. ¿A quién le importa si la querré para siempre? ¿O ella a mí? Nada persiste. Ahora la quiero y no me estoy engañando ni engañándola a ella. ¿Qué otra cosa debería sustentar la verdad?" (Richard Ford, El periodista deportivo, Ed. Anagrama, Trad. de Isabel Núñez y José Aguirre)

Terrible.

Es como cuando era pequeño y soñaba con las vacaciones familiares. Cuando regresaba tenía que enfrentarme a las cáscaras vacías de mis sueños y al miedo de que la vida fuese siempre así, con las cáscaras de los sueños truncados desparramadas a mi alrededor." (Richard Ford, El periodista deportivo, Ed. Anagrama, Trad. de Isabel Núñez y José Aguirre)

martes, 14 de abril de 2009

El cinismo de la desvinculación (II)

Entiendo perfectamente a Frank Bascombe. Pocas cosas nos hacen potencialmente más vulnerables que la conciencia de nuestra volubilidad, el miedo a no perseverar en lo que hoy somos.

Siento que el mal acecha: la experiencia moderna del placer va unida a la certidumbre de que se va a terminar. Siento que carezco totalmente de ética y de coherencia. Percibo la posibilidad del terrible remordimiento flotando en el impetuoso aire. Siento la repentina necesidad de confiarme a alguien (pero no a Vicki, ni a nadie que conozca). Me siento mucho más prosaico que nunca y tan perdido y simple como un emigrante. Siento todas esas cosas al mismo tiempo. Y por esas y otras muchas razones, siento el impulso, reprimido, de llorar como lloraría un hombre." (Richard Ford, El periodista deportivo, Ed. Anagrama, Trad. de Isabel Núñez y José Aguirre)

Tremendo.

lunes, 13 de abril de 2009

El cinismo de la desvinculación (I)

Durante estos pasados días he comenzado a leer la trilogía de Richard Ford protagonizada por Frank Bascombe. El periodista deportivo es la novela que abre la saga.

El libro es absolutamente recomendable. Pienso que retrata a la perfección un estado existencial dominante en nuestro Occidente. En la reseña del propio libro habla de la "moral de la apatía". Creo más bien que es una especie de cinismo posmoderno disfrazado de apatía, el cinismo de la desvinculación. Un pavor, en el fondo, al sufrimiento, ya que se rehúye todo compromiso afectivo -y no sólo afectivo- por miedo a la decepción.

-¿Qué te preocupa a ti, Frank, si no te importa que te lo pregunte? -Walter sigue mortalmente serio.
-No me preocupan muchas cosas. A veces, por la noche, el corazón me late como un martillo. Pero al encender la luz todo vuelve a la normalidad.
-Permíteme que te diga, Frank, que eres un hombre de principios. Tienes tu propia ética.
-Yo no creo que tenga una ética determinada, Walter. Simplemente, intento no hacer daño a nadie. Es lo único que sé hacer. -Le sonrío suavemente."

El libro, lo he bebido. Pero, siendo una lectura que me llamaba, me decía tantas cosas o me las decía, como un espejo, todas sobre mí mismo, que en ocasiones no podía soportarla durante mucho tiempo. Tenía que dejar el libro y rumiar. Tan verdadero era lo que me contaba. O quizá tan terrible era descubrir que hay un Frank Bascombre agazapado en mi interior deseando amargarme la vida.

Para ser sincero, creo que ese abandonar la lectura nacía también del apetito de escribir. Hay libros e historias que le recuerdan a uno que es por contar cosas como esas y contarlas así por lo que ha deseado escribir novelas.

jueves, 2 de abril de 2009

La "ignorancia" del Papa

"Las mejores pruebas con las que contamos apoyan al Papa".

Y lo dice el director del centro de prevención del SIDA de una facultad de la Universidad de Harvard.

Claro que el Papa no defiende esos presupuestos morales por la fiabilidad del sistema. Pero es que, cuando dijo que el condón no ayuda a reducir el sida, no estaba diciendo ninguna barbaridad.