sábado, 26 de diciembre de 2009

Nihil novum

Si me preguntasen qué es lo que no me gusta de mis alumnos actuales, no daría una respesta inmediata y prolija, sino bastante precisa. Conzco sus defectos y, por tanto, no necesito recurrir a la niebla de los lugares comunes. No me gusta que fumen, que tomen bebidas alcohólicas, que tarden en casarse, que sean despreocupados y a menudo tan indiferentes que permiten que haya entre ellos compañeros hambrientos y no pagan lo que deben a la sociedad de ayuda a los estudiantes. No conocen lenguas modernas y se expresan mal en ruso; ayer mismo, un colega mío, profesor de higiene, se quejaba de que se veía obligado a explicar las cosas dos veces, ya que sus alumnos no saben casi nada de física o de meteorología. Se someten de buena gana a la influencia de cualquier escritor contemporáneo, incluso de los mediocres, pero se muestran completamente indiferentes a autores clásicos como Shakespeare, Marco Aurelio, Epicteto o Pascal, y esa incapacidad para distinguir lo grande de lo pequeño manifiesta ante todo su desconocimiento de la vida"

Una historia aburrida, Antón P.Chéjov, 1889.