viernes, 18 de diciembre de 2009

Troppovereando

En el último tomo de los diarios de Andrés Trapiello -el número 16 del Salón de pasos perdidos, si no me equivoco-, es recurrente a la frase de Juan Ramón Jiménez "la rosa no cansa".

Algo así se podría decir de Troppo vero, que es como se llama el tomazo, y del resto del Salón. Al que le gusta, no le cansa. (Aunque no piensa lo mismo el amigo X, al que uno le ha oído decir que se ofrece para antologar el Salón, labor para la que estaría preparado y si no, véase el final de la crítica)

Este lector, que a veces sufre del síndrome de la prisa leedora cuando está con un libro entre manos, especialmente cuando se trata de una novela, se zambulle en los tomazos (qué bien edita Pre-Textos) de Trapiello como el que se sienta en el sofá más cómodo y familiar de su casa... para leer precisamente un libro como ese. Sin prisas, sin antes y después, sin avideces insanas.

Hace un par de días estuve en Conde de Xiquena Siete (moderno) para entrevistar a Trapiello. Más que una entrevista, fue una agradable conversación entre un escritor y alguien al que le encantan sus diarios (que, como él mismo señaló, tiene la misma edad que su hijo, R.).

Este lector es en general poco observador, le faltan ojos y palabras para describir un lugar en el que estuvo una hora y un poco sobrecogido por la situación que no habría esperado tiempo ha. Aunque sí pude ver y fotografiar su rincón de trabajo.

Hojeando el tomo del diario, cuando me lo firmó, me confesó que el título que más le gusta de los diarios es el que tiene previsto para uno de los futuros volúmenes, Seré duda, en referencia a la expresión futbolística y deportiva en general: "Será duda para el partido del...".

De la entrevista ya espigaré otros comentarios y escribiré un artículo para rtve.es, pero me resultaron divertidas dos anécdotas plenamente trapiellescas. Una, cuando él mismo hablaba de que no quería que sus diarios le sirvieran para "trapichear". "Andrés Trapicheo", pensé mientras hablaba sin poderlo evitar, pensando que si me leyese el pensamiento me fulminaría en uno de sus diarios. O puede que lo haga si lee esto. (¡Hola, A.!)

Otra, cuando le llamaron en mitad de la entrevista para preguntarle de un diario sobre algo relacionado con la Academia, el diccionario o la nueva gramática... Lo que fuere.

Pude presenciar en primera persona (no iba a ser en tercera) cómo se negó a contestar opinando que "de eso tenían que hablar los académicos", que un diccionario que definía el ruiseñor y decía todo menos que canta bien no puede ser más que porque un "idiota" (sic) cambió la definición algún día, y así.

3 comentarios:

el náuGrafo dijo...

"...el secreto de aburrir es, precisamente, contarlo todo".

Vaya caña que le mete el amigo García Martín a Trapi, buenobueno. ¿No eran amigos? Hay huele a despecho mutuo, y tanto que sí. Minucias, aburrimientos, tropo Trapiello... que si el hijo no cena en casa tal dia...

La literatura es el arte de la mesura, de la selección, del equilibrio, me temo que Trapiello cae en exceso en el 'troppo'..

Me inquieta la cita que he puesto arriba. Quizá me la pueda aplicar a mí mismo, en cierta novela. Ay.

Que horrible cosa, aburrir.

abrazos

Agus Alonso-G. dijo...

García Martín siempre ha sido claro con Trapiello, desde la admiración. Pero sí, en esta ocasión, mete cerita.

Lo de aburrir... No deja de ser subjetivo. Qué decir de la magdalena prosutiana, o de las montañas mágicas, etc.

Por cierto, no sé que diría el señor Moliner de su "Hay huele".

el náuGrafo dijo...

*Ahí, Ahí.
Ahí las dao.