jueves, 10 de diciembre de 2009

Leer o no leer, una cuestión

En el último tomo de sus diarios, Trapiello cita a JRJ para subrayar la idea de que con todo lo que tenemos que hacer "no hay tiempo sino para leer bien pocos libros". Él lo glosa reconociendo que él leía mucho de joven, "pero ya sabemos qué significa eso: se queda uno sin escribir, sin corregir, sin visitar museos, sin conciertos, sin amigos, sin pasear algo, sin dormir... Y cuando uno se da cuenta, ha leído uno mucho y se ha quedado sin vivir".

Éste, o sea yo mismo (después de leer a Trapiello le sale a uno el "uno" sin remedio), que llevaba cuatro meses de mareos de perdiz, sí, viviendo, pero también frivoleando un poco, sin leer apenas una letra, no encontrando nada que me enganchase, lleva unas semanas de voracidad lectora. El último, lo dicho, ha sido Troppo vero, que ya comentaremos. Y antes, Invisible, de Paul Auster, y La noche de los tiempos, de Muñoz Molina. También comentaremos. (De Invisible ya hablé aquí, aunque atenuando la crítica.)

Ahora me he puesto con una antología de textos de Leonardo Castellani editados por Libroslibres y escogidos por Prada.

El silencio de estos días se ha debido primero a una sobrecarga de trabajo, y luego a unos días de retiro espiritual.

1 comentario:

el náuGrafo dijo...

También yo ando con ganas de leer... Terminé Auster, que leí en Praga, y sentí una deliciosa decepción, al acabarlo. No sé si esto es posible, me encantó disgustándome. Ya comentaremos, face to face.

Quiero leerme el tochaco de Molina y también se me ha antojado 'Saber Perder', de Trueba, tipo que me cae muy simpático tras nuestro mágico encuentro en Praga. Es Premio Nacional de la Crítica, ahí es nada.

De momento, tengo 'La muerte de Ivan Ilich', de Tolstói y, bueno, por temas de curro me tengo que leer una novela policíaca hindú, y el libro que han escrito a cuatro manos (dos en realidad) Fusi y Calvo Serraller sobre historia e historia del arte.

Y mientras tanto, toca vivir como unas cuantas cosas.
Dulce agobio.