lunes, 9 de noviembre de 2009

Perder y ganar, de John Henry Newman (I)


John Henry Newman es posiblemente una de las figuras señeras del siglo XIX, aunque no muchos lo conozcan, cosa harto explicable -especialmente en España- dada la profunda incultura religiosa que nos embadurna.

Llegué a él de oídas a través de Luis. Se me quedó grabado aquel detalle que me contó de él, que guardaba copia de todas las cartas que escribía. Vaya tío.

En agosto de 2006, cuando estuve en Manchester, me llevé la tesis de un amigo sobre la idea de la Providencia de Dios en el pensamiento y la vida de Newman. La primera parte de la obra era una somera pero jugosa (como luego comprobé) biografía del converso, salpicada de citas personales y reflexiones agudas. Me la ventilé en una tarde que aún recuerdo con cariño. La figura me dejó fascinado.

Me conquistó su amor a la verdad, su modernidad teológica, su finura sobrenatural... Y los palos que le había dado la vida. Me dejó admirado la manera de funcionar de la Providencia.

Nacido en Londres en 1801, fue educado en el anglicanismo en el seno de una familia burguesa. Desde bastante temprano muestra interés por la religión. Estudió en Oxford.

Ordenado clérigo anglicano, se convertiría en la cabeza más visible del Movimiento de Oxford, que, con el intento de dar vitalidad a una Comunión Anglicana que se deslizaba hacia el liberalismo, buscaba entroncar con la Iglesia de los primeros siglos y, por lo tanto, volver a su esencia católica.


El 9 de octubre de 1845 ingresa en la Iglesia Católica, después de más de un proceso intelectual y teológico de más de un lustro.

Desde entonces... Unas palabras de su diario el 21 de enero de 1863 resumen la situación:

¡Oh cuan triste y monótono ha sido mi itinerario desde que soy católico! He aquí la paradoja, cuando era protestante sentía que mi religión era monótona, pero no mi vida. Pero desde que soy católico es mi vida la que es monótona y no mi religión.”



Y es esto cuando me refiero a "la manera que tiene de actuar la Providencia", porque me fascina la influencia de alguien que poco antes de morir seguramente tendría una imagen bastante sombría acerca de los proyectos emprendidos desde que era católico.

Y, sin embargo, uno, que sabe de Chesterton, de Waugh, de Knox, de Tolkien (educado en Birmingham por un oratoriano en la finca donde enterraron a Newman), y así, se dio cuenta de que la bomba que había reventado en Inglaterra se llamaba John Henry Newman. Y, desde Inglaterra, llegará a más lugares, ya está llegando.

Es emocionante, por ejemplo, contemplar la indudable sintonía de Benedicto XVI con el cardenal. (Porque Newman acabó siendo nombrado cardenal, pero no nos engañemos pensando que fue tratado con deferencia desde el lado católico en Inglaterra o Irlanda). Es posible que Newman sea beatificado el año próximo ¿en verano cuando el Papa visite Inglaterra?.

Todo esto venía como introducción a mis reflexiones sobre Perder y ganar, el libro en el que John Henry novela su conversión. Pero ya lo dejamos para otra entrada.

[Por cierto que l diácono curado por el milagro atribuido a Newman, anda de peregrinación por Inglaterra. Aquí en un medio católico]

7 comentarios:

Rosie the Riveter dijo...

Es curioso. Mi primera referencia a Newman la encontré en las cartas de Helene Hanff a su librero inglés Doel, en 84 Charing Cross Road (libro amabilísimo cuya lectura recomiendo vivamente).

"...dice que tiene una primera edición de 'Idea de una Universidad' de Newman por seis pavos... ¡y me pregunta con aire de inocencia si la quiero!

Querido Frank:
Sí, la quiero. No seré capaz de ganarme bien la vida. Jamás me han importado gran cosa las primeras ediciones por sí mismas..., pero ¡una primera edición de ESE libro...!"

Es lectura pendiente hace años. Ahhhh, la urgencia que nos distrae de lo importante...

Saludos
Rosie the Riveter

Mario Moliner dijo...

"verano cuando el Papa visite Inglaterra?."

Se le coló uno de esos odiosos 'punticos'. Por lo demás, interesantísima entrada. Espero con ansia la segunda.

Buenas noches,
Mario

Agus Alonso-G. dijo...

Qué gran libro 84 Charing Cross Road. Todo lector debiera leerlo.

Y yo también tengo pendiente la "Idea de una universidad".

Don Mario, gracias por su corrección, aunque en esta ocasión dejaré la entrada con el candoroso encanto de la imperfección.

Verónica dijo...

Por favor, más, queremos más. ¿Para cuándo la segunda entrada hincándole el diente al libro en cuestión? Un fuerte abrazo.

el náuGrafo dijo...

Leí hace poco 84 Charing Cross Road, y creo que alguien debería tomarse la molestia de hacer una listado con los libros que ensalza la señora Hanff (otros los machaca, o al menos sus ediciones). No vería yo a la buena de Hanff comprándose un e-book.

Agus Alonso-G. dijo...

Jaja, e-book, e-book. Que sepas que el otro día estuve en unas jornadas sobre el e-book y dijeron que no va a ser el regalo de estas Navidades, como los pesados de El País no dejan de decir, sino el de las Navidades de 2010, lo que parece mucho más lógico.

En cuanto a la segunda parte de esta entrada, Verónica... permanezcan atentos a sus blogues, porque ya está programada para publicarse.

el náuGrafo dijo...

Jejejej, SI YA LO DECÍA YO. Lo tengo por ahí escrito, está muy por demostrar que se vaya a regalar tanto como dicen estas Xmas. Vamor por esa segunda parte..